Abismos

Tras cinco novelas (la última de este mismo año), llega de la mano de AJEC la primera antología de David Jasso, que inaugura además el nuevo sello Penumbra, dedicado, según propia definición, a los géneros oscuros. Pese a su ya amplia trayectoria en el terror breve (incluyendo un premio Ignotus de relato), sólo uno de los cinco textos (sin contar prólogo y epílogo, en el que se nos presenta un juego metaliterario) que la componen, “La bruma” (ganador del primer premio Liter), había sido publicado previamente.

“Abismos”  constituye un volumen tremendamente coherente en su enfoque. Hace gala de un concepto propio y bien definido de la literatura de terror, algo que sólo la experiencia puede proporcionar. Así pues, nos encontramos con narraciones que explotan el horror en su vertiente psicológica, desde el interior de la cabeza de unos personajes enfrentados (a menudo por propia e inconsciente iniciativa) a situaciones extremas, en las que el elemento fantástico puede o no hacer acto de presencia. Jasso aborda cada escena como una oportunidad de ir incrementando la tensión, apretando con deliberada lentitud e inexorabilidad las tuercas, hurgando con cierto sadismo en miedos cotidianos, con los que resulta fácil identificarse (incluso en aquellos cuentos más fantasiosos, el miedo siempre brota de un núcleo muy anclado, para nuestra desgracia, en la cotidianidad).

“El huevo”, relato con que se inicia el volumen, es un buen ejemplo de esto. El planteamiento es simple. A un chaval se le ocurre que sería una buena idea arrojarle un huevo a cuelquier pringado que pasara bajo su balcón, y el objetivo de dicho proyectil se toma la broma a mal y decide torturar un poco al niñato interpretando su mejor papel de psicópata acosador. Durante el noventa por ciento del texto hay cuanto menos una puerta entre ambos personajes, pero ello no es obstáculo para que la tensión vaya escalando, en pasos breves y lógicos (tomados individualmente), hasta que todo acaba saliéndose de madre (con una doble pirueta final que quizás resulte un poco forzada).

La fuerza del relato reside en los personajes. Son, en principio, totalmente anodinos. Es la interacción fortuita la que introduce el drama en sus vidas. Bueno, casi fortuita, porque hay en su interior fuerzas que los empujan, como podrían empujarnos a nosotros mismos (la rebeldía juvenil ante una mala situación familiar y personal o la búsqueda de sensaciones para escapar del tedio).

También “La bruma” se nutre de protagonistas bien definidos: un hombre, único superviviente de su familia de un accidente automovilístico del que tuvo la culpa, y una joven anoréxica, empeñada en llevar su proceso autodestructivo hasta el fin. En este caso nos encontramos con una injerencia del elemento fantástico, en forma de un proceso teleempático (transmisión de emociones), que no hace sino acentuar los dramas internos de cada uno de los personajes. En esta ocasión, la conclusión no sólo está a la altura del desarrollo, sino que golpea con fuerza, llevando las ideas establecidas hasta una estremecedora conclusión.

Con “El tubo” Jasso reincide en valerse de una premisa fantástica, apoyándose en  una gran meticulosidad descriptiva para vendérnosla. Los protagonistas son dos niños de corta edad, cuyo padre ha fallecido recientemente, enfrentados al misterio de un tubo que aparenta servir de dintel para un portal hacia… algún sitio. De la curiosidad inicial, con fuertes elementos de ciencia ficción, pronto pasamos a la intranquilidad y de ahí al horror más primario (una amenaza invisible, la perversión de una relación que debería ser justo lo opuesto, la indefensión ante fuerzas más poderosas…). Se trata, quizás, del relato con más claras influencias kingnianas (aunque con muchas menos referencias pop y quizás un poco de Barker para aderezar el guiso), y el más potente de la antología.

En el siguiente relato, “El cine”, se recrea una de las situaciones más angustiosas con las que todos nos hemos tropezado alguna vez: extraviar a alguien querido y no saber qué hacer para encontrarlo. En el caso del relato, se trata de una novia que no regresa de una visita a los lavabos de un cine. Este tipo de situaciones suelen solucionarse tras unos pocos (objetivamente, que la percepción es muy distinta) minutos de preocupación, pero es inevitable pensar en lo peor… que es poco más o menos lo que ocurre aquí, elevado al cuadrado.

En este caso, mientras que el planteamiento resulta potente, los hechos acaban resultando demasiado extravagantes, por lo que el desarrollo de los acontecimientos no acaba de fluir y se rompe un tanto el efecto.

Por último, cierra el volumen la novela corta “La textura de tu piel”, la historia de una joven dotada de un poder extraordinario… y aquejada por todas las inseguridades y tragedias emocionales de la adolescencia. La mezcla la arroja por un camino sin retorno hacia un destino terrible, ya anticipado en el prólogo. Frente a todos los acontecimientos más o menos macabros que se nos presentan, la auténtica tragedia reside en la degradación moral de la protagonista, una chica común y corriente salvo por una habilidad misteriosa.

El dicho común afirma que el poder corrompe, pero aquí nos encontramos con una variante más sutil (reminiscente en ciertos momentos de “Carrie”), en la que el poder facilita la caída al retirar los obstáculos que normalmente nos impiden precipitarnos al vacío. Así pues, lo que podría haber terminado como una experiencia amarga de la que aprender, se transforma en un camino sin retorno hacia el abismo (aunque, para romper la tónica general del volumen, el autor nos deja entrever un rayo de esperanza justo al final).

A nivel estructural, encuentro este último texto un poco atropellado, quizás por una planificación realizada para elaborar un texto de menor longitud (vale, lo reconozco, estoy haciendo uso de información privilegiada para proponer esta hipótesis). La evolución moral de la protagonista hubiera sido quizás mucho más impactante con algo más de desarrollo intermedio y con mayor equilibrio entre los distintos bloques (por ejemplo, la entrevista con una psiquiatra, que sirve de armazón para la narración, queda un poco apresurada). Sin embargo, desde una perspectiva puramente visual (sí, resulta un poco extraño describir así un texto, pero ¿para qué queremos la imaginación si no?), ofrece momentos extraordinarios.

Agradezco a Grupo Editorial AJEC el envío de un ejemplar de “Abismos” para su reseña en Rescepto.

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~ por Sergio en marzo 12, 2011.

6 comentarios to “Abismos”

  1. Cinco joyas. Jasso en estado puro.

  2. Me siento orgulloso de haber podido ayudar a David junto a Roberto en la leectura, comentarios y correcciones de estos relatos.

    Jasso en estado puro y terror del bueno.

    Fer

  3. Pues me llama la atención la antología, habrá que tenerla en cuenta.

    Saludos.

    PD: “La mirada de Pegaso” también me atrae… Agggh, son tantos los libros y tan poco el tiempo (y el presupuesto).

    • ¿A quién podría no atraer “La mirada de Pegaso”?

      Y más ahora, con un 20% de descuento si se integra en una suscripción (digamos, por ejemplo, con “Abismos”)…

      PD: Si es que esto de hacer salivar a un pobre autorcete con la posibilidad de conseguir un lector lo debe de prohibir la Convención de Ginebra (o al menos la de Gin Tonic).

  4. ¡Ay!, eso ha dolido, que más vale libro en mano que suscripción volando.

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