El círculo de Krisky

La primera antología en solitario de cualquier autor se constituye, tanto si se quiere como si no, en una tarjeta de presentación. Consideradas a medias declaracion de intenciones, a medias trabajo de fin de carrera por los aficionados, lo cierto es que en su concreción intervienen infinidad de condicionantes, que hacen el proceso hasta cierto punto azaroso. Es por tanto debatible hasta qué punto sirve de baremo para calibrar al “nuevo” escritor.

Sea como sea, lo cierto es que en una antología de estas características no hay posibilidad de quedarse en segundo plano, arroparse en compañeros y confiar en la memoria selectiva de los lectores para magnificar los aciertos y enterrar los errores. La primera antología en solitario es una apuesta del todo por el todo. No es que el hipotético desastre vaya a arruinarte la incipiente carrera (tendría que ser realmente catastrófica), pero ya están bastante difíciles las cosas como para no entrar en la nueva habitacion con buen pie.

Lo cual nos lleva a “El círculo de Krisky”, el primer libro en solitario de Miguel Puente Molins (que es una antología, claro, si no hubiera malgastado dos párrafos para nada), con el que pisa fuerte y seguro, pasando con nota este anhelado (y un poco atemorizador) trago.

Lo que más me ha llamado la atención del volumen es su solidez. A menudo nos encontramos en casos parecidos con recopilaciones más o menos acertadas de viejos cuentos aparecidos en diversos medios, cuya interrelación no deja de ser un tanto tenue. No es así con este título. De los ocho textos que lo componen, tan sólo tres han sido publicados con antelación, y de ellos uno tan recientemente que (ateniéndonos a los plazos editoriales) pueden considerarse ediciones simultáneas. Los otros dos, “El extraño caso de Elías Fosco” y el que da título al conjunto, fueron reconocidos entre los mejores relatos fantásticos publicados en sus respectivos años por los comités seleccionadores de las antologías Fabricantes de Sueños 2007 y 2009. Esta circunstancia, en realidad, sería anecdótica, si no fuera por que todos los cuentos comparten algo mucho más importante que su condición de inéditos o reconocidos: un campo referencial bien definido.

Miguel Puente ancla su alma en el mito. No quiero decir que las historias se basen en tal o cual mitología (algunas sí), o que tengan vocación metafórica, sino que se nutren de la fuerza estética del lenguaje mítico. Lo transmutan de medio en fin.

A través de los ocho textos, de diversa longitud (personalmente, he encontrado más atrayentes los más largos), el hecho fantástico se nos presenta bajo sus ropajes tradicionales, aquellos bajo los que resulta instintivamente asimilable. No importa que el tono varíe entre una fantasía con tintes épicos y el terror contemporáneo de una leyenda urbana, ni que se haga uso de tonos tan dispares como la tensión y el humor; en el fondo todos manan de la misma fuente, una que ha estado aliviando nuestra sed (provocada por la aridez ocasional de una realidad que no podemos alterar) desde tiempos inmemoriales.

Se trata, además, de una obra cuidadosamente documentada, mucho más de lo que parece a primera vista. Los referentes son diversos, desde leyendas medievales a viejos mitos sumerios, pasando por homenajes más o menos explícitos a diversos escritores. Sin embargo, destacaría por su peso específico (al ser la base de dos de los mejores cuentos) y por su cercanía al autor, la tradición galaico-celta, esas narraciones tradicionales de una región donde no se cree en las meigas, pero haberlas haylas.

De igual modo, “El círculo de Krisky” nos presenta una realidad fantástica en la que no hace falta creer para saber, allá en un rinconcito rebelde de nuestro cerebro, que existe. Y que es importante. Tanto, quizás, como aprender a sumar, restar y multiplicar. Pues nuestros miedos y nuestras esperanzas no constituyen entidades materiales que podamos medir, pesar o analizar con las herramientas con que nos enfrentamos al mundo. La antología de Miguel Puente es una ventana abierta a esa otra faceta de nuestras vidas que el racionalismo primero y el positivismo después se empeñaron en enterrar.

Defiende el mito, la fantasía, como algo valioso en sí mismo, sin que necesite “servir para algo” o “significar” alguna otra cosa.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en julio 8, 2011.

5 comentarios to “El círculo de Krisky”

  1. Me ha encantado la antología, muy coherente en su línea de calidad, y sobre todo el de Elías Fosco y el de Los 7 Cuervos, son ese tipo de relatos que te llevarías a cualquier lado. El de los cuervos además es precioso.

    Fer

  2. Mis felicitaciones a Miguel por tan memorable publicación. Estoy de todos modos convencido de que su carrera literaria “profi” no ha hecho más que comenzar. Atentos todos a la progresión de este autor :)

  3. A mí me encantaron todos los relatos! Tiene talento innato y una fantasía infinita!!

  4. Muy acertada la reseña, Sergio. Hace un par de días me leí los dos relatos que me faltaban y no me ha podido quedar mejor sabor de boca.

  5. Me ha parecido un libro estupendo!
    Mis relatos favoritos han sido El extraño caso de Elías Fosco, el Psicosomático y El hombre sin nombre. El autor tiene mucho talento. A la espera estamos de más material para devorar Señor Puente Molins!

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