Dos coronas

Excalibur Fantástica, el sello de fantasía épica creado por Grupo Editorial AJEC, sigue consolidándose, ahora además  con un diseño propio y atractivo (empleado también, por ejemplo, en “La guerra por el norte“). El último título (o penúltimo ya) en sumarse a su catálogo ha sido “Dos coronas”, el debut como novelista de la escritora gallega Susana Eevee.

El protagonista, no absoluto pero sí predominante, de la historia es Soota, hijo y heredero del rey de Erigia… o al menos eso creían todos, incluso él mismo, pues durante una incursión en la vecina Aldaria, nación con la que Eirigia se ha encontrado en guerra desde tiempos inmemoriales, descubre que, en realidad su nombre es Doogan, y de quien es hijo es de Minthos, rey de Aldaria. El cómo tal cosa es posible, y cuáles fueron los motivos por los que unos misteriosos conspiradores urdieron ese engaño que entrelaza los destinos de dos reinos que se han jurado odio eterno, es algo que Soota/Doogan irá descubriendo mientras traza su rumbo, con feroz independencia, a través de los agitados mares de guerra que amenazan con destruir las vidas y haciendas de miles de súbditos de ambos bandos.

En un principio, resulta tentador caer en la equivocación de que nos encontramos ante la enésima recreación maníquea de la Gran Confrontación. Existen dos reinos, Erigia, cuya corona negra se impone sobre un pueblo guerrero, y Aldaria, con la corona blanca gobernando unos territorios en apariencia más civilizados (una suerte de Atenas y Esparta, aunque con estructura feudal). De igual modo, el protagonista lleva la marca de su herencia mixta en los ojos, uno de cada color, lo cual parece pregonar el afloramiento de un conflicto de identidad.

Lo cierto es que, aun presentes, estos temas no constituyen el eje central de la novela. Por ejemplo, destacan por su ausencia los juicios de valor absolutos respecto a las bondades o maldades de cada nación (lógicamente, cada bando tiene en muy baja estima al contrario, y esto se muestra en las opiniones manifestadas en los diálogos). Además, el camino de Soota está marcado más por las ansias de conocer la verdad (y cobrar venganza) que por un auténtico dilema interno (hasta un punto quizás excesivo, pues va aceptando los cambios de bando con una ligereza y convicción difíciles de comprender salvo como una muestra de enorme egocentrismo).

El ultraindividualismo de Soota (arrogante y pendenciero, que tan apenas se pliega con renuencia ante su rey, sea uno u otro, gracias a un férreamente inculcado sentido último de la disciplina y el concepto de majestad), no se traduce en un carácter atractivo. Como protagonista, resulta a veces decididamente antipático, cuando no directamente aborrecible. No es un error. Se trata de un tratamiento intencionado, que busca desmitificar ciertos lugares comunes de la fantasía (generalmente juvenil), contraponiéndola con la crudeza de un mundo real donde el egoísmo, la ambición, la lujuria y otros vicios se interponen en la concreción de una epopeya de cuento de hadas (donde, por mucho que las cosas se tuerzan y por mucho que sufran los protagonistas, al final todo acabará razonablemente bien). Los vaivenes del destino pueden descargar de improviso sobre cualquiera y no hay historias predestinadas a concluir felizmente (podrían hacerlo, pero no es algo que exija el guión, como queda ampliamente demostrado a lo largo de los capítulos).

Pasando al plano estilístico, nos encontramos con una prosa muy cuidada, detallista y rica. Un poco inmadura en los primeros capítulos, pero que se afianza pronto y constituye uno de los puntos fuertes de la novela. La autora ha optado por presentarnos la historia a través de fragmentos breves, a veces menores de una página, superando rara vez las cuatro. Pese a ello, no descuida las descripciones, ni recorta las conversaciones. Cada escena, bien sea introductoria, bien constituya parte de un clímax, bien sirva de mero enlace entre bloques narrativos, está trabajada con enorme atención por el detalle.

Desde una perspectiva global, sin embargo, algo no termina de encajar del todo. No es que la trama chirríe por desarrollos forzados, pero no se aprecia algo que tengo en alta consideración: la inevitabilidad. Con esto no me refiero en absoluto a que la historia deba ser previsible (¡todo lo contrario!). Sin embargo, el desarrollo de tramas y subtramas debe ir fluyendo naturalmente hacia un destino ignoto que, una vez alcanzado, se nos antoje inevitable. No es algo que haya percibido en “Dos coronas”. Quizás sea deformación ciéntifica. Para mí, la solución más bella es siempre la más parsimoniosa  (el truco consiste en lograr que esa solución más parsimoniosa no deje de ser compleja).

Encuentro en la novela demasiados factores que podría alterar sin modificar sensiblemente el resultado final, y muchos episodios prescindibles (no desde un punto de vista estético, sino narrativo; de hecho, algunos de ellos, como el encuentro de Soota con su familia erigia adoptiva, del que no revelaré nada más, se me antojan de los mejores pasajes). Esta indefinición afecta particularmente al personaje de Soota/Doogan, cuya evolución personal no acaba de justificarse a través de sus acciones y sus pensamientos tal y como los conocemos.

Aunque es una historia perfectamente autoconclusiva, lo cierto es que al acabar el libro deja la sensación de que aún quedan facetas que revelar sobre Soota, que faltan factores para poder alcanzar una conclusión que lo defina satisfactoriamente. El mismo destino de los reinos de Aldaria y Erigia queda indefinido, como si hubiéramos dejado una proposición a medio formular.

Quizás juzgue con excesivo rigor. No es común encontrar unos elementos tan potentes y una prosa tan certera en una obra a la que tan sólo le falta afinar el enfoque para terminar de cuajar, pero precisamente por ello veo necesario denotarlo.

Agradezco a Grupo Editorial AJEC el envío de un ejemplar de “Dos coronas” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en diciembre 2, 2010.

Una respuesta to “Dos coronas”

  1. Como la estoy leyendo, me dejo la lectura de tu reseña para más adelante. Solo quería comentar que por ahora, me tiene enganchada la novela de Susana.

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