Apocalipsis Island: Misión África

La saga de Apocalipsis Island, publicada por Dolmen Editorial como uno de los puntales de su Serie Z, presenta unas características muy peculiares. Dos autores, una historia que examina alternativamente dos brotes zombi (el original de 1985 y un segundo, que se inicia en Mallorca, fechado en enero de 2010) y una mezcla entre tradición (escenarios y situaciones) e innovación (en la concepción del muerto viviente). La principal pega de esta aproximación, ideal por otro lado para fidelizar a los lectores, es que nos encontramos con una serie de libros autorreferenciales, en los que el neófito puede perderse con facilidad. Tal posibilidad se evitaba bastante bien en Orígenes, pues se trataba de una precuela (examinaba el brote de 1985), pero “Misión África” es una continuación directa del título original (escrito, al igual que éste, por Vicente García), que busca además establecer conexiones entre acontecimientos que quedaron un tanto en el aire (y preparar el camino para una fusión de las líneas argumentales), así que la dependencia de conocimientos previos es máxima.

Al arrancar la acción, nos encontramos con Marc y Tony, los protagonistas de “Apocalipsis Island”, abandonados en algún punto de la costa norteafricana, escapando de una horda de zombis, que los persiguen con tesón inquebrantable, dirigidos por algún sentido misterioso. Como peculiaridad, Marc, un científico especializado en el estudio de los muertos vivientes, por algún motivo que no explica en el libro (aquí hubiera sido de agradecer una pequeña recapitulación, para que incluso los familiarizados con la historia tuvieran claros los antecedentes) es él mismo medio zombi, condición ésta que jugará un papel crucial en la trama.

Los dos amigos se ven obligados pues a huir por un territorio desértico, a través de un continente que veinticinco años atrás fue abandonado a su suerte, con la construcción de un muro cerca del Canal de Suez para evitar que los más de mil millones de zombis africanos invadieran Asia y Europa. En el transcurso de sus aventuras, se tropezarán con diversos asentamientos que sobreviven como pueden, olvidados por todos salvo por los ricachones con ganas de vivir experiencias intensas. Entre estos nos encontramos situaciones que resultarán familiares a los aficionados a la ficción (especialmente cinematográfica) en torno a los muertos vivientes, con el común denominador de la ausencia de normas externas, lo que puede dar origen a cualquier tipo de aberración social (de viejo o nuevo cuño).

Por si fuera poco, los protagonistas descubren que los zombis africanos han evolucionado en cierto sentido. Son (algo) más ágiles, más gregarios y poseen unos sentidos más finos que sus iguales eliminados años ha de los países más avanzados. También son muchos, una marea inmensa que se cierne amenazadora sobre el mundo. Incansable, imperturbable, con un único propósito del que ni siquiera es consciente: salvar cualquier barrera que se interponga en su camino y aniquilar a los vivos. Los paralelismos con la actual situación de hambruna en el cuerno de África y la actitud de los gobiernos del primer mundo, más preocupados por rescatar banqueros y por el diferencial de deuda que por cualquier catástrofe humanitaria más allá del muro (informativo en vez de físico, pero igual de infranqueable) son evidentes. Por desgracia, la novela apenas profundiza en esta faceta.

A decir verdad, la ausencia de un enfoque sólido lastra la historia, que oscila entre diversos focos de atención (el arriba mencionado, la evolución de los zombis, los errores militares o diplomáticos, la degeneración social, la transformación de Marc, la continuidad de la saga, el planteamiento del conflicto que impulsará futuras entregas…) sin terminar de explorar ninguno a fondo. De igual modo, los personajes resultan un tanto planos (cuando no directamente odiosos, pero eso ya es una apreciación personal). En ningún momento llegan a transmitir siquiera una lógica urgencia, un temor o una esperanza que no resulten estereotipados. Mejor caracterización presentan las diferentes escenas (aun sin alcanzar niveles de tensión elevados). Por desgracia, la relativa aleatoriedad de su aparición (incluso con digresiones temporales o de ubicación que despistan un poco) les resta impacto.

“Apocalipsis Island: Misión África” es un producto muy dirigido a una población lectora específica (aun más restringida por la necesidad de conocer la historia previa). Correcto a grandes rasgos (quizás haya algún aspecto, como la travesía del desierto por parte de los protagonistas sin preparación alguna, que peque de inverosímil), pero carente de los elementos necesarios para revestirse de un impacto emocional que le permita trascender su género y resultar satisfactorio para un público más general. Los ingredientes están ahí, pero no terminan de alcanzar todo su potencial.

Agradezco a Dolmen Editorial el envío de un ejemplar de “Apocalipsis Island: Misión África” para su reseña en Rescepto.

Otros libros de la misma saga reseñados en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 21, 2011.

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