La radio de Darwin

Paso de los Hugo a los Nebula, y de una buena novela a otra pésima. Sí, empiezo pronto, pero es que pocas veces me he cabreado tanto leyendo una obra de ciencia ficción como soportando el panfleto lamarckista de Greg Bear, titulado, supongo que haciendo gala de un cinismo supremo, “La radio de Darwin” (“Darwin’s radio”, 1999).

Vaya por delante una pequeña matización: soy biólogo. Es más, mi especialidad es la genética molecular y evolutiva. Por si eso fuera poco, cada vez me aburre más el modelo bestseller (subtipo technothriller). Soy, posiblemente, el tipo de lector más hostil con el que pudiera tropezarse Bear… Lo cual no quita para que la novela presente una serie de defectos tan evidentes que me hacen maravillarme del en general benévolo (incluso entusiasta) recibimiento que ha cosechado.

No voy a entrar en detalles del argumento, entre otras razones porque no he sentido la menor tentación de malgastar memoria en este engrendro. Baste con comentar por encima que hay alguien (creo que un paleontólogo) que descubre unos esqueletos muy particulares de neandertales, contaminados por una especie de virus considerado hasta la fecha como simple ADN basura (o algo así). Justo entonces, mira que es casualidad, otro virus muy similar empieza a infectar a lo bestia a todo quisqui, y una bióloga se dedica a estudiar esta amenaza, que pronto le toca muy de cerca, descubriendo que un antiguo retrovirus, inserto en el genoma humano como un transposón, se ha activado y está provocando cambios macroevolutivos.

Hasta aquí, mal que bien, la cosa funciona. Bear no es un experto, pero se ha leído un poco de bibliografía para hacerse con la terminología básica. Entonces decide llevar la especulación un paso más lejos… y se precipita al abismo. De repente, la especiación se transforma en un proceso mágico, mediante el cual unas secuencias que parecen saber perfectamente lo que se hacen comienzan a rediseñar el genoma para producir algo nuevo y, por supuesto, mejor adaptado. Órganos completos. ¡Qué digo órganos!… ¡Sistemas perfectamente integrados! Al principio de la crítica he tildado a Bear de Lamarckista, pero lo que propone en “La radio de Darwin” va mucho más allá. Se aproximaría, quizás, al concepto del punto Omega de Teilhard de Chardin: una auténtica evolución dirigida. La terminología puede seguir siendo científica, pero la especulación ha abandonado por completo el sendero de la lógica y se limita a explotar un concepto (la emergencia de complejidad) que tiene más de new age que de ciencia. Ah, por cierto, de repente, Bear se saca de la manga que los neandertales son los antepasados directos del hombre moderno y no una rama paralela, y que la última activación de los inteligentísimos retrovirus nos originó a nosotros a partir de ellos.

Pero no acaban ahí los males. Por si el autor no hubiera dejado bastante claro que no entiende el concepto mismo de pensamiento científico, sus personajes, presuntos hombres y mujeres de ciencia, se comportan como simples marionetas al servicio de una subtrama sentimental devenida en melodrama barato. Voy a dejarlo claro: Bear no tiene ni pajolera idea de cómo piensa un científico, y para muestra tenemos las “sesudas” discusiones en las que dos reputados colegas se dedican a discutir sobre algún tema de su campo sintiendo la necesidad de explicar con pelos y señales cada uno de los conceptos que presentan. Vendría a ser algo así como si un panadero hablara con otro y le dijera: “Por cierto, el horno, ya sabes, ese receptáculo donde ponemos la masa cruda, con un poco de levadura, para calentarla a 220 grados centígrados durante un lapso de tiempo que estimamos de acuerdo con las condiciones ambientales…”

Existen formas creíbles de transmitir información especializada (en general implican la necesidad de hablar con un lego INTERNO a la historia), pero al parecer Bear las desconoce… o bien decide pasar de ellas y demostrar la profundidad de su documentación.

Para más inri, la trama se eterniza. Incluso los defensores de esta novela se quejan de su hipertrofia. Páginas y más páginas que no aportan nada salvo algunos céntimos más al bolsillo de Bear (y algún que otro dólar al de sus editores). A lo cual deben sumarse personajes estereotipados, complejidad cosmética, conflictos someros (eso sí, muy extensos, si pueden ser globales, mejor) y el peor escarnio, al terminar resulta que la ciencia es como poco sospechosa, y que lo que exigen los nuevos tiempos (y la más evolucionada humanidad) es un rechazo a la tecnología y un retorno a la naturaleza.

Huelga decir que no me he preocupado siquiera por enterarme de qué va la continuación de este engendro, “Los niños de Darwin”. Es más, he tachado a Greg Bear de mi lista de autores a seguir (aunque me gustó, en su momento, “Marte se mueve”). Simplemente, no me merece ninguna credibilidad. Admito que un autor de ciencia ficicón pase de la ciencia (yo no lo haría nunca, pero bueno, hay que mantener unas miras abiertas), pero tiene que ser con todas las consecuencias (como hacían los autores de la New Wave). No me sirve el fingir acatamiento a sus normas, para después asestarle una puñalada trapera.

De algún modo, este libro se alzó con el premio Nebula en el año 2000 (una de esas elecciones extrañas que de vez en cuando se dan en los Nebula; se ve que Bear es un tipo popular entre sus colegas). Llevo años guardándome la mala leche acumulada durante su lectura (bueno, en realidad no he tenido empacho en denostar la novela siempre que ha surgido la ocasión), y me ha parecido un buen momento para derramarla, que el blog también necesita críticas negativas (la disparidad se debe a que, puestos a recuperar algún libro, suelo decantarme por uno que pueda recomendar, que de los demás ya están las estanterías llenas).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en junio 16, 2010.

10 comentarios to “La radio de Darwin”

  1. hace tiempo que lo leí, pero sí, creo que mi opinión iría muy cercana a la tuya

  2. “Soy, posiblemente, el tipo de lector más hostil con el que pudiera tropezarse Bear…” Esto explica bastante. Tenés una formación científica. A mí, un neófito en biología, me agradó, haciendo caso omiso de algunos temas, por ejemplo “los neandertales son los antepasados directos del hombre moderno”, bué, es una novela… De lo que estoy seguro, es que no compraría la continuación…
    Ahora ¿Como se explica que haya ganado el Nebula?
    Un abrazo.

  3. En una crítica americana apuntan que quizás los colegas premiaron el intento de alcanzar un público más amplio (básicamente, el consumidor de bestsellers) desde una posición un poco más de género que el típico technothriller. O es sólo a que Bear, yerno de Poul Anderson, tenía más amiguetes que los otros candidatos, que en esto de los premios influyen muchos factores extraliterarios.

    En cualquier caso, los Nebula de tanto en tanto se desmarcan con alguna elección extraña.

  4. No lo he leído. Cada vez que caía entre mis manos y miraba la sinopsis, una enorme pereza se apoderaba de mi. Todas estas historias pseudoevolutivas me suelen traer sin cuidado. En este tema prefiero los ensayos.
    Tras esta crítica, ya no volveré a planteármelo. Gracias. :P

  5. Es que la evolución es un tema muy peliagudo, en el que es fácil caer en planteamientos acientíficos (hasta Greg Egan se pegó un morrazo con “Teranesia”). La escala temporal es demasiado vasta, y la tentación de “acelerar” las cosas se inmiscuye en el rigor científico (eso por no hablar de los trampas de índole moral que jalonan el camino de “la supervivencia del más apto”, frase que, por cierto, no acuñó Darwin y que no es sino una mala interpretación del mecanismo de selección natural).

  6. Al margen del tema científico, el tío escribe ABURRIDO. Peor: con fórmula. Sin gracia. La novela se cae de las manos y es un triste ejemplo de la ausencia de calidad literaria que hay en la c-f estadounidense más reciente.
    No vale la pena escribir ni una línea más sobre esto.

  7. Es que el tema científico de la novela me toca muy de cerca (eso sí, prescindiendo de él creo mi opinión no hubiera diferido demasiado).

  8. solo es ciencia ficcion

  9. Comparto tu opinión. Pésima lectura. Abrazo

  10. me faltan cien páginas y no puedo terminarlo. Trama aburrida al igual que los personajes. En una parte el mundo se enfrenta al “apocalipsis” con toques de queda y todo y los científicos se reúnen a comer opíparamente en un restaurant vietnamita.
    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: