Camelot 30K

La carrera literaria de Robert L. Forward es curiosa, tanto por su relativa parquedad (apenas 11 novelas) como por su orientación. Forward escribía historias cuyo sustrato científico era riguroso hasta el extremo, aunque, quizás para compensar, la trama en sí consistía las más de las veces en una elaborada broma que invitaba a no tomarla demasiado en serio.

Cuando publicó sus dos primeras novelas, “Huevo del Dragón” (1980) y “Estrellamoto” (1985), trabajaba para la Hughes Aircraft como ingeniero aereoespacial, y surgieron a raíz de un reto (algo así como: “a que no hay huevos para inventar una forma de vida capaz de medrar en la superficie de una estrella de neutrones”). La mezcla de hard y humor sedujo a lo lectores, y se ve que al propio autor le metió el gusanillo en el cuerpo, porque en 1987 se retiró prematuramente para dedicarse a la escritura (y como consultor freelance de pequeñas compañías del estilo de la NASA). Entre 1990 y 1995 publicó ocho novelas; cinco del Mundo de Roche y otras tres independientes, incluyendo “Maestro del tiempo” y “Camelot 30K” (en un 1993 muy prolífico, con tres títulos a la venta). Ninguno de estos libros alcanzó la resonancia de sus primeros trabajos.

Es muy posible que “Camelot 30K” surgiera también como respuesta a un reto. El desenlace/broma final se articula en torno a un diseño hipotético que sólo podría hacerse efectivo en un ambiente cuya temperatura no exceda de los 30 grados sobre el cero absoluto. Toda la trama gira en torno a exponer las condiciones (físicas y culturales) que permitirían la construcción de este dispositivo, por una especie alienígena, por supuesto, lo cual, de paso, le sirve a Forward para deleitarse en las peculiaridades de la física y la química a ultrabajas temperaturas.

El escenario escogido para la aventura es un cometoide en el cinturón de Kuiper, a 35 UAs  del Sol. A este hinóspito hábitat llega una expedición humana, siguiendo señales que sólo puede haber generado una especie inteligente, y encuentra a los keracks, unos diminutos seres (unos diez centímetros) similares a las gambas (aunque los machos presentan una enorme pinza para el combate), con una civilización en un nivel similar al medievo humano y una estructuración parecida a la de los insectos sociales. Dado que hasta el calor que pueda escapar de entre las junturas de sus trajes sería mortal para los keracks (y por la discrepancia de tamaño), los humanos diseñan dos robots de telepresencia para interactuar con ellos. Así pues contactan y traban amistad con Merlene, maga de la ciudad de Calamor, que les sirve de guía para adentrarse en la cultura kerack.

Como la broma final se encuentra muy lejos, Forward decide amenizar la trama estableciendo una serie de evidentes paralelismos entre los keracks de Camalor y los protagonistas del ciclo artúrico. Así pues, además de Merlene, podemos encontrarnos con el líder Rexart, el aspirante Mordet y el guerrero Laslot, que recrean bastante libremente algunos de los pasajes más conocidos de la vida del rey Arturo y compañía.

A la postre, como suele ser habitual en las novelas de Forward, los personajes (incluidos los expedicionarios) son bastante simples, meras carcasas para hacer avanzar la acción e introducir de tanto en tanto explicaciones físicas chocantes (siguiendo aquí en cierto modo la tradición hard de ambientes extremos, como la desarrollada desde los años 50 por Hal Clement en novelas como “Cerca del punto crítico“). La gran excepción, sin embargo, la encontramos en Merlene, que pese a su título oficial de “maga” alberga en su cabeza (sí, tienen cabeza), una inquistiva mente científica de primer orden.

La capacidad intelectual de la kerack no puede sino clasificarse como de genial. En su trato con los expedicionarios (con los robots más bien), aprende ella más de la cultura humana de lo que éstos llegan a comprender el modo de vida de los alienígenas (dependiente en un grado que no llega a comprenderse bien hasta el mismo final de comportamientos innatos estereotipados). Las guerras rituales, la arquitectura, las relaciones interindividuales… todo posee una razón biológica. Mas se trata de una razón difícil de asimilar, y cuando Merlene logra desentrañar el misterio de su propia raza se autoproclama líder de una revolución que pretende imponer el intelecto sobre el instinto, para romper el ciclo, sin esperanzas de evolución, en que han caído los kerack.

El mensaje de “Camelot 30K” es potente, aunque un tanto equívoco. Se nota que Forward era físico, no biólogo, pues aunque la fisiología de sus extraterrestres suele ser acertada, los sitúa en picos evolutivos imposibles. Aquí el autor, posiblemente, se ampare en las grandes construcciones realizadas por insectos sociales en la Tierra a base de puro instinto, como los termiteros o las colmenas, para justificar su especulación, aunque no se para a considerar el enorme salto preadaptativo que cabría realizar ni cuál podría haber sido la historia evolutiva del sistema descrito (perdonad que sea tan vago en los detalles, pero tampoco quiero estropearle la sorpresa a nadie). Además, en el caso en particular de la novela que nos ocupa, la resolución de Merlene, que podría tener sentido desde una aplicabilidad humana, supondría poco menos que un genocidio voluntario para los keracks (otro rasgo propio de la ficción de Forward es que tiende a antropomorfizar exageradamente la psicología de sus alienígenas, por muy extraños que sean los ambientes que habitan).

En definitiva, hay que considerar “Camelot 30K” como una gran broma, y estar dispuesto a seguirle la corriente (en sus dos facetas, como recreación artúrica y como ejercicio especulativo con giro final), sin concederle mayor relevancia. Bajo estas condiciones, la historia se lee con agrado. El estilo simple invita también a una lectura rápida y, por una vez, la ciencia implicada no resulta excesivamente sofisticada (dentro de los parámetros del hard extremo, claro). Ideal para fans de la cifi dura que deseen despejarse con algo un poco más suave que de costumbre.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 28, 2010.

2 comentarios to “Camelot 30K”

  1. Completamente de acuerdo en todo. Gran análisis Sergio.
    Aún así a mi me resultó bastante más soporífera de lo que te ha parecido a ti según comentas.

  2. Gracias.

    Supongo que el disfrute depende mucho del estado de ánimo particular del momento en que se inicia la lectura (y de la predisposición a reírle la broma a Forward).

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