Antes de que los cuelguen (La primera ley – 2)

La continuación de “La voz de las espadas” fue publicada originalmente un año después, en 2007, y en ella el autor, Joe Abercrombie, confirma las buenas impresiones dejadas por el tomo inaugural de “La primera ley”… al tiempo que sigue dejando entrever cierta bisoñez narrativa. “Antes de que los cuelguen” (“Before they are hanged”) retoma la acción justo en el punto en que la dejó su predecesora, aunque con una estructura mucho más rígida que va alternando el protagonismo entre tres escenarios absolutamente independientes.

Por un lado, está la expedición de Bayaz, el primero de los magos, en busca de un arma mística en los confines del mundo. Su séquito se encuentra integrado por varios de los personajes principales del libro anterior, tales como el capitán Jezal, Logen “nuevededos” y Ferro Maljinn, “turnándose” para ofrecernos la narración de los acontecimientos desde sus respectivos puntos de vista (lo cual ofrece también la oportunidad de profundizar en sus conflictos internos y en su evolución personal). Junto con ellos, el aprendiz de Bayaz, Malacus Quai, y Pielargo el Navegante quedan relegados a un segundo plano (un tanto desconcertante por lo que respecta a Quai, cuya evolución queda en territorio ambiguo por falta de detalle).

Esta línea dramática sigue decididamente el modelo del viaje de búsqueda (algo poco habitual en la fantasía contemporánea), y cumple además la función de ir desvelándonos los precedentes del conflicto actual, con una mitología que bebe en parte de la tolkiniana (según se desarrolla en “El Silmarillion”), aunque manteniendo en todo momento un tono mucho más terrenal. No acaban ahí los referentes, sino que los paralismos merlinianos de Bayaz se acentúan, con Jazel desempeñando el papel de un talludito y reluctante Arturo, que debe ir dejando atrás su vida de indolente noble.

Por lo que respecta a Angland, nos encontramos con la antigua partida de Logen (Tresárboles, el Sabueso, Dow el Negro, Tul Duru y Hosco Harding) sumándose a la guerra contra Bethod, el autoproclamado Rey del Norte. Una ayuda que desde luego no le viene nada mal a los ejército de la Unión, cuya falta de preparación es castigada una y otra vez por los clanes bárbaros. Aquí nos encontramos de nuevo con el recientemente ascendido coronel West, designado como cuidador del príncipe Ladisla, un petrimete inútil al que los generales sitúan en el puesto menos expuesto, al mando de las peores tropas de leva (es fácil anticipar que será por ahí por donde ataque Bethod).

En esta línea el peso narrativo se reparte entre West y el Sabueso, ofreciéndonos la visión de la guerra desde dos perspectivas bien diferenciadas. La faceta militar, sin embargo, queda relegada a un segundo plano, pues Abercrombie está más interesado en examinar las diferentes actitudes con que los protagonistas se enfrentan al conflicto, con lo que parece un claro favoritismo hacia la ética y estilo de vida bárbaros, lo que entronca con la espada y brujería clásica.

Por último, acompañamos al inquisidor Sand dan Glokta a la defensa de la ciudad de Dagoska, el único enclave de la Unión en el continente sur y fruta codiciada, por tanto, para los gurkos. La resistencia heroica de una ciudad sitiada es otro de los escenarios clásicos a los que Abercrombie rinde tributo, matizada por la mirada cínica de Glokta, aunque se nos presenta de forma entrecortada, como una serie de episodios representativos más que una narración continua. Es también aquí donde se recupera la trama política de conspiraciones, tanto externas (con el conflicto contra los gurkos de fondo) como internas (primero en Dagoska y luego en la propia capital).

Como se puede apreciar, nos encontramos no sólo con una estructura más tópica que la de “La voz de las espadas”, sino con unos arquetipos igualmente clásicos. La subversión sigue estando presente en la caracterización de los personajes, que procuran escapar de los moldes preestablecidos, primando el realismo sobre el retrato heroico. Esto, al igual que alguna que otra sorpresa distribuida por la historia, permite mantener “Antes de que los cuelguen” separada de la fantasía tradicional, aunque a la postre sólo la preocupación por la evolución de los personajes constituye un claro elemento diferenciador.

En cuanto a la impresión general, resulta evidente que nos encontramos ante una obra intermedia, de transición entre la presentación y la conclusión. Pocos de los acontecimientos narrados parece que vayan a ser realmente significativos en la historia global, quedando pues reducido el papel que desempeña dentro de la trilogía a un interludio que permite desarrollar los personajes (en especial Jezal y West, aunque también hay espacio para Ferro, el Sabueso o incluso secundarios como la practicante Vitari). A este respecto, quizás el número de páginas sea un tanto excesivo para lo que tiene que contar, con ciertas repeticiones innecesarias e incluso molestas (a partir de la trigésima vez que Glokta se chupa las encías empieza a resultar un tic molesto, por no hablar del abuso que se hace del recurso de mostrarnos sus pensamientos como incisos punzantes en medio de la narración), aunque al terminar el libro estos defectos quedan ampliamante compensados.

La narración en cada momento sigue siendo atractiva, con episodios realmente conseguidos. Al final, se tiene la impresión de que el no haber terminado de explotar todo el potencial de las situaciones y personajes constituye una especie de inversión que dará sus frutos en la tercera entrega (“El último argumento de los reyes”). Mientras tanto, “Antes de que los cuelguen” proporciona un entretenimiento correcto, con suficientes bondades para constituir una lectura recomendable para los aficionados a la fantasía.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 24, 2012.

2 comentarios to “Antes de que los cuelguen (La primera ley – 2)”

  1. En mi opinión el mejor libro de los tres. En el que se definen los personajes y por donde va a ir la historia. Saludos

  2. Me llego en el segundo libro, Antes de que los cuelguen, y no me parecen molestos los pensamientos de Glokta, ni los de Jezal. Por pedir, pediría los pensamientos de los demás, para mí le dan valor a los personajes.

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