El adepto de la reina

El sello Sportula nació como vía para la reimpresión bajo el sistema de microediciones de obras descatalogadas del escritor Rodolfo Martínez. En sus tres años y pico de andadura, el proyecto ha crecido, expándiendose al formato electrónico y anunciando en breve la salida de una antología de varios autores basada en el universo de Akasa-Puspa. Unas cosas llevan a otras y hay planes que acaban quedándose pequeños.

Todo esto quizás se inició con la publicación a finales de 2009 de “El adepto de la reina”, una novela inédita (que contó con una magnífica portada de Alejandro Terán, premio Ignotus de ilustración 2011) que lejos de profundizar en alguno de los universos previos del autor (el ciclo de Drímar, el de la Ciudad o los pastiches holmesianos) presentaba de sopetón un mundo, Érvinder, y un personaje, Yáxtor Brandan, con potencial para llegar tan o más lejos, poniendo bien de manifiesto que lo de Sportula, un experimento novedoso que más allá de la simple autoedición anticipa un modelo profesional de autogestión de activos literarios, iba muy en serio.

Luego el éxito o fracaso ya depende, como siempre de la calidad de la obra en cuestión, y “El adepto de la reina”, quitando de un par de detallitos que ya especificaré, la tiene sobrada, de ahí que ya hayan visto la luz dos relatos a modo de preludio (descargables gratuitamente desde la web de Sportula) y una secuela, “El jardín de la memoria”. En otras palabras, y parafraseando a la principal inspiración para la serie, hay algo seguro: Yáxtor Brandan will return.

Antes de comenzar con la reseña en sí, quisiera dejar constancia de que un detalle cuya significancia es imposible de medir. He abordado la serie en orden inverso de lectura (es decir, empezando por “El jardín de la memoria“). Este hecho, aun sin ser crucial (las historias son por completo independientes), ha mediatizado sin duda mi apreciación de ciertos detalles (el funcionamiento de los mensajeros, por ejemplo, que ya conocía), aunque también me ha permitido centrarme en otros, en particular en su protagonista absoluto: Yáxtor Brandan.

¿Que quién o qué es Yáxtor? Pues bien, la supervivencia exige sacrificios, y para Alboné, una antigua y orgullosa nación de Érvinder, eso puede significar el sacrificio de la humanidad de uno de sus adeptos empíricos, Yáxtor Brandan, para convertirlo en un arma perfectamente templada y afilada, despiadada como la hoja de un carnicero y a la vez precisa como el filo de un bisturí.

Respecto al escenario, Érvinder es un mundo secundario, imaginado a semejanza del nuestro en la época de la Guerra Fría (incluso con fuertes paralelismos históricos). La tecnología, sin embargo, es algo diferente, pues en Érvinder los hombres son capaces de utilizar mensajeros, que podrían describirse aunque no lo sean (¿o sí?) como nanobots. Estos mensajeros, que se originan en los bosqueoscuros (y por medio de sus “frutos”, los carneútiles), lo impregnan todo y pueden ser absorbidos y reprogramados por cualquier hombre (con una eficacia que depende de su aptitud natural y su entrenamiento) para realizar determinadas tareas, necesitando en ocasiones el concurso de palabras impronunciables.

¿Es pues el mundo de los adeptos ciencia ficción? Difícil cuestión, y bastante irrelevante también. Por aclarar mi posición, por su enfoque yo prefiero verlo como fantasía cientifista (algo así como magia sujeta a reglas naturales, aunque no sean nuestras reglas naturales… lo cual, si lo pienso bien, suena muy parecido a “ciencia”). Un tipo particular de hibridación entre géneros, tan propia de los últimos años, cercana en espíritu, por ejemplo, al New Weird (como buena parte de la producción reciente de Rodolfo Martínez).

Lo que de verdad importa es el tono, aventurero, deudor, como el propio autor reconoce, de Robert E. Howard, de los creadores de “24” y, sobre todo, de Ian Fleming, porque Yáxtor Brandan no oculta su parentesco con Bond, James Bond, el Bond implacable, el asesino sin remordimientos que en la gran pantalla han reflejado sobre todo Sean Connery y ahora Daniel Craig. El autómata con un único objetivo en mente: el éxito de la misión, servir a Inglaterra (o Albione) y a la reina (en cualquier de sus encarnaciones).

El peligro inmediato en el caso de “El adepto de la reina” proviene de una amenaza terrorista. Un grupo innominado (cuyos integrantes pasan más adelante a ser conocidos como espectros) ha robado un racimo de bombas de malas noticias (el equivalente ervinderano a la bomba atómica, un ingenio que destruye todos los mensajeros de un área, colapsando con ello un modo de vida adaptado durante milenios a su presencia) y amenaza con hacerlas explotar en las principales ciudades, sin importar que pertenezcan al Pacto o al Martillo de Dios (los dos grupos hegemónicos).

Y es justo por ese tipo de disyuntivas por las que es necesario un hombre como Yáxtor; un lobo solitario, apenas domesticado aunque con una lealtad inquebrantable hacia su país y su reina; un arma que puede ser apuntada pero nunca dirigida… y de cuyos métodos cuanto menos se sepa, mejor.

Seguir las andanzas del adepto constituye todo un reto. Yáxtor traspasa de largo los límites del antihéroe para adentrarse en un territorio más gris. Muchas de sus acciones son cuestionables, cuando no directamente monstruosas. Tan sólo lo “redimen” dos detalles. Primero, que en su escala de prioridades antepone siempre el deber patriótico a las motivaciones personales (aunque posee cierta facilidad para compaginar ambos objetivos). Segundo, que él mismo es en cierto modo una víctima, o cuanto menos podría ser considerado un tullido emocional.

De hecho, el principal atractivo de la novela no radica tanto en la trama, que peca de formulismo (al fin y al cabo, es una aventura jamesbondiana) y cierto grado de desarticulación, como en el escrutinio del protagonista. Yáxtor Brandan es un exótico insecto bajo la lupa, fascinante y al mismo tiempo vagamente amenazador (sólo vagamente porque sabemos que no puede escapar de las páginas del libro; porque no puede, ¿verdad?).

Había anticipado un par de detalles subóptimos. El primero acabo de mencionarlo: los distintos bloques narrativos no terminan de encajar con suavidad. Existen algunas elipsis desconcertantes. En especial destacaría la transición entre la primera y la segunda parte, donde acontecen ciertos hechos importantes que a la postre deben sernos referidos de segundas. El segundo está relacionado con uno de los puntos fuertes del libro: los mensajeros. Rodolfo Martínez abusa un poco de ellos, utilizándolos como una especie de comodín para sacar a Yáxtor de cualquier situación (cuestión que corrije en “El jardín de la memoria”).

Este último pecadillo, sin embargo, lleva consigo su propia redención, pues es a través de las reacciones de una de las “víctimas” de los mensajeros de Yáxtor como podemos llegar a entender mejor al propio adepto. Reflejado en ese espejo, lo vemos como herramienta “inocente” antes que como ente dotado de voluntad. Si cabe repartir culpas, deben recalar en quienes lo forjaron y lo dirigieron. Sus acciones, reprobables aunque quizás necesarias, son responsabilidad de sus amos.

Eso sí, Yáxtor Brandan no es una simple marioneta. Ahí radica el interés del personaje. El adepto es consciente de su situación, tantea los límites de su jaula, verifica que tal vez podría liberarse y finalmente acepta ser aquello en que lo han convertido. ¿Si el esclavo realiza sus tareas voluntariamente sigue siendo esclavo? ¿Si el inocente se aprovecha de su inocencia para actuar sin remordimientos sigue siendo inocente? ¿Si el fin justifica los medios ser mediador de la voluntad de otros resulta justificable?

Son preguntas complejas que difícilmente pueden encontrar respuesta en un solo libro. Por fortuna, parece que tenemos Yáxtor Brandan para rato.

Agradezco a Sportula el envío de un ejemplar de “El adepto de la reina” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 28, 2012.

Una respuesta to “El adepto de la reina”

  1. Yo soy un fan confeso del agente secreto Yáxtor. De hecho, espero coincidir con Rudy en la próxima semana negra (si es que se celebra) para aprovechar y comprarle un par de libros más de su colección :)

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