Mysterium

Recurro de nuevo a la ya muy menguada reserva de reseñas publicadas originalmente en Scifiworld para seguir sobrellevando esta temporada de intenso trabajo hispaconero (y aún estamos a tres meses vista). Trayendo a Rescepto en este caso a Robert Charles Wilson uno de esos escritores de ciencia ficción canadienses (aunque en su caso nacido en California) que están pegando fuerte en el mercado editorial norteamericano. “Mysterium” supuso quizás el punto de inflexión en su carrera al ganar el premio Phillip K. Dick en 1994.

La publicidad describe las obras de Robert C. Wilson (como viene acreditado por estos lares) como una mezcla de Arthur C. Clarke y Stephen King. Como ardid promocional hay que reconocer que tiene gancho. Lástima que la unión, en este caso, no sea mejor que las partes, porque Wilson no es ni de lejos tan riguroso y especulativo como Clarke ni tan excepcional narrador del espíritu humano como King, y es precisamente a esas características a las que pretende aludir la descripción.

Por dar una breve sinopsis argumental, se podría decir que “Mysterium” nos relata las vivencias de una serie de personajes que deben confrontar lo desconocido sin haber ido a buscarlo, sino habiendo aparecido, literalmente, a la puerta de sus casas. Se trata de un punto de partida similar a la superior “Darwinia” del mismo autor y, por las descripciones de otros libros suyos que he leído, parece ser una temática constante en su obra. De la noche a la mañana, Two Rivers (una población de tamaño medio en Michigan) se ve transportada a lo que parece ser una realidad alternativa, en la que los Estados Unidos de América (o al menos la entidad política que domina parte de su territorio) es una teocracia basada en el cristianismo gnóstico, atrasada tecnológicamente entre setenta y ciento cincuenta años según disciplina científica y, por supuesto, fascista hasta la médula. La responsabilidad de lo ocurrido parece recaer en el laboratorio de investigación física (un centro gubernamental de acceso restringido) que experimenta con un extraño artefacto radioactivo desenterrado años antes en Turquía. Mientras la milicia (una mezcla entre la gestapo y la inquisición) se apodera del pueblo, un puñado (literalmente) de personajes tratará de desentrañar el misterio de lo acontecido, así como descubrir los planes que las autoridades puedan tener para con ellos.

Hay que reconocerle a Robert Charles Wilson la enorme capacidad para construir un escenario que, si bien no destaca por su originalidad, despierta el interés del lector y le hace preguntarse sobre los orígenes del fenómeno y sobre qué puede pasar a continuación. Sin embargo, es a la hora de desarrollar ambos frentes que se queda a mitad camino, sin llegar a dar uso a todo el potencial que él mismo ha creado. Sin ir más lejos, se tiene la sospecha de que Stephen King (a su obra, al fin y al cabo, con un extra de ciencia ficción, es a lo que más se parece “Mysterium”) con los mismos mimbres, hubiera podido ofrecernos una narración mucho más intensa.

Por ejemplo, da la impresión que en todo el pueblo sólo existen cinco o seis personajes merecedores de atención (aquellos cuyas andanzas sigue la novela). El resto no influye apenas en los acontecimientos, hasta el punto que a nadie se le ocurre rebelarse abiertamente (y estamos hablando de unas pocas decenas de miles de personas que, de la noche a la mañana, se ven sometidas a la ley marcial sin rechistar), salvo mediante actuaciones simbólicas y de una ingenuidad casi insultante. Incluso los personajes principales parecen en ocasiones simples marionetas en manos del autor (que, por cierto, es otro de esos escritores de ciencia ficción que no tienen ni la más remota idea de cómo piensa un científico). En resumen, no se tiene la sensación de que los acontecimientos fluyan de manera inexorable, sino de que la arbitrariedad rige el desarrollo de la historia, y eso no es bueno, porque lo envuelve todo en un aura de artificiosidad.

Igual de desaprovechada está la brecha tecnológica entre ambos universos. La única utilidad que se le encuentra es en la fabricación de un artefacto (que no revelaré aquí por no cargarme parte del desenlace… por mucho que sea de lo más previsible). Y de la explicación “científica” al fenómeno, mejor ni hablamos. Usar jerga pseudofísica no es suficiente para construir una especulación interesante (olvidémonos de mezclar el nombre de Clarke en todo esto, que el maestro se merece un legado mejor).

En resumidas cuentas, “Mysterium” es bastante menos de lo que pretende aparentar, lo cual no le elimina por entero su valor como entretenimiento ligero. El ritmo es adecuado y el estilo correcto, y si no hay nada destacable por lo excepcional, tampoco nos encontramos con ningún fallo grave. La novela es, gracias a su brevedad (por mucho que La Factoría la haya extendido hasta las 330 páginas a base de aumentar el tamaño de letra), un buen modo de pasar un ratito sin calentarnos demasiado la cabeza y sin sentirnos rematadamente tontos.

Todo lo cual, por supuesto, nos lleva al auténtico mysterium de todo este asunto: ¿Qué le vieron los miembros de la Asociación de Ciencia Ficción de Filadelfia para otorgarle su premio en 1994? Vale, el año no fue particularmente fuerte. El Hugo se fue para Kim Stanley Robinson con la soporífera “Marte Verde” y el Nebula para Greg Bear con “Marte se mueve” (que sería quizás mi elección para lo mejor del año, aunque con competencia más fuerte es posible que se las hubiera visto para entrar siquiera entre los nominados), pero “Mysterium”, sin ser mala, no tiene demasiada entidad (y eso que el premio se limita a novelas aparecidos originalmente en tapa blanda). Una posible explicación al galardón es, precisamente, su denominación, pues la novela guarda un extraordinario parecido con una de las paranoias de Phillip K. Dick, “Ojo en el cielo”, de 1957, de la que “Mysterium” parece en ocasiones una actualización en plan ligeramente más hard y enormemente menos ambicioso (además, Dick utilizó las ideas gnósticas en buena parte de su producción, casi siempre como substrato filosófico antes que como elemento argumental, descontando, por supuesto, “Valis“, que trataré en breve… si logro sacar algo en limpio de ella).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en junio 30, 2010.

6 comentarios to “Mysterium”

  1. El caso de las obras de Robert C. Wilson, habiendo leído unas cuanats, es que parece producir buenos escenarios, un puñado de buenos personajes… y se desinfla; esos pocos personajes son interesantes, interactuan bien, pero son sólo eso, un puñado en medio de grandes poblaciones -como bien mencionas- y unos finales muy “lights” para todo lo que ha presentado antes; tanto, que a veces te quedas esperando el final…

  2. En este caso en concreto, concluir, concluye. El problema es más de profundidad. Todo está tratado con una superficialidad un tanto frustrante. Resulta bastante obvio el intento de fusionar técnicas del bestseller de los años 80 (y principios de los 90), con los temas más actuales de la ciencia ficción de la época. El problema es que “Mysterium” cae un poco en tierra de nadie, a mitad camino de ninguna parte. Aunque personalmente lo deteste, Robert J. Sawyer ha sido más exitoso en esta fusión.

  3. Supongo que tiene que ser frustrante leer un libro donde encuentras unas cuantas buenas ideas y ves cómo el autor no sabe hacer nada con ellas. Por que tienes mucha razón en que S. King hubiera sabido sacarle mucho partido a ese pequeño pueblo (¿no es esa su especialidad? :p ) y Clarke también hubiera sabido sacarse unas cuantas buenas ideas a partir del desfase tecnológico de las dos épocas.

  4. Creo que es una historia más de King que de Clarke. Si la hubiera escrito un autor de ciencia ficción, sin duda hubiera tenido que ser Dick (aunque se podría argumentar que ya lo hizo, pues bastaría con mezclar elementos de “Ojo en el cielo” y la trilogía de Valis).

  5. que tal esta esa de Darwinia? es de una tematica parecida? y esa de The harvest que se menciona en una de las portadas?
    Francisco (ollonois)

  6. “Darwinia” tiene un planteamiento fascinante, y durante toda la primera mitad mantiene una tensión notable. Por desgracia, a partir de ahí se produce una revelación que imprime un giro de 180 grados a toda la historia, y la segunda mitad deviene en un epílogo hipertrofiado que redefine el concepto mismo de Deus ex machina.

    En cuanto a “The harvest”, me temo que no ha sido traducida al español y desconozco los detalles particulares.

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