Juramento de fidelidad

No son infrecuentes los libros escritos a cuatro manos, y menos en ciencia ficción. A veces, tras la doble firma se esconde una aportación testimonial de uno de los autores (el famoso), que se limita a poco más que ceder su universo, firmar y pasar a recoger el cheque. Sin embargo, hay otros muchos casos de auténtico trabajo en equipo (no sé cómo lo hacen), con colaboraciones que en ocasiones se extienden a varios libros. Una de las parejas más exitosas, tanto desde una perspectiva crítica como comercial, es la formada por Larry Niven y Jerry Pournelle, cofirmantes de doce novelas (dos de ellas junto con Steven Barnes y una junto a Michael Flynn), que les han reportado cuatro nominaciones a los premios Hugo, dos a los Nebula y otras dos a los Locus (Niven en solitario suma otras cuatro nominaciones al Hugo con una victoria, dos y una en los Nebula y ocho y dos en los Locus, mientras que Pournelle se tiene que contentar con dos nominaciones a los Locus).

Entre colaboraciones tan famosas como “La paja en el ojo del dios”, “El martillo de Lucifer” o “Inferno” se cuenta ésta que ocupa la entrada de hoy, “Juramento de fidelidad” (“Oath of fealty”, 1982), menos aclamada (quizás por alejarse del gran espectáculo ofrecido por las antedichas), pero quizás de mayor entidad especulativa y de gran interés histórico, pues no sólo supone la cristalización, en forma de arcología, de un viejo concepto de la ciencia ficción, sino que constituye un precedente directo de la literatura cyberpunk.

En “Juramento de fidelidad”, los autores nos introducen en Todos Santos, una megaconstrucción, diseñada para alojar a un cuarto de millón de personas, erigida en un antiguo barrio marginal de la ciudad de Los Angeles, arrasado por un incendio. Este edificio, un ortoedro de planta cuadrada (3×3 Km) y 300 metros de altura, está diseñado para funcionar con tanta autonomía como sea posible, con la mayor parte de los residentes viviendo y trabajando en su interior, sin necesidad de contacto alguno con el exterior.

La trama se articula en torno al estallido de una crisis, largo tiempo aplazada, entre las autoridades de la ciudad de Los Angeles, resentidas porque el flujo de dinero es casi unidireccional a favor de Todos Santos (funciona en parte como un supercentro comercial que atrae miles de compradores angelinos, mientras que ofrece a sus residentes/copropietarios todos los servicios que puedan necesitar), y el consejo de dirección de Todos Santos, a la defensiva por una serie de ataques ecoterroristas (siguiendo, tal vez, el modelo del primer grupo ecologista radical, Enviromental Life Force o ELF, que entre 1977 y 1978 llevó a cabo varios atentados contra objetivos industriales con explosivos y bombas incendiarias en California y Oregon). Los hechos concretos que disparan los acontecimientos no son significativos (más que desde un punto de vista narrativo). Lo importante es la confrontación entre dos sistemas económicos y sociales: nuestra sociedad liberal con economía de mercado y algo que se describe como un neofeudalismo, con una estructura de poder de carácter empresarial.

No es habitual encontrar una especulación política que juegue con conceptos realmente novedosos. Los autores nos presentan aquí una alternativa al sistema predominante (que, hay que reconocerlo, hace tiempo que está mostrando signos de estar quedándose desfasado o de necesitar, cuanto menos, una profunda remodelación). No entro a valorar si es o no deseable. Junto con aspectos positivos, como la estabilidad económica, la eliminación de la burocracia (y de los políticos profesionales) o el sentimiento de unidad solidaria, se detectan otros mucho menos que ideales, como una importante merma en la privacidad, prácticas que podrían calificarse como de eugenesia social en la admisión de nuevos residentes y desvinculación con la sociedad externa (y en particular con sus órganos representativos de poder, tanto político como judicial). Sin embargo, en ningún momento se afirma que el sistema propuesto sea perfecto. Ni siquiera se afirma que vaya a tener éxito a largo plazo. No es sino el embrión de un nuevo estilo de vida que quizás llegue a implantarse de forma generalizada.

Por lo pronto, se nos presentan dos mundos en conflicto. No podía ser de otra manera. Ambos compiten por el mismo recurso, que no es el dinero, sino los seres humanos, con el tácito convencimiento de que el perdedor puede estar contemplando su propia extinción. ¿Darwinismo social? Bueno, es difícil no pensar en estos términos, sobre todo con una frase que se repite insistentemente, como lema oficioso de Todos santos: “Atribúyanlo a la evolución en acción”.

He de matizar, sin embargo, este término, que se ha cargado de connotaciones negativas por su uso indiscriminado para definir conceptos muy diferentes. Por un lado, está la justificación biológica (genética) de alguna superioridad racial (o poblacional), algo que no puede estar más alejado de la ideología de “Juramenteo de fidelidad”. Por otro, sin embargo, se podría entender como la aplicación de las dinámicas evolutivas (en particular los conceptos de competencia y ventaja adaptativa) a procesos de índole social (de forma análoga a la descrita por Richard Dawkins, en su libro de 1976 “El gen egoísta”, para las unidades culturales humanas o memes). Es esta última acepción la que cuadraría con las propuestas de la novela, si bien en ocasiones (por un error de los personajes o tal vez de los propios autores, que es muy fácil perder el pie con los conceptos evolutivos) se vincula la frasecita de marras con desarrollos de carácter individual que caerían peligrosamente cerca de la primera.

Pasando a temas mucho menos espinosos, la novela, como comentaba al principio, se inscribe en una larga tradición de megaconstrucciones. La primera referencia la encontramos ya en los escritos de Wells, con su novela de 1899 “Cuando el durmiente despierte”, y William Hope Hodgson, con “El reino de la noche” (1912). Desde entonces, estos edificios-ciudad han fascinado a muchos autores, que los han empleado como escenario de sus historias (“Las bóvedas de acero”, Isaac Asimov, 1953) e incluso como elemento pivotal de las mismas (“El mundo interior“, Robert Silverberg, 1971).

Todas estas ideas se amalgamarían en el concepto de arcología (fusión de las palabras arquitectura y ecología), popularizado y teorizado por el arquitecto italiano Paolo Soleri, discípulo de Frank Lloyd Wright, embarcado desde 1970 en la construcción de Arcosanti, una comunidad de 5.000 habitantes en Arizona, concebida como experimento arcológico. Tanto Soleri como Arcosanti son reconocidos como fuente de inspiración en la novela (junto con Robert Anson Heinlein, muchas de cuyas ideas, tales como las aceras móviles o los waldos, son implementados en el diseño de Todos Santos).

Por último, mirando hacia el futuro inmediato, es fácil encontrar elementos precyberpunk en “Juramento de fidelidad”. Por supuesto, el concepto de arcología no sólo sería adoptado por el movimiento, sino que se convertiría en una de sus señas de identidad, al reflejar a la perfección tanto la deshumanización de la sociedad (desdeñando lo ecológico en favor de lo tecnológico) como la feudalización empresarial. Pero hay muchos otros aspectos propios de un cyberpunk a punto de eclosionar, siendo el principal la existencia de ciertos implantes cerebrales que conectan a determinados personajes (los más ricos o esenciales, una auténtica casta superior) directamente con el ordenador central de Todos Santos. Los usos e implicaciones de esta tecnología (desde acceso instantáneo a cualquier dato, hasta la posible comunicación directa mente-mente entre implantados) son meticulosamente examinados a lo largo del libro, tanto por aquellos con acceso a esta tecnología novedosa como desde la perspectiva de quienes la desean. Un elemento adicional, sin duda, del proceso evolutivo en que se ve inmersa la sociedad humana.

Como se puede apreciar, es un libro rico en elementos de reflexión, que además funciona bastante bien como obra literaria de entretenimiento (aunque en determinados momentos los saltos entre personajes emborronan un poco la acción). Muy diferente de todo cuanto había leído de los autores (cabe señalar aquí que Pournelle trabajó como Ayudante Ejecutivo del Alcalde y Director de Investigación de la ciudad de Los Angeles, así que muchos de los temas le pillaban de cerca), tanto en conjunto como por separado. Muy recomendable.

Otras obras de los mismos autores resñadas en Resscepto:

Otras obras de Larry Niven reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 10, 2010.

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