Wyrms

¿Qué es más interesante en literatura fantástica: poseer una voz única y personal o contar con la versatilidad suficiente como para ofrecer algo totalmente diferente con cada proyecto? Bueno, supongo que, desde el frío punto de vista de las perspectivas de mercado, todo depende de lo bien que se venda ese estilo.

Orson Scott Card es un autor con unos rasgos literarios perfectamente reconocibles. Temas, enfoques, obsesiones personales… Muy a menudo basta con leer unas páginas de cualquiera de sus novelas para deslizarte con suavidad en terreno conocido. Al mismo tiempo, su habilidad técnica y argumental suele ser suficiente para que la familiaridad no empañe la capacidad de disfrute de sus historias (aunque, por regla general, cuando se trata de sagas la calidad suele caer en picado de tomo en tomo… hasta que decide relanzarla).

“Wyrms”, publicada en 1987, entra de lleno en los parámetros típicos de la ficción cardiana. La novela, que engarza leves elementos de ciencia ficción en un entorno de fantasía, narra el periplo de Paciencia, hija de Paz, el legítimo heptarca del planeta Inmakulata, desde su primera misión como diplomática/asesina a los trece años hasta la concreción de su profetizado destino: convertirse en Kristos y salvar o condenar el mundo, menos de cuatro años después.

El escenario diseñado por Card es un mundo donde la humanidad lleva viviendo siete mil años, tras su colonización por parte de un navío estelar tripulado por griegos ortodoxos. La carencia de metales fácilmente explotables en Inmakulata (provocada por una acción incomprensible del Capitán original) y periódicas invasiones de los reinos humanos por parte de civilizaciones nativas, han mantenido la organización social en un nivel pseudofeudal y la ciencia poco desarrollada en cualquier campo salvo la genética (e incluso aquí los conocimientos son bastante superficiales, posiblemente reflejo de la propia ignorancia del autor), siendo la única institución permanente la heptarquía, la línea ininterrumpida de gobernantes descendientes del capitán, que cumple en Paciencia la 343ª generación.

Algunos años antes, coincidiendo con la deposición de su abuelo, todos los sabios sintieron una llamada que los empujó irremisiblemente hacia Cranning, donde también se decidirá el destino de Paciencia: unirse al Unwyrm y engendrar la especie que barrerá todas las demás del planeta, o bien matarlo y salvar a humanos, geblings, huelfos y gaunts.

Como indica claramente el subtítulo con el que se ha comercializado en sus últimas ediciones la novela, “Wyrms” es un viaje iniciático, que comienza propiamente cuando la protagonista cuenta con quince años y debe, a la muerte de su padre, enfrentarse a su destino. Desde el mismo momento en que huye del palacio del rey Oruc para evitar ser asesinada por motivos dinásticos, empieza a sentir la llamada de Cranning, aunque en ella se manifiesta como un deseo carnal, una llamada irresistible al apareamiento por parte del Unwyrm.

Su periplo, que inicia al lado de su tutor Ángel, le lleva a reunir, siguiendo la tradición del género, a un grupo variopinto de acompañantes (aunque la incorporación de los mismos está trabajada con suficiente pericia como para integrarla en la trama sin necesidad de forzar alianzas) e información sobre su adversario/amante y sobre la auténtica naturaleza de la vida en Inmakulata, todo lo cual entra en juego en el enfrentamiento final la cima de Pie de Cielo, la inmensa montaña sobra la que se asienta Cranning y en cuyo interior moran la mayor parte de los geblings.

Como comentaba, muchas de las características de la obra de Card están presentes en “Wyrms”: la fantasía mesiánica (literal en este caso), el niño/adulto extraordinario (y la crueldad implicada en su entrenamiento), los personajes ultrarreflexivos, los conflictos morales, la manipulación descarada por parte del autor… Pero hay algo nuevo (o quizás algo que no había sido tan evidente hasta entonces).

Tras el extraordinario éxito de “El juego de Ender” (que sigue en plena efervescencia veintiséis años después) y de su primera secuela, Card se encontró con la posibilidad de escribir con total libertad, pues sólo la serie de Ender ya le aseguraba una presencia continua e importante en las librerías (10 novelas y contando), al tiempo que la fama adquirida propiciaba la publicación de sus otras series y novelas independientes. Así pues, desde 1987 empezó a introducir abiertamente elementos mormones (es miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) en su ficción. “Wyrms” no llega a ser tan explícita como la saga de Alvin Maker (inspirada en la vida del fundandor de la religión mormona, Joseph Smith), o la del Retorno a la Tierra (inspirada en el Libro del Mormón), pero varios de los temas que aborda forman parte integral de su doctrina.

Los dos motivos centrales de la historia son el libre albedrío (cuestionado por la influencia del Unwyrm en los actos de los personajes, que ni tan sólo cuando se oponen a ella pueden estar seguros de no encontrarse realizando exactamente lo que su contrincante desea) y los peligros de dejarse arrastrar por las emociones y la carnalidad (estigmatiza de forma bastante explícita los impulsos sexuales adolescentes, enfocados en este caso hacia una unión antinatura).

La moraleja, sin embargo, no resulta evidente, ni las conclusiones quedan expuestas a través de ningún personaje (como sí ocurre en muchas de sus obras). Card apunta, pero no explicita, lo cual por un lado concede libertad de interpretación, y por otro oscurece el propósito y lo hace, quizás, más efectivo que en el caso de sus otras figuras mesiánicas (Ender, Alvin, Nafai…). De igual modo, la simbología es ambigua, hasta el punto que no me atrevo a defender públicamente ninguna interpretación (en parte por mi desconocimiento de la doctrina mormona más allá de lo que pueda aportar una somera investigación, y en parte porque ni siquiera estoy seguro de que el autor haya pretendido transmitir un mensaje inequívoco, sino tan sólo una serie de reflexiones abiertas).

Me limitaré a apuntar un detalle etimológico: “wyrm” es la forma en inglés antiguo de “worm”, “gusano”, pero en su acepción clásica, como sinónimo de dragón y, más específicamente, de los dragones tipo serpiente. La influencia tentadora del Unwyrm (la serpiente original), a la que se enfrenta el libre albedrío de los protagonistas, presenta claros tintes teológicos, aunque a partir de ahí la exégesis se vuelve más ambigua.

Dejando de lado estas cuestiones, la novela es curiosa. La organización social y ecológica de Inmakulata es incongruente con los planteamientos de base (y mejor no me meto con la seudogenética), pero no por ello deja de resultar interesante. Aparecen, por ejemplo, cabezas cercenadas mantenidas en una especie de semivida (el concepto en sí puede predatarse hasta Lovecraft, pero la implementación es excelente y trabajada), las especies sintientes no humanas, pese a las connotaciones que puedan sugerir sus nombres, son bastante originales (quizás sus características resulten un poco forzadas para encajar en el entramado simbólico, pero como éste no queda demasiado claro tampoco es algo que moleste demasiado) y la resolución de los conflictos procura apartarse de los moldes clásicos.

Sin ser una gran obra (por no abandonar este autor, “Esperanza del venado” constituye una novela muy superior), “Wyrms” se muestra como un texto curioso, lastrado en exceso por unas sublecturas confusas y un final predecible, pero capaz de ofrecer en su superficie una aventura atractiva y narrada con oficio.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en febrero 13, 2011.

2 comentarios to “Wyrms”

  1. hey, en que relato de Lovecraft aparecen unas cabezas cercenadas con vida?

  2. En “El que susurra en la oscuridad”. Allí se narra cómo los Mi-go se llevan a seres humanos a su planeta, Yuggoth, como cabezas mantenidas con vida dentro de tarros (sólo que opacos).

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