Perros bajo la piel

Terminar de leer una novela de ciencia ficción extraordinaria me procura una satisfacción muy especial, como si me hubiera ofrecido exactamente lo que necesitaba y en su justa medida. Cuando, además, se trata de una obra de autor español, esa maravillosa sensación, sin embargo, está empañada por cierto resquemor; por la conciencia de que ese libro, que alumbrado en otros mercados podría haberse erigido en un clásico que nada tendría que envidiar a esos otros que he ido reseñando en la Hugolatría, por estar mancillado por el pecado original de estar escrito en castellano, no sólo no habrá podido optar a los reconocimientos que se merece, sino que incluso aquí, en campo propio, habrá sido víctima de los prejuicios que premian con tiradas (comparativamente) amplias a cualquier obrita anglosajona sin alma y relegan al autor patrio a microediciones poco menos que artesanales.

¿El resultado? Que cualquier aficionado, por muy novato que sea, a la ciencia ficción ha oído cuanto menos hablar de obras como “Mundo Anillo”, “El juego de Ender”, “Fundación”… y a poco que esté atento a las novedades “Spin”, “Al final del arcoiris” u “Homínidos”, y sin embargo podría incluso desconocer que un tal Luis Ángel Cofiño, ovetense para más señas, publicó en 2005, en Espiral Ciencia Ficción, una obra tan monumental como “Perros bajo la piel”. Después, como he tenido ocasión de leer por esos foros de Internet, aún hay quien se atreve a defender al pobre escritor anglosajón, que no se traduce lo suficiente por estos lares y, por tanto, se encuentra en situación de inferioridad manifiesta a la hora de establecer comparaciones entre la producción nacional y la foránea.

Así nos sigue yendo.

Pues yo quiero aprovechar Rescepto para romper un par de lanzas a favor de la producción española de calidad. Lo cual debería redundar en beneficio para todo el mundo: nuestros autores, pues sólo es cuestión de gritar la verdad suficientes veces y lo bastante alto, y los lectores que se están perdiendo un puñado de obras extraordinarias (que además tienen el privilegio, por desgracia, de poder disfrutar en exclusiva).

Superficialmente, “Perros bajo la piel” no hace sino abordar un tema clásico dentro del género, el del “primer contacto” con una especie alienígena. No es novedoso; ninguno lo es (un porcentaje nada desdeñable de la literatura clásica griega trata el tema del primer contacto entre civilizaciones, empezando, en determinados episodios, por la matriarca de la novela occidental: “La odisea”); lo que importa son las variaciones, y en este caso son fascinantes.

De entre todos los subtemas posibles, Cofiño se decanta por examinar en detalle las consecuencias socioculturales del acontecimiento, y lo hace trascendiendo la superficialidad ya muy manida de “la civilización menos sofisticada está condenada” (aunque usa este concepto como punto de partida), para ofrecernos un análisis concienzudo de los aspectos tanto prácticos como morales de este hito, convirtiendo a la humanidad en su conjunto no sólo en uno de los actores del drama, sino también en un agente ético, enfrentado a un reválida de madurez

La sociedad de “Perros bajo la piel” es muy distinta de la nuestra (sobre todo en aspectos profundos, como la escala de valores). El punto de inflexión se encontraría en nuestro futuro inmediato y cuatro siglos atrás según la cronología interna de la historia, según unos hechos narrados por la primera novela publicada de Cofiño, “El cortafuegos” (también en Espiral, escrita como precuela de “Quien gobierne la Tierra”, la primera versión de lo que luego se convertiría en “Perros bajo la piel”). Según este desarrollo, el crecimiento industrial incontrolado acabó conduciendo a la Tierra a un estado crítico, con los recursos esquilmados y el medio ambiente tan degradado que llegó a resultar incluso hostil para la vida. La solución fue drástica y desesperada. Los nacionalismos fueron aplastados y nació una confederación con poderes absolutos para cortar de raíz toda actividad dañina y forzar un retorno a tecnologías medievales. La humanidad sobrevivió a la experiencia, pero con unas cicatrices terribles. Durante el proceso, con los océanos desbordados, la capa de ozono destruida y los ecosistemas diezmados, se perdieron 9.500 millones de vidas… Pero el hombre, como especie, se salvó, aparentemente más sabio y comedido.

Esa supuesta madurez será puesta a prueba por la simple confirmación de la existencia de vida extraterrestre en un sistema situado a unos 54 años luz, revelada por una serie de emisiones de radio captadas por una estación colonizadora en un sistema a cuatro años luz del terrestre (los hombres dominan la tecnología de crear singularidades efímeras para cubrir en un parpadeo cualquier distancia… sólo que primero debe recorrerse a velocidades relativistas para disponer de la maquinaria precisa).

El dilema ético, sin embargo, está lejos de ser planteado tan a las claras. De hecho, la trama principal parece abundar en otro aspecto de la historia, el político. El sistema confederado, nacido tras el Cortafuegos, está agotado. La evolución social y tecnológica de los tres siglos de paz lo ha vuelto obsoleto, y, captando su debilidad, el viejo fantasma de los nacionalismos se está envalentonando y amenaza con regresar al primer plano. La presidenta confederada, Claudia Vilardo, ve ante sí unas elecciones que sin duda perderá, algo que no está dispuesta a dejar que ocurra… al precio que sea.

“Perros bajo la piel” es una novela coral. La trama se subdivide en múltiples puntos de vista, ofreciéndonos tanto los movimientos de la presidenta y su séquito como los pormenores de una misión enviada para tratar de descifrar el significado de la transmisión alienígena. Sin embargo, en todo momento es Claudia el personaje central, y no se arruga ante el reto de sostener sobre sus hombros el peso de la novela (y de toda la confederación). De hecho, una crítica que podría hacérsele a la novela es el desequilibrio en interés y complejidad entre los distintos personajes, pues hay algunos cuya única función consiste en mostrarnos las maquinaciones de la presidenta cuando ésta no se encuentra presente (incluso recurriendo en un caso a “engañar” al lector, ocultándole información crucial para poder sorprenderle más adelante). A la postre, quitando del proceso de traducción y del interesante punto de vista respecto a las Inteligencias Artificiales, la historia gira en torno a Claudia Vilardo. 

Se trata de un personaje rico en matices, que tan pronto se nos pinta como una enferma ávida de poder, como nos sorprende con una astuta maniobra política que trastoca lo que creíamos saber. Tal vez Cofiño peque aquí de excesivo reduccionismo, personificando el dilema ético de toda la humanidad (que queda pintada como una masa sin apenas voluntad) en las acciones de Claudia (rara vez una persona individual es relevante hasta ese punto), pero todo lo doy por bien empleado por la ambigüedad que sabe imprimirle, hasta el mismo final. Con una habilidad política extraordinaria, y sin poner reparos a emplear procedimientos poco ortodoxos (o directamente ilegales y/o inmorales), Claudia va desbaratando los complots que surgen a su paso, reconduciendo hábilmente tensiones y controlando la información con el propósito último de hacer cumplir su voluntad. La “dificultad” para el lector consiste precisamente en determinar, a partir de los indicios, a qué apunta realmente esa voluntad y cuáles son los motivos últimos que la impulsan.

Como trasfondo de todas estas ideas nos encontramos con un mundo coherente y rico en sorpresas, donde la organización política ha impuesto una serie de cambios (como el uso del esperanto como lingua franca), y donde el viejo Internet ha sido sustituido por el retastrato, un sistema de intercomunicación superior, con sus propias reglas y protocolos. Eso por no hablar de la aventura espacial, con sus colonias semiautónomas, sus singularidades y sus Acorazados, diseñados para surcar el espacio entre los puntos de salto, con la tripulación y pasaje preservados del tiempo en crioéstasis. Se trata, eso sí, de una civilización poco más tecnológica que la nuestra, aun encontrándose cinco siglos en el futuro, pero es una cuestión que encuentra su explicación en condicionantes históricos bien establecidos. Añadamos a esto el desarrollo novedoso del concepto de Inteligencia Artificial (imprescindible para cerrar una de las líneas argumentales) y la rigurosidad dedicada a cada detalle, y nos encontramos con una ficción con señas de identidad propias y características (pueden reconocerse también en “Su cara frente a mí”).

“Perros bajo la piel” es una obra compleja. No desde la perspectiva del lector (pues se lee en un suspiro), sino conceptualmente. Aborda temas clásicos (el primer contacto) desde perspectivas inusuales, y temas inusuales en la ciencia ficción (la especulación política), con extraordinaria eficiencia. Cuando un libro te obliga a replantearte tu postura al respecto de un personaje o unos acontecimientos (y no una, sino repetidas veces), sabes que te encuentras ante una obra especial.

Las conclusiones (un poco precipitadas, eso sí), al igual que la propia humanidad que preconiza, son maduras, muy alejadas de la inocencia que vio nacer muchos de los elementos que emplea para construir la historia. Sin embargo, si tuviera que destacar algo por encima del resto, creo que me decantaría por su faceta ética. Es relativamente sencillo escribir una aventura competente, o incluso una trama de maquinaciones adecuadamente retorcida, pero tener algo que aportar desde el plano ético, sin caer además en la moralina simplona, es sin duda el principal signo de esa madurez. Una obra de la que sentirnos orgullosos… como simples aficionados a la ciencia ficción, independientemente de cualquier miope exaltación localista.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 19, 2010.

3 comentarios to “Perros bajo la piel”

  1. Impresionante reseña. Espero que los lectores españoles se sientan inclinados por este libro. Yo sólo lanzo buenos deseos desde el otro lado del Océano ;)

  2. El problema es que la edición fue limitada y ya está totalmente agotada (salvo por algún resto de almacen que pueda queda por ahí). Es lo que hay…

  3. […] El cortafuegos y Perros bajo la piel, la tercera obra de Luis Ángel Cofiño posee también un alto contenido de especulación social y […]

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