El instante Aleph

Vuelvo a recurrir a mi lista particular de favoritos para la entrada de hoy.

Si existe una autor que realmente admire hasta el punto de ansiar algún día “ser algo parecido a”, ése es Greg Egan. Antes de continuar, tengo que matizar un poco esta aseveración, pues es sólo parcialmente cierta. Por un lado, mi abanico de intereses abarca géneros en los que no veo a Egan ni en sueños, por otro, mi ciencia ficción es un poco más humanista y mucho menos metafísica (más cercana, tanto en el tiempo como en el salto especulativo), pero desde luego aspiro a su densidad de ideas y me siento atraído por su mismo campo temático (transhumanismo, nuevas realidades, biotecnología, evolución…). Explicarlo detalladamente sería demasido complejo (por no hablar de presuntuoso en esta fase de mi carrera, sin otra prueba para respaldar mis baladronadas que un puñado de cuentos inmaduros), así que me limitaré a exponer por qué considero a “El instante Aleph” (“Distress”, 1995) como una de las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos.

El protagonista de la novela, Andrew Worth, es un periodista especializado en temas científicos. Como muchos de los personajes de Egan, se trata de un hombre alienado, que no termina de encajar en su sociedad (lo cual nos proporciona lo más parecido a un observador externo a que podemos aspirar). Al principio de la historia acaba de concluir un amplio reportaje sobre “ADN basura”, o aplicaciones biotecnológicas moralmente ambiguas (el segmento acerca de los autistas voluntarios es extraordinario), y debe decidirse entre investigar la Angustia (un desorden psiquiátrico recién surgido, de epidemiología extraña) o cubrir una conferencia científica en la isla de Anarkia.

En el universo alternativo de Egan, la ciencia es un elemento clave de la vida, de modo que esta conferencia, cuyo objetivo es alcanzar con suerte un esbozo de la Teoría del Todo (TOE en inglés), la gran teoría unificadora de todo el conocimiento físico (y, por tanto, la explicación final para cualquier fenómeno imaginable), es un acontecimiento de primer orden mundial; Violet Mosala, premio nobel sudafricana y principal cosmóloga teórica, es una celebridad que despierta pasiones, a favor y en contra; y la principal oposición se encarna en las Sectas de la Ignorancia, grupos de exaltados que temen y rechazan el conocimiento científico, dispuestos a cualquier cosa con tal de que la conferencia fracase.

Este título cierra la conocida como trilogía de la cosmología subjetiva, una serie de libros de tramas completamente independientes (hasta el punto que los futuros que describen no son complatibles entre sí) que abordan el papel del observador (el ser humano) en el universo. En “Cuarentena” (1992), exploró las consecuencias del colapso de la función de onda en un multiverso cuántico. Más tarde, con “Ciudad permutación” (1994),  utiliza la Teoría del Polvo, un elemento especulativo inferido a partir de la gravedad cuántica, para explorar una existencia puramente virtual indistinguible de la física (conceptos que ampliaría, desde otro prisma, en “Diáspora“). Con “El instante Aleph” va un paso más lejos, y aúna cosmología, espistemología y teoría de la información para identificar la creación con el acto mismo de darle explicación (algo que, para las sectas de la ignorancia, podría conducir a la disolución de todo el universo en una especie de sopa primigenia de información pura).

Durillo, ¿verdad? Yo tardé tres lecturas en empezar a encontrarle sentido, y lo conseguí sólo gracias a investigaciones paralelas, no relacionadas, en temas similares. Egan, cuando se tira a fondo en metafísica y filosofía, no deja prisioneros. Por fortuna, la comprensión total e inmediata no es necesaria para el disfrute de la novela. Como todas las grandes obras, posee múltiples niveles de lectura y si son ideas lo que quieres, hay páginas en que es posible encontrar más que en muchos libros.

Si hiciera falta encuadrar “El instante Aleph” en algún movimiento literario, podría aducirse que se trata de una obra post-cyberpunk (o, más específicamente, biopunk). A partir de 1990, una vez agotado el impulso original, las ideas propias del cyberpunk evolucionaron, rompieron las rígidos límites que las constreñían e iniciaron una explosión creativa, hibridando con ideas procedentes de otras corrientes. Algunos de estos autores aplicaron la especulación informática y el ultraliberalismo del cyberpunk a otros campos, como la sociología o la biología (en particular, a la ingeniería genética), desembocando en la más amplia tradición postsingularista.

La sociedad descrita por Egan vive inmersa en una cultura de continuo cambio, de información cerca del punto de saturación, corriendo por delante de caducos intereses industriales y políticos. La propia Anarkia es una isla artificial, construida a partir de biotecnología robada a las grandes corporaciones, inmersa en un no-sistema político auténticamente anarquista, contemplado con preocupación por los poderes tradicionales. En ella conviven movimientos como la tecnoliberación (que aboga por ignorar las patentes biotecnológicas, algo así como una plataforma por la ciencia libre), los antropocosmologistas (defensores de un principio antrópico extremo) o los clubs de fans de científicos… por no hablar de los grupos anticonocimiento. Un crisol caótico de extropianismo, singularitarismo, postgenerismo (entre los siete géneros existentes se cuentan los asex, uno de los cuales juega un papel importante en la trama) y transhumanismo libertario, que no esquiva cuestiones espinosas o posibles peligros de esta tecnología.

En cualquier caso, el mensaje es alto y claro: el conocimiento es siempre preferible a la ignorancia. La prohibición no ofrece mayor seguridad, sino tan sólo un espejismo de control que obstaculiza el desarrollo armónico y crea más desigualdades de las que corrige.

“El instante Aleph” es una lectura exigente, pero gratificante. Como buena parte de la obra de Egan, su conclusión se proyecta en un salto especulativo tan grande que su impacto queda diluido. Sin embargo, no es sólo el destino, sino el viaje en sí mismo lo fascinante. No estoy seguro de qué es la ciencia ficción, pero sí sé que, bajo cualquier definición que pudiera ocurrírsenos, “El instante Aleph” sería un ejemplo paradigmático.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 25, 2010.

7 comentarios to “El instante Aleph”

  1. Pues aunque pueda resultar extraño, ya que se editó, según creo, hace ya 10 años, ayer vi un ejemplar de esta novela en una librería vivito y coleando. Puede que caiga. Ahora estoy con “Axiomático” y estoy flipando con la gran calidad de los relatos que incluye, exigentes, como bien dices, pero realmente gratificantes. No sé si encontraré otra antología hard mejor que esta. Saludos.

  2. No funcionó excesivamente bien para Gigamesh (de hecho, dejaron de publicar a Egan tras sacar “Cuarentena”). Pero lo bueno que tiene la editorial es que confía en sus productos y sigue apostando por mantenerlos en el mercado mucho después de que cualquier otra los hubiera retirado.

    Precisamente, muchas de las ideas esbozadas en los cuentos de “Axiomático” encontrarían desarrollo en la trilogía de la cosmología subjetiva. Específicamente, “El foso” constituye la base de una de las historias del ADN basura. Vamos, que con algunos de los cuentos de Axiomático, por increíble que parezca, Egan sólo estaba precalentando.

  3. Me encantó “El instante Aleph”, y “Cuarentena”, y “Ciudad permutación”, y “Axiomático”… Greg Egan es un fuera de serie. Resulta apabullante, pero en el buen sentido.

  4. ¿”Diáspora” no lo has catado, Roberto? Es apabullante al cuadrado.

  5. Llevo leyendo sobre El instante Aleph desde hace mucho y siempre acabo con una mezcla de fascinación y acongoje. Creo que ha llegado la hora de intentarlo.

  6. Ánimo (y cuéntanos luego qué te ha parecido).

  7. No puede ser más duro que “Ulises”.

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