Diario de un zombi

El punto de vista del monstruo siempre ha sido un tema atractivo. También marca en cierto sentido un punto de inflexión en su percepción. Así pues, se podría señalizar la mutación del vampiro de villano a… no exactamente antihéroe, pero sí a espejo que pudiera reflejar selectivamente los anhelos del lector, con la publicación de las crónicas vampíricas de Anne Rice (el proceso en sí es fascinante, los resultados no tanto). El primer volumen posee un título bastante explícito: “Entrevista con el vampiro”. ¿Quieres saber cómo piensa? ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Cómo nos ve? Aquí tienes las respuestas.

Lo que a los vampiros les costó un siglo, los zombis (en su forma moderna) lo han logrado en unas pocas décadas.

A decir verdad, va un poco en consonancia con los tiempos. Los límites entre “buenos” y “malos” son difusos. Los personajes totalmente blancos no triunfan, sino que nos recreamos en los matices de gris, en las imperfecciones morales de nuestros nuevos adalides; y de igual modo está pasada de moda la noción del Señor del Mal, empeñado en las más viles ruindades por el simple motivo de su malignidad intrínseca (cliché que ha devenido incluso en motivo de parodia). A esto se le añade la explosión comercial del fenómeno zombi, la avidez por renovar los temas y escenarios dos o tres veces por mes para satisfacer la demanda, que ha desembocado inevitablemente en un libro como el presente, que nos invita a contemplar la seudovida de un muerto viviente desde su propio y particular punto de vista.

Esto, por supuesto, suscita un dilema evidente. El zombi es, por definición, un personaje vacío de propósito que tan sólo responde a los impulsos más primarios. Su fascinación reside precisamente en que, al carecer de voluntad, carece de condicionantes (morales o de cualquier otro tipo). Traslada todo el peso del protagonismo, todos los papeles (héroe, víctima, villano, cobarde, individualista, social…) a los supervivientes, erigiéndose como un receptáculo vacío, un símbolo sin significado, listo para asumir la función metafórica que deseemos (incluso, si se tercia, dos o más conceptos, complementarios o antitéticos, no importa).

He aquí pues el problema al que se enfrentó Sergi Llauger al abordar la escritura de “Diario de un zombi”. Necesitaba resolver esta contradicción y provocar una mutación en el arquetipo zombi para dotarlo de un sentido nuevo.

El protagonista, muerto viviente y cronista de la novela es Erico Lombardo, un joven italiano que, tras ciertos vagabundeos por el Mediterráneo, vivía en Barcelona cuando se desató la plaga zombi. Su insólito estado de cadáver que conserva la movilidad y la capacidad de razonar le proporciona una perspectiva única sobre el fin de la nuestra civilización. Al principio de la historia, se dedica a pasar la muerte del modo menos fastidioso posible, ajeno por completo a la suerte de los ya escasos supervivientes y del resto de zombis sin cerebro que aún deambulan por la ciudad.

Todo esto cambia cuando se encuentra con Anette y Paula, una mujer y una niña de ocho años que están tratando de alcanzar un centro de investigación en los Pirineos, lugar donde los científicos quizás puedan descubrir qué hace a Paula, la niña, inmune a la zombificación, y proporcionar así una esperanza al mundo. Reticente al principio, Erico accede a acompañarlas hasta las afueras de Barcelona y luego se va viendo más y más comprometido, erigiéndose finalmente en protector de la niña a través de un territorio desolado en el que quizás no sean los zombis el enemigo más temible ni el adversario más inhumano.

El eje de la novela, ese elemento novedoso al cual hacía referencia, reside en la evolución de Erico, desde un observador pasivo que no toma partido, con tenues lazos con ambos “bandos” del conflicto pero con el firme propósito de mantenerse al margen, hasta alguien preocupado por la suerte de Paula y dispuesto a combatir incluso a su propia naturaleza irracional con tal de ponerla a salvo. El suyo es un equilibro inestable que tan sólo precisa de un catalizador para decantarse, para ayudarle a recordar y anhelar la humanidad.

A decir verdad, no se puede afirmar que se trate de un planteamiento original (¿y cuál lo es?). La novedad reside en trocar al asesino (o terrorista, o timador, o delincuente nihilista en general) que perdió su conciencia mucho tiempo atrás en un zombi. Esto, sin embargo, permite ciertas lecturas imposibles con otros personajes. Erico no es realmente amoral. Erico está muerto. Los principios morales no le son aplicables, por lo que hay que eliminarlos como factor relevante en su transformación. De igual modo podemos desechar los sentimientos que tiene su fuente en procesos fisiológicos. No hay glándulas, ni humores, tan sólo carne putrefacta e inerte. Así pues, la evolución debe ser puramente intelectual y centrada específicamente en Paula, no de origen visceral y como una especie de principio universal indefinido.

Dejando de lado el planteamiento y centrándome en la concreción de la novela, he de señalar que no está en todo momento a la altura requerida. Se nota bastante la bisoñez del autor, en particular en los primeros capítulos, lastrados por su origen como novela-blog (cada uno de ellos tiene que contener el toque humorístico, la referencia popular, la misma estructura expositiva…, con una línea argumental bastante dispersa). Dejada atrás la primera parte, sin embargo, la cosa mejora bastante. Sigue estando presente cierta dificultad para engarzar de forma natural los acontecimientos (a menudo surge algún detalle tan pobremente integrado que automáticamente adivinas que va a estar implicado en un desarrollo posterior), pero la novela empieza a encontrar su ritmo y a fluir de forma más satisfactoria. Es de agradecer la magnífica corrección formal a la que nos tiene acostumbrados Dolmen, que ayuda a aceptar un estilo bastante llano (si bien funcional) y una descripción de personajes un poco superficial (en particular por lo que se refiere al protagonista, aunque su particular condición hacía singularmente difícil dotarlo de matices).

Para concluir, agradezco a Dolmen Editorial el envío de un volumen de “Diario de un zombi” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en julio 27, 2010.

5 comentarios to “Diario de un zombi”

  1. Pues a mi me pareció un libro increible como pocos hay. Los personajes no son superficiales para nada ya que tienen una personalidad muy potente y carismática. Sin duda es uno de loas grandes descubriemientos de terror que he tenido el gusto de leer.

  2. Ahoramismo estoy haciendo una entrada en mi blog, haciendo referencia a este libro. Si no te importa, voy a enlazar esta entrada, ya que yo aún no me he leido el libro, y un comentario como el tuyo, bien argumentado, vendrá bien para los que me leen.

    Un saludo.

  3. Claro, no hay problema. Todo lo contrario en realidad.

    Y si más adelante escribes tu propia crítica, avisa para que pueda enlazarte.

  4. Gracias. En cuanto lo lea, vendré aqúi a decirtelo. ^^

  5. lo estoy leyendo y estoy enganchadisima.., buen libro sin duda… y eso que aun me queda un poquito para acabar

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