La larga marcha

Hacia finales de los años 70, los editores de Stephen King consideraron que había demasiadas obras suyas en el mercado y le pidieron que aflojara el ritmo. Incapaz de someterse a esas restricciones, y con la intención confesa de probarse a sí mismo que el éxito continuado no se debía exclusivamente a haberse hecho un nombre reconocible por pura suerte, creó a Richard Bachman (biografía incluida), un autor ficticio que firmó cinco novelas (“Rabia”, “La larga marcha”, “Carretera maldita”, “El fugitivo” y “Maleficio”) en ocho años, para desaparecer de escena y morir (de cáncer de seudónimo, cuando la evidencia  sobre su verdadera identidad se hizo inocultable), publicándose póstumamente “Posesión”, como parte de un díptico con “Desesperación”, firmado como Stephen King.

Recientemente King resucitó el seudónimo para publicar “Blaze”, una novela antigua, inédita hasta el momento (y se comenta por ahí, yo no lo puedo confirmar o negar, que con todo merecimiento). Ni ésta ni “Posesión” me interesan en estos momentos. Quisiera sin embargo detenerme en el cuarteto original, un conjunto muy interesante, cercano y al mismo tiempo singular con respecto a la producción típica de King. Son novelas mucho más breves de lo habitual en el “maestro del horror”, mucho más centradas en sus respectivos protagonistas. Dos de ellas, “Rabia” y “Carretera maldita”, carecen de elementos fantásticos (una característica que no fermentaría hasta mucho después en obras tan extraordinarias como “Rita Hayworth o la redención de Shawshank” o “Corazones en la Atlántida”; la novela corta, no el libro completo).

Otras dos, “El fugitivo” y “La larga marcha”, abordaron un género en el que King se ha prodigado esporádicamente (con desigual fortuna): la ciencia ficción, sólo que de forma mucho más directa, casi me atrevería a decir que pura, de lo que es posible encontrar en novelas como “Los Tommynockers” o incluso “Ojos de fuego”. Ambas, además, comparten elementos comunes. Se trata de distopías ambientadas en un futuro cercano impreciso, con muy poco énfasis en la tecnología o incluso en la mismísima especulación (que vendría a ser uno de los pilares fundamentales del género). Por añadidura, las dos dibujan reflexiones en torno al poder deshumanizador de los medios de comunicación y la fascinación morbosa que ejerce la violencia. Destacaría, sin embargo, “La larga marcha” (“The long walk”, 1979) como la mejor obra desde un punto de vista literario.

En ella se nos bosquejan unos Estados Unidos transformados en una especie de dictadura orwelliana, en los que el principal acontecimiento anual es la celebración de la Larga Marcha, una competición retransmitida en directo a todo el país, cuyo premio consiste en la concesión de cualquier petición y en la que el fracaso se paga con la vida.

Los participantes son cien jóvenes, voluntarios, escogidos de entre miles de peticionarios en base a una lógica desconocida. Estos jóvenes deben ponerse a marchar, a paso vivo, aunque sin llegar a correr. Si en algún momento su ritmo cae por debajo de cierta cadencia reciben un aviso (que pueden borrar si no son apercibidos de nuevo en determinado tiempo). Dos minutos más tarde, caso de no haber recuperado el paso, reciben su segundo aviso. El tercero supone recibir un disparo en la cabeza (de parte de los soldados que acompañan a los participantes). La competición termina cuando sólo queda un marchador.

La novela nos narra la competición, desde instantes antes de que se dé la salida hasta la conclusión. Ni más, ni menos. Además, estamos atrapados entre los participantes. Todo cuanto se nos describe o se nos desvela es a través de sus ojos y sus conversaciones. Nos vemos conducidos con la misma inexorabilidad hacia el fatal desenlace. Como ellos pudimos escoger si empezábamos a leer, pero una vez metidos en la carrera, la única opción consiste en llegar hasta el final.

¿O no? Lo cierto es que nadie nos apunta con un arma a la cabeza. Podemos abandonar la lectura en cualquier punto y devolver el libro al estante. No sabríamos como termina, pero nada nos obliga a perseverar. Como nada obliga a los millones de espectadores que siguen en la novela el devenir de la competición (bien sea en directo, alineados al borde de la carretera, o por televisión, desde los cómodos salones de sus casas). Quizás nos parezca una sociedad enferma, cruel, pero ¿en que nos diferenciamos de ella? ¿En que sabemos que se trata de una ficción? ¿De verdad resistiríamos la tentación de fisgonear en caso de no serlo? ¿De verdad podríamos inhibirnos? ¿Lo desearíamos?

Stephen King es un maestro del retrato psicológico. Sus personajes nunca son blancos o negros, sino que habitan en la contradicción permanente de ser humanos. ¿Por qué alguien se apuntaría a una competición que no sólo le procurará padecimientos terribles, sino de la que sólo cuenta con una posibilidad entre cien de salir con vida? ¿Por el premio? ¿Por la fama, por muy efímera que sea? ¿Por algún motivo aún más oscuro?

“La larga marcha” no aporta respuestas, sólo plantea preguntas. No explica, muestra. Y resulta imposible dejarla de lado una vez la has empezado.

En la época en que se escribió la violencia, sobre todo en el cine, estaba especialmente glorificada. Clint Eastwood triunfaba con Harry el Sucio y estaba a punto de comenzar la edad dorada de las películas de acción (con Schwarzenegger y Stallone a la cabeza de la clase; por no hablar de las imitaciones italianas). Hoy en día, si cabe, el mensaje resulta todavía más actual, con el auge del reality show. La Larga Marcha sería el reality definitivo… y obtendría audiencias millonarias.

Subyacente a toda la historia está presente un concepto: el espectáculo de cien jóvenes condenados por propia voluntad a andar hasta reventar no es sino una pantalla de humo; un sistema de control que apela a los más bajos instintos de la masa para tenerla controlada y centrar su atención en algo ajeno a su situación. La injusticia definitiva que se comete con ellos justifica (y compensa) cualquier injusticia comparativamente menor que recaiga sobre el pueblo. Es una estrategia antigua. El pan y circo romano. Sólo que en medio del auge de la cultura audiovisual quizás baste con circo, siempre que sea lo bastante embrutecedor.

Decía al principio que se trataba de una ciencia ficción poco especulativa… Quizás en intenciones, porque la evolución de la sociedad se ha encargado de conferirle plena vigencia.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en agosto 26, 2010.

14 comentarios to “La larga marcha”

  1. Esta creo que no la he leido (bueno, casi seguro que no). la emntablente, si que lei El Fugitivo, y he visto la pelcula, “casualmente” con A. Schcwazzeneger. Lamentables ambas, novela y pelicula.

  2. Hombre, la película es propia de la época, pero tampoco está tan mal y el libro, sin ser nada del otro mundo, tiene sus momentillos.

  3. Bueno, opiniones. A mí me aprecieron, sobre todo el libro, una enorme pérdida de tiemp. Eso sí, le reconozco que me enganchó…porque no podía creer lo malo que era, y volvía cada página esperando alguna barbaridad superior…¡y la encontraba!

  4. Pues parece que nadie de los que comenta ha leido la obra en cuestion. Yo si. Tambien he leido otras varias novelas de King. Y de verdad que La larga marcha destaca, tanto por su originalidad como por resultar una lectura muy envolvente y que te atrapa. Suena a cliche pero es de esas veces que no pude soltar el libro hasta terminarlo. Yo si la recomendaria, incluso es una de sus novelas mas accesibles pues no carga con elementos sobrenaturales ni toda la mitologia propia del autor.

  5. Últimamente paso bastante por una librería de viejo donde me estoy comprando un montón de libros de King (he empezado a leerle este verano). Mi próxima compra iba a ser “La larga marcha”, esta entrada me ha convencido aún más.

    Por otra parte, el argumento me recuerda muchísimo a “La carrera de la muerte del año 2000”, aunque la peli tiene muchísimo humor negro.

  6. Bueno, la aproximación es sin duda diferente, aunque se trata de un tema (el de espectáculos violentos para las masas) bastante común en la época. Basta con mencionar, por ejemplo, “Rollerball” (la original de 1975).

    Espero que estés disfrutando con King, que tiene unas cuantas novelas extraordinarias (y alguna que otra más flojilla, claro).

  7. Leí la novela cuando era un adolescente y me causó una enorme impresión. Las penalidades de los jóvenes, la ansiedad y la cercanía de la muerte están terroríficamente reflejadas. Tristemente, no parece algo totalmente al ser humano. Seguro que si se organizara algo semejante al concurso del libro, sería seguido por millones de personas.

  8. A mí me gustó, pero hay que leerla sabiendo que no se parece a otras obras de King. Sí, es único recreando escenarios y consiguiendo que te enganches, pero no crea un escenario como el de Cementerio de animales o El resplandor. En cualquier caso es un libro que merece la pena.

  9. Es que King, cuando escribía como Banchman, lo hacía con un estilo ligeramente diferente a sus otras obras (sobre todo en esa fase temprana de su carrera). Esto es apreciable incluso en “Misery”, que se suponía que iba a ser un libro de Banchman (aunque el seudónimo quedó “reventado” antes de que terminara su escritura).

    En general, quizás no alcancen las mismas cotas, pero “La larga marcha” ocupa sin duda un puesto destacado en el corpus kinguiano.

  10. Creo que de esta novela se estaba pensando en hacer una película. Cuando la leí hace ya años, me sobrecogió y me encantó. Ahora que la he leído de nuevo quizá ya me he fijado más en otras cosas.

    Fer

  11. Los derechos están en poder de Frank Darabont (que ya ha adaptado magníficamente a King en “Cadena perpetua” y “La niebla”). Su idea era hacer una película muy fiel de bajo presupuesto (lo cierto es que es uno de los textos de King que mejor se prestán al cambio de medio).

  12. oye bastante fome tu columna, solo agregar que personalmente recomiendo la larga marcha, tiene esa pseudo claustrofobia (tal como lo dices) de estar atrapado en los personajes, tipico de lovecraft… tiene tambien ese fervor adolescente que tambien se puede leer en crhistine o en apt pupil o en carrie , sin duda un espacio donde richard bachman explota su empatia hacia la redeldia y el riesgo

  13. Acabo de terminar de leer “La larga marcha” (the long walk) y de verdad, estoy decepcionado. Después de leer maravillas de King (he leído como 10 libros de él) y encontrarme con semejante mierda literaria, monótona, predecible, aburrido y sin “hype”. De verdad, no pierdan el tiempo leyendo esta mierda.

    • La discrepancia de opiniones es buena (aunque sería aún mejor con algo de apoyo argumentativo). Si es por antecedentes… yo he leído 39 libros de King (aunque reconozco que ninguno de los publicados desde el 2003).

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