La evolución en Akasa-Puspa (y Sportula)

Corría 1988. La colección Grandes Éxitos Bolsillo de Ultramar había empezado desde hacía unos meses a publicar, junto con las habituales traducciones de autores foráneos, títulos escritos originalmente en la lengua de Cervantes. En estas, con el número 68, llegó a las librerías la primera novela colaborativa entre un par de valencianos, Javier Redal y Juan Miguel Aguilera: “Mundos en el abismo”.

Space opera de la bruta, con alma de cifi hard, ahí es nada.

Unos cuantos números después (ya en 1990), llegó su continuación: “Hijos de la eternidad”, aunque en realidad el proyecto originalmente consistía en un solo volumen (que se llegó a publicar con posterioridad bajo el título de “Mundos en la eternidad”), pero tan tocho que el editor solicitó la separación, por no pringar demasiado si el experimento no cuajaba. En contra de estos temores, aquellas novelas, ambientadas en un escenario tan exótico como titánico (el cúmulo globular de Akasa-Puspa), abrieron muchos ojos y (junto con “Lágrimas de luz”, de Rafael Marín y unos añitos antes) terminaron de convencer a mucho recalcitrante de que no hacía maldita la falta añadir la coletilla “para ser española” cuando se alababa una novela de ciencia ficción patria.

A ellas siguieron otros textos más breves (el relato “Ari el tonto” en 1992, la novela corta “En un vacío insondable” en 1994 y el relato largo “Maleficio” en 1995), todos ellos en colaboración, y por fin, en 2005, una secuela en toda regla: “Mundos y demonios”, firmada en solitario por Juan Miguel Aguilera (aunque toma algún segmento de “Hijos de la eternidad”, pues se considera canónica sólo “Mundos en la eternidad”, la versión en un solo tomo de la historia original). Por última, cabe destacar su publicación en francés, bajo los títulos “Les enfants de l’éternité” y “Mondes et démons”.

Casi sobra apuntar que la saga de Akasa-Puspa es una de las más importantes que ha dado la ciencia ficción española, y que conserva, veinticuatro años después de sus primeros pasos, toda su capacidad de fascinación. Prueba de ello lo tenemos en la salida al mercado del volumen que, en realidad, constituye el motivo principal de que se publique esta entrada: “Akasa-Puspa, de Aguilera y Redal”, por parte de Sportula.

¿De qué se trata?

Pues es un homenaje auspiciado y dirigido por Rodolfo Martínez y publicado por su sello, Sportula, que reúne en un tomo relatos, artículos e ilustraciones inspirados en la saga. Desde la reedición de “Ari el tonto” y “Maleficio”, pasando por la visión particular del cúmulo y sus habitantes que ocho escritores (Rafael Marín, Alfonso Mateo-Sagast, Daniel Pérez Navarro, José Antonio Cotrina, José Miguel Vilar-Bou, José Carlos Somoza, Felicidad Martínez y Yoss) nos presentan en otros tantos relatos y por tres artículos (de Domingo Santos sobre la importancia histórica de la saga, de José Manuel Uría sobre escatología física y un tercero sobre los aspectos biológicos del escenario), y concluyendo con un muestrario gráfico, con reproducciones de portadas de la serie e ilustraciones relacionadas, surgido de las manos de Juan Miguel Aguilera, Rafa Fontériz, Toni Garcés, Paco Roca y Jesús Yugo.

Como quizás hayáis adivinado, ese artículo biológico que mencionaba, sin dar más detalles, tuvo a bien confiárseme, y en respuesta escribí “La vida dentro de veinticinco yugas: el paisaje evolutivo de Akasa-Puspa”, donde disecciono ese aspecto de la obra, que a mi entender es una de sus caraterísticas más distintivas.

No estoy pasando por un momento muy boyante. De hecho, este texto (blog aparte) es lo único que he producido desde el cuento de zombis en la Antología Z volumen 2 (y hace ya dos años de ello), y me costó lo suyo atesorar la motivación necesaria para acabarlo (pero eso sí, me satisface pensar que el esfuerzo ha válido la pena, y que tal vez, sólo tal vez, he estado a la altura de lo que la obra original merece). Me temo que puse a prueba la paciencia de Rudy con mis sucesivos retrasos a la hora de entregar el texto definitivo, así que vayan por delante mis disculpas y mi agradecimiento por su insistencia.

También tengo que disculparme con Aguilera. Sé (ya se ocupó él de recalcármelo enfáticamente hace unos meses) que hubiera preferido que me hubiera currado un cuento hard ambientado en el cúmulo. No puedo negar que afrontar un reto de tamaño calibre hubiera sido la leche; pero, en fin, si a duras penas llegué a concluir a tiempo el ensayo… Juanmi, si lees esto, que sepas que te lo debo; ya veremos cómo y cuándo puedo satisfacer la deuda.

De todas formas, no es que hiciera falta. Aún no he tenido ocasión de palpar el resultado final, pero la pinta que tiene es impresionante, y con tantas opciones para adquirirlo (incluyendo una muy atractiva oferta en formato digital), no me cabe duda de que es una obra imprescindible para cualquier aficionado a la ciencia ficción que se precie.

PS: Habréis notado que no he contado de qué van las novelas. Después de estar analizándolas de arriba abajo desde una perspectiva evolutiva, ya no podría. Lo que tenía que contar de ellas lo hago en las casi 9.000 palabras del artículo, así que es también harto improbable que alguna vez vaya publicar su crítica en Rescepto; lo cual no quita que las recomiende sin reservas. Por lo pronto, aquí tenéis el tomo de Sportula, para ir haciendo boca.

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~ por Sergio en junio 11, 2012.

2 comentarios to “La evolución en Akasa-Puspa (y Sportula)”

  1. Disculpas innecesarias. Te hiciste esperar, pero el resultado mereció la pena.

    • Ah, pero es que los compromisos hay que atenderlos en tiempo y forma… y me temo que no ando muy fino últimamente.

      De todas formas, el agradecimiento no te lo quita nadie.

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