Kobold, el señor de las cadenas

Lo de hoy no será una crítica al uso, sino una recomendación (encarecida). El motivo es simple: no me sería posible distanciarme lo bastante para realizar una crítica (seudo)objetiva de “Kobold, el señor de las cadenas”, la nueva novela de espada y brujería de Alfredo Álamo.

Corría el mes de febrero del año 2007 cuando recibí un correo electrónico con el siguiente asunto: “muahhahahahahahh”. Eran las 80 primeras páginas de lo que por entonces era la “Canción de espadas”, perteneciente al “Ciclo de la venganza sangrienta”. Se abría con el protagonista, Kobold, orinando en la garganta seccionada de uno de los cazarrecompensas que habían intentado matarle a traición (¡Así se empieza! Qué pena que la escena no se mantenga en la versión final). Por aquel entonces iba a ser algo así como una broma, pues se pretendía publicarla como la obra sanguinolenta de un australiano medio loco, al que habían repudiado de todo círculo literario o fandomita por radical, y que sólo en España había encontrado un editor lo bastante encallecido como para sacar la novela.

El planteamiento tenía su gracia, pero no contaba con un desarrollo (contextualmente) inesperado: la historia de Kobold era demasiado jodidamente buena como para “malgastarla” con un chascarillo.

El caso es que le exigí a Alfredo (creo que incluso con cierta violencia) que me mantuviera al tanto de las actualizaciones (y, de paso, le iba revisando el texto en bruto, que por aquel entonces estaba metido en labores de corrección y tenía el sistema de detección bien calibrado). La cuestión es que me leí aquella primera versión poco menos que en tiempo real (y puedo dar fe de que fue cosa de unos pocos días). Y era buena, muy buena.

Espada y brujería clásica, sin complejos y sin cortapisas, de apariencia desbocada pero con unas riendas que en realidad se encontraban firmemente sujetas (aunque la bestia tirara por donde la apetecía). Así vi surgir de aquel encontronazo que disparaba la trama todo un mundo fascinante, que se expandía tanto en escenarios (e incluso planos de existencia) como en el tiempo, dejando entrever un pasado tan sugerente como el presente relatado (o más; aún estoy haciendo presión por disfrutar de la precuela, con un Caëthar en plenitud de facultades repartiendo leña durante los grandes conflictos cuyo resultado configuró el mundo por donde se mueve Kobold).

¿Cómo describir el estilo? Pues cuarto y mitad de Howard, con generosas dosis de Moorcock (¡ese pedazo enfrentamiento en Vermis!) y una pequeña influencia de la fantasía épica ochentera, todo ello mezclado con sangre, voluntad inquebrantable y, sobre todo, ansias de venganza.

En el fondo Kobold (al igual que sus acompañantes, en especial el sacerdote-guerrero Caëthar) es un anacronismo, una anomalía de indómita libertad en un mundo medio domesticado. Un rebelde auténtico, pues no se rebela contra nada, sino que se limita a ser él mismo, aunque los personaje de tal hechura no tengan cabida en el escenario que le ha tocado vivir. Un hombres dispuesto a todo por conservar su libertad de acción. Y cuando digo “Todo” no estoy exagerando. Un peligro, en definitiva, para cualquier fuerza que aspire al control absoluto.

Así pues, “Kobold, el señor de las cadenas” no es sólo un homenaje visceral a la espada y brujería pulp (actualizada a las nuevas “sensibilidades”), sino que hereda su planteamiento existencial, ese romanticismo indómito que nos atrae de personajes como Han Solo, Malcolm Reynolds o el propio Conan. Si además lo hace enmarcada en un escenario digno de leyendas, ¡pues mucho mejor!

Vamos, que no os lo podéis perder. Reconozco que en este tema no puedo ser nada objetivo, pero ¡qué caramba! Kobold es la leche. ¡Y en como funcione tan bien como se lo merece a lo mejor aún puedo disfrutar de la precuela!

En fin, lo que he contado al principio aconteció a principios de 2007 y como podéis comprobar la novela no ha visto la luz hasta bien mediado el 2011. Así nos van las cosas. Los caminos editoriales no sólo son inescutrables, sino también traicioneros y descorazonadores. Por fortuna, el largo periplo por la oscuridad ha finalizado, y la venganza de Kobold ha visto la luz inaugurando la colección “El puente del troll” de Torre de Marfil. Es una editorial nueva, con nuevas propuestas comerciales. Es muy posible que no lleguéis a ver jamás un ejemplar del libro expuesto en la estantería de una librería tradicional. Si lo queréis tendréis que moveros y acudir a vuestra librería virtual de referencia o directamente a la editorial (donde también lo podéis adquirir a muy buen precio en versión electrónica).

Los tiempo cambian, y los modelos comerciales también. Yo sólo puedo reafirmarme en mi opinión de que a poco que os atraiga la fantasía no saldréis defraudados.

¡Vengaaaaaanza!

Y a continuación algunas críticas de verdad (ya iré actualizando):

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en septiembre 17, 2011.

3 comentarios to “Kobold, el señor de las cadenas”

  1. Pues sí que te ha entusiasmado, y a mí la espada y brujería me gusta… Me la apunto en la lista, una lista que crece demasiado…

  2. Me divertí mucho leyéndola. Además, entre tanta fantasía épica, un poco de espada y brujería, directa y un tanto bestia, siempre sienta bien.

  3. […] es la segunda novela de Alfredo Álamo que leo, apenas unos meses después de Kobold. El señor de las cadenas; una historia de espada y brujería a mitad de camino de Howard y Moorcock cuyo disfrute es […]

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