En la ciudad oscura

El segundo título de la nueva colección Arrakis Ficción de AJEC, al igual que su predecesor, “Las graves planicies“, corresponde a una obra que fue finalista de la VI edición del premio Minotauro (2009), aunque en este caso cuenta además con la firma de un veterano de la ciencia ficción española, Ángel Torres Quesada (A. Thorkent, Alex Towers). Eso sí, “En la ciudad oscura” se aleja bastante del tipo de historias a las que nos tiene acostumbrados. Nos encontramos ante un ejemplo de novela negra distópica, ambientada en Madrid, en un futuro cercano e impreciso, sin mucho espacio para el humor o siquiera la esperanza.

El protagonismo de la historia recae en Juan Saucedo, un policía terco e indisciplinado, relegado por pasados encontronazos con la corrupta oligarquía que controla el país a labores de patrulla con su compañero Hermi. Tampoco es que Juan sea una joya. No está particularmente podrido (según el baremo estandard del cuerpo), pero su adicción a las drogas y su… digamos que sus tendencias sociopáticas (algo que se pone de manifiesto en la primera escena) lo hacen un personaje antipático. De hecho, quizás su única virtud redentora es que cuando muerde algo es como un bulldog: no concibe siquiera la posibilidad de abrir las mandíbulas y dejar que escape.

Así pues, cuando un aviso rutinario le lleva junto con su compañero a la habitación de un hotel de mala muerte donde se ha encontrado muerto a un norteamericano, y el crimen resulta estar relacionado de algún modo con la investigación que provocó su caída en desgracia (no sólo la degradación, sino también un divorcio nada amistoso), se reabren las heridas y prenden las ansias de revancha. Saucedo se lanza entonces a una cruzada personal, con la única pista de un vial escamoteado de la escena del crimen, en una lucha desproporcionada contra oscuros poderes asentados en las más altas esferas de la política, la judicatura e incluso su mismo cuerpo de policía.

Pese a lo que pudiera insinuar la portada, “En la ciudad oscura” no sigue en modo alguno la ruta cyberpunk. La ambientación es de furuto cercano, un futuro altamente degradado (por la culminación de tendencias claramente observables en nuestro día a día). El Madrid de la novela es ciertamente una ciudad oscura, sumida en un caos apenas contenido, con tasas de criminalidad fuera de escala, bandas urbanas, drogadicción generalizada y, para empeorar las cosas, una extraña enfermedad mortal de la que no existen datos fiables de propagación, pero que cuenta con una unidad especial para limpiar las calles de los cadáveres que va sembrando. En otras palabras, algo así como el Detroit de Robocop, prescindiendo de cíborgs y estética ochentera.

Al comenzar la reseña he comentado que se trata de novela negra. Quisiera precisar que no sigue el modelo detectivesco de, por ejemplo, Chandler, sino que apunta más bien hacia Dashiell Hammett. Juan Saucedo es un personaje nihilista, que no busca tanto que prevalezca la justicia como vengarse por pasados escarnios. El único punto de luz en su vida es su a veces díscola hija, pero incluso este faro se encuentra a menudo velado por la bruma que amortaja su existencia.

El desarrollo de la trama es bastante directo. Saucedo no es un dechado de perspicacia, sino que simplemente es el único lo bastante loco como para lanzarse de cabeza contra un muro con la vaga idea de conseguir derribarlo antes de abrirse el cráneo. Aplicando un poco de persuasión aquí y alguna amenaza allá, va siguiendo el hilo de la conspiración, devolviendo los golpes con más fuerza de los que los recibe (sin preocuparse por tonterías como seguir el procedimiento adecuado).

Desde un punto de vista especulativo, no hay grandes conceptos. De hecho, durante la lectura tuve la impresión de estar ante la reescritura de una historia con bastantes años a sus espaldas (uno de los personajes menciona incluso la fiebre apocalíptica del 2012 como un acontecimiento no demasiado lejano). Quizás sea que nuestros políticos se han propuesto demostrar que a corrupción e inutilidad manifiesta no les gana ninguna ficción, pero lo cierto es que me falta algo. El género negro ya es de por sí crítico con la sociedad. Al añadir el factor especulativo (distópico) espero un enfoque más preciso o una disección más incisiva de algún aspecto concreto. La mezcla de “En la ciudad oscura” se me antoja redundante antes que sinérgica.

Otro punto de insatisfacción (más personal) es que la historia no me acaba de funcionar. Aquí debería aclarar que soy aficionado a la novela negra, pero tirando hacia Chandler y Ellroy, autores que priman las tramas enrevesadas sobre la acción (aunque a violencia pocos ganan a Ellroy). Las claves del misterio sobre el que se asienta “En la ciudad oscura” son bastante evidentes, y la investigación de Saucedo logra sobre todo ponerlas de manifiesto, pero sin que se produzca ninguna gran revelación (y no me refiero al alcance, que sin duda es amplio, sino al potencial de sorpresa).

“En la ciudad oscura” queda pues como un retrato distorsionado de una sociedad no demasiado lejana de la nuestra (los “valores” que imperan son claramente reconocibles a poco que se mire un telediario). Juan Saucedo es un producto de la misma, el único tipo de héroe que permite. Un héroe oscuro para una ciudad oscura. Un futuro incómodamente presente.

Agradezco a Grupo Editorial AJEC el envío de un ejemplar de “En la ciudad oscura” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en junio 30, 2011.

Una respuesta to “En la ciudad oscura”

  1. […] reseñas publicadas en Rescepto Indablog: La balada de Beta-2, En la ciudad oscura y Los tres estigmas de Palmer Eldritch. […]

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