Cifilogenia X – La cifilogeÑia (I)

El proyecto Cifilogenia no estaría completo si no le dedicara una entrada al caso particular de la ciencia ficción española.

Todo un atrevimiento por mi parte.

No pretendo (ni puedo) ser exahustivo. Seguro que me dejo cosas importantes. Por una particularidad de la ciencia ficción española que procederé a comentar a continuación, a menudo la información disponible es mayor para obras foráneas que para las propias y en mi caso concreto reconozco importantes lagunas. Así pues, si opináis que falta algo significativo, sentíos libres de completar la información a través de las opiniones.

Quizás la característica más frustrante de la ciencia ficción en España haya sido su discontinuidad crónica. Condicionantes históricos y culturales desfavorables han impedido que se asiente una tradición literaria ininterrumpida, con el resultado de que el género florece durante un tiempo (con mayor o menor pujanza, aunque nunca a un nivel equiparable a otros mercados), para verse cercenada la progresión por cualquier circunstancia que lo manda de nuevo prácticamente a la casilla de salida. Los autores, salvo contadas excepciones, terminan cansándose de luchar contra los molinos de viento y abandonan o emigran a campos más verdes, pudiendo distinguirse incluso generaciones bien diferenciadas.

Por añadidura, dado lo parco de las tiradas y lo excepcional de las reediciones, se hace progresivamente difícil acceder a material no ya de veinte o treinta años atrás, sino incluso con una década de antigüedad, con lo que las nuevas generaciones de lectores (y de escritores) suelen saber poco de las que les precedieron (y les suele importar menos, aunque claro, el sentimiento aquí también parece recíproco).

Pero mejor me dejo ya de justificaciones y me lanzo a la piscina.

(Nota previa: Si queréis saber más y en mayor detalle, os recomiendo seguir la serie Cuadernos de Ciencia Ficción de Alfonso Merelo).

El tradicional menosprecio al fantástico en las letras españolas, unido al retraso con que el país se sumó a la revolución industrial, conspiraron para que la protociencia ficción española fuera escasa y poco relevante. Prácticamente sólo destacan dos nombres: Enrique Gaspar y Rimbau y su “El anacronópete” (1887), por motivos más anecdóticos (primera mención en literatura de una máquina del tiempo) que meritorios, y Nilo María Fabra, posiblemente el primer autor que se dedicó sistemáticamente la literatura anticipativa (sobre todo política ficción) cuyos relatos de género, publicados entre 1885 y 1897, han sido recientemente reeditados, por partida doble, en sendas antologías.

Con el siglo XX empezaron a proliferar las iniciativas editoriales orientadas al entretenimiento, y no podía faltar una respuesta al nuevo género, el romance científico, que empezaba a traducirse (por lo que respecta a Wells, que las novelas de Verne se venían publicando casi al unísono que las ediciones francesas). La principal figura de esta nueva literatura sería José de Elola y Gutiérrez, un topógrafo militar que firmaba su ficción bajo el seudónimo de Coronel Ignotus. Su primera novela de ciencia ficción, “El fin de la guerra (Disparate profético soñado por Mr. Grey)”,  data de 1915, pero su gran contribución al género es la Biblioteca Novelesco Científica, la primera colección española dedicada íntegramente a la ciencia ficción. Allí publicó entre 1921 y 1926 diecisiete novelas, agrupadas en trilogías (salvo una serie de sólo dos títulos), empezando con las aventuras del Novimundo, capitaneado por Mari Pepa, en su exploración del sistema solar (empezando por “De los Andes al cielo”, primera entrega de la saga “Viajes planetarios en el siglo XXII”).

El otro gran protagonista de esta etapa de la ciencia ficción española fue Jesús de Aragón y Soldado, el Capitán Sirius, cuyas seis novelas del género, publicadas entre 1924 (“40.000 kilómetros a bordo del aeroplano ‘Fantasma'”) y 1933 (“La destrucción de la Atlántida”) tenián un sesgo más aventurero que le velió el apelativo del Julio Verne español.

Sobrevino entonces la Guerra Civil, que puso fin a tantas cosas, e incluso una vez concluida la contienda los durísimos primeros años de posguerra mantuvieron en animación suspendida la ciencia ficción hasta 1953 (recordemos que, durante ese intervalo, el género explotó en Estados Unidos con la Edad de Oro). Por aquellos años empezaron a publicarse diversas colecciones pulp, los bolsilibros (o novelas de a duro) dedicadas al oeste, a hazañas bélicas, romance… La primera incursión en la ciencia ficción corrió a cargo de Editorial Valencia, a instancias de uno de sus autores, Pascual Enguídanos Usach. Se inauguró así la colección Luchadores del Espacio, cuyo primer título, “Los hombres de Venus”, se planteo a modo de prueba (exitosa).

Más adelante regresaré sobre Enguídanos, pero antes me gustaría profundizar un poco en el fenómeno de los bolsilibros. Los autores eran auténticos profesionales que escribían cuatro novelitas (96 páginas de pequeño formato) al mes, por las que les pagaban un tanto fijo y que debían firmar bajo pseudónimo anglosajón. La mayor parte eran escritores todoterreno, que igual perseguían indios en Texas que exploraban las lunas de Júpiter, aunque también hubo unos cuantos que se especializaron en la ciencia ficicón. Luchadores del Espacio se mantuvo diez años en activo, publicando 234 novelitas de veintisiete autores. A su estela pronto se arrimó la editorial Toray, que entre sus seis colecciones publicó 868 títulos, siendo el buque insignia Espacio. El Mundo Futuro, con 547 novelas entres 1954 y 1972 (fue, además, la única en activo entre 1963 y 1970). El otro gran actor, aunque se incorporó tardíamente, fue Bruguera, que llegó a publicar 1.200 novelas (algunas de mayor longitud) entre 1970 y 1988 y que cuenta con la colección más prolífica, La Conquista del Espacio (746 títulos entre 1970 y 1985).

No me perdonaría continuar sin mencionar aunque sólo sea a una pequeña representación de estos currantes (entre cuya obra, apresurada, pulpera y repetitiva, es posible encontrar auténticas joyas). Pascual Enguídanos Usach (George H. White, Van S. Smith), Alfonso Arizmendi (Alf Regaldie), José Luis Benet (Joe Bennet), José Negri Haro (J. Negri O’Hara), Luis García Lecha (Clark Carrados), José Caballer (Larry Winterr), Juan Gallardo Muñoz (Curtis Garland), Fernando Ferraz (El Profesor Hasley), Rafael Barberá y Àngels Gimeno (Ralf Barby), Vicente Adam Cardona (Vic Adams, V.A. Carter), Ramón Brotons (Walter Carrigan), Pedro Guirao (Peter Kapra), Francisco Javier Miguel Gómez (Lem Ryan), Domingo Santos (P. Danger), Ángel Torres Quesada (Alex Tower, A. Thorkent)… De todos ellos, sólo Domingo Santos y Ángel Torres Quesada lograron llevar su obra fuera del terreno de los bolsilibros (aunque recientemente se han empezado a reeditar, por ahora en formato ebook, novelas escogidas de Lem Ryan y Curtis Garland).

Curiosamente, en contra del potencial del formato, los editores se empeñaron en incentivar las novelas independientes. Y precisamente al vencer esta reticencia se configuraron las obras más destacables surgidas del fenómeno de los bolsilibros. La primera es la Saga de los Aznar, la gran epopeya  interestelar de Pascual Enguídanos Usach (firmando como George H. White), que se inició con “Los hombres de Venus” y contaba con treinta y dos títulos al cierre de la colección Luchadores del Espacio. Diez años después, en 1973, disfrutó de una reedición (revisada), que se mantuvo hasta 1978 y amplió el número de títulos hasta cincuenta y seis. Ese mismo año recibió el premio de mejor serie de ciencia ficción europea en la Eurocon de Bruselas. Recientemente se ha completado una tercera edición, por Silente, y cuenta incluso con reuniones anuales de aficionados. Tendría mucho más que decir de estas novelas, pero me lo reservo para una serie amplia de artículos que posiblemente ocupen el año que viene el hueco de la Cifilogenia.

La otra serie, “El Orden Estelar”, de Ángel Torres Quesada, aun contando con un número similar de títulos, difiere en varios detalles. Para empezar, es posterior. Las novelas se escriben entre principios de la década de los 70 y mediados los 80. Además, el orden de escritura no respeta la cronología interna, e incluso aparecen novelas en tres colecciones diferentes (La Conquista del Espacio, Héroes del Espacio y Galaxia 2000), intercaladas entre obras independientes del mismo autor. Fue la forma de burlar el veto a las sagas. Con posterioridad, la saga ha disfrutado de una reedición muy parcial en Ediciones B y otra completa y cronológica por parte de Robel (entre 2003 y 2006).

Los terremotos editoriales de finales de los 80 (con la debacle de Bruguera y el aumento de los costes de edición) acabaron con la etapa de los bolsilibros (una era del pulp tardía y elongada), dejando un legado variopinto y difícil de conservar (por la propia naturaleza de las ediciones, aunque de los principales títulos llegaron a relizarse tiradas de hasta 50.000 ejemplares, caso de la segunda edición de la Saga de los Aznar), que alberga entre mucha paja prescindible (salvo por su interés histórico) títulos que no deberían perderse en el olvido (y que posiblemente en otro contexto cultural ya hubieran disfrutado de la reivindicación que se merecen).

Si deseáis profundizar en el mundo de los bolsilibros de ciencia ficción, el mejor sitio para empezar es dedicándole un buen rato a La Gran Historia de las Novelas de a Duro, de José Carlos Canalda.

En paralelo (y sin apenas conexión entre ambos fenómenos), desde mediados de la década de los 50, empezaron a aparecer esporádicamente títulos de autoría española en las colecciones de ciencia ficción “serias” que iniciaban su andadura, pero me temo que ya he consumido demasiadas palabras por hoy, y ésa es una rama que deberé seguir en una futura entrega de la Cifilogenia (que, prometo, no se demorará todo un mes).

Otras entregas de la Cifilogenia:

Anuncios

~ por Sergio en noviembre 9, 2011.

2 comentarios to “Cifilogenia X – La cifilogeÑia (I)”

  1. ¿Para cuándo una nueva entrega de la Cifilogenia? Nos tienes en ascuas jeje
    Sigue así!

    • Pueeeees…

      Lo cierto es que el retraso obedece a partes iguales a compromisos desatendidos en los que debo volcarme, un ataque mayúsculo de pereza bloguera y pura y simple cobardía (me entran sudores fríos de pensar en las omisiones imperdonables que de seguro cometeré con la segunda parte de la cifilogeñia). El segundo motivo ya va solucionándose. Al primero le quedan días (sí o sí, que los plazos son los plazos). Respecto al tercero… Habrá que hacer de tripas corazón y lanzarse a la piscina.

      Vamos, que procuraré concluirla antes de fin de mes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: