Hecho en Europa: cine de géneros europeo, 1960-1979

Hace poco más de un mes anunciaba la celebración de una mesa redonda sobre el cine de género europeo de las décadas de los 60 y 70, que se celebró en Valencia el pasado 25 de febrero. El acto venía propiciado por la publicación de un libro de ensayo, “Hecho en Europa: cine de géneros europeo, 1960-1979”, auspiciado por el festival “Peor… ¡Imposible!” y la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón. De parte de Pablo Herranz, coordinador del evento, recibí un ejemplar de esta obra, que una vez leída paso a reseñar a continuación.

Antes, sin embargo, quisiera señalar que el tema, aun siéndome de interés, se aleja un tanto de mi campo (por no mencionar que a mí, cuando me da por pegarme una sesión de serie B o inferior, suele darme por el exploitation de género de los años 80), así que tómese la reseña como la perspectiva de un profano en la materia.

Para empezar, quisiera comentar el aspecto visual del volumen. La portada, que reproduce parte del cartel de la película de 1971 “Los corsarios”, ya nos ofrece un atisbo de la gran importancia que los responsables han concedido al aspecto iconográfico. Cada uno de los capítulos se abre con una muestra de carteles representativos, lo cual es en sí mismo una pequeña delicia, pues no resultaba infrecuente que lo mejor de la película fuera el cartel con que se promocionaba (lástima que evidentes consideraciones económicas haya forzado su reproducción en blanco y negro). Además, 250 fotografías complementan muy acertadamente los textos, en lo que sin duda ha constituido un esfuerzo ímprobo que ha rendido créditos, pues ¿qué mejor modo de celebrar el mundo de la imagen que con imágenes, aunque sean estáticas? (a decir verdad, algunas de ellas poseen así mucha mayor prestancia). No molesta en absoluto, por supuesto, que el cine de género europeo de dichos años hiciera gala de un plantel de espectaculares y muy fotogénicas féminas.

Tras un prólogo de Jesús Parrado (director del festival “Peor… ¡Imposible!”) y una introducción de Javier G. Romero (director de la revista “Quatermass” y coordinador del volumen), que nos ponen en situación, Nino Ortea entra en materia con el capítulo “PopSy Pop contra Hollywood”, en donde se nos ofrecen las claves socioeconómicas que propiciaron el auge (y posterior caída) de este tipo de cine en el viejo continente durante las dos décadas a estudio. Una presentación clave para entender la particular idiosincrasia de este cine de género, su vocación popular y su inclinación hacia la heterodoxia.

A partir de aquí, los siguientes capítulos están consagrados a diversos géneros (y en ocasiones subgéneros) que, con alguna omisión patente (la más llamativa la del peplum, objeto quizás de algún monográfico futuro), ofrecen una panorámica de la producción europea durante este período. Bueno, no exactamente europea. Lo cierto es que se limita a los cinco principales países: Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y España (dando la sensación en no pocas ocasiones de que la aportación patria se incluye casi por compromiso).

Abre fuego, como no podía ser de otra forma, el western europeo, descrito por Antonio José Navarro bajo el epígrafe “La reformulación de un género”. El autor opta, en mi opinión acertadamente, por sacrificar la exhaustividad (objetivo imposible, por otro lado) en aras del análisis detallado de la principal característica diferenciadora del eurowestern: la ambigüedad moral de los protagonistas, auténticos antihéroes de un universo de violencia desatada más mítico que real.

Con “Por algunos tanques menos”, Carlos Aguilar nos introduce en el cine bélico de factura europea, surgido a la sombra de “Doce del patíbulo” pero sin contar, según el ensayista, con los medios necesarios para dar lugar a una producción de auténtico interés (más allá del dato anecdótico y de la atracción morbosa del nazismo).

Otro de los platos fuertes llega con “Infierno necrófilo. Apuntes sobre el fantástico inglés, italiano y español”, por Pablo Fernández, cuyo subtítulo constituiría una perfecta descripción del contenido si cambiáramos “fantástico” por “terror”. El capítulo se inicia con un sorprendentemente breve y superficial repaso a la producción británica (con la Hammer a la cabeza), para profundizar mucho más en la apuesta italiana por un estilo propio, nacido antes que de una tradición fantástica preexistente de la hibridación, para finalizar con la tardía (y menos influyente) aportación española al género.

Pablo Herranz nos introduce con “Tres, dos, uno… ¡Ignición! La consolidación en Europa de la ciencia ficción como género cinematográfico” en una de las temáticas que primero nos vienen a mientes en cuanto se habla del cine de género. Según propia confesión, el autor ha optado por ejemplificar en unas pocas obras los distintos modelos industriales y estilos desarrollados, de acuerdo con el país de producción. Tenemos pues un detallado análisis del caso italiano, una brevísima mención del panorama alemán, un repaso a la más madura aportación británica, una exposición de la más intelectual perspectiva abordada por los franceses y una mención al testimonial aporte español.

“Con espadas, cimitarras y alguna pata de palo” Ramón Freixas y Joan Bassa realizan el repaso al cine de aventuras, con especial atención al subgénero de piratas. Debido a la escasez de propuestas de valía en el período escogido (al fin y al cabo es una temática cara), es el capítulo que más incursiona en décadas anteriores, dedicando no pocos párrafos a la producción de los cuarenta y los cincuenta. Todo esto, unido a cierto solapamiento con capítulos posteriores, hace que nos encontremos quizás ante el bloque menos interesante.

La misma ausencia de límites bien definidos nos encontramos en la aportación de Antonio José Navarro “Aventuras coloniales. Entre la fantasía y el panfleto político”. Mientras que la aportación británica es amplia y rica en matices, desde la exaltación del glorioso pasado colonial hasta su juicio crítico, el resto de cinematografías europeas, por un motivo u otro, evitan profundizar en el tema, decantándose por la aventura ligera. La yuxtaposición de este capítulo con el anterior genera una molesta sensación de déjà vu, por lo que tal vez hubiera sido conveniente circunscribir el análisis al caso británico.

Con el octavo capítulo nos encontramos el aporte más curioso, pues está dedicado por completo no ya a un género, sino incluso a un sub-subgénero. Tomás Fernández Valenti nos invita a seguir “El accidentado periplo europeo del rey de los monos”. Este periplo, más allá de su posible interés intrínseco, constituye un perfecto muestrario de la naturaleza y la dinámica de la industria cinematográfica europea. Así pues, nos encontramos con series televisivas yanquis que consiguen llegar a la gran pantalla, coproducciones inverosímiles, hermanos bastardos (como Tarzak o Karzán), reyes de la jungla castizos y princesas selváticas ligeras de ropa.

Los tres siguientes capítulos se centran en el thriller, iniciando el repaso con el segundo ensayo de Tomás Fernández Valenti, titulado “Europa en negro. Cine policiaco del viejo continente”. Se trata de una aportación decantada hacia la enumeración de los títulos más significativos, agrupados por países, con una somera descripción de sus características diferenciadoras: el polar fraces, el poliziesco italiano, el krimi alemán, las adaptaciones británicas de personajes literarios y, por último las aportaciones españolas, que carecen tal vez de elementos cohesionadores.

Carlos Aguilar repite firma con “Números cantan. Los bastardos italo-españoles de James Bond”, capítulo que se hace eco de la efímera avalancha de títulos, producidos entre 1963 y 1967 para medrar a la sombra de las cuatro primeras entregas de la serie Bond. Exhausitvo, pero menos interesante, quizás, que el capítulo análogo dedicado a Tarzán, pues constituye apenas una muestra de hasta dónde estaban dispuestos a llegar los cineastas con tal de atraer al público.

El dúo Freixas y Bassa se encarga de ofrecernos las claves para abordar el “Giallo: especialidad italiana”, un subgénero a mitad camino entre el thriller y el terror, oriundo y limitado al país transalpino. Desde mi punto de vista profano, he de confesar que no ha logrado transmitirme con claridad su mensaje, no sé si por falta de referentes o por una manía personal en contra de una exposición que sacrifica concisión en favor de un estilo recargado en exceso.

Los cuatro últimos capítulos abordan temas más generales, no adscritos a ningún subgénero en particular o, en ocasiones, a todos ellos, como sería el que ocupa el décimo segundo ensayo: “Casi se ve, casi se toca. Esclava, novia, golfa, diosa”, de Carlos Aguilar, que aborda el erotismo en el cine de género europeo de estas décadas, y más específicamente el papel de la mujer, como víctima propiciatoria, objeto del deseo o heroína sin complejos, pero siempre en un primer plano protagonístico. Con sus múltiples referencias, este capítulo deviene más en celebración que análisis, pero qué caramba, ellas lo valen.

Alfredo Lara López examina a continuación en “Renglones a fotogramas” “El papel de la literatura popular en el cine de género”, tanto desde el punto de vista de los escritores de folletines, implicados en la escritura de guiones, como del de las adaptaciones de los grandes éxitos populares de novelistas como el alemán Karl May, el español José Mallorquí, el británico Sax Rohmer, pasando por la explotación indiscriminada de personajes como el Zorro, Drácula, D’Artagnan, el hombre lobo, Maciste… Dos mundos, en definitiva, con muchos puntos de contacto.

Tantos como presenta el cine con otra manifestación cultural, tal y como expone Javier G. Romero en “Condenados a entenderse. El cómic frente al cine popular”. En este capítulo, se trazan los caminos paralelos, entrelazados por influencias mutuas, que siguen en Europa el fumetto nero italiano (violento, sexi, antiheroico…) y el cine de género, así como la posterior irrupción del cómic erótico. Dejando atrás de nuevo la misérrima aportación española, el artículo se centra en unos pocos proyectos de mayor ambición (aunque no necesariamente más satisfactorios) de las industrias francesa y británica.

El volumen se cierra con “Música de evasión”, a cargo de Ángel García Romero, un repaso a los compositores que confirieron ritmo y sabor a todas estas películas. El autor recalca la introducción en el mundo del cine de música popular como el jazz, glosando a continuación los principales compositores franceses y alemanes, con sus respectivas aproximaciones a la creación de bandas sonoras. Al pasar a los músicos italianos resulta obligatorio nombrar a Ennio Morricone, el más importante y revolucionario compositor europeo de este período, sin descuidar las distintas exigencias y cultivadores de cada subgénero. El ensayo concluye, casi a modo de disculpa, con lo poco que se puede comentar de compositores españoles.

Por desgracia, según tengo entendido, la distribución está siendo bastante deficiente, de modo que si alguien está interesado en hacerse con el volumen, me han proporcionado la siguiente dirección de contacto:  quatermass@hotmail.com.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en marzo 14, 2010.

2 comentarios to “Hecho en Europa: cine de géneros europeo, 1960-1979”

  1. grandes éxitos populares de novelistas como el alemán Karl May, el español César Mallorquí, el británico Sax Rohmer

    Supongo que te refieres más bien a José Mallorquí, el padre de César, y autor de El Coyote, entre otras cosas.

  2. Yep, ha sido un lapsus.

    Corregido.

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