Noche cerrada

Nos movemos por un mundillo inestable y cenagoso. Cada libro es una apuesta, ya no sólo de cara al público, sino por las en gran medida imprevisibles circunstancias de edición. Cada año surgen y mueren decenas de editoriales, arrastrando catálogos enteros y haciendo inencontrables libros con apenas unos meses de vida (por si fuera poco con el frenético ritmo de reciclaje de títulos en las librerías).

En este caso se encontró “Noche cerrada” (Verbigracia, 2007), el primer libro de Emilio Bueso, que hoy puedo reseñar gracias a la amabilidad del propio autor (no lo adquirí en la Hispacón de Sevilla y luego pasa lo que pasa; así que aplicaos el cuento y no dejéis pasar una oportunidad cuando se os presente).

Se trata de una novela de terror que sigue unos parámetros muy clásicos. Alicia Ordoñez, la protagonista, es una guarda de seguridad destinada a una operación de vigilancia en torno a una antigua fábrica de alpargatas, abandonada desde hace setenta años, perdida en medio del Maestrazgo castellonense. Comienza la historia con su asignación por sorpresa a esta labor ante la desaparición del anterior vigilante que cubría el turno de noche y, por supuesto, los fenómenos misteriosos no tardan en entrar en escena, abanderados por un niño de pocos años que hace acto de presencia en medio de la guardia nocturna (con vestimenta inadecuada para el frío y a kilómetros de la población más cercana) y una manada de ratas gigantescas que pululan por los alrededores.

Alicia no es una chiquilla que se deja arredrar por las circunstancias, sino una mujer dura que carga a sus espaldas con un pasado en la infantería de marina (abandonada por un choque ideológico), un divorcio (relacionado con lo anterior) y varios problemas más derivados de su incapacidad para aceptar las cosas porque sí. Pronto resulta evidente no sólo que algo turbio ocurre en la propiedad (a lo mencionado se añade el destino de los anteriores guardas, el desaparecido y el anterior, ingresado en un instituto médico con una baja de larga duración), sino que algo turbio ocurrió en el pasado, en tiempos de la Guerra Civil.

Una vez establecidas las bases de toda historia de fantasmas que se precie (acontecimientos sobrenaturales, pasado macabro, protagonista dispuesto a averiguar la verdad), la novela avanza ligera hacia su pirotécnica conclusión, aprovechando la excepcional forma física de la protagonista para tomar un par de detalles ambientales del pulp heorico.

La trama avanza sobre todo a base de diálogos, establecidos entre Alicia y diversos personajes: su jefe Claudio, Suso, el vigilante vespertino (y biólogo), el dueño de la finca, el primer encargado del turno de noche (cuando por fin logra localizarlo; aunque tildar el encuentro de “diálogo” sería forzar demasiado el significado del término)… Existe una clara preocupación por dar fluidez a la historia, consistiendo el resto del libro en una narración, personal y no exenta de cierta socarronería, de la protagonista (aproximándose en tono al típico detective de novela negra, o también al actual bestseller orientado a personaje, aunque para equipararse a este último caso le falta prolijidad en las descripciones).

El único escollo con que nos tropezamos reside en problemas en la gestión de la información. No sólo se nos presenta a veces de forma redundante (repitiendo conceptos ya establecidos, en ocasiones dentro de una misma conversación), sino que la extensa documentación juega a veces en contra de la verosimilitud de las escenas, dado que todos esos datos nos son suministrados por boca de personajes que, o bien no tienen la necesidad de explayarse tanto (caso de la enfermera del centro de salud donde tienen ingresado al primer vigilante) o bien no tienen motivo para dominar tanto el tema (o para tenerlo fresco en la memoria), caso de Suso y sus conocimientos sobre roedores.

En cualquier caso, una historia de estas características cae o se sostiene en función de su protagonista, y Alicia constituye una protagonista excelente (un poco idealizada/mitificada, pero eso no es malo). Personalmente, eso sí, hubiera preferido que se hubiera profundizado un poco más en los acontecimientos de dieron origen a la maldición. El… llamémoslo “ente” que se encuentra en la raíz de los acontecimientos sobrenaturales está muy trabajado en su manifestación fantasmagórica (ciertamente original y metafórica), pero no tanto cuando toca retrotraernos a su vida mortal y a los hechos que propiciaron el encadenamiento de su esencia a la antigua fábrica.

Para finalizar, tan sólo me cabe preguntarme en qué estarían pensando los editores cuando escribieron un párrafo de contraportada que, literalmente, destripa toda la novela en menos de diez líneas. Tampoco es que importe demasiado, porque su fuerte no reside en la sorpresa sino en una narración dinámica, pero no costaba tanto aplicar un poco más de sutileza y permitir que el lector fuera descubriendo los detalles a su ritmo (y al ritmo determinado por el autor).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 21, 2011.

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