Quijote Z

Dentro de la actual moda de literatura zombi, uno de los subgéneros que más éxito ha cosechado ha sido el de la corrupción de clásicos. Es decir, coger un texto famoso (y ya libre de derechos) y aplicarle un tratamiento de zombificación, pasándolo todo por el prisma de los muertos vivientes. Era sólo cuestión de tiempo que alguien centrara sus miras en el Caballero de la Triste Figura, así que, más pronto que tarde, ya tenemos con nosotros la versión corrupta de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”.

En estos menesteres se dan dos planteamientos. Por un lado, está el del perpetrador original, el corruptor de “Orgullo y prejuicio”, que se limitó a transcribir con gran éxito y provecho (cuanto menos para su bolsillo) la novela original de Jane Austen, intercalando aquí y allá referencias zombis. Por nuestras hispanas tierras, el anónimo autor del “Lazarillo Z” optó por una estrategia diferente. Tomando como base la obra original, la utilizó como superficie embustera bajo la que se escondían las auténticas vivencias de Lázaro de Tormes, elaborando una ficción de las que se conocen como de “historia oculta”. Para el presente libro, Házael González se ha decantado por la primera alternativa, tomando el texto de la primera parte del Quijote, podando aquí y allá (eliminando para empezar casi todos los relatos intercalados, recortando discursos, fusionando capítulos e incluso omitiendo alguna aventura que no debía darse bien a la zombificación) y sustituyendo en lo salvado toda referencia a la caballería andante por el no tan afamado arte de la cacería de no muertos, erradicación de medio-vivos y auxilio de desesperados sobrevivientes a la plaga.

Supongo que las opiniones al respecto oscilarán entre horrorizarse ante el sacrilegio literario cometido y el disfrute sin contemplaciones de la broma. Personalmente, no estoy por rasgarme las vestiduras. El Quijote es parte de nuestro acerbo cultural, y ya he visto y leído versiones de todo tipo. El texto es lo bastante fiel, al menos, como para dar una buena idea del humor e ingenio de la obra cervantina (no así de su alcance, pues se centra en demasía en su protagonista en detrimento de su riqueza temática). Quizás logre que lectores que jamás pensaron en abordar el original, por prejuzgarlo un tocho tedioso, alcancen un conocimiento más preciso de este texto fundamental, no ya en las letras castellanas, sino en la literatura universal (por supuesto, nada suple la experiencia directa y sin filtros, pero menos da una piedra).

Por el contrario, quienes ya estén familiarizados con el Quijote poco encontrarán de novedoso en el Quijote Z, quedando reducida la novedad a la inclusión de mucha terminología pútrida, novedad que va desgastándose con el paso de páginas y capítulos, que van poniendo más de manifiesto la artificiosidad de la propuesta, pues lo concebido para hacer burla de libros de caballerías, mal puede avenirse a homenajear la literatura zombi. Esta contradicción intrínseca, que siembra el texto de chistes más o menos privados (tan sólo aptos para buenos conocedores de la mitología zombi), al tiempo que basa parte de su humor en denunciar sus presuntas sandeces, que para mayor inri no son tales las más de las veces, sino vicios de esa otra literatura, de esforzados caballeros y pudorosas damas, acaba privando al texto de un sentido último, más allá de la simple broma (sin poder siquiera adoptar la intencionalidad satírica de la obra original).

Entendido pues como broma, el Quijote Z tiene su gracia… durante un tiempo, pero a la postre se hace repetitivo y, para leerlo, trae más a cuenta leer la historia tal y como surgió de la pluma de Cervantes.

Otro enfoque hubiera sido posible, y como muestra tenemos la novela corta “Luna de sangre en Lepanto”, que completa el volumen. En ella se nos cuenta una episodio de posible (no queda clara la interpretación de los acontecimientos) historia oculta, referente a la batalla de Lepanto y teniendo al joven soldado Miguel de Cervantes como protagonista. El relato entronca con las raíces africanas del mito zombi, para insinuar el uso de muertos vivientes por parte del Sultán sarraceno. O quizás todo quepa atribuirlo a una infección y al poder de sugestión del converso Isaac, artífice de extrañas artes e incluso más extrañas historias.

Se trata de un texto muy interesante, que alumbra sobre las posibilidades que alberga este tratamiento en las historias de zombis y que contrasta vivamente con el resto del volumen, tanto en tono como en intención. Se podría afirmar que, en este caso, el complemento acaba resultando muchísimo más atractivo que el núcleo principal del volumen.

Para concluir, agradezco a Dolmen Editorial el envío de un volumen de “Quijote Z” para su reseña en Rescepto.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 4, 2010.

2 comentarios to “Quijote Z”

  1. La verdad es que me acabo de enterar de la existencia del libro, y tengo unas ganas enormes de leerlo. Con tu permiso, voy aponer un enlace desde mi blog a esta entrada.

    Un saludo.

  2. Por supuesto. No hay problema. Adelante con todos los enlaces que quieras.

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