La cosecha de Samhein

El año 2009, como gran apuesta de Alfaguara, se publicó la primera entrega de “El ciclo de la Luna  Roja”, “La cosecha de Samhein”, en edición de lujo, dispuesta a comerse el mercado. Dos años después, José Antonio Cotrina, su autor, se ha visto obligado a buscar una editorial alternativa en la que sacar el tercer volumen, para no dejar en el aire la historia y contentar a los lectores (en número significativo, aunque insuficiente, al parecer, para satisfacer las altas expectativas iniciales). En breve, pues, debería anunciarse la salida de “La sombra de la luna” (el segundo volumen se tituló “Los hijos de las tinieblas”). Por lo pronto, aquí estoy, dispuesto a abordar el análisis del primero. No esperéis, sin embargo, que descubra por qué no terminó de conectar con el público, cuando todos los meses triunfan series carentes por completo de calidad e imaginación. Tratar de encontrarle sentido al mundillo editorial bastaría para volver loco a cualquiera… y no digamos ya si albergas la esperanza algún día de llegar a abrirte paso por él.

La narración arranca una noche de Halloween, en la que Hector, un adolescente estadounidense de quince años, recibe la visita de un misterioso enano, quien entre verdosas volutas de humo de tabaco le convence para acompañarlo a Rocavarancolia, un reino mágico donde, así le promete, le ayudarán a desarrollar el poder latente que lleva dentro, a cambio de que él preste allí sus servicios durante un año, hasta la próxima noche de Samhein, cuando se le ofrecerá la posibilidad de regresar a casa. El chaval acepta y, desde el mismo instante en que planta su firma en el contrato, las cosas empiezan a torcerse y se pone de manifiesto que nada será tan bonito y sencillo como le ha sido pintado.

Lo cierto es que, pese al innegable oficio, este inicio no es nada prometedor. Me reservo varios detalles, pero lo indicado basta para comprobar cómo se alimenta de todos los tópicos del manual. Si añadimos una actitud rebelde (light), un físico torpón y el inusitado calibre de su poder potencial, tenemos todos los mimbres para la típica sublimación de traumas adolescentes (vamos, en plan, tienes razón, eres raro, pero tranquilo, que en el fondo eres la leche y estás destinado al éxito… al que te llevarán en volandas mientras no dejas de quejarte). Entonces Hector se despierta en Rocavarancolia, junto con otros once zagales (entre trece y dieciséis años), y toca replantearnos un par de cositas.

Cotrina ya demostró en “Las fuentes perdidas” su enorme capacidad para tejer universos fantásticos sugerentes. Aquí dibuja una ciudad en ruinas, plagada de trampas y peligros ignotos y regida por un consejo de monstruos, más preocupados por intrigar entre ellos que por recuperar un esplendor que ya consideran irremisiblemente perdido. Los niños, procedentes de diversos países y con distintos sustratos, constituyen la cosecha de ese año. Si alguno sobrevive, dejados a su suerte en un mundo del que por no conocer no conocen siquiera las reglas que lo gobiernan, hasta el advenimiento de la Luna Roja (evento para el que restan un par de cientos de días) quizás pueda darse un quiebro a la desesperada situación. Pero claro, nadie alberga demasiadas esperanzas al respecto. Al fin y al cabo, en treinta años ningún chaval ha conseguido aguantar tanto tiempo.

La narración se organiza en torno a dos núcleos. Por un lado, asistimos a las vivencias de Hector y el resto de jóvenes mientras traban contacto con la oscura y cruel naturaleza de Rocavarancolia (once de ellos formando piña y otro, que se mantiene durante todo el libro en segundo plano, yendo a su bola). Por el otro, somos testigos de excepción de las maquinaciones (algunas de ellas involucrando a los niños de la cosecha) de los miembros del Consejo, espoleados por el inminente deceso del actual regente, que dejará un vacío de poder codiciado por diversas facciones.

El aspecto más destacable de la novela es sin duda su ambientación magistral. Rocavarancolia traspira magia (oscura), evoca maravillas largo tiempo ajadas y anticipa magnos eventos por acontecer (en las dos entregas posteriores). De igual modo, los miembros del Consejo, monstruos de Halloween despojados de su vanalización festiva, arquetipos del horror con su dignidad restaurada, pero imbuidos del mismo halo de decadencia que impregna la ciudad, adquieren una presencia amenazadora y patética (en el sentido clásico de despertar en el lector compasión por su tragedia… y repulsión por sus métodos).

No resulta tan acertado el retrato de los jóvenes, cuyo discurso y reacciones no se corresponden siempre con su edad. De igual modo, en ocasiones el autor reincide en los tópicos, como temeroso de alienar a un público acostumbrado al sota, caballo y rey de la fantasía juvenil de masas. Sin embargo, a renglón seguido, es muy capaz de pegar el mazazo y sorprender a propios y extraños con un giro inusitado (y generalmente cruel). Esta tendencia de poner alternativamente una vela a Dios y otra al diablo provoca una falta de definición que no favorece a la historia, lastrada también por un ritmo desigual (en realidad, se trata de un libro extenso dividido en tres partes, sin que el arco climático de esta primera parte haya terminado de pulirse como narración semi independiente).

Evidentemente, la obra no puede juzgarse en propiedad hasta estar completa, por lo que cualquier conclusión en este punto sólo puede ser parcial. Basta lo presentado, sin embargo, para proclamar, flaquezas y todo, la extraordinaria calidad de “La cosecha de Samhein”. Incluso si prescindimos de la ambientación, la trama a grandes rasgos resulta absorbente, e incluso (matizando lo expuesto) hay tópicos a los que conviene no aferrarnos demasiado, no sea que se nos desmenucen entre los dedos (Hector no es un Elegido, por ejemplo; posee potencial, pero no certidumbre de grandeza).

Enlazando, pues, con mi párrafo introductorio: no lo comprendo. “La cosecha de Samhein” debería haber sido un exitazo (los puntos débiles que he consignado no son en modo alguno determinantes para su segmento natural de mercado). ¿Será por venir firmada por un José Antonio en vez de por un J. Anthony? ¿O será, como ya indiqué en cierta ocasión, que el éxito no es sino una función de onda, que tan pronto puede colapsar en un pico como en un valle sin que todas las razones del mundo alcancen a explicarlo?

Al menos nos queda el consuelo de que llegaremos a saber cómo concluye todo. Sería terrible quedarnos, como  ha pasado con “Las fuentes perdidas”, con la miel en los labios.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 15, 2011.

6 comentarios to “La cosecha de Samhein”

  1. Wau! Brillante reseña. Acabo de conocer tu blog por el pingback y he mas dejado fascinada por ese dominio para escribir Probablemente no coincidiremos en muchas lecturas y gustos pero me dejaré caer por aquí de vez en cuando. Al menos en este parece que estamos más o menos a la par, el ritmo y los tópicos son leves defectos que si bien a nosotros nos parecen poco no me sorprendería que a jóvenes acostumbrados a libros fáciles y rápidos no les entusiasme. Al menos eso creo yo porque sino yo tampoco logro explicarme como hemos pasado de una gran apuesta editorial a dejarnos sin la publicación del tercero.

    Por cierto, el ritmo en el segundo, desde mi punto de vista, mejora bastante :)

  2. Me inclino más a pensar que, si a algo puede achacarse la tibieza de la recepción comercial, habría que apuntar más bien a su originalidad que a los tópicos. El mercado juvenil es muy conservador.

    En cualquier caso, según la web del autor en breve tendremos noticias positivas sobre el tercer volumen. Yo, por lo pronto, voy poniendo al segundo en el radar.

  3. Sí, esa es otra opción. Hasta “ayer” seguían vendiendo los vampiros y salir de ese territorio era jugársela. Ahora mismo la tendencia son las distopías y la trilogía de Cotrina se vuelve a quedar fuera. Es una pena pero bueno, yo me alegro de que logre que el tercero salga en octubre y cruzo los dedos para que venda al menos una buena tirada de libros.

  4. Un buen libro. Estoy a la espera de leer esa tercera parte, porque decidí esperar a leer la segunda y la tercera seguidas, pues era tal la sensación de tener algo bueno en mis manos, que no podía esperar meses a saber de la continuación, y así, una vez las tres estén ya publicadas (tras la noticia de Jose Antonio de buscar esa nueva editorial), leerlas seguidas.

    Esta fue mi opinión en su día

    http://ociozero.com/10790/la-cosecha-de-samhein

    Un saludo Sergio

    Fer

  5. Yo tenía muy buenas referencias, pero entre que se aleja de mis preferencias habituales, la saturación de lecturas obligatorias y puras y simples cuestiones económicas (unido a la incertidumbre sobre su conclusión, que me habían llegado noticias sobre las ventas insatisfactorias), no le había hincado el diente hasta ahora. Por suerte, no quedará en el limbo. Es muy posible que tenga que esperar a otra conjunción planetaria favorable, pero la serie la concluiré sí o sí.

    Incluida tu reseña. De Ociozero sólo había localizado la noticia de la publicación.

  6. […]https://rescepto.wordpress.com/2011/08/15/la-cosecha-de-samhein/ […]

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