Anábasis (La expedición de los diez mil)

He aquí un libro inusual para ser reseñado en Rescepto. No se trata de una novela de género fantástico, más bien al contrario, pues podría considerarse tanto histórica como en parte autobiográfica. El caso es que, tras su lectura como parte del proceso de documentación para una novela (que quizás empiece a escribir un día de estos), he llegado a la conclusión de que pocas historias hay con mayor carga épica que la de Jenofonte y sus 10.000 camaradas (además de un número indeterminado de “acompañantes”, que bien podrían duplicar o incluso triplicar esta cifra en algunos momentos), aislados en el corazón del imperio Persa, a 3.000 kilómetros de Grecia, rodeados de enemigos declarados e indómitas tribus, sin conocimiento del camino, ni víveres, ni posibilidad de recibir auxilio, dispuestos a regresar a sus hogares aunque supusiera abrirse una ruta a sangre y fuego por lo que hoy conocemos como Oriente Medio.

Mas no soy historiador, así que poco tendría que añadir de valor a los artículos que pueden encontrarse por la red desde esa perspectiva, de modo que he optado por abordar la entrada como si de una reseña cualquiera se tratara, es decir, como libro de lectura (por atrevimiento que no quede).

“Anábasis” (“marcha al interior” en griego antiguo), publicada también bajo los títulos “La expedición de los diez mil” o “La retirada de los diez mil”, narra las vicisitudes del ejército griego reclutado (a medias con engaños, a medias por lealtad) por Ciro, el hijo menor de Darío II, en contra de su hermano Artajerjes II, rey de reyes persa. Tras una apresurada marcha hacia el corazón del imperio, tiene lugar la batalla en la llanura de Cunaxa, cerca de Babilonia, entre los ríos Tigris y Éufrates. Allí los griegos, una minúscula facción entre las ingentes tropas reunidas por ambos bandos, se distinguen en el combate, alcanzando por sí solos la victoria técnica, mas la muerte de Ciro en su enfrentamiento directo con su hermano hace que el resto de su ejército se disperse, dejando al contingente griego aislados en territorio enemigo.

Para empeorar la situación, sirviéndose de una falsa tregua, el rey aniquila a la mayor parte de sus generales y capitanes, dejando a los soldados a merced del desánimo. Ahí entra en liza Jenofonte, ateniense embarcado accidentalmente en la empresa, sin cargo militar oficial, que consigue organizar a los hombres y liderar, en inestable coalición con otros mandos, una retirada de 3.000 kilómetros de vuelta al hogar, superando peligros militares (tanto persas como tribus hostiles o ejércitos de los reinos que deben atravesar), naturales (ríos, montañas y la nieve del invierno) y disensiones internas.

Escrita por el propio Jenofonte años después de los acontecimientos referidos, la narración es muy prolija en ciertos detalles y más vaga en otros. Su principal interés radica en explicar qué y, sobre todo, por qué, dejando de lado el cómo, con una intencionalidad claramente apologética en ocasiones, sin pretender en ningún momento presentar distintos puntos de vista. Así pues, cobran más importancia las decisiones estratégicas y las embajadas diplomáticas que las acciones bélicas, cuya descripción suele limitarse a una serie de pinceladas generales, aunque de gran viveza.

La fuerza armada, consistente en su mayor parte por hoplitas (infantería pesada), es demasiado pequeña para avanzar sin oposición, pero lo bastante importante como para desestabilizar cualquier territorio por el que pasa (bien sea por pillaje de alimentos y esclavos, bien por alterar el equilibrio de poder, al aliarse ora con unos, ora con otros, en pos de ganar paso libre hacia el Mar Negro). A todo esto se añaden las envidias e intereses no siempre coincidentes de los griegos, un contingente heterogéneo de hombres libres y orgullosos.

A lo largo de la obra, suelen exponerse primero las dificultades, argumentos opuestos o complots, para dar paso a la solución, en la que a menudo participa Jenofonte, a veces aportando una alternativa de índole militar y en no pocas ocasiones pronunciando un discurso. Estos monólogos son muestras brillantes (y, evidentemente artificiosas) de oratoria, que tan pronto agasajan como lanzan veladas amenazas, triturando entre silogismos las posturas contrarias (Jenofonte fue discípulo de Sócrates). Es ahí, en los difíciles equilibrios por mantener el control e incluso la vida (amenazada tanto por potencias externas como por ataques personales), donde la Anábasis alcanza sus más altas cotas, desarrollándose como una lectura tan amena como absorbente.

Entre los lectores que a lo largo de los siglos (veinticuatro, nada menos) ha tenido la Anábasis, se cuentan grandes estrategas como Alejandro Magno (a quien inspiró y, dado su grado de detalle, llegó a servir de guía en su campaña de conquista del Imperio Persa décadas después), Julio César (al que sirvió de modelo para sus “Comentarios” a la guerra de las Galias, sobre todo por la inclusión del autor en la obra en tercera persona) o Napoleón. Asimismo, se erigió en arquetipo para las obras históricas militares. Ha inspirado a su vez varias novelas (como “La odisea de los diez mil” de Michael Curtis Ford o “El ejército perdido” de Valerio Massimo Manfredi) y, aunque no existe una versión cinematográfica directa, la historia fue adaptada a un contexto de tribus urbanas en “The Warriors: Los amos de la noche”, Walter Hill, 1979, basada en la novela de Sol Yurick).

Hoy en día sigue siendo un texto cercano. Si bien pueden sorprender ciertas características y recursos arcaicos (como la conclusión brusca), el conjunto no sólo es recomendable, sino imprescindible para cualquiera con un mínimo interés por la literatura épica.

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~ por Sergio en julio 28, 2011.

2 comentarios to “Anábasis (La expedición de los diez mil)”

  1. Esta sí que me la he leído, más por el interés por la literatura épica que porque fuera un texto histórico. Me resultó interesante y entretenida, pero hasta la fecha ninguno de los pocos textos clásicos que he leído me han gustado tanto como “La Ilíada” y “La Odisea”…

  2. Es que ahí estamos hablando de una de las cumbres (y cuna) de la literatura occidental. Uno de mis libros favoritos (top ten, o incluso podio), con independencia de género o época, es “La Odisea”.

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