Psión

Tras ganar el Hugo con “Reina de la nieve”, y antes de embarcarse en su continuación (que se demoraría por muchos años), Joan D. Vinge inició una serie en torno a Gato, un joven telépata huérfano, en un universo ultracapitalista de megacorporaciones, psiones, una clase alta privilegiada, descastados y mano de obra poco menos que esclava.

El primer tomo fue “Psión”, publicado en 1982. La fecha es significativa, pues le confiere a la novela, a mi juicio, uno de los pocos elementos redentores, al preconfigurarse en sus páginas muchos elementos que luego tomaría como propios el cyberpunk (aunque le faltan varios elementos clave, como el nihilismo del [anti]héroe o la superposición de realidades, no necesariamente virtuales, que caracterizarían al género en la segunda mitad de la década).

El elemento de base es un clásico dentro de la ciencia ficción: los poderes extrasensoriales, y más específicamente la telepatía (aunque también aparecen otros como la telequinesis, la teleportación y la precognición, sólo que no en el protagonista). Es una elección arriesgada, pues es un tema ya abordado desde cualquier punto de vista imaginable y que cuenta en su haber (además de mucha morralla) un puñado de obras maestras (“Juan Raro” de Olaf Stapledon, “El hombre demolido” de Alfred Bester, o “Muero por dentro” de Robert Silverberg). En el universo de la novela, quienes presentan este tipo de habilidades son una minoría temida y discriminada por los normales (cabezasmuertas), que reciben el apelativo de psiones.

Gato es un híbrido de humano e hidrano (una especie inteligente, que antaño formó un gran imperio interestelar pero que en la época en que transcurre la historia se encuentra en decadencia). Desde muy pequeño (los cuatro años) vive solo en Ciudadvieja, el distrito marginal debajo de Quarro, la ciudad moderna que se alza, nivel tras nivel hasta el cielo, sobre sus cabezas. Analfabeto y medio salvaje, ha sobrevivido como ratero renegando, por un profundo trauma bloqueante, de sus habilidades psiónicas… hasta que es atrapado por Seguridad Corporada y enfrentado con la disyuntiva de ser enviado durante diez años a una colonia a trabajar como esclavo (“contratado” según el eufemismo imperante) o ingresar en un programa experimental para fenómenos como él, en el Instituto Sakaffe.

Lo que desconoce es que la terapia y el entrenamiento al que lo someten tienen un propósito muy definido: frustrar los planes de Azogue, un superpsión maligno que pretende, de un modo que no acaba de explicarse al principio, desafiar a la Autoridad de la Federación de Transporte, la entidad que, tras el declive del gobierno central terrestre, se hizo con el poder en la galaxia (instaurando, de paso, una sociedad que poco tiene de idílica).

En otras manos este argumento hubiera dado para un space opera trepidante, pero Joan D. Vinge tiene otros intereses. Ella prefiere centrarse en Gato, hasta el punto que la novela está narrada mayoritariamente en primera persona, como mecanismo de refuerzo de la identificación que, supuestamente, debe sentir el lector con él. No es un mal recurso… si tienes el menor interés en sentirte identificado.

Yo no lo he conseguido en ningún momento. “Psión” es la sublimación de una fantasía adolescente muy común. El personaje principal se siente rechazado por el mundo, anhela y al mismo tiempo teme lo que le hace diferente y se autoflagela con espíritu masoquista en pro del conflicto de identidad generado por su herencia mixta. En el fondo, por supuesto, posee un don que le hace especial (además un don que acaba revelándose como extraordinario incluso entre el resto de fenómenos), y la herencia hidrana de la que tanto reniega no deja de presentar aspectos deseables. Por añadidura, no es creíble su personalidad habida cuenta del ambiente en que ha crecido y de los actos que supuestamente se ha visto obligado a cometer para sobrevivir. Gato es un outsider idealizado.

Es un enfoque clásico, que aún hoy sigue resultando rentable. Sustituyamos al adolescente angustiado por su conflicto de identidad, por el enrabietado por el mismo motivo y tenemos la base de series tan exitosas como la de “Crepúsculo”. La reacción varía en su sentido (según se canalice el resentimiento hacia el interior o hacia el exterior), pero en el fondo nos encontramos ante el mismo escenario inmemorial: un grano de arena convertido en montaña a base de egocentrismo y retórica victimista. Gato, por ejemplo, se pasa media novela huyendo de cualquier tipo de resolución a base de escoger el sendero de menor resistencia, lo cual, por supuesto, no hace sino posponer cualquier tipo de avance hasta que por fin se encuentra entre la espada y la pared, sin terreno para seguir retrocediendo.

Joan D. Vinge adereza la trama de autoaceptación con un conflicto interpersonal de tintes edípicos, al relacionar a Gato con una figura materna (Jule, una psión empática y capaz de teleportarse) y con su pareja, el doctor Siebeling (un telequinético, director del Instituo Sakaffe, que mucho tiempo atrás perdió a su mujer hidrana y a su hijo híbrido, que hubiera tenido la edad de Gato, sin llegar nunca a saber su destino a ciencia cierta). Por desgracia, la relación a tres bandas no avanza, sino que desde el momento en que se plantea hasta prácticamente el final da vueltas sobre sí misma, sin aportar más detalles. O, cuanto menos, así se me antoja. A lo mejor todo se reduce a que no conecto con la autora.

La continuación de “Psión”, “La zarpa del gato” (“Catspaw”, 1988), fue publicada por Ediciones Júcar en la misma colección Futura que editó la primera en 1991. La tercera entrega, “Dreamfall” (1996), sigue inédita en castellano.

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 10, 2010.

2 comentarios to “Psión”

  1. Pues, casualmente, he conseguido encontrar dos ejemplares de las dos versiones en español, las cuales tenía en mente agenciarme en un futuro más o menos próximo, pero tras leer tu reseña me ha dejado un poco frío. Será mejor buscar otras opciones. Saludos. Como siempre gran reseña.

  2. Bueno, es sólo mi opinión. Por lo que he podido apreciar (tanto en persona como leyendo comentarios breves en internet), es una obra bastante bien apreciada. Tal vez sea incompatibilidad con la autora (o con la temática en este período concreto de mi vida). Pero bueno… tampoco voy a desdecirme.

    Gracias.

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