Este muerto está muy vivo

No, no se trata de una crítica de aquella gran película de 1989 con Bernie, el cadáver que se resistía a perderse la diversión por el simple detallito de estar muerto (cadáver de los de verdad, no de los reanimados que están ahora de moda). En realidad voy a desvariar sobre otro presunto fallecido que, a juicio estentóreamente proclamado de muchos, no sólo la palmó hace tiempo, sino que ya huele: la ciencia ficicón.

Resulta que, al parecer, los que aún seguimos empeñados en disfrutar de la ciencia ficción vivimos en un mundo de ilusión y autoengaño, incapaces de apreciar que los tiempos han cambiado (y nos han superado). La ciencia ficción está muerta, y tan sólo cabe rescatar de entre sus restos las alhajas que no se han podrido, para engalanar con ellas cuerpos más lozanos y que, cuanto menos, perviva su legado.

¿El principal argumento? Que la cifi ya no vende (es cierto, vende menos que antaño, pero jamás ha sido superventas). El que tal afirmación sea sólo aplicable a la literatura (porque bien que disfrutan de éxito las producciones cinematográficas y los videojuegos) no resta un ápice de fuerza a la argumentación… lo que no acabo de captar es la relación entre comercialidad y vitalidad. Después de todo, es bien conocido que las musas suelen florecer con mayor vigor en la adversidad.

Hoy en día, si quieres tener éxito en terror debes escribir sobre zombies o peor, caer en el romance sobrenatural. En cuanto a la fantasía, o se toma la senda juvenil (con romance incluido para el mercado adolescente) o hay que embarcarse en la saga épica de toda la vida (según la cronología editorial, el mundo se inició con “El señor de los anillos”). Si quieres tener éxito en ciencia ficción… mejor te dedicas a otra cosa.

Resulta bastante liberador, ¿verdad? Puedes experimentar, innovar, buscar nuevos temas, empujar las fronteras. Después de todo, las posibilidades de edición siguen siendo igual de ínfimas, y ningún editor alberga la no tan secreta esperanza de pegar un pelotazo con la ciencia ficción. En otras palabras, no existe redil, ni guías de actuación.

Durante décadas, la ciencia ficción ha vivido a remolque de las modas estadounidenses. Ya no. ¿Cuáles son los principales núcleos creativos de la ciencia ficicón actual? Canadá y el Reino Unido (especialmente descentralizado, con autores escoceses, irlandeses y galeses). Mientras tanto, los premios más relevantes del género fantástico van cayendo en autores de fantasía, viejas glorias que han optado por el slipstream o, directamente, autores del mainstream que se aventuran unos pasos en el salvaje territorio friqui. La ciencia ficción anglosajona, la de referencia, atraviesa una crisis existencial.

A lo mejor es eso lo que realmente la señala de muerte. Tiene algo más de sentido que el “argumento comercial”. Si fuera una hoguera, podría aducirse que se le ha acabado el combustible y ya sólo le queda ir extinguiéndose con dignidad.

Los grandes temas de la pasada década no han terminado de cuajar. Por un lado, está la especulación humanista de futuro cercano (peligrosa, se queda desfasada muy pronto). Por otro, la literatura postsingularista (aún más peligrosa, por definición no podemos comprender lo que hay del otro lado de una singularidad, así que, por la simple razón de que necesitamos entender la trama, estas historias cargan implícitamente con una paradoja irresoluble). Además, el requisito de la verosimilitud (aunque sea artificial), que se le ha exigido cada vez con mayor insistencia, ha jugado en contra del género. Los agoreros nunca han sido bien vistos.

La discontinuidad entre la extravagante cotidianidad del near-future y el salto de fe del postsingularismo supone una brecha muy ancha, por donde se han escurrido buena parte de los aficionados.

Pero bueno, como el saber popular (con aroma oriental) nos recuerda, una crisis supone tanto un peligro como una oportunidad. El peligro resulta evidente, que se nos dé por muertos y nos entierren sin esperar al dictamen médico. La oportunidad resulta mucho más interesante. Yo lo veo del siguiente modo: nos encontramos ante una panorama perfecto para desarrollar una ciencia ficción autóctona, novedosa, arriesgada, con señas de identidad propias y no adoptadas, capaz de hacerse oír por encima del coro históricamente ensordecedor de la Gran Comunidad Mundial de cultivadores de la ciencia ficción.

Cierto, la estructura comercial no acompaña, pero ya nos preocuparemos de eso cuando hayamos encontrado nuestra voz. Ahora, sin presiones de ningún tipo, es el momento de afilar los cuchillos, colgarnos la mochila al hombro y aventurarnos en lo ignoto.

Siguiendo con la influencia china (aplicada con un poco de mala leche), podría decirse que no estamos muertos, más bien al contrario: vivimos en tiempos interesantes para la ciencia ficción, y si no, al tiempo.

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~ por Sergio en abril 28, 2010.

29 comentarios to “Este muerto está muy vivo”

  1. Es interesante este debate, precisamente cuando de este lado del océano, en tierras latinoamericanas, las voces de la ciencia ficción comienzan apenas a aparecer en los estantes de las librerías y a interesar a las mentes intelectuales. Para muchos en nuestros países la ciencia ficción escrita por nosotros mismos es “nueva” y han comenzado a decir que “¡guau! Es buena”. ¿Es una copia de la CF clásica del mundo anglosajón? No lo creo. Si se le presta atención, en realidad los escritores latinoamericanos que están explorando con la CF la están adaptando a nuestras tierras, nuestras denuncias y nuestras inquietudes, por lo que nos encontramos de frente con una CF introduciéndose poco a poco dentro de la gran corriente de la literatura latinoamericana, siempre vital.

    De este lado, entonces, no se está muriendo. ¡Apenas está comenzando a vivir!

  2. Es que por estos lares sí que hemos disfrutado de épocas de bonanza (relativa). El caso es que toda aquella promesa no llegó a desarrollarse, y con la desparición de las revistas se ha entrado en un bache que la (también relativa) pujanza de otros géneros fantásticos hace más patente.

    En cualquier caso, los escritores de ciencia ficción en castellano nos hemos perdido siempre la grandes revoluciones del género (que siempre nos han llegado con retraso, por motivos socioeconómicos y estructurales, como algo ya definido). ¿Por qué no avanzar hasta la cresta de la ola? (aprovechando que la ola en estos momentos es pequeñita).

    Resulta reconfortante saber que en ultramar la cosa se mueve. Ahora, uno de los objetivos que tendríamos que plantearnos sería consolidar un espacio de desarrollo común, aprovechar por fin la fuerza de 500 millones de lectores potenciales (sin necesidad de gastos de traducción). Supongo que es algo ambicioso, a tenor de lo precarios que son todos los mercados locales, pero bueno, estamos hablando de ciencia ficción, tenemos la obligación de mirar hacia el futuro.

  3. La Ci-Fi se mira con desdén, como género menor y cansino, por muchos lectores mainstream. Sin embargo, éstos mismos la devoran cuando se les presenta de forma “encubierta”, como digo yo. Que no se note mucho que se trata de ciencia ficción.
    Me viene a la cabeza como ejemplo perfecto Michael Crichton. ¿Cuántos lectores habrá tenido este buen hombre ajenos al género?

    Yo creo que estos prejucios siempre existirán y hemos de convivir con ellos. Ni mucho menos creo que la Ci-Fi esté herida de muerte, más bien está experimentando una mutación en su conceptualización genérica, asistiremos a una nueva forma de afrontarla, quizá mucho más interesante.

  4. Ese prejuicio existe desde siempre. Lo que no veo una salida es negar la etiqueta para vencerlo (engañarlo más bien), pues eso limita mucho a unos temas y unos enfoques muy concretos. En fin, tampoco es una cosa nueva. Desde los tiempos de la Edad de Oro cada nueva revolución se ha planteado como objetivo conseguir el reconocimiento del mainstream (y ha fracasado).

    La ciencia ficción es y será minoritaria. Lo que hay que conseguir es desarrollar todo su potencial de mercado, que es muy superior al paupérrimo porcentaje actual.

  5. La Ci-Fi seguirá viva mientras haya lectores como nosotros que no dejamos de descubrirla (precisamente yo leí “Ubik” por primera vez el año pasado, y me parece una obra de arte), y mientras queden escritores que apuesten por el género -lease usted mismo- y editoriales que sigan apoyándola (esas ediciones tochales de Asimov, esa Factoría de las Ideas, ese último premio Minotauro a un libro de ciencia-ficción…) pues creo que el género seguirá sobreviviendo igual que siempre ha hecho. ¿O acaso no se estrenan al año al menos dos o tres (o bastantes más, no todas conocidas) películas de este género en cine. Algunas incluso causando bastante revuelo, como “Moon” o, en un tono más lúdico “Star Trek”, que no por ser más comercial sacrifica algunos elementos clásicos de la ci-fi.

    Asi que yo, por mi parte, estoy tranquilo. Si de aqui a unos años dejo de ver el género en librerias y cine, o ese revuelo me viene más amortiguado quizás me preocupe.

    Saludos!!

  6. “el requisito de la verosimilitud (aunque sea artificial), que se le ha exigido cada vez con mayor insistencia, ha jugado en contra del género”

    Estas son tus palabras, y es una santa verdad. Si la hsitoria no es versosimil, ya no es ciencia ficción, es fantasía y si es fansia para que me voy a cortar, ademas, mola si pongo un muerto que anda y una filomatic, hicada a una piedra para que la saque elprincipe de turno. pues si: tienes razón, los ecritores, incluido en España se van a la otra cera jeje.

  7. No se por que me rio..

  8. En realidad, no estoy en contra de “cambiar de acera”. Yo mismo escribo fantasía y terror (ya saldrán, espero, los proyectos). Cada género ofrece al fabulador sus propias fortalezas y flaquezas. Lo que no me gustaría sería renunciar a uno de los lados, o verme obligado a disfrazarlo para que cuele.

    El problema de la verosimilitud es conyuntural. Ya he comentado en otras ocasiones que el intervalo predictivo se está contrayendo. Hace 50 años nadie se cortaba un pelo en proyectar a miles de años en el futuro. Hoy en día en como te pases de unas pocas décadas empiezas a pisar terreno movedizo.

    Pienso, de todas formas, que es posible conciliar la verosimilitud con el famoso sentido de maravilla. Mi receta particular consiste en explorar la interfase, el momento en que se producirá ese gran cambio cuyos detalles no podemos anticipar, y hacerlo desde una perspectiva humanista. Vendría a ser como una especie de fusión entre el near-future y el postsingularismo, la “brecha” que identificaba en la entrada. El depositar el peso en el ser humano antes que en la tecnología (que me importa, y mucho, pero como trasfondo), espero que baste para solventar cualquier posible desfase técnico a medio plazo. Al fin y al cabo la esencia del ser humano es una invariante… mientras siguamos siendo meramente humanos.

  9. Desconozco las cifras de ventas y las tendencias de mercado editorial. No estoy en el mundillo profesional y no dispongo de esa información. Históricamente, sin embargo, las ventas de cualquier género han ido oscilando con el tiempo y las modas. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, los comics de superhéroes alcanzaron cifras de ventas de millones de ejemplares al mes. Cuando acabó el conflicto acabó, se desplomaron para no recuperarse otra vez hasta finales de los cincuenta-primeros sesenta. A principios de los setenta cedieron terreno frente a las artes marciales y el espionaje, luego recuperaron de nuevo en los ochenta… Con la CF pasa algo parecido. Yo no me preocuparía -aunque, claro, no tengo que vivir de ello-.

    En cuanto a la dispersión temática, es pronto para decirlo puesto que no disponemos de perspectiva histórica, pero los tiempos actuales, de incertidumbre, de desintegración de un sistema que dábamos por estable y la incapacidad para ver más allá, puede tener algo que ver. De la misma forma que tras la Primera Guerra Mundial no podían anticipar el futuro a cuarenta años vista -con la bomba nuclear, el sistema de potencias, el avance científico y tecnológico, los avances sociales…- ahora resulta especialmente difícil imaginar la forma que tendrá el futuro. ¡Qué tiempos seguros aquellos en los que los autores daban por sentado que el enfrentamiento EEUU-URSS se acabaría trasladando a otros planetas!

  10. Yo no diría jamás que la fantasía carece de verosimilitud. Debe crearla, como literatura que es, si quiere hacer que el lector siga leyendo. Lo que ocurre es que la verosimilitud de la fantasía se construye sobre bases diferentes que la de la CF. Eso es todo. Ahora bien, puede ayudarle a elevarse. Pienso que en los últimos tiempos se habla mucho de una confrontación entre géneros fantásticos, cuando en realidad éstos pueden convivir y ayudarse mutuamente, incluso mezclarse con éxito, y conservar y ampliar así su base lectora más tradicional…

  11. Manuel, te comento las tiradas actuales:

    Los grandes nombres foráneos consiguen tiradas de unos 2.000 ejemplares, lo que supone una reducción importantísima respecto a hace sólo 10 años, que no era extraño llegar a los 5.000 (e incluso había alguna colección y título que alcanzaba las cinco cifras). En cuanto al autor español, reduzcámoslo a una media de 1.000. Si se trata de una antología 700 máximo, y son varias las editoriales que trabajan con tiradas iniciales de 400 ejemplares.

    La fantasía tampoco es que esté mucho mejor (con casos puntuales en que las tiradas se cuentan por decenas e incluso centenares de miles de ejemplares), pero sí que se encuentra por encima tanto en tiradas medias como en calidad (de la edición, no valoro el contenido) y precio (y por tanto remuneración al escritor).

  12. La verdad es que las cifras son paupérrimas. Aunque no creo que haya que renunciar a la etiqueta de género, estoy convencido de que muchos de estos libros, si fuesen lanzados y publicitados con otro “embalaje” en el que fuesen menos visible el término Ci-Fi, alcanzaría mayor aceptación.

    ¿Qué es sino La Carretera, de McCarthy? ¿Qué pasa con 1984, que no deja de venderse y leerse? ¿Y Un Mundo Feliz? ¿Qué ha pasado con Hyperion o El juego de Ender, libros que no han dejado de reeditarse gracias a su gran aceptación?

    Soy optimista. Ya lo creo.

  13. Curioso afan necrófilo. Quizá lo que está muerta es la literatura contemporánea, así en general. Esa es la tesis de Vila-Matas (no la mía). La literatura del XIX desemboca en Joyce, Joyce alumbra un nuevo mundo, el de la aventura interior, y se nos ha muerto. Se ha muerto la literatura introspectiva del siglo XX. Ahora toca pechar con una nueva forma de literatura, la literatura de mercado, el best-seller. El autor-intelectual muere y de sus cenizas nace el autor que satisface al mercado, el artista frente al artesano. Ojo, esto viene a decir el mejor autor del siglo XX en lengua española del siglo XXI, Vila-Matas. Eso es como cuando se murió la ópera a manos del music-hall, y luego el music-hall por el cine musical, y luego el musical por OT y el teatro musical contemporaneo. Quiza las cosas no mueren, quiza sólo evolucionan y hay que encontrar (o inventar) el espacio. Eso pienso yo.

  14. Al menos el 80% de los libros de ciencia ficción no colarían ni en sueños publicitados con otro embalaje. Además, el truco no suele funcionar a no ser que ya se tenga un nombre formado en el mainstream. Más aun, la ciencia ficción de vanguardia jamás podría venderse de ese modo. Pongamos por caso “La carretera”. No contiene ni una sola idea (ciencia ficcionera) que no hubiera ya explorado, por ejemplo, Jack London en 1912 con “La plaga escarlata”. Y no es por restarle méritos literarios, sino por ejemplificar que por esa vía no hay evolución posible, sino reciclaje de ideas.

    “1948” y, sobre todo, “Un mundo feliz” son excepciones a esta regla, pero ambas se enmarcan en una tradición muy particular, el romance científico británico, que H.G. Wells había dignificado (y que se desmarcaba claramente de la cifi pulp americana, hasta el punto que sus cultivadores no se reconocían como escritores de ciencia ficción).

    Por cierto, la regla que no cumplen es la de la no-vanguardia, porque sigue siendo cierto que se necesitan obras más “serias” para alcanzar el reconocimiento por las “friquis” (evidentemente, en aquella época no se clasificaban así, pero nos entendemos). Contemporáneo de Orwell y Huxley, Olaf Stapledon desarrolló, como heredero intelectual de Wells, una obra del mismo calado filosófico y similar excelencia literaria, pero enmarcada toda ella en el gueto del romance científico. Por supuesto, la crítica generalista lo ignora.

  15. Estoy completamente de acuerdo contigo. Lo que quiero decir es que, hasta cierto punto, cierta Ci-Fi se “vende” mal y no alcanza a todo el público que yo creo que podría abarcar.

  16. Pero es que no me acaba de convencer el tener que disimular que son de ciencia ficción para poder venderlas. Se crea una división artificial que, a la larga, arrincona aún más a la ciencia ficción “dura” (entendiendo en este caso no sólo la científicamente plausible, sino toda la incamuflable). Lo ideal sería conseguir que la etiqueta, por sí sola, no marginara. Además, tengo el convencimiento de que el principal prejuicio está en los departamentos de marketing de las editoriales. Si apoyaran con la misma decisión sus bestsellers de ciencia ficción disfrazados de technothrillers, novelas sociológicas o dramas con tintes fantásticos… sin renegar de la clasificación, no creo que las ventas se resintieran demasiado.

    El cine ha conseguido vencer hasta cierto punto este prejuicio. Una película de ciencia ficción popular, como podría ser “Avatar”, no esconde su condición, y el público acude en masa a verla a sabiendas de lo que se va a encontrar.

    Eso es algo que la fantasía (en parte gracias a los fenómenos de “El Señor de los Anillos” y Harry Potter), ya ha logrado. Ahí están, por ejemplo, títulos como “El nombre del viento”, “Wicked” o las obras de Carlos Ruiz Zafón o Laura Gallego.

  17. Visto desde el otro punto de vista, el de aficionado que fuí a la ciencia ficción (Si, fuí, soy uno de esos muchísimos aficionados que sienten que el género les ha dejado de lado), ¿no será que la ciencia-ficción ha tomado unos derroteros que ya no interesan? ¿No será que estupideces como la singularidad (Si, una estupidez como una casa, al nivel de las pulseritas holográficas esas que tanto sirven para identificar a los tontos) y las novelas de “inmersión total” ha acabado alienando a un lector que lo que quiere es una especulación verosimil acerca de las consecuencias que los avances de la ciencia y la tecnología tendrán en la sociedad humana? ¿No será que entre space-operas juveniles con el nivel de inovación y sorpresa de una dragonada de tres al cuarto y ladrillos casi incomprensibles de pseudo-hard con el nivel científico de un artículo de “Muy Interesante” los lectores ya no nos atrevemos a decantarnos por el género? ¿No se le ha ocurrido a ningún escritor que esas historias que tanto éxito tienen en el cine ya no se ven en la literatura? ¿Que quizás si se volviera a la tradición del “romance científico” (Lo que hacia Crichton, maldita sea) el público volvería a interesarse por la ciencia-ficción? Me he metido en muchas discusiones por defender as Crichton, pero en mi opinión era un autor que escribía ciencia-ficción mientras los autores de ciencia-ficción perdian el tiempo escribiendo cosas que solo ellos entendian…..
    Por fortuna creo que no estoy solo en mis razonamientos, ya hay algunas voces en el mundillo anglosajón del género que abogan por un “back to the basics” que devuelva a la ciencia-ficción al lugar que debe ocupar.

  18. Crichton era un mal escritor de ciencia ficción… que como también escribía según la fórmula del bestseller tenía grandes ventas. Sus libros no son más que variaciones sobre el tema de “la tecnología es mala y buscar el conocimiento lleva al desastre” y, además, con un pésimo sustrato científico (no comprendía a fondo los conceptos que manejaba, pero los soltaba con mucho aplomo).

    No es posible volver al pasado. Lo que funcionó una vez ya no tiene por qué ser válido. Cierto es que la literatura postsingularista presenta serios problemas y se antoja un callejón sin salida, pero de ahí a abogar por un retorno a las formas de hace cien años…. Vamos, que hay un abismo.

    El quid de la cuestión está en lo de la “proyección verosímil”. ¿Conoces alguna proyección verosímil, ya no digo a 50 años vista, sino tan sólo a 25 que no resulte alienante? Si además tenemos que hacerla temáticamente interesante, la cosa se complica. Habrá que buscar fórmulas adecuadas (las actuales no funcionan, y las antiguas dejaron de hacerlo hace mucho).

  19. ¿Quién está hablando de “proyección verosimil”? ¿Que queremos escribir, futurismo o ciencia-ficción? Imagina que un día se recibe contestación a los mensajes del Voyager y especula con como afectaría eso a la sociedad humana. Imagina que la inteligencia artificial se hace real, ¿que estatus jurídico tendrían las IA?. Imagina que la inmortalidad se convierte en una posibilidad médica, ¿en que cambiaría la condición humana? Especula y hazlo desde una perspectiva verosimil. Y olvidate de proyecciones, y cómprate una Magnum del 45 y apunta con ella a la cabeza a todo el que te venga hablando de “singularidades”, “posthumanidades” y demás tonterías con el rigor científico y el interés de una reposición de “Cuarto Milenio”. Entonces estarás escribiendo algo parecido a la ciencia-ficción que a mi me gustaría leer.
    La ciencia ficción se basa en especulaciones verosímiles a partir de una premisa aún no posible. El querer basarse en proyecciones si que es involucionar al estado de la ciencia ficción decimonónica.
    Y Crichton sería todo lo mal escritor de ciencia ficción que quieras pero no escribió ninguna novela que no tuviera un especulación verosimil, aunque estuviera mal razonada, mal escrita y no compartamos sus conclusiones. Escribía ciencia ficción, no entro en la calidad de su literatura.

  20. Por proyección verosímil entiendo de los conocimientos técnicos y científicos actuales, no necesariamente de un desarrollo plausible de los acontecimientos (lo cual, por ejemplo descarta lo del Voyager, que no alcanzará la estrella más cercana hasta dentro de 74.500 años). La crisis actual, al igual que la de los años 60, ha surgido en parte por la falta de credibilidad de las especulaciones. En aquel entonces provocó el cambio de rumbo hacia la New Wave (que favorecía la inclusión de una premisa acientífica para construir en torno suyo, con rigurosidad, un estudio del ser humano), y ahora se impone otro. Vamos, no creo que estemos defendiendo posturas muy diferentes.

    En lo que sí divergimos es en la consideración de algunos de los temas. Personalmente, creo que el transhumanismo y una visión reevaluada de la singularidad (el concepto tecnológico y filosófico de Vinge está más que superado), siguen siendo temas válidos, aunque exijan un enfoque diferente (por desgracia, no es infrecuente que se usen como patente de corso para justificar cualquier cosa). De hecho, resulta interesantísimo, como campo especulativo, el territorio de interfase.

    Y también con Crichton… No me refería a la calidad de su literatura, sino a la de sus especulaciones. En “Parque Jurásico”, por ejemplo, demuestra que de genética y de la teoría del caos tan sólo había oído campanas. Resultaba una combinación muy peculiar la de su optimismo técnico y su tecnofobia rampante. Carecía de todo rigor científico… ni falta que le hacía, pues lo suyo era la novela de aventuras.

  21. Bueno, el post plantea un tema muy interesante, pero también hay mucha chicha en los comentarios, y tengo poco que aportar. Algunos de los temas que ha comentado Olmedo ya han sido tratados en la ciencia ficción, el contacto alienígena podemos verlo en Contact, por ejemplo, y Egan ha tratado los temas de inmortalidad e IAs, ¿no?

    Parece que al final el debate tiende al viejo tema de Cs y Ls, y eso no tiene mucho sentido, ya que al final, es una cuestión de criterio personal.

    ¿Tiene sentido hablar del futuro del género? Pues tampoco lo tengo muy claro. No sé si algún día la ciencia ficción dejará de ser algo minoritario y despreciado por la Alta Cultura, pero creo que la división ente baja y Alta cultura es cada vez menos importante, y sólo sirve para polémicas periódicas como la de Molina Foix y los tebeos, y otras tantas, que por repetitivas resultan estériles.

    Al final, la estrategia que mejor funciona es el disfraz. Quizá sea triste tener que recurrir a ello, pero si es la manera de poder leer buenas historias, las llamen ciencia ficción o no, es lo menos importante.

  22. El problema del disfraz es que limita mucho la gama de posibilidades. Egan, por ejemplo, jamás podría ser disfrazado (salvo quizás con “Teranesia”, su peor libro). ¿Tenemos que renunciar a obras maestras como “Diáspora” sólo para que la ciencia ficción sea generalmente aceptada?

    Pienso en que parte es una aspiración imposible. Es una género intrínsecamente minoritario. Ahora bien, hay minorías y minorías. ¿Sería posible maximizar su potencial, abordando la ciencia ficción de un modo que, sin necesidad de hacerse pasar por otros géneros, conectara con las inquietudes del público contemporáneo? Ése sí que es un reto interesante.

  23. y no tendra algo que ver la idiosincrasia de los intelectuales españoles de rechazo sistematico a todo lo que suene a fantastico? y por extension del propio publico lector español? de todas maneras esta crisis no solo afecta a la c/f quienes han sido los autores mas vendidos en el dia de San Jordi? Perez Reverte, Matilde Asensi, Julia Navarro… autores de libros basura de usar y tirar… estos son el futuro de la letras españolas? por no hablar de Ruiz Zafon, autor de una de las novelas peor escritas y aburridas que he leido, La sombra del viento…

  24. La cultura española es, ciertamente, desde los tiempos del Quijote refractaria a todo lo que huela a fantástico. Sólo recientemente, y a través del cine, se está empezando a cambiar esta percepción (a nivel popular, que para la crítica “seria” no hay nada como el hiperrealismo).

    Esto supone un obstáculo añadido, que ha impedido en parte la consolidación de un circuito profesional autóctono (lo más parecido que hubo fue con el auge las novelas de a duro). Sin embargo, a nivel internacional también es perceptible la crisis (podríamos tildar de existencial) de la ciencia ficción, así que sus raíces deben hundirse más hondo que en el particular carácter español.

    En cuanto a los bestsellers… En fin, por cada uno bueno (incluso hay alguna que otra obra maestra que ha alcanzado esa consideración) hay una docena o más que son pura basura. La correlación calidad/ventas suele ser bastante laxa.

  25. Humm… Tengo la impresión de que hay una correlación entre el juicio de un crítico intelectual y el nivel de ventas de una obra. En cuanto ésta comienza a topar las listas, curiosamente el juicio del intelectual desciende igualmente…

    En cuanto a los disfraces, tengo mis dudas. La fantasía ha sido siempre vista de menos por los círculos intelectuales hispanoamericanos, como un género “ligero”, “menor” y cuando mucho, “infantil” (denostando también la literatura infantil sin ninguna base real, pero esa es otra historia). De hecho, estos intelectuales, y ya que estamos, gran parte del público lector, suelen confundir a la fantasía con la ciencia ficción y agrupan en sus desdenes a dragones igual que a naves espaciales. Sin embargo, la fantasía no se colocado disfraces. Y hoy en día, no sólo en el mundo anglosajón, sino también en el mundo hispano, la fantasía cobra altas cuotas de éxito comercial, lo que indica que el público lector la ha aceptado con más naturalidad. No sólo se trata de títulos juveniles o infantiles -aunque suelen ser los más exitosos en ventas- sino también la misma fantasía adulta ha experimentado un importante auge editorial y de ventas en estos últimos años. ¿Debido al cine? Sí, es posible, aunque curiosamente el abundante cine de CF no ha hecho lo mismo por su rama literaria. El punto es que la fantasía no se disfraza. No se pone máscaras ni se cambia de nombre. Cuenta historias de hechiceros y elfos, de dragones y orcos, de fantasmas y otros seres extraños. Y el comprador sabe muy bien a lo que va y aún así compra el libro y lo lee y hasta lo recomienda.

    Tarde o temprano la academia tendrá que aceptar entre sus consideraciones a los grandes títulos de la fantasía, pero eso en realidad importa poco hoy, cuando este género goza de tan buena salud y se da el lujo de contar con buenos y malos libros, y con una amplia base de lectores creciente.

    ¿Por qué la CF no puede hacer lo mismo?

  26. Las películas exitosas de ciencia ficción cuentan historias y tocan temas que la vertiente literaria dejó atrás hace veinticinco o treinta años. Las ideas más novedosas son veneno para la taquilla pues carecen de tradición. Ése es un problema que no tiene la fantasía.

    Quizás se deba a que la fantasía es un género con solera que puede rastrearse al menos hasta la Odisea. Sus grandes temas y sus arquetipos están bien asentados y forman parte de nuestra cultura. Aun las innovaciones se asientan sobre cimientos bien firmes.

    La ciencia ficción, por el contrario, se enmarca en una corriente muy nueva. Con mucha manga ancha podrían situarse sus raíces a mediados del siglo XIX. Aún anda a la búsqueda de lo más nuevo y brillante. Su personalidad, podría decirse, se encuentra todavía en formación. Eso, por un lado, le confiere esa unicidad que tanto nos atrae de ella, pero por otro la hace menos accesible.

    Siendo géneros hermanos, la fantasía podría considerarse el vástago mayor. Encuentro hasta cierto punto lógico que disfrute de una mayor aceptación (popular).

  27. Pues tiene lógica. Pienso, como alternativa, que la CF bien puede seguir desarrollándose en la multiplicidad de temas que aún le dan vida y al mismo tiempo, cruzarse con la fantasía de vez en cuando, como si se anclara a un buque mayor que la arrastrara hacia el éxito. Si alguien considera el disfraz como un buen método, es decir, haciéndole pensar al lector potencial que va a leer un libro “mainstream”, también se pueden considerar los híbridos (fantasía con CF) como opciones a considerar en la lucha por la supervivencia y la aceptación del gran público.

  28. Una ciencia ficción autóctona… lo cierto es que la idea suena muy bien pero ¿qué señas de identidad podrían ser esas que anuncias como diferenciadoras? Desconozco por completo las que son las señas de la CF en otras latitudes pero, ¿podríamos en España llegar a crear un subgrupo dentro de este género?

    Evocador. Sin duda. Pero ¿no se necesitaría un “cebo” para atraer esa creatividad hasta nichos dónde la podamos alcanzar los lectores? Los escritores, aunque tengan buenas ideas, si no ven un horizonte, se guardan las novelas en los cajones (o, peor, aún ¡en el interior de sus mentes!).

    ¿Cómo dar ese salto? Y no lo pregunto desde una posición negativa sino, al contrario, desde un verdadero deseo de que ese salto se produjese.

  29. Buena pregunta.

    Por un lado, creo que el compartir un sustrato cultural, unido a la falta de identidad definidia (una “debilidad” conyuntural) de la ciencia ficción foránea, podrían constituir una buena base. Lo que se precisa a continuación es un intercambio fluido de información, aunque sólo sea a través de las obras publicadas. Para eso, evidentemente, hace falta publicar, aunque sea en microtiradas, que ya nos buscaremos si nos interesa.

    Hace apenas un año veía las cosas un poco más negras. En este período se han producido algunas novedades esperanzadoras: la creación de NGC Ficción! con una línea de cifi, el premio Astro auspiciado por Equipo Sirius, la creación de Sci-Fdi (revista online de la Facultad de Informática de la Complutense, el Minotauro a una space opera… Son señales de que algo se mueve.

    Al final, por supuesto, todo esto no servirá de nada si las salidas comerciales siguen siendo tan reducidas, pero eso es un problema que engloba mucho más que a la ciencia ficción y que tendrá que abordar el género fantástico en su conjunto (y que afecta, además, de igual modo a las traducciones de obras extranjeras).

    Hay que conseguir masa crítica de escritores y títulos. Así quizás, con un poquito de suerte, el conjunto sea mayor que la suma de sus partes. Vamos, que la autoría española de una obra de ciencia ficción acabe transformándose en un aliciente, en vez del handicap que supone ahora.

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