La tierra olvidada por el tiempo (Trilogía de Caspak)

Edgar Rice Burroughs es un personaje clave en la evolución de la literatura fantástica norteamericana. Como principal figura de la era del pulp, su trabajo influenció a varias generaciones de escritores (y cineastas), ayudando a configurar un estilo y una temática diferenciada del modelo británico (en cuya tradición se apoya), dirigida principalmente al entretenimiento de las masas (y, por tanto, apelando sobre todo al sentido de la aventura).

Su personaje más famoso es sin duda Tarzán, protagonista de veintitantos libros, aunque no le fueron demasiado a la zaga series como la de Barsoom (con John Carter como principal protagonista), Pellucidar (David Innes) o Venus (Carson Napier). Adicionalmente, escribió varias novelas, novelas cortas y relatos independientes o agrupados en ciclos menores, como el que nos ocupa, la Trilogía de Caspak, publicada originalmente a partir de septiembre de 1918 en tres números de la revista Blue Book Magazine, que constituye un magnífico ejemplo de las influencias recibidas y ejercidas por Burroughs.

Tras situar sus aventuras en escenarios tan singulares el África misteriosa, los desiertos de Marte o el centro hueco (y prehistórico) de la Tierra, Burroughs imaginó una isla, perdida en el algún punto del Pacífico sur, cerca de la Antártida y rodeada por acantilados insalvables que la aislan del resto del mundo. Allí, rodeando un gran mar dulce interior, se extiende una tierra muy singular, ya no sólo prehistórica, sino sometida a un extraño sistema evolutivo que hace convivir a tiranosaurios con tigres de dientes de sable, a plesiosaurios con osos cavernarios y a humanos en distinto grado de evolución, desde poco más que simios hasta los avanzados (para Caspak) ga-lus (indistinguibles del hombre moderno, aunque con una cultura preneolítica).

Con ello, entronca su novela directamente en la tradición de los mundos perdidos, cuyo máximo exponente fue Henry Rider Haggard (una de las principales influencias de Burroughs). Sin embargo, allí donde el británico situaba imperios bárbaros (como los que podemos encontrar en “Las minas del rey Salomón”) o descendientes olvidados de las tropas de Alejandro Magno (“Las aventuras de Allan Quatermain”), nos encontramos en el estadounidense con cierta inclinación hacia el componente fantástico, destacando una fascinación por la prehistoria y sus monstruos (deudora, a su vez, del “Viaje al centro de la Tierra” de Verne o, por vía directa, de “El mundo perdido” de Arthur Conan Doyle, publicada en 1912).

Así pues, la primera de las tres novelas cortas que componen el ciclo, “La tierra olvidada por el tiempo” (“The land that time forgot“, que además da título al trío desde la primera edición conjunta en 1924), sigue a rajatabla el guión ya bien establecido. Añadiendo, si acaso, la figura de la mujer como elemento de tensión romántica (un poco de casto erotismo para la época) y motor de la acción, dada la extraordinaria facilidad con que son raptadas las protagonistas de Burroughs. Un estadounidense, Bowen J. Tyler, naufraga en 1916 en el Canal de la Mancha al ser su crucero torpedeado por un sumergible alemán. Tras una serie de incidentes, propios de una novela de aventuras bélicas, acaba embarcado en ese mismo sumergible, en compañía de un grupo de británicos, un número equivalente de prisioneros alemanes y Lys, superviviente como él del naufragio original.

El tira y afloja entre facciones que se sucede acaba con el sumergible perdido en los alrededores del Círculo Polar Antártico, donde por pura chiripa localizan la ignota (y tropical, merced a un intenso vulcanismo) isla de Caprona (descrita por un marinero italiano del siglo XVI), conocida por sus bárbaros habitantes como Caspak.

En Caprona/Caspak se suceden diversas aventuras, con importante protagonismo de la fauna prehistórica, algún que otro conflicto anglogermano adicional y, por supuesto, el rapto de Lys por una partida de cavernícolas libidinosos, que impulsa a Tyler hacia la aventura, armado apenas con un rifle, una pistola y su fiel perro.

La siguiente novela corta, titulada “Los pueblos que el tiempo olvidó” (“The people that time forgot“) retoma la acción justo a continuación. De acuerdo con una artimaña muy del gusto de Burroughs, la primera parte se había presentado como la transcripción de un diario que Tyler había conseguido sacar de Caprona, confiándola a las corrientes marinas en un termo. Así pues, una vez hallado, impulsa una operación de rescate, comandada por su secretario y compañero Tom Billings, con tan mala fortuna que en el vuelo de exploración (a bordo de un hidroavión llevado en piezas hasta la costa de Caprona) Tom es atacado por pterodáctilos y se estrella. Esto, al menos, le permite conocer a Ajor, una bella ga-lu, junto a la que emprende el camino hacia el norte, atravesando el territorio de los Ala-lu (hombres sin habla), Bo-lu (hombres-maza), Sto-lu (hombres-hacha), Band-lu (hombres-lanza) y Kro-lu (hombres-arco), lo que le permite a Burroughs desarrollar un sistema evolutivo apenas insinuado en el fragmento anterior, según el cual cada individuo va pasando alternativamente por cada estadio evolutivo, permaneciendo en determinado territorio hasta que siente la llamada y es elevado hasta el estamento superior.

Por supuesto, no faltan las peleas con diversas bestias antediluvianas, ni el ga-lu traidor, que compite con Tom por la posesión de Ajor al tiempo que planea una revuelta contra su rey ayudado por un grupo de Kro-lu (en un desarrollo que presenta no pocas similitudes con la trama típica de Haggard, en que el explorador del exterior acaba interfiriendo con sus poderosas armas en un conflicto civil, en donde es fácil distinguir al bárbaro irredento del noble salvaje).

La tercera parte, “Desde el abismo del tiempo” (“Out of time’s abyss“), sigue un esquema muy similar, aunque las pequeñas diferencias resulten muy significativas. En esta ocasión el protagonismo recae un Bradley, uno de los compañeros de Tyler en “La tierra olvidada por el tiempo” a quien se ha dado presuntamente por perdido en compañía de una pequeña unidad de exploración. En realidad, Bradley resulta capturado por wieroos, una raza que compite con los Ga-lus por la supremacia en Caspak.

Los wieroos tienen apariencia más o menos humana, aunque están dotados de dos poderosas alas que les permiten vivir apartados de los monstruos prehistóricos, en una isla de la zona norte del mar interior. Desde tiempos inmemoriales, se dedican a capturar mujeres ga-lu con motivos libidinosos (pues no nacen hembras wieroo), mientras buscan el secreto que les permita romper el ciclo evolutivo imperante en Caspak (que, en este fragmento, descubrimos que se retrotrae no sólo hasta los protohumanos, sino a toda criatura que habita en la isla… muy largo de contar, dejémoslo aquí y continuemos). Bradley, conducido a la principal ciudad wieroo, debe luchar para escapar (en compañía, por supuesto, de la nena de turno, Co-tan, huesped involuntaria de sus captores).

La singularidad de este fragmento es que Burroughs priva pronto a Bradley de las armas modernas (o de la posibilidad de usarlas), con lo que el enfrentamiento se equilibra bastante (tanto Tyler como Tom se limitan, las más de las veces, a disparar al jefecillo de turno y contemplar como se desperdigan sus seguidores). Es su fuerza (propiciada por un físico excepcional) y determinación las que lo conducen en un ambiente con un componente fantástico mucho más acusado (con los wieroo y sus peculiaridades fisiológicas y culturales). Todo ello aparta al protagonista del arquetípico cazador/explorador victoriano (molde en el que encajan con cierta holgura sus predecesores), aproximándolo a lo que con el correr de los años pasaría conocerse como espada y brujería.

Aún faltan muchos elementos (que no desarrollaría Robert Ervin Howard hasta una década después), pero en “Desde los abismos del tiempo” ya se perciben las principales características que caracterizarían este popular género pulp, por lo que Bradley podría considerarse antecesor directo de tipos como Solomon Kane y Conan.

No acaban ahí, por supuesto, las influencias. Leer a Burroughs es como atisbar los primeros pasos (los bo-lu o quizás sto-lu) de la tradición fantástica americana (sin olvidar antecesores como Jack London o Edgar Allan Poe). Ahí está su inclinación hacia la acción antes que la reflexión (las ideas evolutivas expresadas en la trilogía en realidad no tienen ni pies ni cabeza; provienen más de cierta afinidad filosófica con el concepto general de evolución que de un estudio serio de las teorías científicas), su vocación popular y su énfasis en el ritmo y el espectáculo sobre todas las cosas (por ejemplo, sobre la calidad literaria, de la que Burroughs no andaba muy sobrado… aunque le bastaba para cubrir el expediente, que ya es más de lo que se puede decir de muchos escritores pulp).

En definitiva, “La tierra olvidada por el tiempo” puede ubicarse, irónicamente, como punto de enlace entre dos tradiciones (algo que no juega precisamente a su favor en una valoración no histórica del texto). De un lado el romance científico de Verne y la novela de aventuras colonial de Haggard, del otro la espada y brujería de Howard (otras de sus novelas se han postulado como precursoras de la space opera o incluso de la etapa de los mitos de H. P. Lovecraft). En cuanto al cine, resulta difícil no vincular la Isla de la Calavera de “King Kong” con Caspak, por ejemplo, aunque hasta en las recientes (y fallidas) “Terra Nova” o “El mundo de los perdidos” se perciben ciertos ecos de Caprona (es lo que tiene imaginar escenas y escenarios que devienen en arquetípicos).

En 1975 “disfrutó” de su propia adaptación cinematográfica en una película de serie B protagonizada por Doug McClure, que, dado el éxito de la empresa, regresaría en 1977 con “Viaje al mundo perdido”, la adaptación libre de “The people that time forgot” (protagonizando además entre medias “En el corazón de la Tierra”, basada en la primera novela de Pellucidar).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 12, 2012.

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