Guerracivilandia en ruinas

¿Se puede desarrollar una carrera literaria dedicada exclusivamente al relato (o, cuanto más, la novela corta)? Bueno, en EE.UU. sí.

El panorama literario por aquellos lares es muy, muy diferente. Tienen, por ejemplo, un importante mercado de revistas literarias. Varios cientos, de hecho, desde las más amateurs que ni sueñan con pagar las colaboraciones hasta un buen puñado de muy prestigiosas, bajo cuyo manto se amparan desde escritores de prestigio ya reconocido hasta nuevos valores… que dependiendo de la calidad de su obra pueden llegar a verla compilada en antologías que, a su vez, pueden llegar a disfrutar de reconocimiento crítico y buenas ventas.

Como ejemplo de todo esto tendríamos a George Saunders, quien en 1996 publicó su primera antología, “Guerracivilandia en ruinas” (“Civilwarland in bad decline”), compuesta por seis relatos y una novela corta, aparecidos previamente entre 1992 y 1995 en diversas revistas literarias (como Harper’s, Quarterly West o The New Yorker, publicación que ha recogido buena parte de su obra posterior).

Estamos ante un título que, pese a su origen disperso, es muy, muy coherente (demasiado incluso, aunque ya llegaré a ello). Todos los textos giran en torno a un futuro indeterminado, en que el mundo, o cuanto menos los Estados Unidos, ha entrado en una profunda depresión. La mayor parte de la población malvive en condiciones deplorables, mientras que un pequeño porcentaje de privilegiados se entretiene visitando parques temáticos que recrean diversos momentos del pasado… tales como el período de la Guerra Civil Americana.

Saunders recoge y utiliza elementos propios de la literatura fantástica, tales como escenarios distópicos, fantasmas, mutantes, sistemas de realidad virtual… y los pone al servicio de una visión crítica de la sociedad de consumo, agotada por culpa de sus propios excesos y abocada a un destino gris, carente de valores y esperanzas. A lo largo de las diferentes historias, se centra en la figura de auténticos perdedores, figuras tragicómicas que representan al hombre medio, atrapado por unas circunstancias agobiantes, sin posibilidad, ni capacidad, para cambiar su destino. Así pues, nos hace asomarnos a la tramoya de varios de estos parques temáticos, recreándose en la decadencia que asoma tan sólo esporádicamente a la superficie por donde se mueven los clientes de pago… donde nos encontramos nosotros en estos momentos.

La atmósfera de todos los textos es opresiva, melancólica, con una aire de inevitabilidad que la hace aún más trágica. Las mismas lacras que han hundido el mundo: la avaricia, el racismo, la indiferencia… siguen imperando, y lo único que se les opone es cierta añoranza por un pasado mejor y las acciones, apenas eficaces, de unos pocos idealistas (que, invariablemente, acaban superados por la realidad). Así pues, cuento tras cuento, Saunders va construyendo una prisión deprimente, hacia la que nos estamos dirigiendo por nuestro propio pie.

Esta fuerte coherencia temática supone tanto una fortaleza como una debilidad del volumen. Por un lado, la percepción de unidad confiere contundencia al libro, con cada pieza apuntalando al resto en una visión globalizadora de la decadencia. Por otro, sin embargo, la reiteración temática se acaba percibiendo como variaciones sobre un mismo conjunto de ideas subyacentes, con muy poca innovación aparte de presentarnos elementos circunstanciales cambiantes (los personajes principales, por ejemplo, podrían intercambiar escenarios sin que ello cambiara en gran medida las historias). Posiblemente, la antología requiera de una lectura pausada, dejando transcurrir cierto tiempo (y otros textos) entre cada historia.

Desde una perspectiva personal, no puedo dejar de destacar cómo una vez más diversos elementos de la ciencia ficción clásica han acabado integrados dentro de una obra que se percibe como de mainstream (algo que sin duda era más novedoso en 1996). Eso sí, de constituir una visión esperanzada del futuro, han acabado ejemplificando simbólicamente el incumplimiento de las promesas de prosperidad. Su uso, en un entorno decadente, nos previene de la vacuidad… podríamos llamarla espiritual, de la sociedad que los alumbró.

Y ya apartándome por completo del análisis literario, no puedo dejar de pensar en cuál hubiera sido el destino de este mismo libro en nuestro mercado. Desde luego, jamás hubiera llegado a ser publicado por Mondadori. De hecho, se me hace difícil imaginármelo con una tirada superior a las tres cifras, que por estos lares los elementos fantásticos aún provocan urticaria. Aunque claro, para empezar tampoco hubiera podido gestarse en las páginas de ninguna revista, así que mejor no darle demasiadas vueltas a la cabeza.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en abril 27, 2012.

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