El jardín de la memoria

Lo que en 2009 iba a ser una novela aislada, “El adepto de la reina“, de Rodolfo Martínez, ha acabado convirtiéndose en una serie que cuenta ya con un nuevo título, el que nos ocupa, y al menos otro anunciado. En cierto modo parece inevitable. No se puede invocar el espíritu de Bond, James Bond, y esperar que se contente con una sola aventura.

“El jardín de la memoria” arranca seis meses después de los acontecimientos narrados en la novela anterior (que aún no he leído), con Yáxtor Brandan, adepto empírico al servicio de su majestad (de Alboné) en misión de escolta de la joven reina en Honoi, antiguo enemigo transformado en aliado, con una unión dinástica que refuerce aún más lo lazos de colaboración en lontananza. Por supuesto, en tan altas esferas la diplomacia nunca es sencilla, y cuando un ataque brutal está a punto de frustar el matrimonio por el expeditivo procedimiento de asesinar al joven novio (precisamente durante su ceremonia de entronización como emperador de Honoi), Yáxtor es asignado de inmediato a la tarea de rastrear los orígenes, aparentemente ultratérrenos, de la conspiración. En el cumplimiento de esta orden, el adepto empírico deberá acompañar al Cortejo de la Memoria en su viaje a Utarasu, la isla más austral del archipiélago, para depositar la esfera impresa con los recuerdos y emociones del antiguo emperador en el Jardín de la Memoria, lugar donde podrá experimentar tantas nuevas vidas como desee.

Por desgracia, los zarcillos de la conspiración no se limitan al sur, y tanto en la misma corte de Kyono-jo, como en la lejana Lambodonas, capital de Alboné, los encargados de la seguridad de los monarcas deberán enfrentarse a un enrevesado complot que amenaza ambas líneas sucesorias.

“El jardín de la memoria” se desmarca de la ambientación de Guerra Fría de “El adepto de la reina” (aquí me veo obligado a recordar que me guío por referencias, ya que aún no he tenido ocasión de formarme mi propia opinión), optando por una aventura más cercana a la espada y brujería, al menos en lo que se refiere a las peripecias de Yáxtor. En las capitales, los adeptos empíricos se embarcan en una ardua labor de contraespionaje encaminada a abortar los planes del presunto traidor, que por capacidad “tecnológica” (en Érvinder, el mundo imaginado por el autor, tecnología y magia se hayan en íntimo contacto, aunque ya llegaré a ello) y por desarrollo sí constituye un reflejo de la Guerra Fría (evoca la paranoia anticomunista de los años 50-60, en particular su plasmación metafórica en la cinematografía fantástica de época). Lo que se mantiene inalterable es el afán de hibridación, que hace la serie de difícil clasificación (no es que esto sea algo necesario o siquiera deseable).

Por un lado, Érvinder constituye un reflejo distorsionado de la Tierra, con evidentes e indismulados paralelismos (Alboné equivale a Inglaterra, Honoi a Japón, la Confederación Occidental a los Estados Unidos y así con todas las naciones, fácilmente identificables bien sea a través de su nombre o con ayuda de la cronología facilitada al final del libro). Por otro, existen importantes diferencias, la mayor de las cuales consiste en la presencia de bosqueoscuros que producen carneútiles, que a su vez liberan mensajeros (o hermanitos) a la atmósfera. La combinación de carneútiles (seres sin voluntad, que se pliegan a los deseos de los humanos y muestran una extraordinaria maleabilidad) y mensajeros (micro¿organismos? que los hombres pueden acumular en su interior y forzar/convencer para transformar parcialmente la realidad), fuerzan una industrialización casi inexistente, con modos de vida que tienen mucho de medievales (junto con recursos a su disposición que pueden llegar a resultar incluso futuristas, aplicados, por ejemplo, en las respectivas líneas sucesorias de Alboné y Honoi). De ahí que el tono quede en algún punto intermedio entre la fantasía y la ciencia ficción (aunque, yendo a la esencia, yo me decantaría por considerar la base como fantasía).

No queda ahí la cosa, sino que también el terror tiene su lugar (con la amenaza sobrenatural de Otrolugar (cuya inspiración los agradecimientos permiten atribuir, al menos en parte, a un manga) y un plan que… vaya esto mejor me lo callo), así como el weird pulp de Howard y el círculo de Lovecraft (patente en especial en los acontecimientos que tienen lugar en la Torre Media de Imarasu), pasando, por supuesto, por la novela de espías (aunque esta faceta deje fuera en esta ocasión a Yáxtor Brandan).

Lo que posiblemente separará “El jardín de la memoria” del resto de la saga de Yáxtor Brandan será su ambientación, inspirada a partes iguales en el Japón Feudal de en torno al siglo XVII y en la nación que buscaba modernizarse a finales del XIX, principios del XX. La necesidad de adaptarse al cambio para controlarlo, cualidad en la que destaca el adepto Brandan, es una preocupación constante a lo largo de la novela para los dirigentes. El caso es que, en recompensa por los servicios prestados, Yáxtor es nombrado ingtze (algo parecido a samurai) por el emperador, y a través de sus ojos es como descubrimos las peculiaridades de la cultura honoyesa (recreando el recurso del samurai bárbaro de “Shogun”, aunque el adepto, al contrario que el capitán Blackthorne, gracias a sus extraordinarias capacidades consigue mantenerse en casi todo momento en un plano de igualdad o superioridad… y para la única vez que fracasa estrepitosamente ese traspiés mediatiza durante toda la novela su relación con sus compañeras de aventura).

Más allá de esta circunstancia que no deja de ser anecdótica, el libro se fundamenta en ideas y desarrollos muy japoneses. Por un lado, sin entrar en excesivos detalles, el uso que en Honoi dan a los carneútiles y hermanitos tiene mucho de cyberpunk (al estilo de “Ghost in the shell“, para entendernos), lo cual adquiere gran importancia en el tramo final (donde se hacen más patente la influencia de la ciencia ficción). Por otro, existe una sublectura que abunda en uno de los mayores traumas de la cultura japonesa. En Érvinder el equivalente a la bomba atómica es la Bomba de Malas Noticias (explotada sobre Kyono-jo al final de la guerra del Martillo), pero el desencadenante de los acontecimientos narrados en “El jardín de la memoria” podría equipararse con el mal uso de la energía nuclear y el problema de los residuos radioactivos (algo que desde Hiroshima, pasando de Godzilla a Fukushima, a través de la ficción y la realidad, siempre ha estado muy presente en el subconsciente colectivo nipón).

A nivel técnico, he de destacar una edición casi impecable y un estilo elaborado y ameno. Si acaso, a las dos tramas principales les cuesta un poco engarzar y, en ocasiones, los rápidos cortes entre distintos puntos de vista emboronan la secuencia de acontecimientos (los nombres de inspiración japonesa no ayudan a mantener el hilo, aunque se procura acompañarlos siempre del cargo para tenerlos más controlados) y en las escenas de acción afectan un poco al dinamismo. En cualquier caso, resulta muy interesante comprobar el efecto de recursos extraídos de la ciencia ficción aplicados a una trama fundamentalmente fantástica (como invirtiendo la famosa ley de Clarke, en el sentido de que una magia suficientemente avanzada es indistinguible de la tecnología).

Agradezco a Sportula el envío de un ejemplar de “El jardín de la memoria” para su reseña en Rescepto.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en octubre 24, 2011.

6 comentarios to “El jardín de la memoria”

  1. Rescep, perdona, ¿ es una historia autoconclusiva ( más o menos)? ¿ Te ha gustado? … Gracias y un saludo. victorderqui.

  2. Hola, Víctor:

    Sí, es una historia autocontenida. Si acaso, podría resultar conveniente conocer previamente al personaje a través de “El adepto de la reina”, pero no es mi caso y no he tenido ningún problema en seguir la historia.

    Y sí, salvando algún problemilla de ritmo en su parte central, me ha gustado, aunque me temo que no puedo entrar en mayor detalle explicando los porqués sin desvelar elementos importantes de la resolución.

  3. Muchas gracias, caballero. Y de paso, gracias también por tu blog. Es magnífico. Lo mismo que tu fidelidad.

    victorderqui.

  4. Muchas gracias, caballero. Y de paso, también por tu blog. Es magnífico. Lo mismo que tu fidelidad…

    victorderqui

  5. De nada y gracias.

  6. […] de El jardín de la memoria, de Rodolfo Martínez, y Jitanjáfora, de Sergio Parra, en Rescepto Indablog. […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: