Metrófago

Recientemente se ha cruzado a traición en mi camino un saldo increíble de la colección Etiqueta Futura de Ediciones Júcar, uno de esos que no puedes rechazar, aunque luego no haya donde meter los libros (ni mucho menos se tenga una expectativa razonable de poder leerlos en un futuro ya no próximo, sino incluso previsible). En fin, es lo que tiene el vicio. Hay oportunidades que no se pueden rechazar. Al menos me ha dado la oportunidad de hacerme con algunos títulos cuanto menos curiosos, como”Metrófago”, de Richard Kadrey, un cyberpunk de cuando el movimiento estaba en lo más alto de la ola (cerquita, cerquita de la rompiente), 1988.

Es muy probable que no hayáis oído hablar de la novela, ni siquiera del autor (pues su producción es escasa, poco relevante y salvo por “Metrófago” inédita en español). A fuer de ser sincero, no os estáis perdiendo nada particularmente interesante. El cyberpunk se quemó por una razón muy simple, su ultraespecialización dejaba poco margen de maniobra, y hace falta un talento especial para abrir nuevos caminos a partir de una senda tan trillada. Eso sí, entretenido lo es un rato, así que salvo torpeza manifiesta del autor (a menudo fruto de ínfulas trascendentales) asegura unos mínimos de diversión, lo cual nunca viene mal.

El gran problema de “Metrófago” es que en esencia añade muy poco al canón “Neuromante”, al tiempo que no es capaz de seguir su estela especulativa. El protagonista es Jonny Qabbala, un veinteañero que no tiene muy claro qué quiere hacer de su vida. Tras un efímero servicio con el Comité de Bienestar Público (una especie de fuerza policial privada), se dedica a trapichear con drogas y tratar de sobrevivir en una ciudad de Los Angeles degradada hasta extremos casi postapocalípticos, poblada por multitud de tribus urbanas de los más diversos pelajes y donde la violencia y las desigualdades están al orden del día.

Durante las poco más de 200 páginas de “Metrófago”, seguimos el periplo de Jonny, convertido sin comerlo ni beberlo (y por motivos que sólo se revelan, de forma no muy convincente, al final) en centro de atención de los poderosos (su antiguo comandante del Comité, los barones del crimen de la ciudad e incluso, en este caso por motivos menos interesados, el líder del principal grupo anarquista de LA, los Matasanos). Como antihéroe lo cierto es que Jonny deja mucho que desear. Es un personaje demasiado pasivo, e incluso cuando se pone en movimiento rara vez tiene muy claro qué pretende y cómo conseguirlo.

La historia posee un claro tono ochentero. En no pocas ocasiones, más que a los obras cyberpunk retrotrae a las pelis de serie Z sobre pandillas urbanas que surgieron a la estyela de “Mad Max”, como “Los guerreros del Bronx” (1982) o “2019: Tras la caída de Nueva York” (1983). Todas ellas, por supuesto, con cierta influencia de “The Warriors” (1979). Si se le añade a cualquiera de estas películas ciertos toques cyberpunk (implantes, dogras de diseño, hologramas, fijación por la cultura japonesa, jerga electronicófila…), ya tenemos una aproximación bastante exacta a lo que es “Metrófago”. Por desgracia, todo esto no cumple sino una función estética, pues aparte de reflejar una visión cínica y desesperanzada del futuro (con críticas más o menos veladas a la política de la era Reagan, con su intervencionismo exterior y el ultraindividualismo interior; materializadas, por ejemplo, en un intercambio de papeles al transformar los Estados Unidos en un protectorado japonés, o en la transformación en caníbales de los más desfavorecidos del sistema sociosanitario, los ancianos).

Tampoco es que sea nada excesivamente novedoso. De hecho, su único rasgo original sería la inclusión de un elemento biotecnológico en la mezcla, un virus que propaga un nuevo tipo de lepra entre los pobres (casi todos). Por desgracia, la competencia biológica de Kadrey es prácticamente nula y, aunque se nota que ha existido una documentación bastante importante, carece de los conocimientos necesarios para llevar la especulación más allá de una descripción adecuadamente técnica.

Siguiendo un camino similar, aunque llevando las ideas hasta sus últimas consecuencias, diversos autores explorarían a principios de los 90 escenarios que, encuadrados en la corriente post-cyberpunk, podrían tildarse de biopunks (como por ejemplo, “El instante Aleph” de Greg Egan). Kadrey se queda en puertas, más preocupado por la forma que por el fondo (muy en consonancia con el nihilismo juvenil de Jonny, nacido del desencanto y de la falta de objetivos, que si bien es fundamental dentro de la filosofía del movimiento cyberpunk no da mucha cancha para elaborar sublecturas de mayor diversidad y alcance).

Pese a toto lo anterior, “Metrófago” se lee sin problemas, y tampoco se puede afirmar que no ofrezca exactamente lo que promete. Queda, en la historia de la ciencia ficción, como un entretenimiento intrascendente, y como un aviso sobre los peligros de conceder una excesiva importancia a la estética. Al fin y al cabo, el género se describe a menudo como una literatura de ideas, y éstas deben estar con continua evolución, aunque de vez en cuando apetezca regodearse (con cinismo) en la autocompasión.

Hacerse con un ejemplar de esta obra puede resultar una empresa complicada, pero si no os echa para atrás el inglés, podéis acceder a través de este enlace al texto de “Metrophage”, puesto a disposición de los cibernautas por el propio autor (donde sin duda será posible apreciar mucho mejor el efecto de las múltiples expresiones escritas originalmente en español por Richard Kadrey).

Otras opiniones:

De Ignacio Illarregui en El Rincón de Nacho

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~ por Sergio en julio 17, 2010.

4 comentarios to “Metrófago”

  1. Yo también lo conseguí en el saldo y solo tengo un vago recuerdo de él. Entretenido e intrascendente, ciertamente, aunque yo soy fan del ciberpunk con la misma vehemencia que otros lo son de los zombis y los vampiros folladores.
    Sin embargo sí me deja un regusto amargo porque el tema de las bandas con tamiz cyber/bio-punk me parece algo muy interesante y poco tratado. Siempre he tenido interés por ver cómo quedaría un remix de “The shield” o “The wire” con dichos ambientes. Creo que da para mucho, y no sólo estético.

  2. Lo cierto es que me gustaría leer un poco más cyberpunk (a ser posible del bueno) de los 80, pero no es fácil encontrarlo hoy en día (las imitaciones posteriores no me terminan de satisfacer, porque presentan un ligero regusto artificial debido a la disociación entre la filosofía de base del movimiento y el contexto sociocultural contemporáneo con el momento de la escritura, que impone sus propias sublecturas anacrónicas).

    En cualquier caso, tengo la impresión de que está gestándose una especie de resurgir del cyberpunk; o, con mayor propiedad, de un descendiente del cyberpunk (con mucho menor énfasis en la estética punk y fusionando temas de la literatura postsingularista y el near-future). La tecnología de la realidad ampliada acecha en el horizonte, más o menos como el boom de internet se cernía en lontananza a finales de los 80 (eso por no hablar de los terremotos políticos y económicos, que hacen muy atractivo el concepto de una reacción contracultural).

  3. pues la verdad es que el poco cyberpunk que he leido, relatos, me resulta mas bien aburrido especialmente cuando se mezcla con otro genero que no me llama la atencion, la serie negra
    que es eso del pstsingularismo? no seria interesante un articulo en este blog, sobre todo para los que como yo no hemos leido demasiada ciencia ficcion, explicando las distrintas tendencias y corrientes, clasicas y mas o menos actuales? podrias recomendarme algun enlace donde se expliquen estos termisnos y se haga un recorrido por las dsitintas etapas de la c/f? da igual sie sta en ingles…
    francisco(ollonois)

  4. En cyberpunk, hay una serie de novelas muy recomendables, empezando por la que lo empezó todo, “Neuromante” de Gibson (de igual modo, como en toda moda, hay decenas de imitadores con méritos bastante relativos).

    En cuanto a la evolución de la CF… Lo cierto es que voy apuntando detalles aquí y allá en las reseñas, pero aún no he escrito ninguna evolución temporal completa (ni conozco ninguna así a bote pronto; posiblemente pudiera buscarla, pero no con la conexión de que “disfruto” en estos momentos). Me lo apunto como tarea para algún momento futuro.

    Respecot a las corrientes actuales y en particular la postsingularidad, escribí al respecto en la introducción a mi crítica de “Cielo de singularidad” de Charles Stross. Espero que te sea útil.

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