Pandemia

El fenómeno zombi ya lleva suficiente tiempo en marcha como para que dejemos de considerarlo una simple moda. No, hay sin duda motivos subyacentes que aseguran que siga vigente cuando el más elemental sentido común hubiera anticipado su implosión hace meses. Muy posiblemente, quepa buscar estos motivos en la tan manida crisis que nos asfixia, aunque con una perspectiva más amplia que la meramente económica. A medida que se van sucediendo los parches ineficaces, cuyo principal interés parece ser no tanto corregir la situación como apuntalar el statu quo, va quedando de manifiesto que los modelos (tanto económicos como políticos) sobre los que se sustenta nuestra sociedad están obsoletos. El problema surge cuando aquellos que disponen de los medios o el poder (en ciertos casos sólo por delegación… algo que tienen tendencia a olvidar) para liderar la revolución son precisamente aquellos a quienes más perjudicaría un cambio de paradigma. Así pues, estancados en esta paradoja (por ahora… habrá que ver cuánta presión soporta el sistema), la literatura (y el cine) ofrece sucedáneos de catarsis en forma de distopías, escenarios postapocalípticos (filtrados desde el género fantástico al mainstream)… e historias de zombis.

Al parecer, pocas experiencias resultan más satisfactorias que contemplar el fin del mundo tal y como lo conocemos, a manos (o dientes) de una plaga sin planes ulteriores ni otro propósito que satisfacer una necesidad primaria. Frente a ella, el hombre moderno, agobiado por cientos de problemas y obligaciones, atrapado en los engranajes de una maquinaría que hace tiempo dejó de tener un trabajo por realizar para erigirse en su propia justificación. ¿Cómo aunar las ansías de revancha con las de autorrealización? Destruyamos el mundo y luchemos por sobrevivir entre sus restos y reencauzar, quizás, nuestra existencia.

El que el agente causante de todo esto sea una horda de cadáveres humanos revividos daría para muchas más reflexiones de las que caben en una entrada. Por el momento, quisiera aprovechar la novela “Pandemia” (“Flu”, 2011), de Wayne Simmons, para analizar algunas de las características del fenómeno.

La historia está ambientada en Belfast, algunas semanas después de la propagación de una epidemia de gripe, mortal en el ciento por ciento de los casos, que como efecto secundario provoca que los muertos vuelvan a alzarse a las pocas horas de su fallecimiento para vagar por las calles a la caza de vivos a los que devorar. En primer plano, asistimos a las vivencias de varios grupúsculos de supervivientes: un par de perdedores y una chica de armas tomar, un antiguo terrorista del IRA y una adolescente, una pareja de polis y unos militares encerrados en una base. Las historias poco a poco convergen (aunque se nos presentan durante la mayor parte del libro como independientes), desarrollando las típicas peripecias que se han erigido en tema común en la literatura zombi.

Poca originalidad encontramos en “Pandemia”. Si acaso, se trata de una obra paradigmática, cuya fortaleza reside precisamente en no apartarse ni un ápice de las guías maestras del subgénero. Así pues, Wayne Simmons lleva el apocalipsis a aquello que conoce, a lo más cercano, a las calles de su Belfast natal (como la Barcelona de Sergi Llauger y “Diario de un zombi“, la Valencia de David Mateo y “Carne muerta” o la Málaga de la serie de los Caminantes de Carlos Sisí, como por ejemplo en “Los caminantes: Necrópolis“). A continuación construye unos personajes más o menos definidos aunque, en general, corrientes, alejados del arquetipo heroico, y los enfrenta a disyuntivas de vida o muerte, que ponen a prueba sus recursos y flaquezas.

A grandes rasgos, los protagonistas de este tipo de historias pueden clasificarse en dos subtipos. Por un lado, los trasuntos de los lectores, o incluso del escritor (como es el caso, en el libro que nos ocupa, de Lark, un punkarrilla de poca monta, tatuado y bastante contradictorio en sus actitudes y acciones). Por otro, representantes de diversos fenotipos humanos, que ejemplifican lo que la catástrofe ha supuesto para su “clase” y a través de los cuales se pretende transmitir algún tipo de comentario acerca de la sociedad actual.

En el caso de Belfast, el terrorismo del IRA y las acciones policiales en su contra eran sustrato obligatorio (y ya depende de cada cual aceptar o no el enfoque del autor… personalmente, me revienta el arquetipo del ex-terrorista traumatizado por los asesinatos cometidos, aunque no realmente arrepentido de ellos; contrarrestado, por supuesto, con su buena cuota de policías violentos y militares sociópatas hasta el extremo de la parodia). En cualquier caso, lejos del ánimo de Wayne Simmons de adentrarse en profundidad en un tema tan complejo, quedando todo limitado a cuatro pinceladas, evitando mojarse demasiado.

Tampoco avanza demasiado en las diversas líneas que insinúa (como la atracción que sienten los zombis por el fuego o su aparente capacidad para aprender tácticas de caza rudimentarias, la mecánica de la infección vírica o la existencia de una cura potencial). De hecho, hacia el final de la novela las líneas empiezan a entrecruzarse y cerrarse con brusquedad, emplazando al lector para una continuación (ya publicada en el Reino Unido, bajo el título de “Fever”). Nos encontramos, por tanto, con una obra que es mayoritariamente exposición, sin apenas planteamiento (otra característica del género zombi es que suele arrancar in media res, con el conflicto ya establecido) y la más ligera de las conclusiones (lo justo para despejar la trama un poco de cara a la siguiente entrega).

Esto es “Pandemia”: la civilización colapsa, los muertos caminan y los vivos luchan y mueren o luchan y sobreviven para morir otro día. Una historia de zombis. Ni más, ni menos.

Agradezco a Dolmen Editorial el envío de un ejemplar de “Pandemia” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en abril 25, 2012.

2 comentarios to “Pandemia”

  1. “los modelos (tanto económicos como políticos) sobre los que se sustenta nuestra sociedad están obsoletos”
    Con esto hay que estar pendiente aquí tenemos 12 años con un modelo diametralmente opuesto al mundial y no la estamos pasando bien, los extremos son malos.
    Respecto a la novela, también se podría agregar: a La Málaga de Carlos Sisi como ejemplo de cuando el autor ambienta y desarrolla la pandemia en su ciudad.

    • Hombre, es que si hablamos de modelos obsoletos… En fin, hay algunos que están más obsoletos que otros.

      No me había venido a la memoria la serie de los Caminantes. Incluyo el enlace correspondiente a la entrega reseñada en Rescepto. Gracias.

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