Esperando la marea

El año 2005, como número 5 de la colección Vórtice, se publicó “Esperando la marea”, la primera (y, por desgracia, hasta ahora única) novela del gaditano Joaquín Revuelta. Se trata de un texto bastante breve, pero que constituye un magnífico ejemplo de cómo la producción autóctona de ciencia ficción, sin renunciar a ninguna supuesta seña de identidad, puede explorar cualquier tema y reclamar un hueco en las corrientes más vanguardistas.

Y todo ello sin que esta novela llegue a tratar ningún tema verdaderamente original, sino gracias a la meticulosa disposición de elementos postcyberpunk para vestir una estructura que se asienta en algunos de los más profundos pilares, no ya del género, sino de la propia narrativa: la exploración de lo desconocido, la subjetividad de la realidad y la siempre conflictiva relación entre creador y creación. Como tal vez se deduzca de esta sentencia, quizás no haya mucho en “Esperando la marea” que sorprenda al lector experimentado o incluso al cinéfilo ocasional (de hecho, quizás la mayor debilidad del texto resida en lo predecible de su desarrollo), pero en literatura, por fortuna, no todo se limita a la trama; si así fuera, haría ya muchos siglos que habríamos agotado todas las posibilidades creativas.

La historia se desarrolla en un breve intervalo entre unos antecedentes ignotos y un futuro colmado de posibilidades (perfectamente dispuesto para una continuación). Una pequeña astronave, de poco más de un metro de largo, transporta en su interior la simiente para la recreación de un equipo de cuatro humanos y un consejo IA para la fundación de una colonia terrestre en algún lejano planeta, gracias a las nanofraguas, dispositivos capaces de construir cualquier cosa disponiendo del esquema y de los elementos necesarios. Sin embargo, algo ha salido mal, y los colonos tendrán que aprender cuál es la realidad del mundo en el que han despertado y en qué pueden confiar para seguir disfrutando de un futuro.

Algo que cabría resaltar por encima de todo es el lenguaje empleado. Puede que se trate de la primera novela de Revuelta, pero no era, ni mucho menos, su primera ficción. De hecho, el autor contaba en su haber con varios galardones: el Domingo Santos de 1992 y 2002, el Alberto Magno de 2003 (que a su vez obtuvo el Ignotus de novela corta el año 2006, cuando por fin se publicó) y una mención al UPC en 1999. Este bagaje se nota en las habilidades narrativas desplegadas, que le permiten viajar de la metáfora atmosférica (o sentimental) a la descripción tecnológica con perfecta fluidez y sin ser empalagoso con la primera ni arcano con la segunda, lo cual no es poco mérito. Por lo que respecta al ritmo, quizás peca de un exceso de precipitación (achacable, quizás, a la inexperiencia en distancias largas) y de un desenlace excesivamente abierto, que no termina de aprovechar todo el potencial generado.

Una vez establecido que la forma es de lo más correcta, podemos indagar un poco en el fondo de la historia. Ya he comentado que no es especialmente original, aunque al aseverar tal cosa quizás peque un poco de exigente. Es cierto que no hay ninguna idea que pueda señalarse como nueva, pero requiere una gran pericia tomar los conceptos y construir con ellos un todo coherente. Hubiera sido muy fácil recurrir a los típicos robots o a sistemas de exploración tradicionales, en la línea de la space opera que tan popular fue en su momento, pero Revuelta nos ofrece un futuro de nanotecnología, inteligencias artificiales y milagros científicos, que toma como plataforma de despegue nuestros conocimientos actuales y se lanza hacia territorios casi vírgenes, construyendo un futuro que es independiente de la historia que se nos narra, en el sentido de que tiene peso, coherencia, fuera de ella.

A pesar de este cuidado depositado en los aspectos duros del relato, los personajes (en especial Lars, el protagonista que nos narra la historia a lo largo de dos secuencias temporales que van intercalándose y ofreciéndonos pistas sobre lo acontecido) pueden considerarse el núcleo de la historia. Es tal vez esta característica la que termina de convertir la lectura de “Esperando la marea” en una experiencia tan gratificante. El desplazar el foco de atención hacia una relación hombre-mujer tan antigua como la especie humana sitúa los elementos fantásticos en la periferia, desde donde pueden asombrarnos con su extrañeza sin apabullar, o insinuarse como una fuente de maravillas inagotable de la que sólo alcanzamos a ver la superficie.

Por motivos que ignoro, “Esperando la marea” constituyó casi la última ficción publicada (hasta el momento) por Joaquín Revuelta (quitando de un par de microrrelatos en el 2006), lo cual supone una auténtica pérdida para la cifi española.

(Una versión anterior de esta reseña fue publicada originalmente en Scifiworld)

Otras opiniones:

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~ por Sergio en marzo 22, 2011.

2 comentarios to “Esperando la marea”

  1. interesante blog, lo anoto ;)

  2. […] las últimas reseñas publicadas en Rescepto Indablog, encontramos una de Esperando la marea, de Joaquín Revuelta, y otra de El sueño de hierro, de Norman Spinrad. […]

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