El Tablero de Yidana

Si alguien piensa que en fantasía épica está todo dicho y sólo queda reutilizar los viejos esquemas una y otra vez, revestidos con ropajes más o menos nuevos, tendría que leer “El Tablero de Yidana”, de Jordi Biosca, y replantearse (cuanto menos en parte) su opinión.

Los esquemas articulados y llevados a su cumbre por Tolkien y fijados como modelo por la fantasía franquiciada de los años 80 presentan una serie de características inmediatamente reconocibles: el viaje (que puede ser tanto físico como espiritual) del héroe (o grupo de héroes), el enfrentamiento de absolutos (el bien contra el mal en sus orígenes y de ahí a opuestos más ambiguos a instancias del posmodernismo, aunque no por ello menos antitéticos), la inspiración en la mitología germánica y nórdica, con fuerte influencia del concepto anglosajón de faerie, y una ambientación medievaloide. Bajo esta burda descripción puede ampararse buena parte de la fantasía escrita en los últimos sesenta años, con buena parte del resto (fantasía urbana, new weird, fantasía histórica…) fuertemente influenciada por ella. Por supuesto, donde su reinado es casi absoluto es en el subgénero que los angloparlantes denominan High Fantasy, y que aquí traducimos como Fantasía Épica.

Pues bien, “El Tablero de Yidana”, aunque no pueda parecerlo al principio. Nos invita a olvidarnos de modelos previos para poder asimilar el mundo de Arane, las complejas reglas que lo rigen y la historia que nos narra.

Resulta difícil ofrecer una sinopsis que tenga sentido y que no propicie faltas interpretaciones. Arane está dividida en siete continentes, cada uno bajo la protección de un dios y regido por un avatar suyo, las auronias, encarnado en un animal (y, en un caso, un árbol) semidivino. Los continentes están aislados ya que los océanos son infranqueables salvo para individuos muy específicos y en caso de guerra, y en ellos habitan humanos y ciertas razas híbridas, servidores todos ellos de su auronia natal.

Bueno, en realidad hay dos excepciones. Por un lado el Tárbota, el continente central, hogar exclusivo de los dioses y sus ángeles. Por otro Mén-Hu, la Celda, donde desde hace dos milenios duerme el dios Urburu, condenado por sus iguales por haberse dedicado a una antigua y poderosa magia que hubiera podido alterar Arane para siempre. Las seis deidades restantes se dedican a jugar al Yidana, una especie de ajedrez a varias bandas, sufriendo los mortales las visicitudes de las partidas (las invasiones se autorizan de acuerdo con las incidencias del juego). Sin embargo, algo más importante se pone sobre la mesa con cada envite. Urburu sueña en Mén-Hu con volver a ocupar su trono en la sala del Tablero y por todo Arane se mueven las Piezas, humanos depositarios de almas extirpadas como castigo a ángeles, cuyas acciones, dictadas por los dioses, complementan las estrategias de estos en el Yidana.

Claro que con todo esto no he empezado sino a esbozar el mundo imaginado por Jordi Biosca. El libro emplea toda la primera parte, más de doscientas páginas, en ir desvelando la estructura subyacente a Arane. Existe, por ejemplo, algo llamado “limpieza de almas”, un proceso por el que un humano o híbrido deja de estar ligado a una auronia determinada para pasar a depender de otra. Más o menos lo que experimenta el lector mientras va aprendiendo las peculiaridades de “El Tablero de Yidana” y se desintoxica de preconcepciones fruto de la lectura de decenas de clones.

Para empezar, la mitología Araniana muestra unas raíces mucho más próximas a nuestra cultura. El panteón del Táborta evoca al olímpico, hibridado con elementos judeocristianos, en particular las jerarquías angélicas y el mito del ángel caído. Ojo, hablo de inspiración, no de copia. Incluso se da el caso de emplear estos referentes para fomentar malinterpretaciones (de las que no diré nada más, pues afectan directamente al desarrollo de la trama).

Tampoco los “héroes” son típicos. Su misma denominación, “piezas”, ya da una pista sobre lo que podemos esperar de ellos. Su importancia individual es escasa. Son peones de un gran juego, y el hecho de que alguno de ellos pueda convertirse en el elemento crucial para determinar el destino de la partida no le confiere de partida más relevancia que cualquier otro. Así pues, “El Tablero de Yidana” es una auténtica novela-río, en la que el protagonismo va saltando a instancia de los acontecimientos de personaje en personaje en el transcurso de décadas.

Esta circunstancia, que aporta impredicibilidad, también merma en cierto sentido su interés. En no pocas ocasiones se encuentran tan mediatizados por lo que los dioses esperan de ellos que su libertad individual (y con ello su personalidad) se resiente un poco. La necesidad de abarcar un lapso temporal grande y un escenario no menos amplio provoca además que a menudo su evolución personal transcurra fuera de escena, lo que añade dificultad a la tarea de empatizar con ellos, imprescindible para vivir la historia a través de sus ojos (a título particular, echo un poco en falta en ellos, el poso rebelde de los héroes griegos, que serían quizás su referente más directo).

Otra posible fuente de insatisfacción de la novela reside en que su propia originalidad obliga a cargar las tintas en las secciones expositivas. En esencia, tenemos que aprenderlo todo desde casi cero, y ello conlleva un coste que debe pagar el ritmo. Eso sí, cuando por fin confluyen las líneas el resultado es  apoteósico y no defrauda en absoluto (aunque de nuevo la complejidad narrativa, en este caso por la implicación de siete voluntades en la configuración de los acontecimientos, obliga a recurrir en parte a las explicaciones directas).

“El Tablero de Yidana” es una novela a paladear con tranquilidad, dejándola definirse a su ritmo. Resulta imposible no ir comparándola paso a paso con lo que ya conocemos, pero eso no es malo. Ahí mismo radica su capacidad de sorprender, subvirtiendo expectativas. Ah, y muy importante, la partida se cierra por completo con la última página (subversión, decía).

Agradezco a Grupo Editorial AJEC el envío de un ejemplar de “El Tablero de Yidana” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en enero 6, 2012.

2 comentarios to “El Tablero de Yidana”

  1. Genial la reseña, Sergio. Me alegra saber que los puntos positivos son tan fuertes y conocer los pequeños puntos negativos para seguir creciendo. La novela está gustando mucho y hay quien asegura haberse emocionado al final. Tengo la impresión de haber escrito algo muy distinto a lo que solíamos ver y la opinión de mis lectores coincide con eso. Gracias por tu opinión. Nos leemos.

  2. […] […]

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