Némesis

El buen momento (relativo) que está viviendo la novela fantástica escrita originalmente en castellano (a costa de la debacle absoluta del cuento… no se puede tener todo), no podía ignorar los precursores que mantuvieron encendida la llama durante la considerada “travesía por el desierto” de los 90. El número de títulos de autor español que lograban ver la luz hace entre veinte y quince años era minúsculo, casi testimonial. Como contrapartida, su impacto, por regla general, se hacía sentir con mayor intensidad. Un comentario habitual podía (y de hecho lo hacía) empezar por las palabras: “Si esta obra fuera anglosajona…”.

Damos un salto a principios de la segunda década del siglo XXI (ahora mismo, vamos) y tengo la impresión de que los lectores empiezan a pensar en otros términos (la inmensa mayoría de los editores no, pero bueno, ya irá cambiando el tema… o los editores). Este posicionamiento, que anima a juzgar las obras por sí mismas y no en términos comparativos (con tintes de asombro por que una novela española pudiera ser tan buena como cualquiera foránea), se percibe sobre todo en fantasía por motivos puramente circunstanciales (la tan manida crisis de la ciencia ficción), pero alcanza todas las vertientes del género. En estas circunstancias, es de recibo recuperar (y homenajear) este legado de que hablaba (máxime cuando las ediciones originales son prácticamente inencontrables). En los últimos tiempos hemos podido disfrutar de nuevo, por ejemplo, de reediciones de “Mundo de Dioses”, “Gabriel” (aquí nos vamos a un “ancestro” más antiguo) o el ciclo de Drímar. Ahora le toca el turno a una pareja imprescindible dentro de la historia de la ciencia ficción española, el dúo Aguilera-Redal, empezando por “Némesis”, que no es sino la reescritura ampliada de “El refugio”, premio Ignotus de novela en 1995.

Si algo caracterizó la obra conjunta de estos dos escritores fue el atrevimiento a la hora de plantear escenarios. Así pues, sin llegar a la escala apabullante del Cúmulo Globular Akasa-Puspa, nos encontramos en “Némesis” (a partir de ahora haré referencia exclusivamente a la versión moderna de la historia) un panorama que por momentos quita el aliento. En los años 60 de este siglo, la humanidad ha empezado su expansión por el Sistema Solar. Las estaciones orbitales son cosa común, en los mares sobreexplotados los buzos comparten trabajo con los delfines (cuya inteligencia ha sido reconocida y cuyo lenguaje ha sido descifrado) y Marte alberga una población colonial significativa. Precisamente en este planeta, el padre jesuita Jacobo Kramer realiza un descubrimiento extraordinario: cuatro pirámides titánicas, erigidas y aparentemente abandonadas seiscientos millones de años atrás, cuando en la Tierra la vida se circunscribía a las poco diversas poblaciones marinas precámbricas.

Por desgracia, la humanidad dispone de muy poco tiempo para asimilar esta noticia. Procedente del negro espacio más allá de las órbitas planetarias, se verifica un ataque brutal contra los asentamientos humanos (por medios que me reservo), que aniquila por completo la vida en la Tierra, dejando a la raza humana reducida a unos pocos miles de individuos, distribuidos por la Luna, Marte y alguna nave espacial en tránsito, de los cuales, para más INRI, aproximadamente el 70% son religiosos (jesuitas, dominicos, franciscanos, clarisas), pues la dureza y ascetismo de la vida en los hostiles territorios ultraterranos exige de un sacrificio y una disciplina que sólo se encuentran en las viejas órdenes monásticas.

La búsqueda de respuestas (e incidentalmente de venganza), moviliza los limitados recursos residuales. Pero, ¿qué puede la joven y desamparada humanidad, enfrentada a su extinción, contra un poder que ya reorganizaba el Sistema Solar a su antojo cuando en la Tierra ni siquiera se había inventado todavía el esqueleto interno? Por suerte, existen ventajas imprevistas. Las pirámides marcianas ocultan en su interior un tesoro biotecnológico que quizás ayudará al ser humano a combatir la amenaza y redescubrir, en el proceso, demoledoras verdades acerca de la jerarquía del universo y de su propio origen.

“Némesis” constituye una partida de dados en la que a cada envite se suben las apuestas. La formación como biólogo de Javier Redal se deja notar en el inusual atrevimiento de la especulación genética y evolutiva (por tradición, la ciencia ficción ha apuntado más a la física e incluso a matemáticas). Por otra parte, Juan Miguel Aguilera explica en la nota aclaratoria final que su principal interés a la hora de abordar la reescritura de “El refugio” (aparte de actualizar proyecciones desfasadas) ha sido analizar las reacciones de la humanidad ante su casi extinción y prestar atención a las profundas consecuencias sociológicas y psicológicas de este acontecimiento.

No puedo señalar cuán diferentes son las versiones de 1994 y 2011, pues jamás llegué a leer aquélla. Tan sólo puedo apuntar que el éxito de la reescritura se me antoja sólo parcial, pues ya mientras estaba leyendo la novela, antes de llegar a la nota explicativa, me parecía un tanto apresurada, como tratando de abarcar demasiados temas en insuficiente espacio (lo cual, secundariamente, le hace perder en ocasiones el enfoque). La especulación biológica, por ejemplo, precisa de una progresión constante que se ve truncada por interludios sociológicos (que no cuentan, por su parte, con suficiente cancha para pasar de una concatenación de hitos). Por añadidura, ciertos conceptos y desarrollos se mantienen desfasados (por ejemplo, las técnicas de análisis genético, que en diecisiete años han adelantado una burrada, o el origen de los cordados, que se ha retrotraído a un animalejo encontrado en los esquistos de Burgess, el pikaia; aunque también memes como el planeta destruido que supuestamente dio origen al cinturón de asteroides). En justicia, se trataba de una tarea casi imposible.

Son detalles que quizás no detecten todos los lectores y que no menoscaban de forma apreciable el disfrute de la novela. La visión de Aguilera y Redal sigue ofreciendo momentos de auténtico pasmo, con implicaciones no aptas para timoratos. La obra posee además la virtud añadida de enlazar con el universo especulativo de ambos autores, ya sea en su obra conjunta (el ciclo de Akasa-Puspa) o su producción posterior (por ejemplo, de lo que he leído, el tríptico “La locura de Dios”, “Rhila” y “El sueño de la razón”).

Agradezco a Grupo Editorial AJEC el envío de un ejemplar de “Némesis” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

Otras obras de Juan Miguel Aguilera reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 19, 2011.

Una respuesta to “Némesis”

  1. […] Rescepto indablog se pueden leer reseñas de Némesis, de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, y Rebelde del mundo de día, de Philip José Farmer. […]

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