Eric Ojos Brillantes

Recupero una vieja reseña, proveniente de un blog ha tiempo abandonado a su suerte en el Mar de los Sargazos de Internet, para no romper demasiado el ritmo de publicación. Pero ojo, eso no quiere decir que no recomiende el libro comentado con todas mis fuerzas. Después de todo, Henry Rider Haggard, a pesar de ser británico y victoriano, es uno de mis autores favoritos, y “Eric Ojos Brillantes” (“Eric Brighteyes”, 1891) quizás sea una de sus novelas más peculiares.

Haggard es conocido principalmente gracias a “Las minas del rey Salomón”, la aventura más conocida del cazador Allan Quatermain (llevada al cine en varias ocasiones, todas ellas sin aspirar a constituir una adaptación fidedigna, aunque al menos la de Richard Chamberlain es divertida). Siendo una gran novela, en realidad es su continuación, titulada simplemente “Allan Quatermain”, aquella que tengo en mayor estima (cosas de constituir uno de los libros más releídos de mi infancia), al constituir el mejor ejemplo que conozco de literatura sobre civilizaciones perdidas. Un poco menos famosa es su serie sobre Ella, La Que Debe Ser Obedecida (incluso cuenta con un crossover, entre ambos personajes, con la novela titulada “Ella y Allan”, a la que aún no he podido echar mano).

Entre sus novelas de aventuras, ambientadas en escenarios exóticos (África sobre todo, pero también el Nepal, el antiguo Egipto, el imperio azteca…), destaca, por su escenario único, aquella a la cual va dedica la entrada, “Eric Ojos Brillantes”, que podría considerarse como una de las primeras novelas (si no la primera) que se ciñe a los esquemas y arquetipos de lo que actualmente conocemos como Espada y Brujería (una novela marginalmente de Allan Quatermain, “Allan y los dioses del hielo”, también podría encuadrarse en este género; lo de marginalmente viene porque al utiliza a su personaje más famoso como mera excusa para vender mejor el libro, ya que en realidad poco papel tiene el antedicho cazador blanco, que se limita a trasmigrar al cuerpo de un cavernícola y asistir pasivamente al desarrollo de un drama prehistórico).

Pero volvamos con Eric. Según las propias palabras del autor, se trata de “un romance construido según el modelo de las sagas nórdicas”. Fascinado por estos antiguos poemas épicos, que descubrió en el transcurso de uno de sus muchos viajes, decidió presentar una narración que retuviera parte de lo que hace tan especiales estos cantares épicos que nos han llegado a través de los siglos, actualizando el lenguaje y limando las características particulares que pudieran contrariar a sus lectores contemporáneos (como la profusión de genealogías y las múltiples digresiones).

Básicamente, el libro narra la historia de Eric, un joven vikingo que se enamora de Gudrura, la hija de un jefe local. Sin embargo, por culpa de los celos de una bruja, Swanhild, los jóvenes amantes verán separados sus destinos por un tiempo, hasta que su reencuentro, como fue profetizado, acarrea la desgracia para todos.

No, no es que de repente me caigáis mal y quiera chafaros la sorpresa. Esto lo cuenta (con muchos más detalles) el propio Haggard en la página seis. He aquí una de las características principales de la novela: en vez de utilizar la sorpresa y el qué pasará para enganchar al lector, Haggard escoge la estrategia opuesta y va contando, periódica y  pormenorizadamente, todo aquello que va a acontecer (mayormente tragedias), introduciéndonos así en un mundo de predestinación y fatalismo, tal y como él interpreta la cultura vikinga, donde no importa tanto el fin como los medios (una estrategia similar utiliza en otras novelas sobre Quatermain, como “La esposa de Allan”, provocando una respuesta emocional en sus lectores mediante la amenaza inexorable de la tragedia; la diferencia estriba en que en este caso los mismos personajes son conscientes de su aciago destino).

Aparte de este detalle, una característica que la diferencia de otras novelas del mismo autor o de coetáneos suyos, es la inclusión del elemento mágico (brujas con poderes muy reales, cabezas cercenadas que profetizan, pócimas…), que lo acercan y convierten en precursor de escritores como Robert Ervin Howard (Eric podría pasar por un Conan rubio, o más bien a la inversa, Conan es un Eric moreno). Se trata de un paso más allá de las típicas historias sobre civilizaciones escondidas que proliferaban por entonces (entre las cuales, como he comentado, se inscriben “Las minas del rey Salomón” y su continuación). En una época en la que el mundo se estaba quedando sin espacios vírgenes para el misterio, sin mundos perdidos por descubrir, con la magia se abrían nuevas posibilidades y se dejaba entornada la puerta hacia lo desconocido.

Independientemente de estas consideraciones, “Eric Ojos brillantes” es una grandísima novela que vale la pena leer y disfrutar (para que veáis que soy consistente, ya la recomendé en febrero del 2008, pero sin reseña). El año 1991, coincidiendo con el centenario de su publicación original, Ediciones Miraguano la editó en su colección La Cuna de Ulises (en una edición que resulta relativamente fácil de encontrar en librerías de ocasión), y a quien no le asuste leerla en su idioma original y en versión electrónica, puede encontrarla fácilmente en Internet. Dado que Haggard murió en 1925, su obra está libre de derechos de autor. Por ejemplo, en Classic Reader, puede encontrarse junto con una veintena más de sus novelas.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en abril 5, 2010.

8 comentarios to “Eric Ojos Brillantes”

  1. hey… de quien es ese cuadro…? hace bastante tiempo lei La hija de Moctezuma del mismo autor… al igual que Aventuras de Allan Quatermain y Ayesha, el retonro de ella auqnue de esta ultima no me entere de mucho… mas recientemente Ella… la mejor La hija de Moctezuma y Las aventuras de Allan Quatermain…

  2. El cuadro forma parte de un tríptico, titulado “Eric Bright-Eyes”, de Donato Giancola.

  3. Mi última incursión en aventuras vikingas fue La saga de Hrolf Kraki, de Poul Anderson (no sé si la conoces, la reseñé aquí http://asincronos.wordpress.com/2010/01/21/saga-de-hrolf-kraki/ ), y me dejó una sensación agridulce. Pero bueno, es una temática que me gusta, buscaré este libro por las bibliotecas.

    Lo que comentas es una característica de las sagas nórdicas, en ellas uno de los temas principales es lo implacable del destino, y cómo por mucho que el héroe se esfuerce, está condenado. Por eso casi todas comienzan con una profecía, y en el relato vamos viendo cómo se cumple.

  4. Me temo que a Poul Anderson sólo lo conozco en su vertiente de ciencia ficción (aunque libros como “La nave de un millón de años” son muy cercanos a la fantasía).

    Lo último que he leído yo de vikingos… lo escribí primero. A ver si en breve puedo anunciar algo sobre su publicación.

  5. el libro hay alguna forma de encontrarlo digital?
    porque por mas que lo busco no lo encuentro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: