Mundo de dioses

Por estos lares las oportunidades para la novela corta son un tanto limitadas, así que no es común algo muy habitual en EE.UU.: los fix-up de novelas cortas publicadas secuencialmente. No es exactamente el caso que ocupa esta entrada, pero el resultado final sí que se asemeja a ese tipo de obra.

Pese a todo, y a decir verdad, “Mundo de dioses” ni siquiera fue concebido inicialmente como relato. En sus orígenes, sobre 1989, iba a ser un cómic, guionizado por Rafael Marín y dibujado por Carlos Pacheco (del que es posible localizar por internet tres páginas). De este proyecto que no llegó a despegar, surgió una novela corta, que conquistó en 1991 el premio UPC (en su primera edición, y ya estableciendo la tradición del ex-aequo al compartir honores con “El círculo de piedra” de Ángel Torres Quesada), y no fue hasta 1997 que la colección NOVA publicó la historia completa, de la cual la obra original supone tan sólo la primera de cinco partes.

El planteamiento de la novela surge de cuestionar cómo se comportaría realmente una raza de superhombres ante la incuestionable certeza de su supremacía. ¿Devendrían en los héroes que todos conocemos de las historias de Marvel y DC o, por el contrario, tiranizarían a los meros humanos y se erigirían en una estirpe de dioses, más allá de todo control y posibilidad de castigo?

La acción de “Mundo de dioses” transcurre en algún momento mil años en el futuro, sólo que el advenimiento de los superhombres, aun acabando con la guerra y las diferencias nacionales, impuso un estancamiento tiránico, nacido a partes iguales del displicente control de los dioses, ejercido desde su morada en los cielos (un anillo titánico en órbita geosincrónica con la Tierra y conectado con ésta a través de diversos ascensores orbitales, la última gran obra de ingeniería terrestre), y de una apatía generalizada promovida por el sentimiento de inferioridad y la pérdida de propósito de la vieja humanidad. No todo es, sin embargo, inalterabilidad. De tanto en tanto aparecen derivantes, seres humanos con capacidades a medio camino entre los dioses y simples mortales, tildados de terroristas por los gobernantes del mundo y marcados como objetivo para las escuadras de centinelas, un cuerpo especial de policía (humana) que emplea armaduras potenciadoras para poder luchar contra la presunta amenaza derivante.

El protagonismo principal de la historia recae sobre Andrea Vanderbilt, una centinela con un peligroso secreto que ocultar, y Davinia Cross, una periodista nada contenta con la versión oficial acerca de por qué el mundo es tal cual es y sobre cómo se llegó a tal situación. El punto de vista, sin embargo, es múltiple, apareciendo con posterioridad varios personajes que alcanzan cuanto menos el rango de coprotagonistas y ofreciendo igualmente atisbos a los pensamientos y hechos de muchos más, entre dioses, derivantes y simples humanos, cuyas acciones conjuntas van empujando la trama hacia la confrontación final.

En la presentación de la novela (al menos en la edición de NOVA, no estoy seguro de si se mantiene en la nueva de Alamut), el propio autor confiesa su intención de dar forma a un cómic sin imágenes, adaptando las peculiaridades de este medio al lenguaje exclusivamente escrito. No se puede negar que se trata de un experimento exitoso, y en este éxito radican precisamente tanto sus fortalezas como sus flaquezas.

Vayan por delante las primeras: “Mundo de dioses” consigue capturar el dinamismo de cualquier álbum de superhéroes, con sus personajes más grandes que la vida, sus escenarios impactantes y su acción a raudales.  Si bien es cierto que el ritmo del fragmento inicial decae un tanto en posteriores capítulos y sólo se recupera a tiempo para el apoteosis final, a todo lo largo y ancho de la novela nos encontramos con escenas trepidantes, narradas con el equilibrio justo entre descripción, fluidez y espectacularidad. De igual modo, los homenajes son múltiples y todo un aliciente para cualquier conocedor del género. Desde el empleo de determinados nombres (todos los de los dioses, aunque también otros personajes, como el centinela irónicamente bautizado como Murdock Fisk) hasta, en un proceso que se potencia a medida que van sucediéndose los capítulos, auténticas versiones alternativas de personajes tan reconocibles como Iron Man, el profesor Xavier o Bestia (existe cierta predilección por Marvel, aunque el arquetipo de los dioses, con ciertas salvedades como la incapacidad de volar y la sustitución de la invulnerabilidad por capacidad regenerativa, sería Superman, e incluso existen referencias a personajes anteriores a la introducción de superpoderes en el mundo del cómic).

Eso sí, como adelantaba, no se puede tomar lo bueno y prescindir de la malo. “Mundo de dioses” es también un buen muestrario de muchas de las flaquezas del cómic de superhéroes (que molestarán más o menos según se tienda o no a aceptarlas como parte de su particular idiosincrasia; yo he de confesar que no he sido nunca un gran fan del medio). Así, por ejemplo, la sutileza brilla totalmente por su ausencia. Si existe alguna sublectura que hacer, algún personaje la expondrá (para otros o para sí mismo) con pelos y señales, sin dejar al lector ocasión de llegar a sus propias conclusiones. De igual modo, se abusa de la presentación de hechos a modo de narración puramente expositiva (algo especialmente notable en la explicación del origen de los superhombres). Por último, el estilo escogido, que va alternando fragmentos breves (desde unos pocos párrafos a tres o cuatro páginas) de diversas líneas de acción simultáneas, funciona a las mil maravillas en determinados puntos (cuando predomina la acción), mientras que en otros (cuando se requeriría una escena de cierta longitud, que a la postre resulta troceada) supone un serio lastre para el ritmo.

En conjunto, sin embargo, “Mundo de dioses” es una obra que se lee con facilidad y deja un buen sabor de boca (aunque existe un grave fallo de lógica hacia el final, equiparable a la famosa pregunta que se le hizo a John Ford sobre por qué los indios no dispararon a los caballos para detener “La diligencia”). Es una obra creada por un fan del noveno arte, para ser paladeada sobre todo por compañeros de afición, a quienes sin duda no dejará insatisfechos. Como novela de ciencia ficción, por otra parte, posee características notables, pero deja su especulación en un nivel muy superficial, sin llegar a explorar a fondo los conceptos que propone.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en febrero 17, 2011.

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