Los siete secretos del mundo olvidado

El año pasado llegó de la mano de AJEC la primera novela de Miguel Ángel López Muñoz, quien publica su ficción bajo el seudónimo de Magnus Dagon. Su título era “Los siete secretos del mundo olvidado”, y se trata de ciencia ficción con cierto regusto clásico.

La historia narra las peripecias de la xenoarqueóloga Susan Spector y el sargento Goran Rex, de la Gran Fuerza Humana, en el semiabandonado planeta Tierra, mientras buscan las siete maravillas perdidas del tercer milenio. La principal peculiaridad del empeño es que Susan no es humana, sino que pertenece a la raza evo, unos seres capaces de adaptarse rápidamente y a voluntad (durante el sueño) a cualquier medio, que para mayor inri han librado recientemente una guerra, concluida en tablas, con el hombre.

La pareja no puede ser más antitética. Goran Rex, de hecho, es un veterano de la guerra evohumana, antiguo prisionero de guerra sometido a unas torturas tan salvajes que el 60% de su cuerpo es biónico. Así pues, no puede sino asumir con reticencias la misión que lo saca de su retiro forzoso para acompañar a alguien a quien en su fuero interno aún considera enemigo a un planeta tan ajeno a la actual realidad humana que apenas merece un indiferente recuerdo por parte de unos hijos que hace mucho se expandieron por la galaxia.

¿Qué importancia podrían tener entonces los antiguos hitos, poco más que leyendas, a los que Susan Spector ha consagrado su vida? ¿Cuál es el secreto que se agazapa tras ellos para que la GFH conspire para sabotear la expedición, empezando por encomendar la seguridad de la xenoarqueóloga a un soldado al que se le presupone un profundo odio hacia los evos? ¿Por qué ni evos ni humanos desean desenterrar un pasado que ya ha adquirido la cualidad de mítico?

Todas estas preguntas van encontrando respuesta a medida que Susan y Goran van siguiendo la pista de los secretos, desde el legendario enclave de las Torres Gemelas, pasando por la Ciudad Perdida de Londres y así en siete pasos hacia la verdad. Y de igual modo su relación evoluciona de la desconfianza inicial al respeto mutuo, a medida que las dificultades y el objetivo común los van uniendo frente a las fuerzas que se les oponen.

Se trata de una historia simple, contada sin recurrir a artificios innecesarios. Sigue sin apenas sobresaltos un camino lineal, secreto a secreto, hasta su conclusión, suponiendo a partes iguales una novela de aventuras y un canto a la tolerancia. Pese a su extraordinaria potencialidad adaptativa, Susan Spector escoge libremente ser tan humana como le es posible (con el ocasional desarrollo de alguna habilidad especial para afrontar problemas específicos), mientras que el propio Goran Rex debe aferrarse a su 40% de humanidad, aprendiendo a convivir con su naturaleza cibernética (a la que no tiene reparos en apelar si la situación lo requiere). A la postre, es quizás ese empeño compartido el que termina por afianzar su relación.

El gran problema de la novela reside en su ingenuidad. En su afán por ser directa, muy a menudo se antoja simplificada en exceso, tanto a nivel argumental como psicológico. La necesidad de encajar al menos siete segmentos narrativos (en realidad acaban siendo diez, pero no voy a detenerme en el particular) en apenas 200 páginas pasa factura a la complejidad filosófica y especulativa que puede imprimírsele. La facilidad, por ejemplo, con que acaba desenterrándose cada secreto (perdido, recordémoslo, desde hace siglos), así como la perfecta secuencia de revelaciones que propician, fuerza la credibilidad del conjunto. Sólo una subtrama (que involucra a Goran Rex y a un pez; y no voy a especificar más) sobresale claramente del conjunto, mientras que otras (el cuarto secreto, los sucesivos encuentros con una banda de cazarrecompensas o incluso las conclusiones finales) resultan difícilmente conciliables con unos esquemas rigurosos, en particular desde una perspectiva científica.

Esta debilidad, sin embargo, supone al mismo tiempo el mayor atractivo de la novela. En una época complicada (tanto en la realidad como en la ficción), el enfoque de “Los siete secretos del mundo olvidado” (que recuerda el de clásicos como “Tú, el inmortal” o “Alas nocturnas“) supone un soplo de aire fresco, una invitación al optimismo y a dejarse llevar por un entretenimiento y una filosofía más simples.

Quizás un encallecido lector de ciencia ficción no encuentre en sus páginas suficientes nutrientes (o sí, que no sólo de trascendencia vive el hombre), pero resulta imposible no simpatizar con Susan Spector y su visión del universo (donde prima el respeto a todos los seres vivos y la fe ciega en las bondades de la verdad). Tal vez pueda destacarse “Los siete secretos del mundo olvidado” como una buena introducción a la ciencia ficción, que recupera enfoques y desarrollos de épocas más sencillas y amables, dotándolos de una conveniente pátina de modernidad (en no pocas ocasiones, el desfase cronológico y cultural aliena en parte a la ciencia ficción clásica ante el ojo contemporáneo).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en septiembre 13, 2011.

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