Quousque tandem abutere patientia nostra?

No sólo de literatura fantástica vive el lector impenitente. Entre mis vicios paralelos se cuenta la novela histórica, género al que está dedicada una porción minoritaría (pero significativa, un poco más de un centenar de títulos) de mi biblioteca. A decir verdad, se me antoja muy parecido a la ciencia ficción que cultivo (la variante dura o científicamente rigurosa). En ambos casos se pretende entretejer una historia plausible, tendiendo puentes especulativos entre hitos preexistentes y (mayoritariamente) intocables.

Dentro de un campo tan amplío, es lógico tener unas inclinaciones específicas, y en mi caso apuntan hacia Roma (aunque no le hago ascos a ningún escenario de la antigüedad clásica). Pero enfocando ya el propósito de esta entrada, debe denotarse que en la larga historia de la República  romana (y luego, claro está, del Imperio) existen períodos más o menos atractivos, concentrándose las obras en los primeros. En particular, el que quizás sea el período más fascinante de la historia abarca unos veinticinco años del período tardorrepublicano, entre más o menos el 70 a. C. y los idus de marzo del 44 a. C., fecha en que Julio César fue asesinado de veintitrés puñaladas (aunque no lo bastante pronto como para prevenir el fin de la república).

Aquel período y lugar reunió la que posiblemente sea la mayor concentración de hijos de puta de alto nivel que han conocido los siglos. La ambición desmedida enfrentó a personajes como Julio César, Cicerón, Pompeyo, Craso, Clodio o Catilina en una batalla brutal, que devoró sin contemplaciones casi cinco siglos de tradición y abocó a Roma hacia la dictadura (e impulso una política expansionista desenfrenada. Leer sobre ese período, aun a través del filtro amortiguador de la ficción, constituye un ejercicio no apto para depresivos, porque si algún reflejo podemos encontrar en la historia de nuestra situación actual son aquellos años (que no fueron agradables de vivir para el común de los mortales).

Los paralelismos son obvios. Una panda de cabrones integrales estaban dispuestos a sacrificarlo todo y a todos en aras de su beneficio personal. En aquel momento el dinero constituía un medio para obtener poder político y en la actualidad el lograr mangonear la política (y a un grupo de peleles que se hacen llamar políticos) es un medio para satisfacer una avaricia sin límite, pero en esencia el conflicto es el mismo, y los medios utilizados para mandarlo todo a la mierda también.

Debería ser materia obligatoria de estudio (pero claro, los planes de estudio los diseñan Ellos, así que, sólo para asegurarse, toca hundir la enseñanza, que una población analfabeta funcional es mucho más manejable). Tal y como están las cosas, tan sólo queda observar con impotencia cómo se dictan leyes a medida para favorecer siempre a la misma casta patricia, mientras con la otra mano se reparten caramelos envenedados (pagados con el dinero público, claro) para mantener callada a la plebe. Si en el proceso se destruyen las semillas de un futuro digno, mala suerte. Y si alguien alza la voz se intenta fagocitar o se le proporciona una espada para que se suicide sin molestar demasiado (ahí está uno de los personajes más fascinantes del período, Marco Porcio Catón “el joven”, quien, tras fallar en su primer intento con un cuchillo, esperó a que le curaran y le dejaran solo para reabrir la herida y  sacarse los intestinos con sus propias manos).

Casualmente, las fuentes históricas son abundantísimas. Todos esos malnacidos estaban enamorados de su propia sombra y gustaban de darse coba (o que se la dieran, si sus habilidades literarias no daban la talla). Eso sí, todos y cada uno de los textos que han sobrevivido son tendenciosos pues todos ellos tienen una intencionalidad política o cuanto menos panegírica (y, por supuesto, hay traiciones que no se confían ni a la propia memoria); así que, aun disponiendo de una cronología bastante precisa de acontecimientos, las razones subyacentes dan juego a la interpretación y al juego literario.

Cada autor, por supuesto, deja entrever sus filias y sus fobias a la hora de proponer sus interpretaciones, pero mejor para nosotros, que nos da una excusa para leer una y otra vez sobre los mismos acontecimientos, adquiriendo quizás en cada ocasión un poco más de iluminación.

Todo esto viene motivado por la lectura de “Conspiración”, la segunda parte de la trilogía que Robert Harris dedica a la figura de Marco Tulio Cicerón (nota al margen: Nos quejamos en ocasiones, y con razón, de ediciones descuidadas en literatura fantástica, pero en todas partes cuecen habas; esta novela la edita Random House Mondadori, con una tirada que seguro que ha sido varias veces superior a aquellas a disposición de la pequeñas editoriales fantásticas, y la traducción es horrorosa, necesita los cuidados de un buen corrector de estilo y, para mayor escarnio, está plagada de erratas). La obra narra el lustro (su título original es, de hecho, “Lustrum”), que media entre el inicio del consulado de Cicerón y su expulsión de Roma por culpa del populista Clodio. Este lapso incluye el golpe de estado abortado de Catilina, la formación del primer triunvirato de César, Pompeyo y Craso y el ascenso al poder del agitador populista Clodio (inventor de la fórmula de comprar al pueblo repartiendo sin necesidad de acreditar ningún mérito comida gratis a costa de los ingresos del estado… una práctica en pleno auge hoy mismo, junto con el clienterismo, que era también la base del entramado político romano).

Es una novela interesante, aunque no tan buena como “Imperium”, la primera entrega, que narra el ascenso al poder del abogado (otro de los inventos que tenemos que “agradecer” a los romanos, junto con el concepto antidemocrático de “político profesional”… que hacían uso de los abogados, igual que ahora, para atacar a los contrarios y librarse al mismo tiempo de pagar las consecuencias de sus desamanes). Harris se muestra bastante imparcial con su personaje, retratándolo con luces (genial y razonablemente íntegro) y sombras (ambicioso, prepotente y timorato), dejando más mal parados a sus contrincantes políticos (primero Craso, a continuación Catilina, luego César y finalmente Clodio… aunque se reserva las palabras más duras para Cayo Julio César (el autor se apunta a la teoría de relacionar estrechamente a Craso y César con la revuelta de Catilina, aunque ante la falta de pruebas firmes tampoco pasa de la insinuación).

Para ayudar a completar la imagen mental de la situación propondré otros dos títulos (basta con leer cualquiera de ellos para comprender por qué la serie “Roma” me pareció patética a nivel de recreación histórica de las intrigas senatoriales). El primero de ellos es una de las mejores novelas históricas que he tenido ocasión de leer. Se trata de “El enigma de Catilina”, de Steven Saylor, dentro de su serie Roma Sub Rosa, centrada en el investigador Gordiano “el Sabueso”.

Al contar con un personaje principal inventado, posee más libertad para especular, y lo hace limpiando en parte el nombre de Lucio Sergio Catilina, ofreciendo de él una imagen más ambigua que la dibujada por su adversario político en las famosas catilinarias. La habilidad de Saylor reside en que, una vez concluida la novela, nos quedamos sin poder adjudicar claramente al insurrecto unas intenciones viles o nobles. Tal y como promete el título, nos encontramos ante un misterio oculto por dos milenios de verdades interesadas y posibles mentiras.

De la serie de Gordiano (entre lo que he leído), recomendaría sin dudarlo los libros impares (e igualmente insto a huir de los recopilatorios de relatos). “Sangre romana” trata sobre el primer caso importante de Cicerón, la causa contra Sexto Roscio por parricidio, y narra las averiguaciones al respecto de Gordiano en una Roma que tiembla sometida a los últimos años de terror de la dictadura de Sila (y que se erige en una protagonista más de una novela que tiene mucho de género negro). En cuanto a “Asesinato en la Vía Apia”, trata sobre las pesquisas del investigador para esclarecer el asesinato de Clodio, el patricio que se hizo adoptar plebeyo y conquistó a la muchedumbre a base de concesiones populistas y un discurso anti senatorial radical.

La relación de Gordiano con Cicerón va evolucionando del respeto profesional de “Sangre romana” a una oposición cada vez más definida hacia ese hombre nuevo aliado con la vieja aristocracia (en entregas posteriores, Gordiano abraza, quizás con alguna reticencia, la causa de César).

Por último, para quienes no se contenten con medias tintas, tengo que proponer la monumental obra de Colleen McCullough “Masters of Rome“, siete tochos de más de quinientas páginas que detallan (literalmente) todos los hechos que condujeron al fin de la República, desde el 1 de enero del 110 a. C. hasta el 16 de enero del 27 a. C., es decir desde el inicio del ascenso al poder de Cayo Mario hasta la consolidación de la posición de Octavio César Augusto tras la batalla de Actium.

En los años centrales, la secuencia de acontecimientso se describe, y no exagero, día a día (McCullough, neurofisióloga de profesión, recibió en 1993 un doctorado honorífico en historia por la profundidad de su investigación). En concreto, los acontecimientos también narrados en “Conspiración” se tratan en el cuarto tomo: “Las mujeres de César”, aunque con una perspectiva totalmente diferente. McCullough es fervorosamente procesariana, y presenta a todos sus adversarios políticos como inútiles, talibanes o ambiciosos (incluso para de puntillas por la rebelión de Catilina, sin dedicarle la menor importancia), al tiempo que justifica todos sus desmanes y violaciones de la costumbre romana  (el pobre chico no hace sino pelear por lo que en justicia le corresponde y que los  boni le niegan perversamente por pura envidia).

Teniendo en cuenta esta tendenciosidad (que se extiende por toda la serie, presentando siempre a la facción populista como la poseedora de la razón frente al inmovilismo de la rancia nobleza), se trata de una lectura absorvente, que muestra en toda su mareante complejidad el entramado de poder, y revela, aun en contra de su voluntad en ocasiones, las claves del desmantelamiento de la República de Roma y la pérdida de libertad de sus habitantes (que, a su vez, sentó las bases para la caída del propio Imperio unos siglos después, al erigirlo sobre cimientos carcomidos).

Lo dicho, tan real como la vida misma… Por desgracia.

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~ por Sergio en septiembre 5, 2011.

12 comentarios to “Quousque tandem abutere patientia nostra?”

  1. Justamente hace como un lustro que he caído en la novela histórica en general, y en este período en particular. Me ha absorbido por completo. Es tanto lo que explica de lo que ocurre hoy, y como dices, es tanto (sucesos, personalidades… ) lo que se reúne en ese período.

    Siento especial debilidad por Cicerón, y por sus contradicciones (llegué a dedicarle un relato). Igualmente, parte importante de lo que sabemos de aquel período se debe a su correspondencia con su amigo Ático y otras personalidades, que su esclavo Tirón tuvo a bien conservar. También a él le debemos el intercambio dialéctico entre letrados como obra dramática que tanto se lleva ahora (lo que me recuerda un documental de la BBC que recrea el caso de Cicerón y Roscio a partir de la transcripción de su discurso y otras fuentes).

    Para una mirada imparcial a su vida (y a la época a través de ella) te recomiendo la biografía de Anthony Everitt.

    La serie de Roma flaquea en guión porque es esencialmente un culebrón de los Claudia, y las intrigas senatoriales deslucen porque detrás se nota la influencia de su productor John Millius y su habitual ensalzamiento del soldado de infantería y denigración del político y neuras suyas similares. En lo que sí barre al resto de competencia televisiva de la misma temática es en los atrezzos: aplica el color que corresponde y que ya no se ve en cuanto se conserva de la época, y también muestra la baja Roma y no sólo mármol y uvas: las zonas pobres llenas de heces y pintadas, y la urbe desordenada.

    Tomo nota de la trilogía de Robert Harris, no la conocía.

  2. Cierto, la serie “Roma” era excepcional en cuanto a ambientación. Captaba perfectamente la ciudad al completo (no sólo el Foro, sino también la Subura). La historia… en fin, creo que se trató más de una supersimplificación (con el propósito, supongo, de atraer a las masas, a las que como todo el mundo sabe no les gusta pensar) que de auténtica intencionalidad moralista (ni punto de comparación con el enfoque de la serie de “Yo, Claudio” de la BBC).

    A decir verdad, dejé de ver “Roma” la primera vez que salió el personaje de Cicerón y se levantó en el Senado para pronunciar un discurso… Por favor, es un hombre que ha mantenido su fama de orador excepcional durante más de dos milenios. Al menos podrían haberlo intentado.

    Respecto a la trilogía de Robert Harris (aún le falta por publicar el tercer volumen), está narrada precisamente por Tirón (aunque lo trascriben como “Tiro”, al igual que utilizan “Sula” por “Sila”).

  3. Me alegra que un escritor como Mars sea un aficionado a la Antigüedad. (Aquí irían elogios por su “Rayo Verde en el ocaso” que acabó de leer y me ha traído hasta aquí).

    Yo soy también un aficionado a Roma, por estudios (Historia) y afición (reconstruccionismo), lo que me ha llevado a denostar bastante la novela histórica como fuente de conocimiento de una época y, sobre todo, a los autores que pretenden contarla con minuciosidad imposible y engañosa, como McCullough.
    Si se quiere conocer a Cicerón y a su época lo mejor son sus cartas, discursos y obras filosóficas. Sin olvidar a Salustio y Plutarco, claro.
    He leído mucha novela de esta temática, hasta el hartazgo, y con el tiempo prefiero decantarme por los autores más literarios y centrados en su visión de los personajes, como Warner y Graves, que en la laboriosidad de la reconstrucción de los hechos o ambientes, que no es más que pura subjetividad basada en la interpretación personal del escritor… normalmente buscando retratar la “mentalidad de la época”, pero careciendo de conocimientos históricos apropiados. Con esto de apropiados me refiero a la base mínima que se estudia en la carrera, que la Historia lo es. Y que evita que acabes diciendo cosas como “mentalidad de la época” ;-)
    Mucho yuyu cuando un escritor pretende eso y se las da de conocedor.

  4. En mi caso, la ignorancia es una bendición, pues me permite centrarme en la novela histórica como género literario con una libertad que en la ciencia ficción me está vedada (ahí siempre estoy sacándole cinco pies a la ciencia). Lo que me atrae, sobre todo, es la complejidad y aleatoriedad de la “realidad”. En la ficción pura, a menudo, las causas y las consecuencias se disponen con excesiva claridad, los planes no se improvisan sobre la marcha y los golpes de efecto del destino se antojan demasiado premeditados. La novela histórica, con todos sus defectos, se construye sobre acontecimientos que no pueden obviarse (aunque sí puedan ser deformados), y eso impone cierta cualidad muy particular (que sólo he encontrado también en la novela negra de James Ellroy).

    De McCullough me molesta su enamoramiento de César (no ayuda el que yo, personalmente, desprecie a ese monstruo ambicioso), que le lleva a justificarlo de las formas más peregrinas, pero su relato del ascenso al poder de Mario y Sila, la guerra civil entre ellos y el reinado de terror del último (los dos primeros libros y buena parte del tercero) me encanta.

    Algo parecido le ocurrió también a Graves con “Claudio el dios y su esposa Mesalina”. Perdió el rumbo al intentar justificar las decisiones de gobierno de Claudio como fruto de una dejadez “premeditada” (eso sí, “Yo, Claudio”, es una maravilla).

    PD: Por cierto, ahora que no nos lee nadie, si te gustó “El rayo verde en el ocaso”, “La mirada de Pegaso” ya es la leche.

  5. ¡Apasionante Roma! Acabo de estar allí una semanita, empapándome de su fascinante pasado, y todavía estoy flotando en una nube…

    A mí la serie “Roma” sí me gustó mucho, al menos comparándola con el 95% de series y películas que se han hecho sobre la época; me pareció muy bien ambientada y bastante creíble.

    En cuanto a tus recomendaciones sobre libros ambientados en el S.I a.C., ya sabes que yo soy hombre de escaso tiempo libre y lento para leer, así que, si tuvieras que recomendarme un solo libro de esta temática que fuese a la vez riguroso y entretenido, ¿cuál me aconsejarías?

  6. Hola, Juan. Ahí, ahí, generando envidia…

    De los comentados, el mejor libro (como obra literaria) es “El enigma de Catilina”, aunque tampoco está de más en su caso conocer al personaje de Gordiano a través de las entregas anteriores de la serie. La serie de Robert Harris se centra un poco más en los acontecimientos históricos (desde la perspectiva de Cicerón, claro). La serie de McCullough son varios tochos de más de mil páginas, así que descartada. De todas formas, si no te importa pasar al siglo siguiente, mi primera recomendacíon sería “Yo, Claudio”, de Robert Graves (abarca el final del reinado de Augusto y los de Tiberio y Calígula).

  7. llevo un tiempo iniciandome en la novela historica y el mejor autor que he leido es sin duda Bernard Cornwell, aunque sobre Roma ha escrito mas bien poco y tangencialmente, su especialidad son las invasiones germanicas de la Britania abandonada por los romanos, la trilogia de El señor de la guerra, magnifica, para la pagina especializada hislibris, la mejor obra de novela historica despues de Yo, Claudio de Robert Graves y sobre las invasiones vikingas, saga Sajones, vikingos y normandos, que tengo pendiente de leer, la verdad es que prefiero el periodo de la decadencia del imperio romano y la epoca de las invasiones barbaras, tambien la edad media, saga de Los reyes malditos del frances Maurice Druon, una de las influencias de George RR Martin para Cancion de hielo y fuego y la novela que estoy leyendo ahora, La orden de Tim Willocks, sobre el asedio turco de Malta en 1565, por cierto Willocks es considerado uno de los autores actuales mas howardiano, de Robert E Howard, por sus descripciones de las batallas y la epica que transmite esta novela

    un autor que no me ha gustado nada es el aleman Gisbert Haefs, tambien muy alabado en hislibris pero que para mi es nefasto, pretencioso y aburrido, a lo mejor a ti su estilo te gustaria quien sabe, ha escrito sobre Anibal y Julio Cesar, la que lei Troya me quito las ganas de seguir con su obra, aunque en Alemania es bastante popular por sus novelas historicas y de serie negra no ha sido traducido al ingles, lo cual puede ser un indicador

    tambien decirte que seria incapaz de leer una novela de esas que a ti parecen gustarte de serie negra en un periodo historico determinado, para mi seria un hibrido sin demasiado interes y es que la verdad la serie negra es uno de mis generos menos favorito

  8. Me dejé las Crónicas del Señor de la Guerra en el segundo volumen. El primero muy interesante, con una visión del ciclo artúrico bastante curiosa (y coherente con la época). El segundo, sin embargo, se me atragantó, porque transformó la historia de fondo en un folletín insoportable. Tampoco terminé “Stonehenge”. Se ve que no conecto con el autor (no he leído ninguna de su serie sobre el fusilero Sharpe).

    De Haesf he leído “Aníbal” y “Alejandro Magno”. Dos tochos muy, muy detallados (hasta el punto de saturar por momentos). Guardo bastante buen recuerdo de “Aníbal”, aunque soy plenamente consciente de que no es plato para todos los gustos. Su versión de la guerra de Troya la tengo en la biblioteca, pero aún no me he metido con ella. La que está arrasando es la trilogía de David Gemmell sobre los Guerreros de Troya (por ahora sólo se han publicado los dos primeros volúmenes en español: “El arco de plata” y “El escudo del trueno”).

    En cuanto al híbrido de novela negra e histórica… se puede hacer bien y se puede hacer mal. En el primer caso estaría la serie de Steven Saylor, que no sacrifica una faceta en favor de la otra. Bastante menos rigurosa es la serie de Marco Didio Falco de Lindsey Davis, que a la larga cansa (aunque como lectura ligera sirve en un caso de apuro). La novela negra es un género muy urbano y bastante cínico, y Roma se presta a ello. “El nombre de la rosa” también tiene mucho de novela negra, y ello no impide que sea rigurosamente medieval.

  9. creo que David Gemmell dejo inconclusa la serie de Guerreros de Troya al morir, no? no lo he leido pero tengo entendido que su estilo es diametralmente opuesto al de Gisbert Haefs, epico e intenso uno y soporifero y pretencioso el otro, una de sus mejores sagas sobre Alejandro Magno, no estoy muy seguro pero creo que se titula Lion of Macedon esta inedita en castellano

    de los autores españoles de novela historica que opinas? la verdad es que despues de leer un par de obras de autores españoles, de ambientacion antigua me he dado cuenta de que de lo meramente correcto los autores españoles no pasan… has leido algo de Santiago Posteguillo suena mucho pero no se si sera interesante leerlo…

  10. David Gemmell dejó inconclusa la tercera novela al morir, pero fue completada por su mujer y, de hecho, Edhasa adquirió los derechos de las tres. El porqué no publica de una vez la última es un misterio (hasta hay un grupo de Facebook haciendo fuerza para que se complete la serie).

    No he leído mucho autor español en novela histórica. Por ejemplo, Posteguillo no me llama (las referencias que tengo no son demasiado alentadoras). Tampoco he leído nada de Antonio Cabanas (que se dedica a la novela sobre Egipto desde el éxito de “El ladrón de tumbas”; tengo en la estantería pendiente su segundo título, “La conjura del faraón”), ni de Jesús Sánchez Adalid (que es el principal nombre si nos vamos a la edad media, aunque una vez más tengo pendiente en la estantería “El mozárabe”).

    Referencias buenas tengo unas cuantas. Está, por ejemplo, “Salamina”, de Javier Negrete, de la que se habla muy bien. Otras opciones serían “Valentia” de Gabriel Castello Alonso (sobre la ciudad de Valencia en tiempos de Sertorio) o “La conjura de la mentira” de Ramiro Ribas Narváez, sobre la defensa de Cartagena de Indias por parte de Blas de Lezo. Y, por supuesto, puedo recomendar sin reservas “Ladrones de tinta” del Alfonso Mateo Sagasta (sobre el mundillo literario de nuestro Siglo de Oro, una gozada; su continuación “El gabinete de las maravillas” no es tan buena, pero se habla muy bien de la anterior, “El olor de las especias”).

    Lo cierto es que durante los últimos años hay bastantes autores españoles sacando con fuerza la cabeza en el género. Ojalá en literatura fantástica alcanzásemos ese reconocimiento.

  11. fijate como los autores de c/f se pasan a la novela historica Javier Negrete con Salamina o Rafael marin con Juglar, parece como si en ese terreno hubiese mas futuro…

  12. “Juglar” es fantasía histórica pura y dura. El que sí se ha pasado definitivamente a la novela histórica es León Arsenal (sobre todo desde el premio que recibió por “La boca del Nilo”). En cuanto a Negrete… Qué se le va a hacer, seguro que la novela histórica sale más a cuenta (aunque yo, personalmente, me siento más inclinado hacia su obra inicial de ciencia ficción, como “Estado crepuscular” o “La mirada de las furias”; es menos depurada, desde luego, pero no acabo de conectar con los últimos libros que le he leído).

    Desde luego, cualquier terreno tiene más futuro que la literatura fantástica. Si estamos en esto es por vicio (y si lo que nos van son subgéneros tan microminoritarios como la cifi hard, ya ni te cuento lo depravado que hay que ser).

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