Los hilos del titiritero

El libro electrónico ya está aquí, lo que aún no termina de estar bien definido es su modelo de explotación comercial. He de confesarlo, el asunto me tiene un tanto indeciso (y ha afectado al modo en que me planteo las críticas en Rescepto, aunque ése es un tema al que prefiero dedicar en algún otro momento una entrada propia). Lo que sí queda claro es que la revolución ha calado más hondo en los mercados minoritarios, donde sus ventajas poseen un impacto potencialmente mayor. Y minoritario es el panorama fantástico, en especial en las pequeñas editoriales que publican ficción nacional.

La apuesta de Equipo Sirius consiste en lanzar algunos de sus títulos primero en formato digital (EPUB), y proceder luego en su caso, dependiendo de la recepción, a una tirada en formato físico. No voy a entrar a valorar esta estrategia, pues carezco de la información pertinente para poder formarme una opinión razonada. Aquí me limitaré a analizar uno de sus últimos títulos, publicado en la colección Transversal Fantasía: “Los hilos del titiritero”, de Jeshua Morbus.

El protagonista de la misma es Bus, un ladrón de guante blanco a las órdenes de un misterioso jefe. Tras un golpe no del todo afortunado, se le encomienda una tarea especial: acudir a una casona en medio del campo y fotografiar su interior con pleno detalle. Para terminar de complicar su vida, ve su refugio invadido por una misteriosa niña que parece saber demasiado sobre él, incluyendo su auténtico nombre y los motivos que le llevan a ocultar. Por contra de lo que hubiera sido de esperar, Bus no se toma demasiado a mal la intromisión. Es más, recibe a la niña, Mógel, como si de una hermana pequeña se tratara. Para cuando descubre sus “peculiaridades”, ya se siente inextricablemente unido a ella.

La relación entre Bus y Mógel progresa envuelta en el misterio de su origen, espoleada por el repentino interés del jefe por la niña y por la desaparición repentina de Alliot, su presunto padre, aquel que la instó a ponerse bajo el cuidado de Bus. Juntos, deberán enfrentarse a una persecución implacable, y al conocimiento secreto que ha hecho posible la existencia de una criatura como Mógel.

La obra, justo en el límite entre novela y novela corta, posee un marcado tono juvenil. Con mayor precisión, podría incluso señalar que posee una sensibilidad próxima al manga (y en particular, por eso de rizar el rizo, apuntaría al shōjo manga, el dirigido principalmente a adolescentes de sexo femenino). En este contexto, existen dos ejes dramáticos principales. Por un lado, estaría la “magia” de Mógel, ligada a su origen y erigida en motor de la historia (por el empeño de Bus por comprenderla y del jefe por dominarla). Por otro, la relación personal entre niña y ladrón, que evoluciona a lo largo de la historia en consonancia con los cambios que experimentan los protagonistas.

No cuesta nada imaginar la historia en versión anime (existe incluso una ilustración de Mógel realizada ex profeso en ese estilo), con todo lo que ello conlleva, tanto positivo como negativo. Por un lado, resaltaría lo imaginativo de la propuesta, que sabe actualizar viejos mitos en una historia con suficientes giros y desarrollos imprevistos (hasta una resolución que quizás sí peque un poco de tópica, desaprovechando el potencial de la premisa de partida) como para mantener presa sin problemas la atención del lector. Por otro, es de lamentar una excesiva simplificación, con personajes apenas esbozados y descripciones donde prima la funcionalidad, con apenas calado literario. Esto no entorpece la lectura, aunque sí la priva de la oportunidad de explorar el trasfondo de la acción y conferir a la historia un valor añadido (por ejemplo, pasa de puntillas sobre las derivaciones éticas del proceso que configura la Mógel que conocemos).

A esta sensación de superficialidad contribuye una edición mejorable en el aspecto estilístico, con una puntuación un tanto errática en ocasiones y vestigios de pasadas correcciones que no han terminado de pulirse (fallos de concordancia, por ejemplo). Precisamente, un detalle que considero crucial cuidar para el éxito de la edición electrónica. Por contra, la portada logra insinuar con acierto la atmósfera, entre mágica e inquietante, de la historia.

Agradezco al autor el envío de una copia de “Los hilos del titiritero” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en octubre 8, 2011.

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