Mundo de día

La ciencia ficción es un género que se presta como pocos a lo que los anglosajones llaman “high concept“. En esencia, se trata de una idea-semilla simple, definible en una o dos frases, que actúa también como gancho principal (si no único) de la acción. Lo interesante de un buen “high concept” es que, idealmente, proporciona carta blanca para explotarlo a lo largo de una serie de historias con tan leve ligazón como permutaciones del concepto original (otra estrategia relacionada, a veces hasta el punto de entremezclarse, y que también cuenta con amplio predicamento, es la ficción de “escenario singular”).

Han sido muchos los escritores empeñados en buscar un filón de este tipo que explotar (actualmente, por influencia del estilo best-seller, priman más las series de personaje). Las n-alogías, con un potencial subtextual mayor, requieren mucho más esfuerzo y están sujetas a mayor desgaste, por lo que su vida media suele ser menor. Además, una vez exprimido todo el jugo (o hastiado del concepto), el autor siempre puede franquiciarlo o declararlo abierto (dando permiso a cualquier otro creador para ambientar historias en su mundo), asegurándose así un nivel basal fijo de relevancia (que, tarde o temprano, siempre acaba retrotrayendo a las novelas fundadoras; es decir: las suyas).

A este respecto, uno de los autores más hábiles fue Philip José Farmer. Entre sus high concepts pueden señalarse los que dieron origen a la Wold Newton Family (referenciada en la entrada anterior), la base del Mundo de Niveles (con sólo dos novelas, de un ciclo de siete, traducidas al español) y, por supuesto, el que fundamenta su serie más famosa, la del Mundo del Río.  Precisamente agotado ese filón en 1983 con la publicación del último tomo (“Dioses del Mundo del Río”), se hacía necesario buscar sustituto, lo que sin duda condujo a la publicación de “Mundo de día” (“Dayworld”) en 1985.

El high concept de la serie es el siguiente: cada día de la semana pertenece a un séptimo de la población total, mientras los seis séptimos restantes aguardan petrificados a que les llegue su turno de disfrutar de los recursos compartidos.

A poco que se reflexione sobre la solución (propuesta según la lógica interna para combatir la superpoblación), se hace evidente que el montaje hace agua por todas partes, y la posterior descripción detallada del procedimiento no hace sino confirmar que la idea no tiene ni pies ni cabeza. Pese a todo, Farmer sale airoso de la prueba, ofreciendo una historia atractiva y sin dejar que el ritmo decaiga un solo instante. Todo deviene en un juego en el que los lectores aceptamos unas reglas bastante tontas con la promesa, cumplida, de que nos vamos a divertir.

El protagonista del martes es Jeff Caird, un orgánico (policía) que además es miembro de la familia Immer, una sociedad secreta en cuyo poder obra un elixir que prolonga la vida hasta siete veces su duración normal y que conspira en las sombras con el propósito de derrocar al gobierno en algún momento futuro indefinido y por medios igualmente vagos (aquí se aprecia claramente la inspiración de las familias Howard heinlenitas). Al comienzo de la historia, su superior inmediato le encomienda la captura de un quebrantadías, alguien que no respeta la ley y ha evitado la petrificación (que se verifica todas las noches a las doce en punto), viviendo por tanto en un día que no le corresponde.

Lo que su jefe no sabe es que el propio Jeff es un quebrantadías. Auspiciado por el consejo Immer, vive sin interludios inanimados, eludiendo el destino común gracias a una serie de maniquíes que ocupan su lugar en las cámaras petrificadoras y una estrategia de supervivencia muy especial. Porque no es Jeff Caird, el orgánico del martes, quien vive el miércoles, sino que ése es el día de Bob Tingle, funcionario en la administración central de Nueva York, quien a su vez da paso el jueves a Swart Dunski, monitor de esgrima, y así siete personalidades distintas, una por cada día de la semana lineal. La personalidad múltiple desarrollada por Jeff es tan extrema que, salvo que haya alguna misión que lo requiera, sus distintas personalidades son prácticamente independientes, siendo apenas conscientes de formar una única identidad.

Es un equilibrio inestable y, por supuesto, los acontecimientos pronto conspiran para desbaratarlo. Una crisis, provocada por la aparición de un tercer quebrantadías, cuya detención podría desenmascarar a los Immer (y que además tiene una fijación personal en contra de Caird/Tingle/Dunski/etc.), va trastocando todas sus vidas y haciendo aflorar su caos interno, hasta el punto en que llega a ser peligroso para la seguridad de la sociedad secreta para la cual trabaja y con cuyo apoyo ha podido mantener durante tantos años la farsa.

Farmer aprovecha el escenario para presentarnos una serie de sociedades que tras 1330 años objetivos (190 subjetivos para los habitantes) han empezado a divergir. En cuestiones tan simples como la moda imperante en cada día o las distintas fórmulas de tratamiento, o de mayor calado, como los modelos familiares. Eso sí, todo queda en algo bastante superficial, pues en el fondo las siete sociedades (por lo que podemos llegar a apreciar) son muy similares (recuerdan vivamente a la descrita por Farmer en su famosa novela corta “Jinetes del salario púrpura”, incluida en la antología “Visiones peligrosas” y premio Hugo en 1968; aunque resultan menos extremas en contenido y con una prosa muchísimo menos experimental).

Todos los días están controlados por un gobierno que presenta ciertos rasgos totalitarios (vendría a ser una especie de dictadura benigna, que limita determinadas libertades a cambio de un estado de bienestar ubicuo, donde incluso quienes no desean trabajar tienen la vida asegurada). Por supuesto, la utopía sin clases pronto se revela como una fachada ficticia, pues el poder implica prebendas, e incluso llegan a insinuarse intereses un tanto oscuros en el mantenimiento del statu quo. Eso sí, tal y como acaba decidiendo el protagonista, el consejo Immer, con su obsesión por el secretismo y su disposición a justificar cualquier medio para mantener sus propios privilegios, tampoco puede arrogarse el papel de defensor de la justicia.

Philip José Farmer se muestra muy hábil en la construcción de la novela, empleando las particularidades del concepto central de forma creativa (echando tierra además, en cuanto apartamos la vista, sobre los graves fallos de coherencia que implica). Jeff Caird (et al) resulta un antihéroe con el que resulta fácil conectar, y cuando por fin llegamos a la conclusión, descubrimos que, pese a las dificultades inherentes al artificio argumental, su arco dramático personal cierra de forma satisfactoria.

Dejarlo todo bien atadito, sin embargo, iría en contra del propósito principal de desarrollar un high concept, así que se las arregla para disponer una vía abierta a la continuación (después de librarse de casi todo el lastre con gran habilidad). Ésta llegaría dos años más tarde con la publicación de “Rebeldes del Mundo de Día“, cerrando el ciclo con “Dayworld breakup” en 1990 (la secuela fue publicada en España, al igual que “Mundo de día”, por la Editorial Júcar, pero la tercera novela sigue inédita).

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en febrero 4, 2011.

3 comentarios to “Mundo de día”

  1. […] Mars comenta Mundos, de Joe Haldeman, y Mundo de día, de Philip José Farmer. […]

  2. Dos comentarios: qué técnica tenía el señor Farmer, qué irónica su mezcla de erudicción y pasión por lo pulp, y qué portadas más hermosas hizo Garces para Etiqueta Futura.

  3. Como siempre, dos son tres cuando empiezo a escribir :)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: