Duende

Si en la entrada anterior me lamentaba de las dificultades comerciales de un formato tan interesante como la novela corta, hay otra longitud que, en la actual conyuntura, lo tiene aún peor: el cuento largo (novelette, para los norteamericanos, un apelativo que resulta mucho más evocativo).  Los límites (totalmente arbitrarios) que se le atribuyen normalmente son 7.500 y 17.500 palabras, o lo que es lo mismo, entre 22 y 53 páginas estándar. Al contrario que con la novela corta, la longitud no da para estructuras complejas, pero sí permite un desarrollo mucho mayor de personajes y situaciones.

De un tiempo a esta parte, viene siendo extremadamente difícil publicar un texto de esta extensión, a no ser que lo incluyas en una antología (e incluso en este caso, si es colectiva, por dar cabida al mayor número posible de participantes, raro es el proyecto que permite abordar este tipo de relato). Ahí es donde entran en escena los nuevos modelos de explotación, en particular la edición electrónica, que permite ajustar parámetros para hacer viable, tanto comercial como económicamente, proyectos de características muy diversas.

“Duende”, de Ramón San Miguel Coca, vio la luz de la mano de la colección de e-books de Alfa Eridiani. Se trata de un relato largo (o novelette) ambientado en la Sevilla de mil ochocientos ochenta y tantos, durante la época del despegue del flamenco como manifestación cultural (aún poco considerado, aunque ya lo bastante popular como para haberse creado sus propios recintos especializados, los cafés cantantes).

Es en uno de estos cafés, el de Silverio Franconetti, donde actúa un guitarrista excepcional, Paquito de Cádiz o Paquito el del Duende, surgido aparentemente de la nada y responsable de unos rasgueos tan sentidos que su fama alcanza Madrid. Al escuchar estos rumores, don Félix de Camporreal, un caballero diletante, aficionado al flamenco, no puede resistir la tentanción de viajar a Sevilla a juzgar con sus propios oídos las excelencias del maestro. Una vez satisfecha su curiosidad inicial, descubre que las alabanzas no eran inmerecidas, aunque también es consciente de un enigma que envuelve a Paquito y su arte; enigma en el que quizás tenga algo que ver la caja que lo acompaña a todas partes y de la que no se despega durante sus actuaciones.

Ramón San Miguel alcanza con “Duende” varios logros. Por un lado, nos introduce con facilidad en el ambiente flamenco de finales del siglo XIX (lo cual tiene doble mérito, pues el autor no es precisamente andaluz, sino que para encontrarlo tendríamos que dirigirnos justo al extremo opuesto de la península). Por otro, consigue amalgamar con igual (aparente) facilidad varias corrientes clásicas de la ciencia ficción. La que más destaca es una visión muy silverbergiana, algo así como una New Wave costumbrista, que se adereza con enfoques más propios de la edad de oro (o su recreación de los ochenta), a medida que vamos introduciéndonos en el misterio del Duende. Por último, queda sitio para un homenaje a la protociencia ficción de la época, ejemplificada en Camille Flammarion.

La historia posee evidentes resonancias fáusticas (aunque sin diablo, sólo víctimas), y no se apoya en la revelación sorpresiva, sino en el cuidadoso establecimiento de la atmósfera y la exposición objetiva de la tragedia. El tono no es casual, sino fruto de una cuidadosa documentación, que se extiende a la inclusión de personajes y detalles históricos, como Silverio y su café. No depara grandes sorpresas (ni lo intenta en realidad). Su fuerte reside en el retrato de una época y un arte, y a través suyo del arte en todas las épocas, como sublimación de las ansias de comunicar.

Por último, no suelo dedicar mucha atención a las características de la edición, pero en este caso en concreto he de señalar negativamente el exceso de erratas (acentos diacríticos sobre todo), así como la baja calidad de las ilustraciones interiores (una auténtica pena). El formato electrónico está muy bien, pero hay que cuidarlo. Por contra, habría que destacar con igual énfasis la magnífica portada de Guillermo Romano, un perfecto complemento a la historia narrada.

Agradezco al autor el envío de un ejemplar de “Duende” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en septiembre 28, 2011.

2 comentarios to “Duende”

  1. Muy buena reseña, Sergio.

  2. Gracias mil por tu amable reseña, Sergio.
    Y estoy totalmente de acuerdo con que la portada de Guillermo Romano es extraordinaria. Es un privilegio haber podido contar con él como portadista.

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