Las fuentes perdidas

Cuando me pongo a reseñar una novela fantástica de autor español tan cojonuda como “Las fuentes perdidas”, de José Antonio Cotrina, lo hago con sentimientos muy contrapuestos. Por un lado, siempre supone una enorme satisfacción poder recomendar sin ambages una obra, máxime cuando tienes una ligera idea de cuánto ha costado posicionarla en el mercado; por otro, sin embargo, queda invariablemente el resquemor de saber que no importa (o no ha importado) su calidad, el resultado comercial es siempre igual de patético.

Al final, llegas incluso a plantearte si no tendremos que volver a los tiempos de los seudónimos angllificados. A lo mejor, el libro se hubiera vendido más firmado por un tal Joe Cothrin. Sin duda, la editorial estaría más dispuesta a apostar por él. “Las fuentes perdidas” fue la primera novela de autor español publicada por La Factoría, y por lo que he podido investigar, sigue siendo la única (una entre 278, contando las colecciones Fantasía, Ficción y Terror). ¡Viva el mercado español!

La verdad, ya no sé quién tiene más culpa, si los editores (algunos) o los lectores (algunos). Con respecto a la literatura fantástica española tendremos que convenir que entre todos la mataron y ella sola se murió, porque no es de recibo que no haya habido ni una sola oportunidad más en una colección que, entre grandes obras foráneas, también ha publicado más de un truño, ni tampoco que una novela tan singular como ésta haya acabado en las estanterías de saldos y siendo desconocida por la inmensa mayoría de quienes se consideran aficionados al fantástico.

En otro mercado, no me cabe la menor duda de que no sólo hubiera sido un éxito, sino que además hubiera abierto la puerta a una larga serie, como esas que no dejamos de importar desde EE.UU., Inglaterra e incluso Polonia. No aquí, donde el mercado es microscópico y encima ser autóctono es un estigma. Y después aún hay quienes se atreven a exigir el éxito para probar no sé qué principios de excelencia. Si “Las fuentes perdidas” no lo conquistó es porque algo marcha realmente mal en nuestro mercado, y poco más pueden hacer los autores para remediarlo.

Para empezar a solucionarlo, permitidme un improperio: ¡Comprad libros de autor español, coño!

Ahora, una vez desahogado (por el momento), voy con la reseña propiamente dicha:

Aunque al principio la novela despista un poco, apuntado maneras de obra coral, lo cierto es que posee un protagonista único, Delano Gris, un tipo contradictorio que vive a medias entre el mundo prosaico y el mundo oculto, un nivel (o niveles) adicional de realidad, con sus propias reglas, paisajes y habitantes. Delano, una especie de aventurero a sueldo, especialista en trazar rutas por los Lugares de Paso, es abordado por dos organizaciones con objetivos opuestos, aunque ambos tienen que ver con uno de los grandes Misterios Furtivos, la localización de la Fuentes Perdidas (la unión de todas las fuentes de los deseos: la de la vida eterna, la del amor, la de la riqueza… pero también la de la muerte y la del dolor y cualquier otro anhelo o miedo concebible). Pronto, Delano se ve embarcado en un peregrinaje apóstata en pos de este misterio, a través de una realidad que se esconde tras los muros de la nuestra.

Las historias sobre un mundo mágico oculto son habituales en la literatura anglosajona, no tanto en la hispana, entre otras razones, sin duda, por el exhaustivo trabajo de desarrollo que implican (difícil de abordar con una dedicación amateur). Resulta fácil establecer paralelismos con la otra de autores como Gaiman (evoluciona desde una realidad mixta a lo “American Gods” hasta una inmersión más profunda, tipo “Neverwhere”), Jim Butcher (la serie de Harry Dresden) o con los cómics de Hellblazer. Sin embargo, considero mucho más interesantes las diferencias. Cotrina se preocupa por crear un mundo oculto propio y complejo, desligado de visiones surgidas de la mitología o la imaginería popular, con su propia lógica interna que la aproxima más a la fantasía de Tim Powers. En realidad, todo esto no son sino aproximaciones. Lo acertado sería decir que en “Las fuentes perdidas” se nos presenta la versión del mundo oculto propia y personal de José Antonio Cotrina, y que la única forma de adentrarnos en ella es a través de su lectura.

Como he insinuado, la historia va profundizando en su componente fantástico, desde unos inicios prosaicos, con unas pinceladas de exotismo, hasta la completa inmersión en los grandes misterios. La trama principal sigue la estructura clásica de la Búsqueda (con el no menos clásico objetivo de unas fuentes míticas), con diversas digresiones en forma de sueños, recuerdos, incidentes y descripciones que nos van revelando el mundo oculto en toda su gloriosa extrañeza. Así vamos aprendiendo detalles sobre las ciudades mágicas, sobre los garantes, sobre el panteón oscuro… todo ello para ir pintando un cuadro y recordarnos que ya no estamos en Kansas (o en Madrid, para el caso).

Cotrina esquiva con habilidad muchas de las trampas de este tipo de narraciones, evitando caer en el tópico del “variopinto grupo de aventureros” confiriéndoles a sus personajes personalidad propia y motivaciones complejas, más allá del “nos juntamos para vivir nuevas experiencias”. De igual modo, consigue romper con la estructura reiterativa que lastra muchas narraciones-viaje, en gran parte gracias a su protagonista, que en contra de la imagen de enorme seguridad que proyecta al principio se nos muestra como un superviviente falible, acosado por las dudas y traumatizado por experiencias que se nos van revelando en pequeñas dosis, hasta la gran revelación (y determinación) final (que queda, eso sí, como un final abierto, a la espera de continuaciones que, por desgracia, aún no se han materializado).

Por contra, la meticulosidad con que narra las escenas de acción lastra quizás un poco el ritmo en estos pasajes (soy partidario del dinamismo por encima de la descripción exhaustiva en estas lides), y de igual modo la resolución final se me antoja un poco demasiado apresurada (una vez más, no en el sentido descriptivo, sino conceptual) y demasiado dependiente de explicaciones por parte del narrador. Pero estas puntualizaciones las hago exclusivamente por mor de señalar los pequeños detallitos mejorables en un conjunto soberbio.

Lo importante en una novela de las características de “Las fuentes perdidas” es que el mundo que describe resulte fascinante, y aquí cumple con creces. Además, se trata de una realidad dura, que no escatima en escenas perturbadoras y personajes ambiguos. No existen bien y mal (al menos, no como conceptos puros), ni héroes idealizados. Como uno de los personajes comenta, el mundo oculto es terrible; terrible y maravilloso. Una realidad que, a pesar de todos los sufrimientos que provoca, merece la pena ser vivida.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en junio 9, 2010.

14 comentarios to “Las fuentes perdidas”

  1. No conozco la obra, lástima, pues parece interesante, pero puedo permitirme hacer un pequeño comentario en relación con la publicación de autores españoles (o de habla hispana, para el caso), y es que Virgina Pérez de la Puente se está lanzando al mercado con una novela fantástica amparada por Ediciones B, lo cual no deja de sorprender y a la vez de hacer sentir que quizá no todo está perdido para la fantasía en castellano y que tanto ésta como muchas otras obras de esta naturaleza puedan seguir abriéndose camino.

  2. Pues nada, habrá que estar atentos a la dinámica de Ediciones B (curioso que estén desmarcándose de su colección fantástica NOVA).

  3. Se agradece mucho la reseña. “Las fuentes perdidas” de Cotrina es una verdadera pasada de novela fantástica. Cotrina rompe con los tópicos, hace gala de una imaginación desbordante y una prosa exquisita. Y esto os lo digo en serio, exquisita. Leerle es tener una fondue de chocolate derramándose en tu boca. Es recitar la canción del pirata de Espronceda encarando a la luna llena. Es magia antigua y a la vez cercana, omo si el hechizo de las palabras siempre hubiera estado allí, esperando a que ser descubierto por ti.

  4. Excepcional. me impresionó bastante, la verdad. y eso que soy un firme defensor de los autores españoles, como Sergio bien sabe. Pero es que esta novela en concreto “se sale”. Además, para apreciarla aún más, es recomendable leer la novela corta “Lilith, el juicio de la Gorgona y la sonrisa de Salgari”, y el relato “Entre Líneas”, y si puede ser, otras de sus obras ambientadas en el “universo de las fuentes”

  5. Sólo he leído “Entre líneas”, un gran relato (aunque su relación con la novela parece ser más de precursor de algunas de las ideas utilizadas). En cuanto a “Lilith, el juicio de la Gorgona y la sonrisa de Salgari”, me temo que no la he leído, aunque según se comenta presenta una versión más amable del mundo oculto. En cualquier caso, dado que el texto está libremente disponible en Cyberdark, todo es cuestión de formarme mi propia opinión.

  6. en el relato Entre líneas el personaje principal es uno del grupo que luego va en busca de las fuentes (el del “osito”)
    Lilith; sí, está (o estuvo)en descarga libre en cyberdark, gracias a Cotrina. En él aparece ya el personaje principal de las fuentes (Delano Gris), así como ya va anticipando la ambientación

  7. me suena el nombre de este autor, publicaba en Artifex o paura? otra cosa lo de el rechazo a autores españoles es bastante curioso, pues si bien con el cine español en general pasa lo mismo con el fantastico no, especialmente con el terror, El orfanato, REC…

  8. en España somos así. por ejemplo, leyendo las noticias del 20 minutos digital, lo mejor son los comentarios: la mayoría en contra de Fernando Alonso, RAfa nadal,e tc. basta que algún español destaque, para que la mayoría se meta con él.
    Y en literatura, lo mismo.

  9. Cotrina ha publicado sobre todo en Artifex.

    Lo curioso del rechazo es que, mientras que en el cine la discrepancia de medios puede influir en la calidad técnica y las posibilidades de una película, una novela no posee más limitaciones que la imaginación del autor (aunque ayudaría bastante poder profesionalizarse para dedicar tiempo completo a concebir y pulir los textos). Vamos, que a priori no hay absolutamente nada que pueda conseguir un autor extrajero y que no pueda igualar uno de los nuestros. Eso sí, a la hora de disponer de oportunidades para salir con una tirada decente…

  10. Concuerdo contigo en lo frustrante que es constatar que, habiendo tan buenos autores de ciencia ficción, fantasía y terror en español, no tengan mayor difusión. No se trata simplemente de decir que “no tienen nada que envidiarle a algún autor anglosajón” ni que se trata de un esfuerzo que debemos apoyar por cuestión seudopatriótica. Las novelas son buenas o malas, no importa el origen del autor, y lo que es yo, siempre tengo la mayor espectativa por leer a mis “autores favoritos” Juan Miguel Aguilera (no puedeo creer que no se haya reeditado “Rihla”), Federico Andahazi, Carlos Gardini, Rodolfo Martínez, José Carlos Somoza y otros cuya obra he leído en la web. LO malo es que conseguir sus libros no es precisamente fácil de éste lado del charco (Perú). Pero me asombra – y entristece – que los libros de algunos de estos autores acaben como saldos. Como que se hacen más fácil de conseguir (todos los saldos van a morir al Perú, que diría Romain Gary), pero no es una perspectiva agradable.

  11. “Rihla” no sólo tiene difícil la reedición, sino que acabó saldada (como “El sueño de la razón”), y todo por falta de promoción, que ambas obras tenían todo lo necesario para triunfar (salvo apoyo editorial). Si es que hasta Javier Negrete tuvo problemas con el apoyo que Minotauro dio a “La espada de fuego”, la continuación de una novela que ya había triunfado.

    Al parecer, los únicos que merecen promoción son los autores escandinavos de novela negra (ahora que están de moda) y, por supuesto, el último clon de “El código Da Vinci” (y si el original ya era malo, no digamos la copia de la copia de la copia).

    Y en literatura fantástica, tres cuartos de lo mismo. Tampoco es que el apoyo sea excesivo, pero cualquier nuevo autor anglosajón, que no se ha probado lo más mínimo en el mercado hispano, consigue una tirada inicial, una distribución de ejemplares promocionales y una calidad de edición muy superior a lo que pueden aspirar siquiera los autores patrios ya consagrados.

    Si no fuera por tres o cuatro editoriales pequeñas que están ahí volcando al 100% sus limitadas (por pura cuestión logística) capacidades en editar literatura fantástica escrita originalmente en español, nos encontraríamos con un páramo (todavía más) desolador.

    De todas formas, como ya apuntaba en la entrada, no hay que cargar toda la responsabilidad en los editores, que el apellido hispano aún echa para atrás a muchos lectores potenciales.

  12. Soy además de admirador, seguidor a obra completa de José Antonio Cotrina. Es una auténtica pena que escritores patrios de tan altísimo nivel como Cotrina se encuentren en la mayoría de los casos con las puertas editoriales cerradas. En el apartado concreto de Cotrina, el escritor ha optado por lanzarse al juvenil (con magníficas y muy recomendables novelas), dejando de lado el género de ciencia ficción e incluso hasta el mundo de “entre lineas”. Una pena XXL.
    Las fuentes perdidas es una novela grandisima, pero practicamente inencontrable ya para quien quiera leerla. Otra pena más y van…

  13. El que Cotrina haya conseguido hacerse un hueco en la literatura profesional sin abandonar el fantástico, aunque sea en su faceta juvenil, es magnífico. Sin embargo, como comentas, es una pena que un universo tan prometedor como el de “entre líneas” haya tenido que ser abandonado. En otro contexto editorial, una novela de la calidad e interés de “Las fuentes pérdidas” hubiera sido de las que lanzan una serie e, indirectamente, una carrera. Mientras esto sea impensable, me temo que el fantástico español seguirá siendo mucho menos relevante de lo que, por materia prima, podría llegar a ser.

  14. […] https://rescepto.wordpress.com/2010/06/09/las-fuentes-perdidas/ […]

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