La nueva cosa redux

Tras hacerme con el tercer y último volumen, he empezado a leer, intercalando los cuentos entre otras lecturas, “Visiones peligrosas”, la antología de ciencia ficción más importante e influyente jamás publicada . Corría el año 1965 y se respiraban vientos de cambio en el fándom anglosajón. Un joven escritor, proveniente del campo amateur y conocido por su irreverente exhuberancia, Harlan Ellison, se empeñó en mostrar al mundo cuál debía ser el camino (literalmente, al parecer su ego estaba a la altura del de los mejores). Para ello rompió una serie de moldes, con el objetivo de recopilar una selección gargantuesca (32 aportaciones) de relatos inéditos (hasta el momento las antologías siempre eran el segundo mercado de explotación tras las revistas) y, sobre todo, revolucionarios.

Dicha antología se convirtió en un éxito de crítica y público, cosechó para sus autores varios premios y, sobre todo, sirvió de aglutinador para el movimiento literario que ya llevaba cierto tiempo fraguándose dentro del campo de la ciencia ficción y que llegaría a conocerse como la New Wave.

Tal vez en algún momento futuro me atreva con la crítica. Lo que quiero ahora es presentar el curioso paralelismo que se detecta entre las palabras de Ellison en su introducción general (“Treinta y dos augures”, luego dedica varios párrafos a cada autor) y ciertas corrientes de opinión, surgidas a raíz del último debate que agita nuestro rinconcito literario (véase la entrada “Carne de fándom“). Las semejanzas son… asombrosas, y no sé cómo interpretarlas (aunque se me ocurren varias posibilidades, a ver si me mojo un poquito, aunque sea poniendo una vela a Dios y otra al diablo).


Veamos por ejemplo (traducción de Domingo Santos para la edición de Martínez Roca de 1983):

Durante veintitantos años el fiel fan de la ficción especulativa había permanecido golpeándose el pecho y gimiendo que el mainstream literario no reconocía las obras literarias realmente imaginativas. Se lamentaba del hecho de que libros como 1984, Un mundo felix, Limbo y La hora final hubieran recibido aclamaciones de la crítica pero no hubieran sido etiquetados como “ciencia ficción”. De hecho, argüía, fueron automáticamente excluidos de acuerdo con la simplista teoría de que “eran buenos libros; no podían ser considerados junto con esa basura de la ciencia ficción”. Se aferraba al más pequeño esfuerzo marginal, no importa lo desconsolador que fuera (por ejemplo, The Lomokome Papers, de Wouk, el Anthem de Ayn Rand, el Loto blanco de Hersey, El planeta de los simios de Boulle), sólo para tranquilizarse a sí mismo y reforzar su argumentanción de que el mainstream estaba robándole obras al género, y que había mucho que compartir con el ouvrage de longue haleine que era la ciencia ficción.

Ese tan fiel está hoy pasado de moda. Se halla veinte años más atrás de su tiempo. Aún se le puede oír murmurando de forma paranoica en el trasfondo, pero actualmente es más un fósil que una fuerza. La ficción especulativa  ha sido descubierta, y está siendo usada por el mainstream, y se halla en proceso de ser asimilada. La naranja mecánica de Burgess, Dios le bendiga, Sr. Rosewater y La cuña del gato de Vonnegut, El comprador de niños de Hersey, Sólo los enamorados quedaron con vida de Wallis y Ustedes deberían conocerlos de Vercors (por cirtar tan sólo algunos títulos recientes) son novelas especulativas de gran altura, las cuales utilizan muchas de las herramientas puestas a punto por los escritores de género[…]

Hemos llegado; es la ineludible conclusión.

Y pese a ello ese fan impenitente, y toda la miríada de escritores, críticos y editores que han desarrollado una visión túnel a lo largo de años y más años de sentirse encerrados en un gueto, persisten en sus lamentos antediluvianos, rechazando ese reconocimiento por el que suspiran y sollozan.

Y aún más:

Y sin embargo, la ficción especulativa (¿observan cómo evito astutamente utilizar el érroneo apelativo de “ciencia ficción”?) es el campo más fértil para el desarrollo del talento de un escritor sin lazos ni fronteras, con horizontes que nunca parecen estar demasiado cerca. Y todos esos tipos sabelotodo no dejan de surgir sacando con frenesí a la vieja guardia de sus casillas. ¡Señor!, cómo han caído los que estaban más alto; porque la mayoría de los “grandes nombres” del género, que dominaban las portadas y los precios más altos de las revistas durante más años de los que merecían, ya no pueden seguir con ello, ya no producen. O se han trasladado a otros campos, dejando éste a los nuevos y más brillantes, y a aquellos que eran nuevos y brillantes con anterioridad pero que habían pasado desapercibidos porque no eran “grandes nombres”.

Ante la comparación de estas reflexiones, volcadas sobre el papel hace más de cuarenta años, con nuestra última minipolémica, no cabe sino recurrir al viejo dicho de “no hay nada nuevo bajo el Sol”. Los paralelismos son tan grandes que, cambiando un par de nombres, títulos y términos podría pasar perfectamente por una de las aportaciones (en foros, páginas y blogs) escritas hace apenas unos días.

Lo que no está tan claro es la interpretación, y me temo que eso ya dependerá de la postura inicial de cada cual.

Por un lado, “Visiones peligrosas”, auspiciada bajo estos principios, supuso un soplo de aire fresco en el panorama de la ciencia ficción, renovando los temas y subiendo el listón de la calidad literaria. Por otro, los integrantes de este movimiento, que sus detractores empezaron a llamar la Nueva Cosa (o Nouvelle Vague los más gafapastosos) y que ha pasado a la historia como New Wave, no lograron cumplir sus objetivos declarados. La ciencia ficicón (o ficción especulativa) siguió siendo cosa del gueto y, salvo excepciones muy puntuales (como Vonnegut), el mainstream siguió pasando (y despreciando) olímpicamente a toda esa panda de friquis. Cumplido su ciclo, fue víctima de su correspondiente contrarreforma y perdió protagonismo, quedando como un simple paso evolutivo más (muy importante y que ha dejado poso, al césar lo que es del césar).

¿Qué significan estos mismos argumentos enarbolados décadas después, en un contexto ligeramente diferente?

Pues no lo sé, aunque se me ocurren interpretaciones para todos los gustos.

Una bien podría ser que ya iba siendo hora de que llegáramos a nuestra Nueva Ola, que no se puede estar toda la vida en la adolescencia del género (después de todo, nuestra era del pulp se extendió por los años 50 y 70). En fin, que tenemos que ponernos las pilas, que llevamos cuarenta años de retraso.

La perspectiva opuesta también podría ser tenida en cuenta. Se podría aducir que todas esas recetas ya se han probado… y no sirvieron de nada. La ciencia ficción sigue viviendo en el gueto y el mainstream sigue realizando de tanto en tanto incursiones en sus temas sin tener la decencia de reconocerle el mérito. Así que quizás lo que de verdad necesitamos son planteamientos nuevos, en especial si queremos conquistar nuevos territorios.

No voy a decantarme por ninguna de las dos posturas (al menos aquí y ahora). Tan sólo quisiera realizar un pequeño apunte. La revolución planteada por Ellison fue una revolución de los autores contra un mundo editorial especializado, cerrado (ellos dirían anquilosado) a sus aportaciones. En 1986 otro grupo de autores se reunieron bajo la dirección de Bruce Sterling y golpearon a ese mismo colectivo con “Mirrorshades”, la antología señera del cyberpunk. Y siguen surgiendo proyectos similares, como la antología New Weird, recopilada por Jeff y Ann VanderMeer en fecha tan reciente como el 2007. Lo fundamental, sin embargo, es que todos estos movimientos nacen a impulso de los autores, no de ninguna influencia externa que les “obligue” a rebelarse. Además, surgen por la frustración de no encontrar un mercado para su obra, habiéndolo para otro tipo de ficción especulativa (por utilizar el término de Ellison). Son revoluciones internas.

¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? ¿El escritor o el movimiento?

De donde no hay no se puede sacar. Y dejo a cada cual le prerrogativa de decidir si esto es aplicable a los escritores de ciencia ficción españoles o al terreno que les permitiría crecer y madurar.

Con tanto darle vueltas a estas cuestiones casi me han entrado ganas de ponerme con alguno de los proyectos que tengo aparcados… Casi.

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~ por Sergio en marzo 12, 2010.

15 comentarios to “La nueva cosa redux”

  1. No existe ninguna barrera real entre el mainstream y el género, por eso cíclicamente surgen autores o movimientos que se deslizan entre ambos sin ningún problema. Nada nuevo bajo el sol, efectivamente.

    No entiendo a qué te refieres con lo de “tener la decencia de reconocerle el mérito”. ¿A quién? ¿Qué mérito? ¿Es que el fandom tiene la propiedad intelectual sobre ciertos temas o más legitimidad para tratarlos que los autores mainstream?

    En todo caso, creo que todas esa revoluciones internas del género sí han aportado algo: un puñado de buenos títulos. En definitiva se trata de eso, ¿no? La única forma de vencer los prejuicios (de los sellos, de los lectores) es con el éxito y el reconocimiento de obras puntuales, me temo. Creo que “La carretera” de McCarthy o “Fin” de Monteagudo han hecho más por la ampliación de esos horizontes que todas las convenciones fantásticas de los últimos diez años.

    No obstante, creo que el debate es bueno, y está bien que los autores y los sellos especializados reflexionemos sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Lo que no quiere decir que haya tendencias mejores ni peores, por supuesto.

    Muy acertada tu mención al libro de Ellison. Parece increíble que hayan pasado cuarenta años.

    Un saludo
    Ismael

  2. Lo de reconocer el mérito no iba por el fándom, evidentemente, pero un poco sí por la tradición literaria en que se apoyan. Con “La carretera”, por ejemplo, parece a veces como si hubiera inventado el género postapocalíptico, cuando sus raíces pueden rastrearse al menos hasta “La plaga escarlata”, publicada por Jack London en 1912 (que a su vez toma elementos de “El último hombre”, Mary Shelley, 1826). Es un problema de crítica. Como los críticos “serios” ignoran (desprecian) la ciencia ficción, son incapaces de reconocer las influencias o, lo que es peor, el mismo tema, según quien lo escriba (por ejemplo, Stephen King) es respetable o no.

    Respecto a la ampliación de horizontes… En fin, soy bastante escéptico. No lo consiguieron “Un mundo feliz”, ni “1984”, ni la obra de William Burroughs, ni “Pulp” de Bukowski… El mainstream permite a sus autores juguetear muy esporádicamente con elementos de ciencia ficción, pero la inmensa mayoría de las obras, como quedó bien demostrado con la New Wave (que produjo títulos verdaderamente notables), quedan confinadas a los límites de siempre. En otras palabras, en mi opinión la estrategia razonable de futuro no consiste en trascender necesariamente esas barreras, sino en ampliarlas el máximo posible (si por casualidad se encuentra un hueco, adelante, a explotarlo, pero es un poco suicida confiar ciegamente en que existe ese hueco).

    Respecto al debate. Estaría más cómodo si se hubiera originado desde el campo de los escritores. Cualquier otra revolución está condenada al fracaso porque tiene los pies de barro. Y en estos momentos, por desgracia, no percibo un movimiento creativo cohesionado. La atmósfera (el conjunto de vías de expresión, como editoriales que apuesten por autores españoles, revistas, premios) está muy enrarecida, y así es difícil revolucionar nada.

    Por cierto, Ismael, eres el autor del comentario número 1.000 en el blog, me temo que no te tocan 10.000 euros ni un viaje a Punta Cana (eso lo reservo, en todo caso, para el comentario un millón), pero bueno… la distinción no te la quita nadie. ¡Enhorabuena!

  3. Un honor, Sergio. Espero que cuando llegue el comentario 1 millón no sigamos hablando de lo mismo, otros cuarenta años después…

    (Lo del “movimiento creativo cohesionado” me parece una quimera, casi un oxímoron, pero entiendo hacia dónde apuntas y estoy de acuerdo)

  4. Nada, nada, lo dejamos en “una caótica avalancha creativa que arrase con todo” y en paz.

    Y tengo previsto el comentario un millón para mucho antes de cuarenta años, ¡faltaría más!

  5. A veces me olvido que la CF no es una narrativa de masas vocacionalmente (especialmente, en el momento en que la fantasía le arrebata el mercado juvenil, que yo creo que ese es el drama empresarial de fondo). No gusta a mucha gente, es la verdad… Más culpa de la gente que de los autores… A fin de cuentas, quien conoce a Graq, a Calders, a Musil y tal, pues nada, cuatro puestos.

    En cuanto a movimientos cohesionados, hombre, yo sí percibo algo en lo tocnate a Nocte, y al terror… Un intento por sacar del rincón del apestado a ese género, que ya tocaba…

  6. Sí, en terror sí que hay movimiento (como quedó patente durante la pasada Hispacon). Cuanto menos una declaración de intenciones. Pero no existe nada ni remotamente similar en el campo de la ciencia ficción. Y ya no sólo a nivel nacional, sino incluso tomando una perspectiva más amplia. De una década y pico a esta parte, quitando de un pequeño grupo de escritores británicos con estilos y temáticas afines, la ciencia ficicón está un poco huérfana de propósito y dirección (una pequeña crisis existencial mientras terminan de madurar los grandes temas del siglo XXI, en mi opinión).

  7. Una duda personal, Sergio. ¿Yo no soy del camino de los escritores? ¿No lo es Ismael? ¿No lo es Daniel Pérez Navarro? ¿No lo es Sergio Parra? ¿No lo es Javier Esteban? ¿No lo es Francisco Javier Pérez? Hay escritores que están de acuerdo con ese camino, unos (como yo) mindundis que probablemente no logren nada, otros que han sido capaces de ganar premios y quedar finalistas en concursos “generalistas” (Daniel Pérez Navarro). No creo que la “New Wave española” sea una revolución de la “crítica”, o no solamente.
    Sobre lo otro, se puede ver de ambas formas, sí. Aunque en realidad la New Wave ya pasó su esplendor “interno”, como has mencionado muchas veces, parece haber alcanzado esplendor “externo” (Le Guin, Ballard, Dick…). Quizá triunfaron, al menos algunos, y no nos dimos cuenta.

  8. Exacto! Le Guin o Disch, por ejemplo, están en el canon de Harold Bloom… autores a los que los aficionados han dado la espalda hace mucho tiempo y de los que ya ha pasado su esplendor “interno”.

  9. Pues, sinceramente, no, no percibo un movimiento unificado. No sé, quizás sea demasiado pronto y lo de ahora sean semillas aisladas que aún tienen que alcanzar su potencial (y definir un estilo que sea algo más elaborado que promover una aproximación al mainstream).

    Pero esto se arregla pronto. A ver, ¿quién se anima a proponer unas líneas maestras y coordinar la antología inaugural del… (hum, New Wave ya está cogido y suena un poco carca, habrá que inventar otro término)?

  10. Y, devolviendo la pelota a tu campo, ¿el antólogo debe ser un autor?
    Resulta que o mucho me equivoco yo o Mirroshades es una antología recopilatoria con cosas ya publicadas. No Visiones Peligrosas, ciertamente, pero también pasa lo mismo con las de New Weird. Gente que lee a otra gente que se retroalimenta hasta “cristalizar” en algo unificado. Las cosas no se fuerzan.
    Eso por un lado, por otro sí ha habido intentos en el sentido que indicas. Que hayan salido adelante cuando antología es un término que pone los pelos de punta al editor más curtido, no.

  11. A Le Guin y a Disch los encumbraron los aficionados antes de que ningún crítico serio accediera siquiera a mirarlos con condescendencia y Le Guin ha sido receptora de un premio Nebula en fecha tan reciente como 2008. En cuanto a Disch, en 1979 abandonó la ciencia ficción (hasta, al menos, su última novela, de la que apenas tengo referencias).

    Nadie les ha dado la espalda, pues si aparecen en un canon generalista, son fijos en cualquier lista “interna” de lo mejor del género (ya podrán: “El nombre del mundo es bosque”, “334”, “La mano izquierda de la oscuridad”, “Campo de concentración”, “Los desposeídos”, “En alas de la canción”…). Eso sí, no pueden ser mencionados entre los autores más importantes de la última década y pico (por poner un límite indefinido) pues su aportación a la ciencia ficción ha sido en este lapso testimonial como mucho.

    La New Wave tuvo su momento de gloria y se consumió (como cualquier otro movimiento), dejando un buen puñado de obras meritorias, unas pocas obras maestras y mucha morralla. Cuando se produce un cambio de ciclo, los autores se ven en un brete: renovarse o quedar anticuados. Ya lo comenta Isaac Asimov, precisamente, en su prólogo a “Visiones peligrosas”, al referirse a los autores de la edad del pulp que no supieron (o quisieron) medrar en la Edad de Oro y a los de su quinta que cada vez escribían menos en los 60. Lo mismo podría aplicarse a los grandes nombres de la New Wave (y a cualquiera).

    Eso sí, el que una obra ya no esté a la última no anula sus valores literarios (vamos, a mí tanto puede llegar a satisfacerme un pulp como una obra postsingularista), pero si no se publicó en su momento le pone las cosas bien difíciles con los editores.

  12. Sí, el antólogo debería ser alguien que esté trabajando al pie del cañón. Lo de Mirrorshades fue bastante más organizado que una simple compilación del trabajo que se estaba haciendo. Bruce Sterling, junto con otros aturoes, llevaban unos cuantos años agitando las cosas, por ejemplo desde el fanzine The Cheap Truth (recuerdo haber leído algo sobre que el primer encuentro entre ellos tuvo lugar en una Worldcon, pero no soy capaz de encontrar ahora la referencia).

    El New Weird ya es otra cosa. Me da una impresión de ser mucho más un truco publicitario de unos pocos autores (sobre todo China Miéville), antes que algo organizado (muchos de los supuestos miembros del movimiento no reconocen influencia mutua alguna).

    Respecto a la antología que no fructificó… Pues una verdadera pena, pero ¿cuáles eran las líneas maestras? Es que lo siento, pero por ahora sólo he leído principios generales, como trabajar por la calidad literaria (nada que objetar, esa debería ser la aspiración de cualquier género) y entroncar de algún modo con el mainstream. Es todo demasiado vago. Con estos mimbres se podría hablar de “generación”, pero no, en mi opinión, de “movimiento”.

  13. Nos estamos yendo del tema, creo. Dices que lo que Harlan Ellison propone no funcionó (no se ha salido del gueto en general). Yo te he dicho que algunos, los que valían, sí salieron. El experimento y las miras funcionaron. Muchos lectores de ahora dicen que no fue para tanto. Está superado. Luego vino el cyberpunk, y sucedió lo mismo, y hace unos años la New Weird. Renovaciones periódicas.
    Ahora lo trasladamos a España. Dices que las voces hablan de repetir el experimento. Que se puede estar fraguando una New Wave española, o su equivalente. Hay un problema, creo: toda generación literaria parece tener un complejo edípico, esto es, hay que “matar al padre”. No porque el padre nos caiga especialmente mal, sino porque es parte del “rito de madurez”. Signos hay de eso, de malestar contra la “vieja guardia” y las antiguas “guerras fandomitas”. Vamos, yo pienso que sí hay signos de algo parecido a una revolución en la que los autores son parte importante.

  14. Perdona, estaba esperando y no sabía si contestabas a Joan Carles o a mí. Por eso el primer párrafo, que ahora sobra.

  15. Bueno, te contesto de todas formas al primer párrafo (esto del retardo de escritura es un lío).

    El experimento, en general, no funcionó. La ciencia ficción siguió en el gueto y un par de autores, como siempre, alcanzaron reconocimiento externo (véase Clarke en la Edad de Oro). Me parece increíble, por ejemplo, que Brunner sea un perfecto desconocido fuera de los aficionados a la ciencia ficción.

    Respecto a lo que comentas en el segundo párrafo. Precisamente eso es lo que no me acaba de cuadrar. Parece como si se estuviera empezando la casa por el tejado: declaración de objetivos y ruptura con la generación precedente, pero sin auténtica identidad (o filosofía, o como quiera llamarse) propia. Por eso son los autores los que tienen que marcar los tiempos y señalar los caminos.

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