Snow Crash

En 1992 el Cyberpunk estaba muerto. La mecha encendida por William Gibson y “Neuromante” en 1984 se había consumido en un relámpago enceguecedor, dejando sólo cenizas tras de sí. Las señas de identidad del movimiento, pese a su fuerza (o quizás por su misma cualidad arquetípica), se habían quemado por sobreexplotación y nadie esperaba ya otra cosa salvo variaciones menores sobre el mismo tema, débiles ecos de un pasado glorioso, perdida por completo la posición de vanguardia.

En éstas, llega Neal Stephenson con su tercera novela (la primera de cierta relevancia y la primera de ciencia ficción) y revienta de un espadazo la caja de los tópicos, demostrando que existía vida tras ellos y que las permutaciones, unidas a una intensa hibridación y a la adición de nuevos temas, podían lanzar las “viejas” ideas en direcciones sorprendentes.

“Snow Crash” es considerada por muchos como la mejor novela cyberpunk (yo sigo prefiriendo “Neuromante”), otros ven en ella una burla del movimiento, y falta de razón no les falta. Lo que en la trilogía del Sprawl y sus imitadores eran rígidas estructuras de poder empresarial entre cuyas grietas se escurrían los antihéroes, en manos de Stephenson se metamorfosea en una amalgama caótica de franquicias-estado, un futuro decadente y deslumbrante a partes iguales, donde conviven lujo y miseria y medra un nuevo tipo de héroe, definido por su independencia, su determinación y su habilidad para saber interpretar las corrientes. El autor es muy consciente de su trasgresión. No en vano bautiza a su personaje principal como Hiro Protagonist.

Hiro (Hiroaki) es un hacker, medio negro medio coreano, experto espadachín (no se separa nunca de sus katanas) y, al principio de la novela, repartidor de pizzas para la mafia. Por culpa de una entrega problemática pierde su empleo y conoce a T.A. una korreo adolescente (equipada con un monopatín de alta tecnología, un arpón magnético y mucha personalidad) con la que se alía para obtener “intel” (información). Mientras tanto, en el metaverso (una antecedente directo de los MMORPG), un nuevo virus, el Snow Crash, está empezando a afectar a los hackers, reduciéndolos a vegetales babeantes sin necesidad de otro proceso que la mera lectura.

A partir de ahí, Hiro y T.A. (Tuya Afectísima) se embarcan en una aventura trepidante que implica a la CIC (la antigua CIA, independizada como franquicia-estado), a Pizzas Cosa Nostra, al Gran Hong Kong de Mr. Lee, al Gobierno de los Estados Unidos (otra franquicia hiperburocratizada, que opera como proveedora de software bajo demanda) y a cientos de burclaves (o enclaves urbanos semi-independientes). Se trata de una estructura política anarcocapitalista, donde se lleva al extremo la libertad individual y de mercado, con un reflejo en el Metaverso como una sociedad de frontera en la que quienes primero llegan marcan los límites.

La búsqueda del origen del Snow Crash (en parte encargo, en parte venganza personal para Hiro) lleva a los protagonistas a enfrentarse a Cuervo, un aleutiano que es el hombre más peligro que existe, pues a su enorme físico y sus dotes naturales con los cuhillos de cristal se le une la posesión de una bomba atómica, que lo acompaña allá donde va, en el sidecar de su moto, programada para estallar en cuanto se le pare el corazón, y a revelar un complot de enorme calado, un golpe de mano que podría dar un vuelco a la ya convulsa sociedad, apoyada nada menos que en la mitología sumeria.

Aquí entran en juego los memes y una paranoia realmente espectacular en torno al mito de Gilgamesh y la sociedad sumeria, autoorganizada aparentemente a partir de virus neurolingüísticos capaces de reprogramar el cerebro humano a través del mero sonido.

La codificación de la información es uno de los temas favoritos del autor (acabaría fructificando en “El Criptonomicón”), pero además Neal Stephenson, al contrario que William Gibson, es un informático experto, y se nota. Su Metaverso, por muy desquiciado que sea, es coherente con las reglas básicas de la programación (como apunte adicional, fue esta novela la que popularizó el término “avatar”). Pero no se limita a especular en este campo, sino que derriba cuanta barrera se pone por delante y se atreve a juguetear con la idea del código base del intelecto humano (una especie de código máquina neurolingüístico). Es una idea que no tiene ni pies ni cabeza, ¡pero hay que ver cómo mola!

Pero un momento, aún hay más. Todavía no he comentado nada del humor que permea “Snow Crash”, un humor ácido que en ocasiones bordea lo surrealista, con el anclaje justo para repartir demoledoras críticas a diestro y siniestro. Episodios como el memorándum del papel higiénico o la forma en que resulta obligatorio atender a Razones son antológicos. Y tampoco había tenido ocasión de mencionar al resto de personajes, entre los que destaca del Tío Enzo, capo de Pizzas Cosa Nostra, y que se extienden hasta el Presidente de los Estados Unidos, con una breve aparición como indigente (el dólar está tan devaluado que el billete más pequeño es el de trillón y la moneda de uso común es el Kong-pavo)…

La novela es un crisol de ideas brillantes, engarzadas entre ocurrencias desquiciadas y rebozadas de acción sin descanso. Es una montaña rusa de puro exceso, que demuestra que la especulación de gran alcance no tiene el porqué ir reñida con la seriedad o la trascendencia.

Quizás su mayor debilidad resida en una de sus virtudes iniciales. Como he comentado, la informática de “Snow Crash” se encuentra mucho más anclada en la realidad cibernética, y eso conlleva el peligro de la obsolescencia. En mi lectura más reciente (hará año y medio o así) lo encontré bastante menos fresco de como lo recordaba. Todos los detalles comentados estaban ahí, pero por debajo discurría una sensación de “pues no es tan fascinante”. El Metaverso de Stephenson es un mundo virtual demasiado reglamentado, demasiado apegado a reglas que sólo tienen sentido en el universo físico (aunque se permite un par de vulneraciones por mor de la acción). Resulta, en definitiva, más civilizado que el mundo “real”, y eso, de algún modo, no parece correcto.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 21, 2010.

9 comentarios to “Snow Crash”

  1. como te decía, casulamente estoy leyéndola ahora. Así que por ahora no voy a leer el comenatrio, pues no quiero ver los spoliers ;9
    Eso sí, si antes no me quedo ciego, pues la estoy leyendo en la edic. de bolsillo, leeré el comment cuando acabe la novela.

  2. Tres cosas me gustan mucho de la novela. La verosimilitud técnica del metaverso. Hablar de escenario 3D interactivos hoy no tiene mucho merito, para clavarla en el 90 hasta el punto que los creadores de Second Life se inspirasen directamente en Snow… me parece una hazaña.

    Por otro lado el humor. Las diez primeras páginas, con el pizzero jugandose el jeto por entregar una cuatro quesos, a la vez que Stephenson nos introduce en un desmadrado universo político, es otro hito del que sales con la mandibula desencajada de puro reir.

    Tercera cosa. La rayada de trasladar la teogonía sumeria a los ordenatas. Estas cosas sólo le salen bien a Stephenson. Y encimo riéndote.

    Por lo demás, tiene demasiados baches, es demasiado juvenil, pero ¿qué es lo demás? Si con las tres cosas anteriores no es suficiente como para aconsejar vivamente su lectura….

    Amigo Sergio, escribo este comentario por aplauso, porquue lo antes dicho ya lo mencionas tú. Un saludo.

  3. Cualquier motivo es válido, Luis, para escribir un comentario. Y tampoco es necesaria mucha justificación con una novela publicada que lleva por título “Metaversos”.

    A mí, la visión de un entorno tridimensional inmersivo que he llegado a contemplar con admiración es la de “Ciudad Permutación”, que al fin y al cabo es apenas de 1994.

  4. A mi me encantó.

    http://ociozero.com/9364/snow-crash

    Zodiac es una de sus novelas del estilo, y en Criptonomicon esta desbocado.

  5. Actualizada la entrada con el enlace a la reseña.

    A mí, personalmente, “El Criptonomicón” no me gustó nada (en parte por la inaceptable estrategia de dividirlo en tres tomos).

  6. Hay edición en un tomo de Criptonomicón. Vamos, a mí si me gustó, aunque como comentamos, hay poca ciencia ficción.
    Pero el final, después de más de 800 páginas, me pareció un poco apresurado y “suave”.

  7. La edición en un tomo es en encuadernación de lujo, por casi 30 euros y publicada 5 años después (y tras dos ediciones en bolsillo divididas en tres tomos, una en Byblos y la otra en Zeta). Eso sí, demuestra que podrían haberlo editado en un único tomo desde el principio.

    Además, a mí también me parece que no llega a ninguna parte. Tiene episodios interesantes (como aquel en el que el protagonista correlaciona matemáticamente su eficacia rompiendo códigos con sus desahogos sexuales), pero el conjunto…

  8. me esta encantando

  9. Bueno, la he terminado hace una hora…en definitiva me ha gustado..pero recordando los pasajes de accion mas jugosos, me he dado cuenta que en ningun momento he sentido “aprension” o miedo por lo que les podia pasar a los protagonistas… a la postre eso hace que en mi recuerdo caiga ciertos puestos en mi ranking…aun asi me ha gustado mucho

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