Reseña verde, reseña musical

Aprovecho la calma chicha dominical (hay que ver cómo bajan las visitas en fin de semana) para colaros a traición un par de reseñas aparecidas recientemente en torno a mis libros.

Para empezar, me hago eco de una nueva crítica a “El rayo verde en el ocaso“, que tres años no son nada (aunque los años-de-perro no son nada comparados con los años-de-libro). Corre a cargo del escritor Juan Ángel Laguna Edroso, y ha aparecido publicada en Ociozero. Aquí tenéis un extracto:

…este es el título que me viene a la cabeza cuando alguien me dice que quiere leer algo de ciencia ficción porque no conoce el género y no sabe por dónde empezar.

El rayo verde en el ocaso es un mosaico apasionante. Es, a decir del autor, ciencia ficción hard y, aunque no tengo conocimientos para verificarlo en todos los campos que toca, pondría la mano en el fuego a que lo es realmente por la minuciosidad con la que Mars aborda el trasfondo de cada historia. Sin duda, una de las marcas de la casa es que aquí tienen tanta importancia los elementos de la trama (personajes, acción, ritmo, interconexiones, etc.) como el trasfondo (el escenario, el elemento que suscita la historia, etc.).

Podéis leer el resto en Ociozero.

La siguiente reseña es algo más especial y, en realidad, se subió a la red hace un par de meses (aunque yo no me enteré hasta hace unos días… ¡Alerta de Google, me has fallado!). Su singularidad reside en que se trata de algo así como una músicoreseña. Pablo, el autor del blog Musicahora, propone una serie de temas musicales para acompañar y potenciar los relatos que componen “El precio del barquero“:

En El Precio del Barquero hay un poco de todo, terror, fantasía, ficción, falta de aliento,… y en general una serie grande de sensaciones, más que de historias, que también.

Tengo por costumbre estudiar y leer con música, por aquello de que parece que me clarifica la mente. Y tengo una serie de recomendaciones para la gente que, como yo, disfruta de música y lectura a la par.

Para el fotógrafo de epitafios sin duda un primer contacto con Chopin (probablemente el Prelude in E-Minor (op.28 no. 4)). Y luego algo como Afterlife (La versión de CD de Avenged Sevenfold) para la segunda parte del relato.

El resto de recomendaciones en Musicahora.

Y ya que estoy responderé parcialmente a la petición de nuevas aportaciones, aunque me excuso por anticipado por lo limitado de mis gustos, que se pueden resumir en tres grandes bloques: Heavy Metal (desde Gothic Metal hasta Death Metal Melódico, aunque huyendo del progresivo, el hard rock y el Death como excusa para no trabajar la melodía), bandas sonoras de películas (aunque la última década ha sido nefasta para el género) y algo de música clásica (con Tchaikovsky a la cabeza).

No voy a repasar exhaustivamente “El precio del barquero” porque, aunque suelo escribir con música, no tiendo a relacionar exactamente una pieza en concreto con un cuento. Sin embargo, sí que voy a realizar un recomendación para acompañar el primer relato, “El fotógrafo de epitafios”. Se trata de un tema que desde que lo escuché en la radio (en un programa bastante curioso de música instrumental moderna en Radio Clásica) me ha parecido perturbador. Incluso es posible que lo estuviera escuchando cuando escribí el cuento. Se trata de “Blue”, perteneciente al disco “Ultraviolet” de Ed Alleyne-Johnson (un virtuoso del  violín eléctrico). 

Aquí os dejo un enlace a la pieza en Youtube. Probad, probad a leer el cuento de noche, con tan poca luz como sea imprescincible para distinguir las letras y con “Blue” sonando en bucle de fondo. Si pudiera ser sentados en una losa de algún cementerio antiguo durante la noche de difuntos ya sería la leche, pero tampoco quisiera cargar en exceso las tintas… ¡que aún espero que me compréis unos cuantos libros!

Por último, existe una excepción importante a lo que os he comentado sobre no relacionar mis textos con una canción en concreto. Se trata de “La mirada de Pegaso” (la novela corta) y “When the wild wind blows”, the Iron Maiden (en su último disco, “The final frontier”). Era inevitable. Casi tengo la impresión de que los chavales esos ingleses compusieron adrede su banda sonora (aunque luego, para despistar, metieran un par de referencias a un invierno nuclear). Juzgadlo vosotros mismos y ya me contáis.

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~ por Sergio en septiembre 11, 2011.

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