Los jardines de la Luna

El actual auge de la fantasía épica obedece a varios factores que, en general, pueden sintetizarse en la idea de que, como género, ha sabido (y ha podido) evolucionar para entrar en sintonía con las inquietudes de la época (de un modo que la ciencia ficción, por ejemplo, no ha conseguido todavía). Ambigüedad moral, aproximación al realismo sucio en la caracterización de los personajes, contextos narrativos de crisis (con imperios abocados a la destrucción o al cambio drástico) son algunas de las características que presenta, y que llevan aparejado un viraje hacia un público objetivo más adulto (invirtiendo la tendencia hacia la juvenilización que caracterizó los años 80).

Si bien este proceso se consolidó a mediados de la década pasada (con la irrupción de nuevos autores como Brandon Sanderson o Joe Abercrombie), sus raíces cabe buscarlas a finales de los años 90, y más específicamente se suele señalar a dos sagas (ambas todavía en elaboración) como puntas de lanza de la revolución: “Canción de hielo y fuego”, de George R.R. Martin (iniciada con “Juego de tronos” en 1996) y “Malaz: el libro de los caídos”, cuyo primer volumen fue “Los jardines de Luna” (“Gardens of the Moon”, 1999).

Al contrario que en la obra de Martin, la saga de Malaz, al menos en este primer tomo, muestra unas características que podríamos definir como híbridas entre el “viejo” y el nuevo estilo de fantasía épica. Ello posiblemente sea debido a que cabe rastrear su génesis tan atrás como 1982, año en que los cocreadores del universo que sirve de escenario a las historias, Steven Erikson y Ian Cameron Esslemont, empezaron a diseñarlo haciendo uso del sistema de Advanced Dungeons & Dragons (como buena parte de la producción de la época, desde las novelas de la Dragonlance hasta las de los Reinos Olvidados, aunque sin conexión alguna con TSR en su caso). En 1986, con la publicación del Generic Universal RolePlaying System (GURPS), obtuvieron una herramienta que les proporcionó mayor libertad creativa y que les llevó a la elaboración de un guión televisivo que presentaron sin éxito a diversas cadenas canadienses.

Ante este fracaso, pasaron a planificar una serie de novelas que contarían diversos episodios de una gran historia diseñada en conjunto, repartiéndose su redacción final de forma que cada escritor ostentaría la autoría en solitario del libro que escribiera. Hacia 1992 (poco más o menos por la misma época en que Martin comenzaba a escribir su saga) Steven Erikson completó la primera novela que, como he adelantado, no vio la luz hasta siete años después; según comenta el propio autor en el prólogo de la obra, por las reticencias de editores y agentes ante la complejidad de la obra y las exigencias que planteaba a los lectores (al final, tuvo que ser una editorial británica la que aceptara la apuesta).

Pese a estos temores, el éxito fue inmediato, lo que le permitió a Erikson firmar un muy lucrativo contrato con Bantam UK para la publicación de otras nueve novelas (la última de ellas, “The crippled god”, puesta a la venta en 2011). En conjunto los diez libros conforman la serie de “Malaz: el Libro de los Caídos” (“The malazan Book of the Fallen”). La historia se completa con cinco libros de Ian Cameron Esslemont, que aun compartiendo escenario e incluso cronología (muestran episodios intercalados con los de Erikson), son considerados parte de una serie diferente, la de las Novelas del Imperio de Malaz (la última de ellas prevista para el próximo noviembre).

En conjunto pues, podemos hablar de quince novelas que abarcan unos muy convulsos doce o trece años de conflicto multitudinario (aunque los eventos narrados se ven influenciados por acontecimientos de hasta 300.000 años atrás). Algo más de cinco millones de palabras o, expresado de otro modo, algo más de un metro de estantería (según la edición que manejemos), aunque en bolsillo aún nos iremos con toda probabilidad hasta los 75 centímetros.

Ya se encarga de “alertarnos” Erikson en el prólogo a la edición revisada (que es la que conocemos nosotros, posiblemente, derivada de la estadounidense): adentrarse en Malaz requiere dedicación.

Como se puede comprobar, he llegado hasta aquí sin pararme a exponer de qué va “Los jardines de la Luna”. A decir verdad, no voy a proporcionar más que unos someros apuntes. En cierta forma, es algo irrelevante. Incluso esta novela de seiscientas y pico páginas (en letra minúscula, calculo que con una tipografía más estándar se hubiera ido hasta las 900), aun siendo autoconclusiva, no es sino una parte minúscula de un todo mayor… y ése es precisamente el atractivo de la serie.

El autor no promete comprensión y disfrute instantáneos (más bien al contrario), sino que se compromete a desvelar un mundo de tan enorme complejidad que empezó a construirse diecisite años antes de que una sola palabra llegara a la imprenta (treinta si extendemos el período hasta el momento en que se cierre el último volumen). Además, se vanagloria de que nos va a introducir a lo bestia, lanzándonos sin paracaídas en medio de la acción, dejándonos que nos las arreglemos para componer una imagen con sentido a partir de los indicios dispersos… mientras, por supuesto, intentamos seguir la trama específica de cada volumen, sin perder de vista a las docenas de personajes que se van amontonando (de los que, a su vez desconocemos sus antecedentes, salvo por detalles que van aflorando y que debemos cosechar con avaricía, so pena de andar más perdidos que un kraken en el hangar de la Estrella de la Muerte).

¿Qué podría contar sobre la historia?

Veamos. “Los jardines de la Luna” arrancan en medio de la campaña de conquista del continente de Genabackis por parte del imperio de Malaz, nueve años después del ascenso al poder de la emperatriz Laseen (tras deponer por las armas al fundador del Imperio). Mientras una encarnizada campaña se libra en el norte, un par de legiones se encargan de la toma de las ciudades libres del sur, Pale y Darujhistan.

Tras la costosa sumisión de Pale, todas las potencias (militares, mágicas y divinas) se centran en Darujhistan, el escenario principal de la novela, donde confluyen agentes imperiales (sobre los que pende la amenaza de proscripción), fugitivos de Pale (que llegan con estilo, a bordo de Engendro de Luna, un castillo flotante), magos, cazadores de magos y mucho más. Todo ello sin contar con las corrientes internas de la propia ciudad (cuyo dominio se equilibra entre las fuerzas del concejo, la cábala secreta de magos, el aún más incógnito Anguila, señor de los espías, y la guilda de asesinos), o la intromisión de divinidades (ascendientes) como Tronosombrío (el embozado, señor de la muerte) o los mellizos Oponn, dueños del azar.

Cada facción intriga, empuja, golpea y es golpeada, establece alianzas, traiciona y se replantea sus prioridades en un mosaico coral de escenas semi independientes (algo así como doscientes cincuenta o trescientas), que en conjunto dibujan la historia del posicionamiento de Darujhistan en la batalla del imperio de Malaz contra el mundo… y, de vez en cuando, van tejiendo tramas cuya relevancia inmediata es tangencial o incluso nula, pero de importancia (se supone) para la gran imagen global que compone la serie.

Y hasta aquí puedo exponer sin enredarme en disquisiciones estériles.

Lo que sí puedo hacer es analizar el resultado desde una perspectiva literaria, y lo primero que me gustaría exponer es que Erikson ostenta todo el derecho del mundo a exigir esfuerzo a sus lectores, pero que parte de la confusión que genera la lectura de “Los jardines de la Luna” es achacable a ciertas deficiencias narrativas (o, dicho de otro modo, a exigencias no del todo legítimas). Si por un lado es encomiable el propósito de considerar al lector como alguien que no necesita que se le dé todo masticadito, no es menos cierto que es labor del autor presentar la información respetando cierta lógica expositiva, de modo que el juego sea justo. Por el modo en que está estructurada la historia, en no pocas ocasiones he percibido que Erikson “hace trampas”, escamoteándo de forma premeditada datos relevantes o guardándose ases en la manga (hasta el punto que aún los está sacando a veinte páginas del final), de un modo que sería inadmisible, por ejemplo, en una trama detectivesca.

Es posible que esto sea consecuencia directa del proceso de elaboración de la obra, construida desde los componentes (ubicaciones, razas, facciones, personajes…) hacia la historia, en vez del más habitual proceso inverso. Esa predilección por el detalle sobre el plano general fuerza una relación atípica entre obra y lector, invitando a éste a participar en el juego de descubrimiento mientras se deja llevar por un hilo argumental plagado de vuelcos arbitrarios y (a menudo literalmente) dei ex machina. Es posible que algunas de estas inconsistencias acaben justificadas (tres, ocho o catorce libros después), pero albergo serias dudas sobre la validez literaria de tal recurso.

Por continuar con los aspectos más flojos del volumen, insinuaba al principio de esta entrada que “Los jardines de la Luna” arrastra determinadas características de la fantasía épica ochentera que menoscaban su espíritu innovador. De nuevo cabe refererirse a la construcción de los personajes, a partir de fichas de rol, como posible fuente de este defecto. Así pues, nos encontramos con “clases” perfectamente definididas (mago, soldado, asesino, ladrón) e incluso subclases (zapador, alquimista, vidente), que a su vez conducen a lugares comunes cuyo abuso ya venía siendo ridiculizado por Terry Pratchett desde 1983 en sus novelas del Mundodisco. He de reconocer, sin embargo, que Erikson en su empeño por redimir la fantasía podría haber hecho uso de forma consciente de temas que habían sido objeto de parodía para devolverles su dignidad (por ejemplo, una referencia humorística al equipaje de una maga bien podría ser un chascarrillo a costa de Rincewind y un guiño a los aficionados).

El caso es que, dejando de lado connotaciones que sin duda escaparán a los lectores menos experimentados, Erikson alcanza un éxito considerable en establecer el tono de la historia, que escapa de la pomposidad gracias a unos personajes (los humanos al menos) anclados con firmeza en la realidad (aunque utilicen habilidades u objetos mágicos). Esto, unido a características decididamente modernas (como la renuncia a los absolutos y la ambivalencia ya no sólo moral, sino en lo que respecta a la propensión a plegarse a la tiranía de unas expectativas heroicas), justifican sobradamente la fama de “Los jardines de la Luna” (aquí me veo obligado a recordar que desconozco cómo evolucionan estas cuestiones a lo largo de la serie de Malaz) como hito en la evolución de la fantasía épica.

Pese a un estilo bastante seco e incluso ramplón (la fragmentación de la historia en escenas de dos o tres páginas impide la existencia de descripciones, tanto de escenarios como de la evolución de los personajes o de las acciones, elaboradas), el autor consigue atrapar la atención, moviendo las piezas con la convicción de un consumado trilero. Según tengo entendido, a medida que avanza la serie y adquiere experiencia, el estilo de Erikson se va depurando, con lo que es de esperar que ya no tenga que depender tanto de la buena voluntad del lector para sacar adelante el truco.

“Los jardines de la Luna” constituye pues un inicio prometedor para una saga fundamental dentro del género. No es, desde luego, plato para todo los gustos, y no aguanta demasiado bien un escrutinio atento, pero las promesas están ahí… para quien esté dispuesto a invertir el esfuerzo que demanda.

Su historia editorial en España es accidentada. Hubo un primer intento fallido por introducir la serie en el 2004, de la mano de Timun Mas, aunque ciertos errores editoriales (la decisión de partir el libro en dos tomos, el primero de ellos titulado por no sé qué extrañas razones “El último puente”,  y la elección de portadas) posiblemente condenaron la tentativa al fracaso (también es cierto que el catálogo de la editorial había generado un nicho muy juvenil, lo que quizás explique también su decepcionante gestión de la obra de Tad Williams).

Cinco años después, a instancias de los aficionados (y haciéndose un poco de rogar), la Factoría de Ideas adquirió los derechos y lanzó de nuevo el libro en 2009 (ya en un único tomo, una buena decisión dada la hostilidad que vienen generando las particiones), cosechando ahora sí el apoyo necesario para abordar la publicación completa de la saga (lleva cuatro títulos, y está previsto que avance a razón de dos por año… esperemos que la traducción no se resienta).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en mayo 9, 2012.

5 comentarios to “Los jardines de la Luna”

  1. Un post original y con ambición. ¡Gracias! Es difícil racionalizar por qué la Fantasía está teniendo más éxito que la CF. Quizá esas ideas que apuntas en los primeros párrafos estén bien encaminadas. Sin embargo, la verdad es que hay textos de ámbitos diferentes que reúnen esas características y no se me pasa por la cabeza leerlos. No puedo resolver la incógnita pero me ha gustado tu reflexión, más habitual en la CF (que dentro de los dos géneros es el que mejor considerado está intelectualmente) que en la Fantasía.

    Un saludo.

    PD: Muy bueno lo de “la sumisión de Pale”. Me ha recordado a Mommsen ;-)

    • Quizás sea que ante una situación de crisis (de cambio, no me refiero exclusivamente al ámbito económico), la fantasía confiere cierta “protección”, que permite examinar con seguridad un reflejo distorsionado (quizás un poco exagerado) de los problemas presentes o futuros de la realidad cotidiana.

      La verdad es que es un fenómeno extensible a otros subgéneros del fantástico. Ahí está la literatura zombi en terror o la proliferación de distopías en ciencia ficción (aunque se busca más el ambiente catastrofista que la especulación técnica, de ahí que los mejores ejemplos provengan de autores del mainstream).

      En cualquier caso, la faceta existencialista de la fantasía siempre ha estado más desarrollada que en la ciencia ficción.

      • No sabría decirte. Pero tengo la sensación de que la Fantasía ha vivido buenos momentos en épocas no críticas (suponiendo que haya habido épocas que no lo hayan sido por uno u otro motivo). Quizá suceda que la Fantasía, igual que la CF cuando es “space-opera”, interpone pocas capas entre lo que cuenta y el que lo lee y eso le confiera más capacidad para enganchar rápidamente. O simplemente que es especialmente capaz de crear personajes y situaciones, que al final suelen ser los dos elementos claves de los libros que gustan.

        Supongo que es imposible saberlo. A fin de cuentas, sería tanto como saber por qué un libro triunfa… y de momento ningún editor sabe eso ;-)

      • Bueno, me estoy refiriendo a la actual evolución de la fantasía épica (el proceso comenzó a finales de los 90 y se consolidó más o menos sobre el 2005). No se trata tanto de que el género tenga esa finalidad como que sus características le permiten en un momento dado dar respuesta a una necesidad. No cabe duda que la fantasía épica de los 80 (la última vez que experimentó un auge parecido al actual) tenía una finalidad muy diferente (así, sin dedicarle mucha reflexión, diría que proporcionaba sobre todo escapismo de un mundo que se hipertecnificaba por momentos).

        En anteriores períodos críticos hubo otros géneros (hablando siempre desde dentro del fantástico) que resonaron con el sentir colectivo. En los años 70 (empezando a finales de los 60), por ejemplo, fue la ciencia ficción la que respondió al desafío de dar respuesta a la angustia existencial (gracias a que la New Wave la había dotado de las herramientas necesarias para ello). E incluso antes, durante la Gran Depresión, fue en la espada y brujería donde se escenificó la lucha del hombre contra las fuerzas terribles y desconocidas que buscaban destruirlo.

  2. ya tenia ganas de que metieras mano a esta. La lectura me causo pesar y frustración. Casi tiro el libro por la ventana. Pero seguí…tan bien me habían hablado de esta saga…pero me costo horrores. Luego, tras leer los siguientes libros A LU CI NE!!! En otros foros donde me meto, la frase estrella es “sigue leyendo, sigue y se te iran aclarando las cosas” y es cierto. erikson demanda mucho del lector, pero devuelve con creces. personajes, situaciones, historias tan enormes que rivalizan (si si9 con el señor de los anillos. Es mucho mas fantástica, mucho mas farragosa que por ejemplo cancion de hielo y fuego y por tanto no tan accesible al gran publico, pero para los amantes de la fantasía yo diria que es imprescindible (la saga)

    Este primer libro te deja con cara de tonto, hay un sinfin de hilos sueltos, muchos que ni siquiera sabes que existen, pero estan hay esperando…es dificil, perado, farragoso, pero como decia un amigo mio de Lovecraft. espesado, ampuloso y siempre termina mal, pero me encanta.

    Solo puedo decir que me da envidia (sana) la gente que no los ha leido aun… leedlo despacio, saboreandolos, no os deis atracones a leerlos.

    pd: oye, que no soy de la editorial ni nada de eso, no vaya a parecer que esta entusiasta entrada es interesada XD

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