Nova Express

La ciencia ficción nunca ha sido un coto cerrado. El intercambio con corrientes externas ha sido (y es) habitual. Eso sí, no importa lo que escriba un escritor de ciencia ficción, que siempre será considerado escritor de ciencia ficción (y, por tanto, con valores artísticos menores), mientras que las ocasionales incursiones de autores no especializados se celebran como triunfos desde el interior del guetto (cuando al mismo tiempo se minusvaloran las obras “de la casa”) y reciben la atención de la crítica “seria” (ojo, no digo que no se lo merezcan, sino que se aplica un rasero muy diferente según la procedencia).

A decir verdad, lo antedicho no es sino una digresión que me he permitido antes de abordar la novela de que se ocupa la entrada de hoy (ando bastante quemado por ciertos temas no demasiado alejados), que es “Nova Express” (también publicada como “Expreso Nova”), de William S. Burroughs, publicada en 1964. ¿Se trata de una obra de ciencia ficción? Sin duda, toma elementos propios del género (alienígenas, conspiraciones cósmicas, planetas-prisión…), aunque lo hace con intencionalidad puramente metafórica, por los conceptos que evocan y quizás también por apartarse lo más posible de la narrativa tradicional. Claro que, en el fondo, ¿no es eso lo que hace toda la ciencia ficción?

Sea como sea, Burroughs, así como su obra (en particular “El almuerzo desnudo” y la trilogía Nova), es una figura importante en la evolución del postmodernismo y de los movimientos contraculturales tras la Segunda Guerra Mundial y, por lo que respecta a la ciencia ficción, un artista cuya influencia se percibe en el desarrollo de la New Wave (“A cabeza descalza” de Brian Aldiss, escrita en 1969, parece descendiente directa) y, sobre todo, el Cyberpunk. Confesados confesados admiradores suyos son, por ejemplo, J. G. Ballard y William Gibson (en cuyo “Neuromante” se aprecian ecos de “Nova Express”).

Todo lo cual no puede acabar de convencerme de que “Nova Express” sea ciencia ficción… o narrativa, ya que estamos.

No puedo siquiera intentar ofrecer un atisbo acerca de sobre qué va la novela sin abordar primero su proceso de creación. Para ello tengo que remontarme a 1954, año en que el autor se asentó en Tánger (escapando de las presiones legales, sociales y familiares en Estados Unidos… por no hablar de la facilidad que había allí para acceder a drogas de todo tipo). Durante cuatro años, hasta arriba de hachís, opiáceos y otros estupefacientes, escribió el material de base para cuatro novelas que tirarían por la ventana cualquier pretensión de estructura narrativa lineal. La primera en ser “montada”, con la ayuda de compañeros de parranda de la Generación Beat (Allen Ginsberg y Jack Kerouac), fue “El almuerzo desnudo”, publicada en 1959 (concitando por igual interés crítico como rechazo y denuncias por obscenidad).

Ese mismo año (un poco antes), se había trasladado a un hotelucho en París en donde se concentraban buena parte de los artistas bohemios de la ciudad. Allí conoció la técnica cut-up de Brion Gysin, consistente en tomar una narración compuesta de forma tradicional, trocearla en frases o incluso palabras sueltas y reordenarla (con lo que se minimiza la función del escritor como narrador, potenciando, en teoría, su sensibilidad como editor, alcanzando resultados novedosos). Vendría a ser el equivalente literario a un collage, efecto que se acentúa si se entremezclan textos de varios autores.

Burroughs se convirtió en un gran defensor de esta técnica, que evolucionó hacia la de fold-in, consistente en tomar dos textos (con el mismo espaciado), plegarlos transversalmente por la mitad y unirlos a continuación por la doblez para obtener un texto híbrido. A través de este sistema, y a partir fundamentalmente del material escrito en Tánger, publicó tres libros, conocidos en conjunto como la trilogía Nova: “La máquina blanda” (1961), “The ticket that exploded” (1962) y “Nova Express” (1964), como continuación (progresión matemática, decía) de “El almuerzo desnudo”. Huelga precisar que cualquier traza de historia coherente, o incluso estructura (afirmaba que son libros que pueden leerse en cualquier orden), se halla ausente, en unos volúmenes que tienen más que ver con el arte abstracto que con lo que tradicionalmente se entiende como literatura.

Así pues, ¿sobre qué trata “Nova Express”? Podría decirse que es un alegato antisistema (o, más bien, parasistema). Presenta a unos misteriosos agentes Nova, cuyo objetivo es enfrentar a todos contra todos hasta que la tensión supere el límite de explosión, perseguidos por una policía Nova, identificada en cierto punto como un grupo de escritores que emplean técnicas cut-up (no sólo en escritos, sino a través de grabaciones magnetofónicas) para atrapar y posteriormente procesar a los agentes Nova en los Tribunales Biológicos. Sólo que el sistema está podrido, y al igual que en “El proceso” de Kafka (mencionado explícitamente e incluso con segmentos utilizados como base para el fold-in), la conclusión satisfactoria es inalcanzable.

Todo ello entremezclado con pasajes alucinatorios (hibridados con a saber qué), disquisiciones sobre la droga y la drogadicción (en cierto momento se acusa al sistema de empujar hacia la adicción a los descontentos, aunque al mismo tiempo esto no es algo que se plantee como intrínsecamente negativo), sinestesias, sexualidad (con menor énfasis que en “El almuerzo desnudo”), alienación (puesta de manifiesto con la acusación de servir de huéspedes a una raza de alienígenas parásitos que le roban a la humanidad su oxígeno; y quien dice oxígeno, dice cualquier otra necesidad básica, como un buen chute de “orgones” de vez en cuando), detalles autobiográficos…

Un batiburrillo machacón, reiterativo, surrealista, que tan pronto sorprende con una imagen conceptual potente como aburre con lo que se antojan balbuceos incoherentes (por desgracia, más de lo último que de lo primero). Si la realidad es insoportable, alteremos la realidad; acabemos con el sistema negándolo. Se basa en la filosofía de que una permutación azarosa tiene tanta validez como el “orden” establecido, de modo que abraza sin ambages el caos (lo cual contrasta, por ejemplo, con la obra de Phillip K. Dick, otro ilustre de la literatura estupefaciente, cuyo objetivo parecía ser racionalizar el caos, alcanzar la verdad subyacente a la ilusión que llamamos realidad). También, por supuesto, espera que una reordenación aleatoria dé como resultado una obra literaria valiosa… lo cual podría estar sujeto a discusión.

“Nova Express” es una sensación antes que una idea. La materialización de la pérdida de (o renuncia a) referentes. No es de extrañar que los miembros de la Generación Beat fueran tildados en su momento de antipatriotas… ni que sus ideas permearan, trasformadas, en los movimientos contraculturales de los sesenta. Según Burroughs, la trilogía Nova aspiraba a configurar una mitología de la nueva era espacial (inaugurada con el lanzamiento del Sputnik I en octubre de 1957). Supongo que era una forma de poner de manifiesto la angustia existencial por la pérdida de ideales.

El año 1966 obtuvo una nominación al premio Nebula a mejor novela (en la primera edición de los galardones). Hubo doce finalistas (el récord lo ostenta 1976 con dieciocho), entre los que también se cuenta “Los tres estigmas de Palmer Eldritch“, de Phillip K. Dick, un ejemplo perfecto de lo que asemejaba y separa a ambos autores. El trofeo, sin embargo, acabó siendo para “Dune” (que también trataba en parte sobre una droga, la especia, capaz de expandir la mente y doblar el espacio).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en febrero 25, 2012.

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