En la estación Basilisco

Tras el interludio hispaconero, vuelvo a la rutina de las reseñas, que iré punteando con noticias sobre mis dos nuevos libros a medida que se vayan produciendo. Para empezar (continuar), una crítica que tenía pendiente desde hace varias semanas: “En la estación Basilisco” (“On Basilisk Station”, David Weber, 1993).

Si algo se puede destacar de este libro, el primero en la serie de Honor Harrington (diez novelas, cuatro antologías, dos series spin-off y contando), es que es space opera pura y dura, del subtipo noventero. No engaña. Ofrece lo que promete, y lo hace con precisión, ritmo y perfecto conocimiento de su público objetivo.

La space opera, proscrita durante los sesenta y buena parte de los setenta por representar todo cuanto de pueril, según la New Wave, arrastraba la ciencia ficción, empezó a recuperar protagonismo a finales de esta última década de la mano de obras que retomaban sus escenarios, como “La guerra interminable” o “Pórtico“, retornando triunfal en los 80, bien de la mano de antiguos maestros (“Los límites de la Fundación“, de Isaac Asimov) o de nuevos valores (C.J. Cherryh y su saga de Chanur, David Brin con el universo de la elevación, destacnado “Marea estelar“…).

En los ochenta, el género asimiló características de otros tipos de ciencia ficción, como el hard, dotando de gran protagonismo a las especies aliegnígenas e impulsando la creación de culturas variopintas. Este proceso desembocaría, a principios de los 90 en los Cantos de Hyperion, de Dan Simmons, pero no terminó ahí la evolución, sino que volvió a mutar, absorviendo elementos no ya externos a sí misma, sino externos a la propia ciencia ficción (más específicamente, del bestseller de intriga), para entrar con fuerza en la nueva década.

Había nacido la space opera noventera, cuyos principales rasgos definitorios son la identificación profunda con un único personaje central (al que va añadiéndosele una plétora de secundarios a medida que la serie avanza), el militarismo y la identificación del enemigo con otros humanos (agrupados en imperios, confederaciones, uniones o lo que se tercie),  más o menos divergentes según escenario (en la década siguiente, se sumarían a la lista de ingredientes el transhumanismo y el postsingularismo, pero eso deberá quedar para mejor ocasión). Los dos grandes ejemplos son la serie de Miles Vorkosigan, de Lois McMaster Bujold, y la (no tan popular) que nos ocupa.

Honor Harrington es el alma de la serie. Nos pasamos buena parte de la novela dentro de su cabeza, con ocasionales visitas a los pensamientos de otros personajes para dar cuenta de acontecimientos lejanos o bien ignotos para ella. Honor es una oficial de la Real Flota Manticorana, asignada a su primer mando en un navío con capacidad de salto intersistema. Caprichos del destino la dirigen a la Estación Basilisco, el puesto de avanzada más lejano y menos prestigioso del reino (sí, la organización social es seudofeudal, una especie de monarquía constitucional, con derechos hereditarios procedentes del período colonizador y posibilidad de variar de estatus en función de méritos económicos). Allí, deberá enfrentar su sentido del deber ante una situación de dejadez crónica, con unos recursos ultralimitados y la amenaza (conocida por el lector, pero no por los protagonistas) de una inminente invasión por parte del colindante imperio de Haven.

No resulta muy complicado anticipar el desarrollo de la novela. Sigue al pie de la letra el guión prescrito para este tipo de ficciones. Las dificultades a las que se enfrentan Honor y su tripulación son ingentes, pero la ferrea disciplina y la capacidad de mando de la comandante Harrington son capaces de arrancar un glorioso triunfo de las garras del fracaso. No hay complot lo bastante sibilino, ni tarea lo bastante imposible, para doblegar la voluntad de la protagonista, que al final, cómo no, salva el día (a un alto, aunque necesario, precio).

Intriga política (elemental), organización naval (exhaustiva, no en vano el autor es historiador militar), algunos apuntes tecnológicos (pura excusa para justificar las necesidades tácticas) y exaltación de los valores castrenses. Algo repetido mil veces…. y que las mil, si se hace bien, suele funcionar. A los lectores nos gusta ver a un personaje machado hasta extremos sádicos, sólo para sobreponerse al final. Nos complace la idea de que la excelencia acaba triunfando. Es bueno identificarse con un héroe (heroína en este caso) inquebrantable. Si además es joven (aparentemente, milagros de la medicina), posee una mascota especial (un ramafelino casi telepático y de gran inteligencia) y tiene que superar incluso prejuicios de sus propios hombres (al primer oficial no le cae en gracia, supuestamente por razones de edad, aunque no puede dejarse de apreciar cierta insinuación de machismo, en una sociedad donde supuestamente tal sentimiento ha sido erradicado).

Llegados a este punto tengo que confesar que este tipo de space opera no es plato de mi gusto. El nivel especulativo es nulo, limitándose a buscar formas de recrear en el espacio las condiciones tácticas de la guerra naval. El nivel tecnológico me parece incongruente. Tras haber leído las batallas espaciales de Charles Stross (“Cielo de singularidad“), no puedo dejar de notar lo poco creíble que es una batalla a misilazos (si fuera subacuática, serían torpedos). Han pasado apenas diecisiete años desde su publicación original, pero “En la estación Basilisco” presenta, para mi gusto, un tufillo a obsolescencia. Sé que el truco consiste en desconectar el sistema crítico y dejarse llevar por la aventura, pero me ha sido imposible. Al menos en este primer volumen, la historia resulta demasiado tópica para inducir la suspensión de la incredulidad.

También cabe achacarle cierta culpa al personaje principal. Honor Harrington carece de matices. Su personalidad, por realizar una comparación odiosa, no está a la altura de la de Miles Vorkosigan (o de su madre, Cordelia). También caería por detrás de muchos otros ejemplos, sacados de la novela histórica (otro de mis vicios y un subgénero muy proclive a la creación de series militaristas “de personaje”). Pese a todo, sé positivamente que entre los aficionados a la space opera la serie de David Weber es una de las más aclamadas, así que muy posiblemente no soy el crítico más apropiado para glosar sus virtudes. Lo más que le encuentro es que es una lectura rápida, sin complicaciones. Hay ocasiones en que eso es todo lo que se precisa.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en octubre 15, 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: