Elantris

La fantasía épica es un género que nació encorsetado. Cuando una de las pioneras resulta además una obra maestra (de la literatura universal), además de un fenómeno de ventas que se niega a plegarse a la tiranía de las modas, la sombra que se cierne sobre su prole es muy pesada. En contra de la flexibilidad y adaptabilidad de otros subgéneros, el de la fantasía épica (o high fantasy, como la denominan los angloparlantes) se ve a menudo reducida a una serie de clichés mal hilvanados, con tramas clónicas y un predominio de la estética sobre el fondo (producto de una mala imitación, que no puede sino quedarse en la superficie).

A lo largo de los años, entre muchos productos menores dirigidos al mercado adolescente, ha destacado alguna obra de mayor calado (como la serie “Añoranzas y pesares” de Tad Williams) e incluso títulos que conscientemente se han apartado de la senda y se han arriesgado a hollar la maleza en direcciones nuevas (por ejemplo, “Esperanza del venado” de Orson Scott Card u “Olvidado rey Gudú” de Ana María Matute).

Es en los últimos tiempos, sin embargo, cuando está empezando a tomar forma una nueva forma de entender la fantasía épica, para un nuevo/viejo público (capaz de recuperar a muchos de los que abandonaron el género cuando éste no supo madurar con ellos). El abanderado de esta reforma es sin duda George R.R. Martin, con su aún inconclusa saga de “Canción de Hielo y Fuego”, pero no está solo, y una de las voces que se han unido más recientemente a esta corriente es la de Brandon Sanderson, quien ya demostró maneras con su primera novela publicada, “Elantris” (2005).

Elantris era una ciudad esplendorosa, habitada por seres que eran poco menos que dioses; longevos, inmunes a las enfermedades, dotados de poderes mágicos… Su predominio se extendía a las ciudades colindantes, que disfrutaban, no sin cierto grado de envidia, de las sobras de esta bendición. Diez años antes del inicio de la novela todo cambió. De la noche a la mañana, la gloria de Elantris devino en ruina. Sus habitantes perdieron el pelo, su piel empezó a pudrirse, las heridas que se hacían jamás curaban, sumiéndoles en el dolor perpetuo pues tampoco podían morir, y la magia dejó de ser efectiva. Horrorizados por el suceso, los habitantes de Kae, la ciudad más cercana, se rebelaron, quemaron a los elantrinos que encontraron, derribaron su gobierno, fundaron el nuevo reino de Arelon y encerraron a los antiguos semidioses, ahora sufrientes no-muertos, en su maldita ciudad.

Pero no terminó ahí todo, pues la Shaod, una transformación que aleatoriamente afectaban a los habitantes de Arelon, haciéndolos elantrinos, siguió operando. Sólo que ya no constituía un motivo de alegría, sino un suceso terrible que condenaba al que lo padecía a la muerte y el destierro. Éste es el destino de Raoden, príncipe heredero de Arelon (enfrentado por convicciones políticas con su padre el rey), quien en el capítulo inicial sufre la Shaod y es enviado en secreto a Elantris (anunciándose su muerte por unas fiebres repentinas). Esto afecta también a Sarene, prometida de Raedon e hija a su vez del rey de Teod, una pequeña nación con fuertes lazos culturales con Arelon que, por medio del matrimonio político, espera establecer una alianza contra el imperio Fjordell, una dictadura teocrática que, tras la caída de Elantris, ha puesto sus ojos codiciosos en ambos reinos.

La novela pasa a detallar los esfuerzos de Raoden y Sarene, el primero por llevar un poco de propósito y orden a la pesadilla elantriana, al tiempo que busca el motivo de la caída para tratar de revertir el proceso, la segunda por salvar a su nuevo pueblo de sus propias debilidades (haciendo suya la conjura de su difunto esposo) y de la amenaza extranjera. Esta amenzaza está personificada en el tercer personaje de la historia, Hrathen, gyorn (algo así como cardenal) del Shu-Dereth, la religión de Fjordell (una variante del Shu-Keseg, al igual que el Shu-Korath que es la religión oficial de Arelon), que acude a Kae con la misión de convertir a todos sus habitantes en el plazo de tres meses, antes de que los ejércitos del imperio destruyan la nación.

Las intrigas y contra-intrigas ocupan buena parte de la trama de “Elantris”. Sanderson teje un amplio entramado de personajes, intereses y poderes, en cuyo centro se encuentra Sarene (toda una estratega política). Los destinos de los tres personajes se van entrelazando (aunque Raedon funciona buena parte de la novela a su bola), hasta desembocar en el gran conflicto final (que lleva a la solución que ya se anticipa desde la primera página, aunque no importa tanto la meta como el camino). La magia, durante buen parte de la novela, es un tema secundario, pues importa más el discurso político e incluso religioso (bastante superficiales ambos, aunque no deja de ser significativo que las diferencias doctrinales que alimentan el conflicto sean pequeñas). Su fuerte lo hallamos en el ritmo y la concatenación lógica de fintas y contrafintas, a medida que van encajando las piezas del rompecabezas de modo que, lo que podría haber acabado siendo un simple recurso de Deus ex Machina, queda en una evolución natural de los acontecimientos.

“Elantris” constituye una lectura muy satisfactoria, y me gustaría analizar por qué.

Los personajes, aunque muy bien retratados, no dejan de ser un tanto planos. Raoden es un visionario de optimismo inquebrantable y Sarene una mujer insegura en el plano afectivo pero de gran inteligencia, que se niega a aceptar un papel pasivo en los acontecimientos. Los secundarios están bien definidos, pero son igualmente unidimensionales. Tan sólo se escapa Hrathen, un personaje que hubiera podido quedar como un mero antagonista de los héroes pero que se erige en el más complejo e interesante de la novela . Constituye un hombre lleno de contradicciones, reflexivo, autocrítico, capaz de analizar sus propias motivaciones y evolucionar. Debería personificar el mal (cuanto menos como contrincante) y, aunque muchas de sus acciones son moralmente reprobables, el que asuma esta realidad y se responsabilice del daño causado por sus decisiones (motivado por la búsqueda de un bien mayor), lo elevan por encima incluso de aquellos con quienes teóricamente deberíamos identificarnos.

Pese a su atractivo, cuesta un poco vencer los prejuicios y entender que, efectivamente, es tan protagonista como los otros dos por méritos propios. Lo que primero llama la atención es otra cosa. La fantasía épica ha sido un género obsesionado por trazar una y otra vez el camino del héroe (desde la insignificancia hacia el triunfo, pasando por la asumción de responsabilidades y, a menudo, la entrada en posesión de un importante legado). En estos menesteres, conviene empezar con un protagonista joven y un poco atolondrado, que poco a poco irá descubriendo las verdades de la vida. Esta circunstancia también sirve para establecer conexión con el lector potencial, que suele ser igualmente joven (y simple, aunque no esté dispuesto a admitirlo). Los conflictos típicos suelen ser conflictos de identidad u otros (en los casos más atrevidos, de índole sexual) propios de adolescentes (un fenómeno que aún está en pleno apogeo, como demuestra gran parte de la fantasía actual dirigida a un público femenino). La ventaja de esto es que no sólo atrae a quienes están sufriendo en primera persona esos conflictos, sino que puede resonar en quienes ya los han superado (aunque esto podría ser muy aventurado de suponer en determinados casos). Como punto negativo, al final te cansas de leer una y otra vez lo mismo, con escasa profundidad y, a menudo, siguiendo las mismas fórmulas ya agotadas.

En “Elantris” no hay (demasiados) conflictos adolescentes. Los personajes son maduros y sus problemas también. Sigue sin abandonar el análisis superficial, pero nos ofrece una variación muy necesaria en su objetivo.

Además la principal cualidad de todos los personajes es su inteligencia. Tal vez ésta no esté plasmada a la perfección, pero su valía se basa en la capacidad de su cerebro. Nada de habilidad marcial (aunque también hay algo de eso), ni puro y suicida valor (que parece ser en ocasiones todo cuanto cualquier aspirante a Salvador necesita). Lo que define a los personajes es su capacidad de aplicar el estudio, la estrategía o la lógica a los problemas a los que se enfrentan. La contienda, en última instancia, es intelectual (incluso para aquellos personajes más viscerales).

No quiero decir que “Elantris” sea ella misma un prodigio intelectual. No es ése su propósito, pues busca ante todo entretener. Es, sin embargo, una obra que aboga por los personajes inteligentes y no se decanta por las soluciones fáciles (e incluso cuando opta por ellas, que no siempre es algo malo, lo hace de un modo que no ofende al sentido común). Quizás por ello exista cierto consenso en considerarla una obra de fantasía madura.

Desde luego, no seré yo el que me oponga a este tipo de enfoques (de hecho, “Elantris” me recuerda poderosamente a cierta novela que aún anda a la búsqueda de editor y que tengo en cierta estima).

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 6, 2010.

6 comentarios to “Elantris”

  1. El único fallo que yo le encontré a la historia fue un final que abusaba del “Deus Ex-Machina”, demasiado precipitado en comparación con el ritmo pausado que tiene el resto de la novela.
    Desde luego, muy recomendable. Sobre todo por ese tratamiento tan alejado de la épica, que para mi fue la primera experiencia con una historia palaciega-fantástica.

  2. Estoy (poco a poco) reconciliándome con la fantasía, y esto tiene buena pinta. Al menos es una novela autoconclusiva, algo de los que alegrarse y es que uno de los peores males de la fantasía épica es la manía de hacer sagas, sean trilogías, pentalogías y así hasta el absurdo… ¿cuántos tomos hay de Shannara? y que cada tomo tenga un número ingente de páginas (algo en lo que también cae Martin).

  3. Lo malo de Shannara no es la acumulación de títulos, sino la ínfima calidad de cada uno de ellos. Yo sólo le aguanté 100 páginas del primer libro (“La espada de Shannara”), justo hasta que aparece un clon de Tom Bombadil y ahuyenta al hermano gemelo perdido de los Nâzgul junto a un río que debía ser afluente del Tornasaucel, justo a tiempo de salvarle el culo al Elegido de turno.

  4. Hola! Me compré Shannara hace poco y me he leído como 150 páginas, hasta ahora me gusta lo que leo. No es una historia tonta, me parece bien elaborada y algo que pueden leer personas de todas las edades. Hasta ahora me gusta, vamos a ver! Igual pregunto, cuántos tomos hay???

  5. La serie de Shannara consta de veintiséis novelas agrupadas en varios ciclos (y hay otra trilogía en marcha), aunque sólo se han publicado ocho en español: la trilogía original (“La espada de Shannara”, “Las piedras élficas de Shannara” y “El cantar se Shannara” 1977-1985), la tetralogía de la herencia de Shannara (“Los vástagos de Shannara”, “El druida de Shannara”, “La reina élfica de Shannara” y “Los talismanes de Shannara” 1990-1993) y una precuela, “El primer rey de Shannara (1996).

  6. pues me ha parecido un poco infantil la forma de afrontar el personaje de la princesa asi como un poco repetitivos algunos pensamientos de los personajes ( la princesa y su poca mano con los hombres, El final estaba cantado desde la 3ª pagina. Por lo demas, entretenida.

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