Valis (Sivainvi)

Voy a embarcarme en una de las críticas más duras de los tres años y medio de existencia de Rescepto Indablog; y no por que vaya a descender sobre mí la furia berserker despotricando contra este libro (algo que tampoco sería muy novedoso), sino porque va a ser difícil, muy difícil, empezar siquiera a desenredar la madeja que es “VALIS” (Philip K. Dick, 1981, publicada también bajo el título “Sivainvi”).

Para empezar: ¿Es “VALIS” ciencia ficción? Podría argumentarse con igual aplomo cualquier postura. Durante sus buenas primeras 100 páginas la contestación sería un rotundo “no”. Luego, a medida que el propio autor (con su verdadero nombre) asume protagonismo, se percibe un cambio sutil, una postura ante los acontecimientos que, como él mismo describe, sólo sería posible desde la experiencia y sustrato de un escritor de ciencia ficción de toda la vida. Así pues, queda abierto el debate, aunque a decir verdad la respuesta es irrelevante. “VALIS” es Literatura, con mayúscula, tanto más impresionante cuanto que conceptualmente podría ser considerada a priori ilegible.

Con esto, por supuesto, no hago sino contemporizar antes de meterme a fondo en materia. ¿Cómo hacerlo? Quizás tratando primero de la inspiración para este libro (y, de hecho, también la de su primer intento de dar forma literaria a estas ideas, “Radio libre Albemuth”, así como para los otros dos libros de la trilogía conceptual de VALIS, “Las invasiones divinas” y la incompleta “The owl in the daylight” y su última obra, “La transmigración de Timothy Archer”).

En 1974, afectado por el dolor y los potentes analgésicos que le habían sido administrados tras una complicada extracción de muelas, Philip K. Dick experimentó lo que sólo pudo asimilar como una teofanía, una auténtica experiencia religiosa… o quizás un brote psicótico inducido por su estado y las drogas terapéuticas (por aquel entonces ya había dejado de consumir estimulantes). A lo largo de las semanas siguientes, experimentó visiones, un presunto episodio de xenoglosia (en que habló en griego antiguo) y recibió en su mente información que le permitió salvar la vida a su hijo de una extraña dolencia que de no ser por su insistencia no hubiera podido ser diagnosticada.

Este episodio supuso un golpe brutal para Dick. Desde entonces hasta el día de su muerte llevó una especie de diario, la Exégesis, en donde trató de racionalizar la experiencia. Para 1982 la Exégesis contaba con más de 8.000 páginas manuscritas, donde se entremezclaban los más variados conceptos filosóficos y místicos. La mayor parte de este material se encuentra inédito, pero “VALIS”, que incluye la descripción novelada de los hechos arriba expuestos, así como varios extractos de la Exégesis, puede servir de muestra sobre lo que contiene.

No soy un experto en Dick (habré leído una media docena de sus novelas y algún relato suelto), ni tampoco puedo exhibir mucho mayor conocimiento sobre la novela y sus fuentes del que quedará de manifiesto en esta entrada, pero si tuviera que aventurar una hipótesis, diría que la fuerza que le impulsó a seguir añadiendo páginas y más páginas, que queda perfectamente reflejada en esta novela, es la ausencia de una conclusión satisfactoria. Simplemente, no podía dar carpetazo al asunto, pues las ideas no dejaban de ramificarse y de alcanzar posiciones irreconciliables.

En “VALIS”, Dick se interroga sobre su propia cordura (y sobre la cordura del mundo), sobre la esencia de la realidad, sobre el impulso religioso, sobre la espiritualidad, sobre Dios y sobre los hombres (como dioses), sobre la validez de las experiencias, sobre el conocimiento oculto y sobre su origen, sobre la fe y el cinismo… y no llega a una sola respuesta que pueda mantener por más de unas pocas páginas (salvo quizás la confirmación de su locura y de la irracionalidad del mundo). Si algo define la obra es el conflicto entre la necesidad de creer (en algo, en lo que sea) y la incapacidad para aceptar de forma acrítica la creencia.

No es de extrañar que la historia pueda llegar a ser frustrante.  Su esqueleto es la frustración. Tan pronto construye complejas teologías (o explicaciones pseudocientíficas, depende de la personalidad dominante) como se burla de las mismas sin piedad. Un ejercicio tan complicado que se ve obligado, literalmente, a escindirse en dos narradores, uno, Amacaballo Fat, que narra los hechos en tercera persona, y otro, Philip K. Dick (Amacaballo es la traducción etimológica de Philip y Fat la traducción al alemán de Dick en su acepción más vulgar) que asume en ocasiones el papel de esa tercera persona y nos revela sus pensamientos, opuestos o complementarios a los de Amacaballo, en primera persona (un sistema tan inestable que a veces incluso dentro del mismo párrafo, de forma absolutamente premeditada, queda expuesta su artificiosidad).

Por lo que respecta a la esencia del constructo religioso que elabora, cabe encontrar sus raíces en la tradición gnóstica, con conceptos tales como el dualismo entre espíritu y materia (que lleva, por ejemplo, a la doctrina del adopcionismo, en que el espíritu divino, plásmata según la terminología dickiana, toma posesión del cuerpo de Cristo para formar el homoplásmata, siendo éste únicamente uno de los cinco… o seis, o quizás siete, redentores), la existencia de un demiurgo creador irracional, por debajo el auténtico Dios, y el concepto de salvación a través no de la fe ni de los actos, sino de la transmisión divina de conocimiento (gnosis) a los elegidos.

No se queda en una mera recreación (siempre complicada dado lo parco y embrollado de la fuentes) de las doctrinas paleocristianas gnósticas, sino que aplica un enorme grado de sincretismo para asimilar conceptos de las principales religiones monoteistas (judaísmo, zoroastrismo e incluso la revolución monoteísta de Akenatón; transcrito como Ijnatón y relacionado con una raza extraterrestre de tres ojos, proveniente de Sirio), así como del budismo (Philip llega a definir a Amacaballo como un iluminado, un buda) y del hinduismo (con particular atención al concepto del velo de Maya y la figura de Siva, la diosa de la creación y la destrucción).

Con tantos mimbres, y de tan distinta hechura (habría que añadir enseñanzas de varios filósofos, lugares comunes de la ciencia ficción e incluso fragmentos de la ópera “Parsifal” de Wagner), es imposible armar una estructura lógica. Dick se deleita en ocasiones en mostrar hasta qué punto pueden llegar a ser irracionales las inferencias, completamente arbitrarias, a partir de la típica simbología mistérica. Además, enfrenta a sus personajes entre sí, de modo que la irracionalidad de las ideas, profundamente asumidas por unos, quede de manifiesto ante la disección objetiva aplicada por otros.

Por último, no cabe descartar otra hipótesis. Dentro de la novela, VALIS es una película, producida por el rockero ficticio Eric Lampton, que revela en forma de alegorías y mensajes subliminales la existencia de… algo que se identifica por ese acrónimo (Vast Active Living Intelligence System). El objetivo último es contactar con otros grupos que hayan recibido la misma revelación, con el propósito de instaurar una gran comunidad. No sería de extrañar que este mismo hubiera sido en parte el objetivo de Dick al poner por escrito sus dudas y adjuntar citas escogidas de su Exégesis.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 2, 2010.

5 comentarios to “Valis (Sivainvi)”

  1. A mí me encanta Dick. Incluso en los libros en que se va más de cabeza (como este mismo, por ejemplo), me resulta fascinante. Un tipo único e irrepetible.

  2. En mi opinión toda una obra maestra. Un testimonio literario de un verdadero visionario, o de un loco, si es que hay alguna diferencia…
    Muy buena reseña de tan monumental libro.

  3. Dick es, técnicamente, uno de los mejores escritores que se han dedicado a la ciencia ficción. En general, mil y pico palabras son suficientes para ofrecer una buena panorámica sobre los antecedentes, temas y desarollo de un libro. Con “Valis” se quedan muy, muy cortas.

    Cualquiera puede juntar una sarta de desvaríos, pero hace falta un talento muy especial para reconocerlos como tales, imponer un atisvo de orden al caos y conferirles un propósito subyacente… o al menos para polarizar tan drásticamente a los lectores respecto a la pertinencia de tal aseveración.

  4. Muy buena reseña. Considero a VALIS una obra irrepetible del género, poco dada a conocer, y pocas veces reseñadas con tanto tino y lucidéz. Compartu tu reseña e insisto en que debe darse a conocer mas esta obra, única en su género.

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